viernes, 18 de junio de 2010

Narrativa III


Esa hierba que nunca muere

Con Gilberto Ramírez Santacruz se ejemplifica cabalmente aquello de que “el novelista es el soldado de infantería de la literatura”.

Arisca atropelladora, de una semántica a campo traviesa, embarrada, andrajosa y jadeante a ratos, la escritura de Esa hierba que nunca muere tiene un solo, porfiado propósito: el del descubrimiento y ocupación de un territorio narrativo que se brinde claramente acotado y colonizado al lector. Tal proceder no constituye un merecimiento en sí, a menos que se sepa contar. Y en efecto, Ramírez Santacruz posee primordialmente la exigencia forzosa de todo narrador: saber relatar su historia, que en el caso adopta incluso el sentido de expectativa ante el desenlace, característico de la oralidad.

Sin embargo, este texto primerizo de Ramírez Santacruz no padece de linealidad; al contrario, la incorporación de los cambios de punto de vista y el flujo de la conciencia conceden a la novela interesantes matices, los cuales se intensifican con el uso de la doble temporalidad en un ámbito único, que en realidad es al variación de un recurso de Hemingway en algunos de sus cuentos.

Por último, me importa destacar que los temas centrales de la novela, vale decir la formación y la derrota de los movimientos guerrilleros contra la dictadura de Alfredo Stroessner, de finales de la década del cincuenta y comienzos de la del sesenta, lo mismo que los monstruosos episodios y los crueles meses de represión, asientan un nuevo testimonio apasionado y valiente(me consta que los originales estuvieron listos antes del famoso San Blas del 89)de vergüenzas y terrores que los paraguayos no debemos olvidar.

Carlos Villagra Marsal

Ultima Altura, Paraguay, septiembre1989.

Estudio y reflexión sobre
ESA HIERBA QUE NUNCA MUERE


Por Roxana Gardes de Fernández*

El título de esta novela es una metáfora. La expresión alude a una realidad histórica y trascendente: la muerte física de los idealistas de la libertad y la persistencia de un ideal de libertad. Rubioroch –pseudónimo de Stroessner- “arranca la vida a los que luchan por la libertad “como si fueran hierbas malas”, pero “la libertad es una hierba que nunca muere.”
A partir de la realidad histórica, Gilberto Ramírez Santacruz configura en un relato los intentos por liberar a Paraguay de la tiranía de Alfredo Stroessner. Intentos que sufrieron la más brutal represión por el General Patricio Colmán.
Los tres ejes de este genocidio Stroessner y Colmán y el Ministro del interior Edgar Insfran – protagonistas de esa terrible realidad histórica- se configuran en la ficción literaria con los pseudónimos de Rubioroch (Moloch), Caimán y Egberto Gavilán.
En la trama de la historia real, desde ese centro de poder, se perfilan los suplicios más atroces y las torturas sólo pensadas por mentes inimaginablemente perversas. La ficción y sus figuraciones extienden un velo piadoso a una realidad histórica insoportablemente cruel.
A partir de la historia y las versiones en la historiografía, Ramírez Santacruz. esboza el mundo de la novela.
El propósito es configurar la ideología, la mística de quienes pensaron la liberación del Paraguay por un movimiento armado. Crear las figuras de ese ideal de patriotismo, de esa idea de patria en el marco de libertad.

Notas sobre la narrativa de fuente histórica

Ciertas teorías literarias, que se detienen en el análisis de la estructura, no marcan diferencias de articulación entre novela histórica y novela (Lukacs)1 . Caracterizan como histórica a una novela, por su contenido, su tema o su argumento.
Desde nuestra posición teórica2 la narrativa de fuente histórica es una configuración compleja, expone un proceso de creación doble: una especie de ficcionalización de una
interpretación documental de la historia.
Nuestro enfoque entre semiológico y hermenéutico, indaga el proceso de creación, des-linda las trayectorias simbólicas entre historia, ideología y mito - poética del que enfoca y escribe.
Revisemos los conceptos: historia/ historiografía. Historia es la actuación del hombre en el tiempo; historiografía es el estudio de esa realidad. Según Jörg Rüsen “historiar es la actividad de la memoria con la que el hombre asimila la experiencia actual del cambio tempo-ral en su mundo y en sí mismo (...)”3
Pero si en esta definición moderna se juega con la ilusión de que el relato historiográfico puede anular condicionamientos y limitaciones temporales, desde la antigüedad clásica se insiste en un determinismo, una imposición de los acontecimientos.
Este determinismo da lugar a la distinción clara entre historia (historiografía) y poesía. Aristóteles señala que el historiador narra lo que ha sucedido: el literato lo que podría suceder. Así, según el filósofo griego, la poesía es más filosófica y más elevada que la historia.
Como sabemos la separación precisa entre las dos disciplinas: historiografía y literatura (historia y poesía) se produce en el siglo XVIII, frente a manifestaciones de todos los tiempos – crónicas, épica- en las que los dos discursos se intercalaban, interceptaban o complementaban.
Después del Siglo XVIII se separan y distinguen los dos discursos. Por una lado, la forma discursiva de la historiografía: una explicación genética sobre probabilidades objetivas (rastreables y comprobables) y por otro, la superestructura narrativa en una emisión ficcional. Enfoques posteriores insisten en las oposiciones.

La historiografía quiere explicar los sucesos desde afuera, la poesía quiere vivirlos desde adentro, señala el prestigioso crítico Amado Alonso.4 En nuestra reflexión teórica se explanan estas notas. Los hechos y los personajes pueden estar determinados por la realidad histórica; pero en la conciencia de cada ser ficticio se dimensiona el hecho en el cruce de pasiones, de sentimientos. La conciencia como una especie de prisma refractante multiplica visiones

Si en revisiones actuales y frente a la discutida “objetividad” de la historiografía, se insinúa un modo narrativo/ interpretativo a partir de la duda sobre la integridad o estabilidad de la historia y la posible veracidad de la historiografía;5 y si , en esta línea , Baumgarten postula que la historia (historiografía) no es repetición o reproducción de los acontecimientos; sino organización constructiva, específica de elementos; Baumgarten remarca, al mismo tiempo, el necesario carácter de localizables de los elementos. Baumgarten señala elementos espacio temporales localizables. Entonces admite que se trata de una organización que otorga significación y sentido, pero insiste en la documentación, en la referencia.
.
Así, a pesar de las divergencias de enfoques, la epistemología objetiva considera que el discurso de la historiografía debe instaurar una referencia precisa de objetos distinguibles. La ficción literaria, en cambio, se caracteriza por un alejarse de la referencia, por un discurso de cuasi aserción en una emisión ficcionalizada.
Nuestro estudio visualiza a la narrativa de fuente histórica, como un puente entre estos dos polos, un tipo de crónica que participa de las dos características: una emisión sobre referentes, en una instancia ontológica: seres y sucesos; una emisión segunda, una casi aserción, una referencia segunda.
La ficción surge de una conjetura sobre las causas y los efectos de los hechos, surge de hipótesis sobre los sentires en la experiencia de los hechos.

Entonces, si la teoría tradicionalmente se ha ocupado de diferenciar historia y poesía, marcando esta distinción en los personajes, el narrador, las figuras, el espacio, el lenguaje, y el tiempo; advertimos en cambio que esta expresión híbrida entre historiografía y literatura traza una sobrearticulación entre ambas.
La novela histórica de naturaleza doble conecta las dos ideologías que señaló Aristóteles.
Desde una determinada concepción de la historia el autor esboza el contenido en la elaboración y estructura. Se da una forma discursiva entre explicación y relato, una manera peculiar de explanar los hechos en la dialéctica de discursos, de puntos de vista, de voces.
Los dos discursos exponen una relación figurada impuesta por una ideología. La diferencia reside que en la ficción la ideología se explicita, mientras permanece callada y oculta en los discursos de una historiografía no objetiva.

Nuestro estudio semiótico de los procesos de creación indaga su función sociológica. La escritura responde a la búsqueda de expresar una idea, una voz de libertad en los totalitarismos. Es una búsqueda de la dialéctica: una voz individual frente a los dogmatismos; una cuña, una brecha en lo institucionalizado oficialmente. Porque, en efecto en circunstancias político-sociales de regímenes totalitarios, el subgénero historiográfico puede constituirse en un unívoco instrumento de propaganda. Falsificar y manipular la historia de un pueblo es el recurso seguro para destruir su conciencia histórica y cercenar su libertad. 6 En regímenes totalitarios la historiografía es una “novela ilusionista”, pretende hacer creer que lo que se narra fue real.

Advertimos que esta nota peculiar, caracterizadora, esta dialéctica de elementos de historiografía y ficción se encuentran en la antigua epopeya, en la épica - primera forma literaria inspirada en la historia; en las crónicas medievales, en las obras del mester de clerecía. En la sociedad actual, la novela de fuente histórica es una especie de épica moderna, 7 da una visión poética al saber histórico. Un saber que amplía y enriquece el conocimiento de los hombres y sirve de complemento a la experiencia personal. Por la historia se reciben las enseñanzas del pasado. Por la ficción se expone la historia en una intuición presente.
“La novela histórica” se visualiza como “una necesidad en un pueblo libre” 8 porque escribir novela histórica es un acto entre novelar e historiar, un acto en el que los tópicos: “historia magister vitae”, “historia per exempla docet”, gravitan para evitar la amnesia del pasado.

La configuración poética del relato histórico, se vuelve explicación por esa dialéctica, ese movimiento reflexivo que es el principio estructural de esta crónica de la liberación.

En esta mezcla de elementos históricos y ficticios, no siempre en equilibrio9 se produce la colisión entre dos horizontes. Intuimos que el lector oscila entre uno y otro. Intuimos la duda al no saber si proyectar el hecho sobre la realidad histórica o sobre el horizonte imaginario. Pensamos que a partir de esa duda, toda figura adquiere – para el lector- una dimensión doble 10 Intuimos que en el intento de comprender ambos mundos, el lector los confronta. En el juego de negaciones, la novela instala en el lector una visión nueva, una conjetura sobre su realidad histórica.
La novela histórica es una construcción perspectivista estéticamente ordenada de situaciones documentables. No hay una fusión de la historia, historiografía relatos ficcionales; hay una dialéctica. La memoria juega en un eje vertical de rescate del pasado y se despliega horizontalmente.
Consideramos que la ficción de fuente histórica comparte con la historiografía la actividad de la memoria con la que el hombre asimila la experiencia actual del cambio temporal en su mundo y en sí mismo con el fin de crear una concepción de la continuidad. Se trata de abarcar el pasado para comprender el presente y proyectar el futuro.
Los valores y sentimientos universales; los hechos, las vivencias del amor, el honor, la amistad, la ambición, la envidia, la venganza, el poder, la muerte, se articulan en el eje de una mentalidad de época.11
Desde el punto de vista de la estructura, la novela histórica puede caracterizarse por ser: una articulación lineal o una yuxtaposición de cuadros, por relatos agregados, o en forma epistolar; o por intercalar textos en forma de documentos. También como en las crónicas, puede proyectar líneas de acción en cada figura o personaje.
Entonces los elementos de articulación son: el narrador y la forma de emisión: lugar, punto de vista; las figuras (personajes); el espacio; el tiempo; el lenguaje o formas discursivas.

Esa hierba que nunca muere.

Esta novela que se editó por primera vez en 1989 fue escrita por Gilberto Ramírez Santacruz entre 1983 y 1987.
Intuimos que en democracias aparentes- máscaras de gobiernos totalitarios- se escribe narrativa histórica para entender y hacer entender el presente.
La temática de esta novela es central en la obra de Gilberto Ramírez Santacruz. Se expresa con acertadas notas en algunos cuentos de Relatorios y en logradas figuras de los poemas: “Lo que yo canto” (En “Poemas des-cartables” 4. P. 331); “Biógrafos abstenerse” (332-334); “artista comprometido” (335); “el papel de la poesía” (337) “la poesía para salvar del olvido y la marginación” (338) “Inutilidades (En “Fuegos y artificios, P.363”) ”Es inútil la vida si no se evitan las muertes cifradas de la injusticia/ es inútil la batalla si no dignifica a la patria maniatada/ pero nada es inútil si una revolución trae gloria a su pueblo” (P. 363)12
Unos “Apuntes del Autor” expresan que: Esa Hierba que nunca muere: “narra la historia de unos hombres que se rebelan contra el orden establecido a fuerza de cañón y analfabetismo. La historia de una revolución traicionada y acallada por todos, en complicidad con el régimen represor. Además reivindica a los mártires de la libertad y de-vela la alevosía de algunos pseudo opositores de la dictadura. (...) Plasmar el misticismo que embargó a los hombres (...) que creyeron posible reeditar la hazaña de un Para-guay revolucionario y libre (...) cuyos prohombres el pueblo paraguayo, los indomeñables caciques guaraníes, Don José de Antequera y Castro, Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, Don Carlos Antonio López y el Mariscal Francisco Solano López, inspiraron y concretaron su dignidad” 13

Esta narrativa de “ficción impura”, este tipo de crónica participa en su génesis de las dos características: una emisión sobre referentes, en una instancia ontológica: seres y sucesos de la realidad histórica y una emisión segunda, una referencia segunda.
La ficción conjetura los efectos de los hechos, traza hipótesis sobre los sentires en la experiencia de cada acontecimiento y opone a la visión superficial sobre el ocurrir histórico, otra densa, profunda.
Por un lado hay fidelidad a la historia y un esfuerzo de documentación, pero además. al relatar hechos de los que se ha sido testigo se puede atribuir a cada suceso el mismo valor que tenían para los personajes en el momento en que se produjeron.

El nodo de acción de Esa hierba que nunca muere es el vejamen a la persona humana por el dictador Stroessner. Ese militar alemán surgió a la vida política por haber actuado como represor de las contiendas. Sobrino del criminal Matiauda, asesino de mensúes en los obra-jes del Alto Paraná, tuvo sin duda un ejemplo temprano para su antiracismo.

El trasfondo. La situación histórica. El texto historiográfico previo.

El 17 de febrero de 1936 un pronunciamiento cívico-militar depuso al Presidente Eusebio Ayala e instaló en el gobierno a un veterano de guerra: el Coronel Rafael Franco. El partido comunista apoyó la insurrección y entonces se dispuso aceptar legalmente al Partido Comunista, pero esto duró sólo dos semanas. Y –según el Coronel Alfredo Ramos- este movimiento tuvo efectos funestos para la disciplina militar pues los oficiales de reserva –que eran civiles antes de la guerra- querían permanecer en el ejército.
Por otra parte, el dirigente comunista Julio Rojas movilizó a los campesinos en 1936, en un plan de reivindicación de las figuras máximas de la historia paraguaya. Después de la Guerra Grande, Francisco Solano López había sido declarado fuera de la ley.
La revolución febrerista, sesenta y seis años después de la muerte del mariscal, ocurrida en 1870- promulgó en el aniversario de la muerte - el 1 de marzo de 1936- el decreto por el que se lo declaró héroe nacional. Se reedificó el Panteón Nacional y el 14 de setiembre de 1936, Rodríguez de Francia, José Antonio López y Francisco Solano López se declara-ron próceres beneméritos.
La base del febrerismo fue la creación, en 1935, de la Asociación de excombatientes con 126.000 hombres. Su ideario se opone a la estructura feudal y colonial., a la explotación de los trabajadores, a la enajenación de las fuentes de riqueza. Propugna: brindar la tierra a quien la trabaja, la libre sindicalización, la supresión de privilegios de clase. Pero, el régimen febrerista sólo duró dieciocho meses.

Una movilización del ejército impuso al Mariscal Félix Paiva el 13 de agosto de 1937. Dos años más tarde, el 15 de agosto de 1939, asumió el poder el mariscal Estigarribia. En sólo un año de gobierno puso en vigencia la base legal de las dictaduras posteriores: el 18 de marzo, el decreto 447 que prohibe asambleas, actos y publicaciones sin control del gobierno; el 10 de julio, la Constitución de 1940.
En este itinerario de cambio de militares y represalias por militares el breve lapso de apertura ideológica iniciado en febrero de 1936, finalizó cuando Franco fue depuesto en agosto de 1937 por una movilización del ejército. Lo sucedieron: Félix Paiva de agosto de 1937 a agosto de 1939; el Mariscal Estigarribia de agosto de 1939 a setiembre de 1940; Higinio Morínigo –que fue Ministro de Guerra de Estigarribia- desde 1940 a junio de 1948.
El Capitán Juan Bartolomé Araujo con el apoyo de César Aguirre se rebeló contra el gobierno de Morínigo el 8 de marzo de 1947 en Concepción. Con la adhesión del Coronel Fabián Zaldívar Villagra del Chaco conformaron un frente que marchó desde Concepción a Asunción. Pero el General Rafael Franco se excedió en el tiempo de marcha. Mientras , Perón auxilio a Morínigo con el envío de ametralladoras y morteros.
La represión de Morínigo fue dirigida por Alfredo Stroessner. Morínigo permaneció como presidente hasta el 3 de junio de 1948. El 10 de setiembre de 1949 accedió al gobierno Federico Chaves que fue depuesto por el golpe de estado encabezado por Alfredo Stroessner Matiauda en mayo de 1954.
Al frente de guerra “pronazi” creado durante la presidencia de Félix Paiva, se sumó en época de Morínigo el guión rojo de Natalicio González.
A la “tregua política”, decretada por ley 152 durante la presidencia de Rafael Franco, se sumó –en el período de Morínigo – la “tregua sindical”, por la cual los dirigentes de la Confederación de trabajadores, fueron apresados.

Stroessner adoptó estas formas de represión y le dio matiz legal. Sancionó leyes: en “Defensa de la Democracia” (294/55) y “De Defensa de la Paz Pública y Libertad de las Personas”(209/70). Desde su argumentación sobre el estado de sitio, modificó la Constitución del Paraguay. A pesar de que la Constitución promulgada el 25 de agosto de 1967 – garantiza los derechos humanos (artículos 79 y 181), junto a este código escrito; existe un código no escrito: el del “mbareté” o prepotencia de poder, por el cal se acató la voluntad de Stroessner como superior a las leyes. Y el “mbareté” circuló por todas las venas de la jerarquía del poder gubernamental: el más bajo oficial pudo emplearlo contra cualquier ciudadano.

En esta institución del “mbareté” o prepotencia del poder, no había seguridad jurídica ni personal para los no acomodados en algún pliegue del poder. En el “mbareté” el partido gobernante es un órgano del poder que se sustenta con dinero del pueblo. Durante la dictadura de Stroessner, la tercera parte de la población estaba exilada sin posibilidad de regreso. Desde el punto de vista económico se habían agravado las diferencias sociales entre una minoría dueña del 78% de la riqueza y una mayoría sin tierra y sin recursos. Y es que desde la segunda guerra mundial el Paraguay había conformado sus esquemas productivos a demandas internacionales. Se había adecuado la economía nacional a los intereses extranjeros. Se reprimieron así, las formas tradicionales de organización campesina. Los grandes emprendimientos internacionales no significaron fuentes permanentes de trabajo y salario. Así el 72% del pueblo en estado de pobreza, se marginó económica y socialmente, y nada se pudo contra la corrupción de una burguesía, aceptada por el gobierno como el “precio de la paz”
En el estado de sitio, el ejecutivo pudo detener personas, trasladarlas de un lado a otro. La corte suprema de justicia no actuaba y, en esta situación el Fiscal no era una figura jurídica sino un miembro de la policía política.
En 1984, una investigación, puso en evidencia que el Paraguay era el país de mayor índice de presos sin condena

La acción de Stroessner fue secundada por fuerzas internacionales: el imperialismo norteamericano y el gobierno de Brasil, y fue sostenida dentro del Paraguay por el Ministro del Interior, Edgar Isnfran; el General Colman, un “ejército de ocupación” y la “policía del terror” en el marco legal de un “estado de sitio” decretado cada tres meses.
Los movimientos de rebelión contra los regímenes totalitarios se expresaron siempre desde un centro, un nodo de principios: la resistencia étnica tenaz. El Febrerismo de Rafael Franco; los Movimientos de coincidencia como el del 8 de marzo de 1947 contra Higinio Morínigo; el Movimiento 14 de mayo; el Movimiento Popular colorado (MO-POCO) y el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA).
El FULNA se organizó desde la resistencia, pero hubo cruce de intereses externos. Después de la segunda guerra mundial, con la caída de Alemania y de Japón, Estados Unidos y Rusia se disputaban el predominio y buscaban aliados ideológicos en los países del tercer mundo.
Pero en el proyecto de quienes querían poner en marcha un proceso de descolonización del Paraguay, el pensamiento comunista se manifestaba como una posibilidad, parcial y contingente.
Cuando en agosto de 1961 y enero de 1962, los cancilleres de la OEA se reunieron en Punta del Este, aliados de Estados Unidos pidieron la expulsión de Cuba. Canadá, Argentina, Brasil, Chile y México se opusieron a esta medida. Paraguay se mantuvo fiel a Estados Unidos y al Presidente Kennedy.
Y si según el discurso de Stroessner, la oposición estaba representada en el Parlamento, en la realidad los líderes Rafael Franco (febrerista) y Carlos Pastore (liberal) habían sido expulsados. Y desde fines de 1959- la acción bajo el Plan Estrella fue asesinar, masacrar a las poblaciones enteras si eran sospechadas de colaborar con los rebeldes.
El “Plan Estrella”, impulsado por el Ministro Edgar Isnsfran consistió en el “degüello y asesinato masivo de opositores. Este Plan se ejecutó por acción directa del militar Patricio Colmán contra las aldeas de Tavaí, Ñucañy y Chararâ.
En Chararâ- después de los combates de Nucañy y Kera'yn, se produjo , dirigida por el Capitán da Rosa del Regimiento 14 de Infantería, una verdadera masacre de campesinos. En el Alto Paraná, fueron torturados, mutilados y luego pasados a degüello, jóvenes de 18 años por haber prestado ayuda con alimentos a los guerrilleros de la columna Itororó. Con estos degüellos masivos- legaliza-dos por el “Plan Estrella”- se trató de impedir que los campesinos apoyaran las rebeliones.
Frente al régimen policial del terror, las expatriaciones, los saqueos, las expropiaciones, las masacres colectivas, no se percibió otra salida que la lucha armada.

A fines de 1959 se produjo el ingreso en Paraguay de la columna Itororó. La distancia entre los objetivos teóricos y la práctica, en la desorientación en la búsqueda de la libertad y de la integridad humana, la adhesión intuitiva a ideologías foráneas, la desconexión de los movimientos que se organizaron en el Paraguay y los que se organizaron afuera, la im-provisación, una red de espionaje, las delaciones determinaron el fracaso de la resistencia.
La entrada al país de la columna Itororó –planificada por el FULNA- el rumbo de la mar-cha, el objetivo que debían alcanzar habían sido informados a Stroessner. Esta red de es-pionaje había cortado las fuentes de aprovisionamiento.
Con un comando improvisado y paralelo al designado por el FULNA, sin víveres, sin guías, con armas fallidas el movimiento –en medio de la desconfianza- fue objeto fácil de la represión más cruel.
Según el historiador Aníbal Miranda, el dirigente del partido comunista Oscar Creydt, personificado como Carey en el último relato “La celula”, rezagado de la edición anterior de Esa hierba que nunca muere e incorporado en ésta como epílogo, por su improvisación llevó a guerrillas sin planificación, permitió la infiltración de agentes enemigos y por ese espionaje, permitió que decenas de los principales dirigentes fueran asesinados o encarcelados. Arrastró al partido a costosas improvisaciones con la idea de una “victoria a corto plazo”, que después del ingreso de las columnas a Paraguay cambió por la idea de “un desarrollo lento y victoria a largo plazo” 14
Creydt incorporó a Raúl Ramírez agente espía del enemigo. A fines de Agosto, después de la destrucción de la columna Itororó, ordenó la suspensión de toda lucha armada. En combinación con su cómplice Arturo López, Creydt saboteó la acción del héroe Wilfredo Alvarez y de otros cuadros militares. Retuvo en el extranjero a cuadros guerrilleros instrui-dos, los agotó y desmoralizó, con la inútil vida de campamento. Datos que figuran en el “Informe sobre el estado del Partido Comunista en el Paraguay” de 1967. 15
La acción de Stroessner , secundada por el pragmatismo norteamericano de la no inter-vención y del silencio, evitó por la persecución, la tortura y la muerte o el exilio de sus líderes, la formación de todo frente político.
El General teutón destruyó todo foco de organización popular y centro de vida cívica. El ejército nacional, transformado en ejército de ocupación puso en marcha el principio del mbareté. Los líderes políticos del febrerismo del MOPOCO, del movimiento 14 de mayo, del partido comunista, los que actuaban en el FULNA fueron perseguidos aún en el extran-jero. Pero también hubo masacres y secuestros de poblaciones enteras del campesinado pa-raguayo, que desde 1936 se sentía convocado a la participación cívica.
Como se dijo, la acción de Ytororó fue planificada desde el FULNA, según lo testimonia Fabián Zaldívar Villagra que lo presidía.
Fabián Zaldívar Villagra fue apresado en Buenos Aires. Dora Esther Ballestrini de Coreaga desapareció en la Iglesia de Santa Cruz el 8 de diciembre de 1978 por delación del militar argentino Astiz. Gilberta Verdún, viuda del Talavera, pasó nueve años en la cárcel. Su esposo había sido asesinado por adherir al movimiento 14 de mayo. Las guerrilleras Julia Solalinde, Antonia Perruchino y otras fueron asesinadas a machetazos por Patricio Colmán. En 1960 fue reclamada por el jefe de Policía de Asunción al Jefe de Policía Federal de Buenos Aires, la extradición del capitán Juan Bartolomé Araujo, uno de los líderes de la rebelión de Concepción en 1947. Desaparecieron las enfermeras del grupo Itororó: Julia Miranda de Vázquez y Juana Peralta; desaparecieron los estudiantes universitarios: Alberto Blanco Cáceres y Adolfo Avalos Carísimo; el Comandante Antonio Alonso Ramírez. Se produjo una masacre en la aldea de Chararâ, localidad rebautizada como General Morínigo, por haber prestado ayuda a guerrilleros que combatieron en Ybytyrusú, Nucañy y Kerayn.

La represión dio lugar a denuncias por distintas organizaciones y desde distintos puntos que apelaron a organismos internacionales dejando constancia de los hechos de represión dirigidos por Patricio Colmán. Así la Unión Nacional Paraguaya presentó a la OEA un documento en el que informó sobre el estado de las cárceles, de las persecuciones, de las torturas y secuestros en el exterior y dentro del Paraguay. La Unión Nacional informó además sobre campos de concentración, y - en palabras de la Iglesia paraguaya – ‘la existencia de maleantes organizados y armados que efectúan robos, saqueos, incendio de casas, violaciones, asesinatos no sólo contra políticos, sino también contra quienes no actúan en política’. Se informó sobre la violación de los derechos humanos y la cancelación de libertades. Se denunciaron: torturas, trabajos forzados, campos de concentración, abandono de hogares, degüello de prisioneros.
Entre esas actividades de denuncia podemos señalar: La Carta dirigida al Presidente de los Estados Unidos de América Gral. Dwight Eisenhower y presentada en la Embajada norteamericana en Buenos Aires. Los representantes del partido liberal y del partido febrerista denuncian que el plan de una América unida, propuesto por los Estados del Norte termina siendo una protección de las dictaduras. Señalan que ese plan se desvirtúa por el principio de no intervención, por la protección a las dictaduras, en el desconocimiento de la historia los embajadores como Walter Ploeser justificaron al afirmar que “en Paraguay la población no está preparada para la libertad” y al calificar a los adversarios de “instrumentos del comunismo”, apoyaron implícitamente a la dictadura.
Los distintos partidos realizan una Presentación en la V Conferencia de Cancilleres de la OEA concretada en Chile en 1959. Se elevó a la Comisión Interamericana de la Paz, un Memorial sobre la situación en Paraguay: persecución de estudiantes paraguayos y de ciudadanos opositores, emigración en masa de pobladores rurales, expulsión de los dirigentes de los distintos partidos.
El 26 de febrero de 1960 dirigieron una carta al Señor Presidente de la Comisión Interamericana de la Paz de la OEA, Don John Dreier en Washintong. La Carta, enviada desde Formosa, se refiere a la matanza de cincuenta jóvenes estudiantes que cruzaron desde Formosa.
La Unión Nacional Paraguaya realizó una nueva Presentación ante la OEA el 1 de julio de 1960, en nombre de los partidos liberal y febrerista. Esta nueva presentación se debió a que las denuncias anteriores no serían consideradas hasta que el delegado del Gobierno de Paraguay admitiera el problema.
Hay un pronunciamiento contra el tirano Stroessner en el Congreso el 25 de abril de 1960, en que actuaron por Paraguay Walterio Mercado Adler y por Argentina, Manuel Ordoñez.

Se realizaron denuncias de acciones de venta de la soberanía nacional. Con motivo de la Ruta Transchaco se organizó una Misión de operaciones de los Estados Unidos en Para-guay. La construcción de la ruta fue controlada por Paraguay y Estados Unidos. A través de una Comisión que representaba al ejército de los Estados Unidos se determinó el trazado del camino. Con respecto al Puente Internacional y el puerto Presidente Stroessner, una empresa norteamericana obtuvo una concesión de 36 hectáreas, 600 metros sobre el Río Paraná, como centro de dominio que aún continúa. En el Convenio de la Ruta Transchaco se dispuso la defensa de los empleados de Estados Unidos que trabajaban en Para-guay. Esta defensa de funcionarios de Estados Unidos contra el pueblo del Paraguay, significó la impunidad diplomática. El gobierno de Stroessner, sometido al Brasil, que era igualmente una agencia norteamericana, permitió – a través del puente- la extensión de Brasil a Paraguay.

Esa hierba que nunca muere, de Gilberto Ramírez surge de una conjetura poética sobre la historia, en una fisura, en un pliegue del tiempo. Es una “especie de catarsis”
El texto de ficción se origina en una conjetura sobre las causas y los efectos de los hechos, se origina en un saber sobre los valores, las ideologías, los sentires.
Parte de la historiografía, pero sondea la historia por debajo de la historiografía. Y es que la historiografía, generalmente teleológica, concibe los hechos como un todo definitivo en un tiempo inmutable que evoluciona hacia un final.
La poética, en cambio, conceptúa al acontecer histórico como una contingencia, una acumulación de sucesos inconexos y arbitrarios que tiene sentido desde una ideología, coincidentemente con la epistemología, niega la pretensión empirista de que haya hechos o acontecimientos puros, e instala la sospecha sobre las representaciones articuladas desde interpretaciones ideológicas no explícitas.
La ficción opone a la visión superficial sobre el ocurrir histórico, otra densa, profunda.

Acontecimientos

La prepotencia del poder secundada y sostenida dentro del Paraguay por el Ministro del Interior Edgar Insfrán , el general Colmán, un “ejército de ocupación” y la “policía del terror” su accionar para el régimen del terror: los saqueos, las expropiaciones, las masacres colectivas, las expatriaciones, los discursos de la alienación y el vejamen, las persecuciones, las torturas, estos son los acontecimientos actuados, vividos o recordados en la articulación de la novela.
Por otro lado, la lucha armada en sus encrucijadas ideológicas, entre el idealismo teórico y la práctica, entre traiciones, espionaje, delaciones. Este enfrentamiento de valores constituye en los dos ejes opuestos, una acción histórica magistralmente poetizada por Gilberto Ramírez Santacruz.

Articulación: historia historiografía, poética

La dialéctica entre los dos ejes se proyecta desde los referentes históricos a una emisión segunda, una referencia segunda. Es una forma discursiva de relato que –en el cruce de entramados - hace objetiva la subjetividad del enfoque. Objetiva en la intersubjetividad por la dialéctica de discursos, de puntos de vista, de voces. Dialéctica o movimiento reflexivo como principio de una articulación en perspectiva que no fusiona la historia, la historiografía y los relatos ficcionales; sino que dispone niveles en un juego de abstracciones superpuestas.
La memoria juega en un eje vertical de rescate del pasado y se despliega horizontalmente, en una compleja articulación que supone recorrer la experiencia de la historia desde la realidad; a la expresión, al despliegue discursivo.
El emisor es un observador que quiere sacar al lector de su visión habitual, automatizada de los acontecimientos. Quiere sacudir sus distracciones, llamando la atención, primero sobre el carácter de artefacto del discurso. Es ejemplar, en este sentido, el juego de inclusiones: la voz en las voz, el relato en el relato: Ortiz en “El carnicero de Tatakua”, la voz y las ideas del combatiente en “Testimonio de lucha”, “Libreta de un combatiente”
Se quiere conseguir la extrañeza –el distanciamiento- a través de la discontinuidad y los aspectos heterogéneos de los acontecimientos. La historia narrada deja de ser un fluir continuo, unitario, autónomo, para convertirse en un juego de anverso y reverso. Se presenta una historiografía plural, no de una sola línea. Se muestra la incoherencia de las acciones por la superposición de partes, en segmentos alternantes en una trama compleja. El autor insiste en la situación inconclusa del conflicto como recurso de alienación. La visión es móvil. No se trata sólo de las acciones de los poderosos como victimarios; sino del pueblo como víctima. Gilberto Ramírez, observador atento, se figura emisor y plasma desde todos los ángulos, un mundo cotidiano en el cruce de incoherencias, de abusos, de injusticias. político-sociales.
. Se busca comprometer al lector. Se evita la linealidad como la continuación del tiempo cronos en su fluir, se evita el punto de vista único. Se intercalan los comentarios, las experiencias personales, en un cruce de horizonte en la multiplicidad de visiones en el tiempo -aión- el ethos de cada uno. Multiplicidad de visiones, no anulación sino juego caleidoscópico.

Figuras. Personajes

Cada acción represiva se magnifica como aleccionadora:. Se piensa preparar “algo que pueda atemorizar, se intenta movilizar a todo el pueblo con lo que tenga (machetes y cuchillos);se amenaza desde los sermones religiosos, se usa el confesionario como instrumento de delación; se insta a una guerra santa al lado de la Iglesia y las autoridades; se ejemplifica con el trato a los presos, las torturas, el ajusticiamiento público; se instituye el espionaje; y la sospecha generalizada; se intenta sumir al pueblo en un sentimiento de culpa generalizado.
Los acontecimientos se articulación en figuras y por una yuxtaposición de cuadros, por relatos agregados sobre las líneas de acción de cada figura. Las reuniones para el adoctrinamiento ideológico de los guerrilleros, los preparativos de marcha, los traslados y las vigilias, el cruce del Río desde Argentina, la llegada a Paraguay, la incomunicación con las bases, las traiciones de los guías , las pérdidas de contacto entre los grupos, las dificultades para la supervivencia, el hambre, la soledad. La reflexión, el análisis de lo actuado. Cada acontecimiento de esa lucha armada comienza con todos los otros y en dialéctica con los de la represión. Una especie de contra-efectuación o de negación mutua. Una especie de descentramiento en polos de centros opuestos como en juego de dos ejes.
Cada acontecimiento sobre un eje de tiempo como suma de instantes, el de la palabra adoctrinadora, el de las reflexiones, y revisión de los hechos. Cada instante expresión de un punto aleatorio que recorre toda una línea y a su vez la traza constantemente: hacia el pasa-do, hacia el futuro. Así, en el instante de cada acontecimiento se implican todos los otros en una yuxtaposición y en dialéctica con los de la represión.
Y la acción represiva en sus variantes y matices.

En la novela en la yuxtaposición dialéctica de acontecimientos, los movimientos de mecanismo frágil se cruzan: aquél hecho por el cual los estados de cosas tomados en su profundidad llegan a producir superficies ideales o fracasan en esa producción: la visión del torturado por un niño, la reflexión tardía del torturador, el intento de recuperar en instantes de la memoria los acontecimientos y las causas. Para los soldados de la represión y los habitantes comunes, los acontecimientos de superficie se efectúan en el presente bajo reglas complejas, aprisionando sus singularidades en los límites de mundos individuos y personas instituidos: la madre (Ña Francisca) obligada a delatar al hijo, los soldados cons-treñidos a matar compatriotas. A veces, el acontecimiento implica algo excesivo respecto de su efectuación, algo que trastorna los mundos, los individuos y las personas y los lleva a la profundidad. Así, el encuentro de la libreta de un combatiente por los soldados de Stroessner.
El temor ante la mochila, el alivio cuando descubrieron que estaba abandonada, la sorpresa ante la agenda y ante las reflexiones en guaraní; el ingreso por la lectura a un mundo de hermanos en el instante complejo de cruce de simultaneidades: una raza, un idioma. En ese instante afluye un pasado que atraviesa el presente y se desplaza al futuro en un men-saje, una palabra – la del combatiente, la de los soldados, la del narrador en la suma de vivencias.

Entonces las figuras de la novela histórica funcionan en la referencialidad indirecta de los hechos históricos. Son mediaciones articulaciones representadoras y significadoras de ideologías, principios, valores y sentires.
Entonces, mientras el historiador conjetura la vida íntima y la esboza en hipótesis, el novelista puede configurar pensamientos y sentimientos. La proporción entre figuras históricas e imaginarias varía en las distintas obras. En la novela ilusionista tradicional, se enaltece a un individuo. En esta novela, antilusionista, se desmonta del pedestal la figura destacada por la historiografía oficial y juegan un papel más importante los grupos sociales e ideológicos. Las instituciones se cuestionan.
La prepotencia del poder, presentada en la falacia de una lucha ideológica, se articula para avasallar la persona, disponer de la vida y de la muerte. En la presentación de estas figuras simulacros, el autor se detiene en los rasgos de sumisión, servilismo, obsecuencia, alcahuetismo, incondicionalidad.

La complicidad del “mbaraté”, se expresa en las figuraciones de los victimarios: el Ministro del Interior: Egberto Gavilán, el “inquisidor de comunistas”; el Juez Velazquez – adiestrador de criminales como milicianos del Régimen; el Comisario Escobar, servil y alcahuete; el Intendente Reguera, sumiso y avergonzado; el Pa ‘i (cura) Maciel –de temple militar ante que sacerdotal en su obsecuencia.
Si bien los personajes son figuras de mascaradas, en sus simulacro de seres; la máscara del cura, es la más siniestra para el pueblo humilde, de arraigada confianza en la religión cristiana y sus representantes. El Pa’i (el Cura) su discurso era incuestionable. El sacerdote antecesor del Pa’i Maciel, el Padre Ortega había sido sacrificado por el Régimen.
El Pa’i Maciel usa la religión no contra la ideología del comunismo, sino contra los opositores a Stroessner. Su accionar se expone en un discurso con los mismos efectos de terror que los discursos de las otras figuras del poder. En la complicidad en la corrupción generalizada, se perfilaba la destrucción psicológica del pueblo, la destrucción de las familias. El discurso de cada uno de los personajes del poder se articulaba sobre la convicción de un efecto: agigantar el poder de Stroessner, producir el terror en el pueblo.
El efecto logrado, el desequilibrio del miedo, hace negar los sentimientos más profundos: una madre entregadora –delatora de sus hijos: los campesinos en la delación, la .persecución y el asesinato de otros.

El discurso busca un efecto transferir la imagen de una justicia implacable: “El cementerio es un campo santo y como tal hay que respetarlo. No es para herejes, sino para cristianos. Todos los rebeldes son comunistas y por lo tanto poseídos pos Satanás. “No lloren padres y madres desgraciados. Dios sabrá perdonarlos por los hijos que trajeron al mundo.” No hay sepultura ni luto por los que murieron, porque no vale la pena enlutarse por un hijo traidor”
El discurso del poder se despliega lleno de odio en la máscara religiosa: “esta es una lucha santa contra el demonio del comunismo. Y el cura expone si plan de trabajo: “se encargará de identificar a los comunistas”

Los personajes son figuras síntesis. Si bien algunos como el General Caimán tiene una referencia real la del General Colmán, sus características de carnicero de Tatakua se proyectan a otros o requieren la complicidad de otros. Ortiz, de soldado a cabo a sargento en una carrera de militar improvisada sobre la distorsión psíquica de un desequilibrado inca-paz de analizar y de sentir. Fuera de toda dimensión humana, cercado en su miedo hacia, Caimán trituraba personas
El Sargento Ortiz en “Vía Crucis de la libertad” es presentado en tercera persona por ser “muy hacendoso con la tenaza” y haber sacado todos los dientes y las uñas de pies y manos del guerrillero torturado; y se dice además que lleva su 38, el que utilizó para agujerear las dos manos y los tobillos del guerrillero en una sesión de tortura. Se presenta también, por su discurso directo en un alarde por la acción contra los guerrilleros. Ese discurso di-recto se retoma en “El Carnicero de Tatakua” para informar sobre algo que “no quiere recordar”.
Informa ,en un discurso presente, los hechos de tortura y muerte de guerrilleros: su experiencia en el servicio militar bajo la orden del General Caimán
Articula su recuerdo en una dialéctica una valoración presente que rechaza su pensar pasado, cuando se creía: “un soldado raso” [que] “pudo participar del alto honor (...)de escoltar al General Caimán” (86). La admiración pasada ha dejado lugar a una visión más lúcida del General, que poseía “sólo una ambición: conservar el poder a fuerza del terror” (85)
Su informe , con precisión de la fecha de la mayor actuación de Caimán - año 1960- es un relato de las atrocidades de la tortura y el vejamen cometidos contra el pueblo humilde, no sólo los guerrilleros, sino los campesinos de Tatakua; de cuyas tierras se apoderaba.

No obstante, la caracterización de este soldado de personalidad aberrante, de psicología de criminal ; esta presentada con algunas notas que atenúan su responsabilidad de asesino y torturador. Hay una situación social de clara referencia histórica: los campesinos: macheteros y cuchilleros fueron reclutados como soldados.
Habituados al combate feroz con la naturaleza, con la única autoridad de un capataz en esa tierra sin leyes y sin derechos, el obedecer ciego era casi la condición principal del trabajo para la subsistencia. Ortiz, de peón a improvisado soldado, criado huérfano; cayó bajo las órdenes de Caimán llevado por el Capitán Galeano. El miedo le impuso la norma: “cumplir las órdenes (...) sólo cumplir” A veces se creyó “un poderoso en poten-cia” (89); pero debió contemplar o protagonizar los crímenes y torturas más atroces en-cubiertos por el lema: “cumplir órdenes, aunque eso signifique violar a la madre y torturar al hermano” (104)
La evocación incluye el episodio de las violaciones a las guerrilleras; el vejamen y las muertes.
También recuerda que - muchos años después de la muerte de Caimán y de la culminación de la lucha antiguerrillera – se enteró por una publicación de junio de 1973 de que Caimán había sido uno de los magnates internacionales de la marihuana y cómplice, en Paraguay, de la más importante elaboración de cocaína.

En la articulación magistral de la novela, con el recurso de la voz en las voz y del discurso en el discurso se sondea en el recuerdo del soldado/ oficial Ortiz, la marca de esa psicología siniestra del “mabarete”. El General Caimán conoce y secunda el tenebroso plan. Ortiz evoca la explicación de Caimán: “Rubioroch, lo que hizo fue despojar al Paraguayo de su orgullo, de su dignidad de patriota y lo hizo mirar a todos lados, ...”(93)

Figuración de las Víctimas:
Los personajes son símbolos, suman a la historia particular la contingencia de un pueblo: la madre devastada, la joven amante y madre en la negación del amor, el idealista en su vía crucis de la libertad. Por detrás de los trazos que los delinean distintos, está la muchedumbre anónima que comparte vivencias y sentimientos. Es todo un pueblo: Tatakua, San José en el padecimiento, en el terror de acontecimientos de asombro.
Ña Francisca en “La Confesión”: una figura simbólica de la invasión y del desequilibrio psíquico por el terror. Ejemplifica el efecto de los discursos del Pa’i Maciel, el terror de un Dios justiciero. Los guerrilleros son presentados como Demonios y sus familiares son encubridores y cómplices, merecedores, por lo tanto, de la cólera de Dios.
Na Francisca después de perder a su marido en la Revolución del ’47, había recons-truido su vida por los dos hijos Valentín y Damián. Vivía de su actividad de chipera en Tatakua.
Es presentadas con pocos trazos: envuelta en las ropas negras por el luto “como un poste quemado” , con pies descalzos y rajados, ojos filosos de angustia ...”la inmensa tristeza que rumiaba su alma...” “clavando en cada paso la senda”.(17) Iba hacia la Iglesia ... asomaban a su angustia el recuerdo risueño de sus hijos y la tristeza de las muertes: el marido en la Revolución del ’47 y su hijo Valentín, muerto poco antes como guerrillero y cuyo escondite ella misma lo había señalado al cura por su deber cristiano de delatar a los guerrilleros, enemigos de Dios. El Paí Maciel había creado en ella el temor alucinante de quedar fuera de la religión, de ser excomulgada y el terror del desvarío:” de “enloquecer, como Librada”.
Ña Francisca se configura en la culminación de su experiencia trágica de vida y en la circunstancia de una nueva delación: la “confesión” al cura Maciel del paradero de su segundo hijo Damián. Después de la confesión al Cura y antes de la Misa advirtió la conversación entre el Cura y el Comisario y un movimiento de los soldados.. Al terminar la Misa, de regreso a su casa, al pasar por la Comisaría, “alguien la llamó. Reconoció al momento la voz aniñada de (su hijo) Damián y siguió corriendo (...)” (23) Florencia Báez –“El Aparecido”. En la vivencia entre el amor, la muerte del guerrillero su cautiverio y su maternidad en la prisión. También como un entramado de amor y terror; pero no de odio o resentimiento. La persecución que padece es una trampa del tío Teófilo a su padre. Por resentimiento se convierte en delator y cómplice del Capitán Galeano.
El guerrillero de “Vía Crucis” (71-75) suma el idealismo, la impotencia y la decisión por la libertad en una entereza sobrehumana. Es sacrificado, masacrado, víctima de un martirio en que se suma toda la saña, el odio, y los instintos criminales en la dimensión de una crueldad sólo posible en la “pesadilla de un loco”. Se trata de la actualización real en un campesino, del “Vía Crucis” representado hacía menos de un mes y como parte del culto religioso - por el Pa’i Maciel. .
En esta circunstancia un contingente de soldados y milicianos protagonizan un vía crucis real. El guerrillero a quien han sacado las uñas y los dientes, han agujereado con balas de revólver los tobillos y las manos, es arrastrado por los caballos a través de cuer-das con ganchos ensartados en las orejas y luego en las tetillas. En ese trayecto desde Tatakuá a San José, en esos siete kilómetros de arrastre el cuerpo del guerrillero, esa “osamenta viva”, los seguía “culebreando y gimiendo sin parar” (73).

Consideremos a Agustín y Epifanio, obligados soldados de Stroessner. La sorpresa ante la “Libreta de un combatiente”, las reflexiones en guaraní y la experiencia de los ideales. Agustín, que sabía leer, dijo que la libreta estaba llena de libertad, de esperan-za, de felicidad, de alegría, ...Epifanio dijo que el no podía opinar ...Agustín se excusó hizo una reflexión: todo el pueblo para guayo habla en guaraní, pero se le enseñaba a escribir en castellano somos alfabetizados en el idioma que no hablamos y somos analfabetos en el que funcionamos” (159)

Personajes del idealismo y de la liberación:
Anselmo Gutiérrez: carpintero, ex-estudiante de ingeniería en Asunción y Morocha - Carmen Orrego – enfermera son los responsable de la formación ideológica y militar de la columna del MOREPA. Entienden esta responsabilidad como el asumir un acontecimiento histórico a partir de una ideología. Anselmo y Morocha coinciden en la idea de patria y comparten la esperanza en la Revolución armada. Los acosa la misma preocupación: “No fue fácil para ellos abrazar el compromiso histórico que significaba enlazar a este movimiento con los demás intentos y logros llevados a cabo por el pueblo para-guayo en el transcurso de su brillante historia. Pero también “rescatar de la tragedia oscura al Paraguay golpeado, herido y muerto hasta el presente. Hacer transparente la posibilidad milagrosa de la resurrección que ofrece la lucha revolucionaría y depositar en el espíritu joven del movimiento la dosis de coraje necesaria para derribar la corrupta dictadura de Rubioroch” (10)
Proponen un encuentro en los ideales: “El sentido de nuestra lucha (...).la inserción en la experiencia revolucionaria del Paraguay” (13)

El pensamiento de los personajes, su reflexión sobre la ideología se enmarca en un enfoque moral de la historia. Morocha insiste en “la referencia histórica para proyectarnos al presente (...) las luchas populares actuales, nuestra revolución tiene sus antecedentes en la brava epopeya guaraní... la revolución comunera encabezada por José de Antequera y Castro, que prioriza la voluntad del común sobre el Rey (...) Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López, el martirologio de nuestro héroe máximo...” (13)
Una visión amplia de la lucha en el contexto de una humanidad en crisis. Así como hombres libertarios del Paraguay habían apoyado a los que ofrecieron sus vidas a la revolución civil española. Los paraguayos estuvieron al lado de Miguel Hernández, García Lorca, Neruda, Alberti, Hemingway, Vallejos, Machado. La revolución es una sola (...) la liberación debe ser también una sola” (27)
La configuración de la novela se detiene en la descripción de los rasgos morales de los comandantes. Ante las traiciones: “Ninguno de los comandantes fue capaz ya de contagiar entusiasmo, ni evitar que fuera derrumbándose poco a poco el castillo del idealismo, dentro del cual habían albergado tantas esperanzas de victoria y fortaleza de lucha, tanto para ellos mismos como para los que confiaban en su fuerza moral y su consecuencia revolucionaria” (147)

Frente a este esquema de valores, el poder despliega el discurso de amenazas , las torturas, el vejamen, las violaciones, el espionaje como recursos para -por medio del terror- inducir al enfrentamiento y a la división del pueblo paraguayo: “el que no pelea contra los guerrilleros, está con los guerrilleros”

Aspectos formales:

No son unívocos los acontecimientos por un lado, ni tampoco la historia que de ellos proyectan los historiadores. La novela histórica de Gilberto Ramírez Santacruz tiene dos objetivos: crear un mundo ficticio; presentar historia. No se oculta la doble función.
Al configurar la ficción de las figuras, se acentúa la subjetividad del narrador, la índole de artefacto. Se ponen de relieve los aciertos formales de una configuración que resalta aspectos de lo que se ha definido como “democratización de la novela histórica”. En efecto, como vimos, la articulación incluye lo cotidiano, los aspectos de las instituciones sociales y políticas, sus decisiones y la proyección a los grupos externos al mbarete. La articulación se detiene también en el individuo aislado, en su terror hacía el Régimen de poder, en su soledad y desamparo. Por eso, se intercalan los comentarios, las experiencias personales, el tiempo aion de cada ethos.
Entonces, el emisor es una instancia múltiple. Hay reflexiones metahistóricas; palabras en guaraní, en diálogos dramáticos y escenificaciones. Y es que el emisor es un observador que sólo en ocasiones narra directamente. Es frecuente que su relato incluya las voces y las visiones mediadores de los personajes creados. Entonces esta figura múltiple del narrador, participa directamente, a través de su identidad, o se inventa un narrador segundo, con intercalación de intertextos y voces. Lo cierto es que la instancia primera no desaparece, de modo que hay movilidad y superposición de visiones. Desplazamientos. Por el grado de información puede ser un narrador omnisciente, con una visión desde arriba, o un narrador con saber limitado y una visión desde abajo.
El lugar de la emisión o la ubicación espacial que el autor fija para el narrador al emitir la narración, también se desplaza. Con mayor frecuencia el narrador esta distanciado de los hechos, es exterior a la escena narrada; pero en otras hay un juego entre exterioridad y acercamiento. Es ejemplar, en este aspecto, el acertado juego de lejanía de los hechos en la evocación del Sargento Ortiz (“El carnicero de Tatakua”). La evocación rechaza la cerca-nía, porque hay también, al mismo tiempo una visión del que ha participado y asumido los hechos. Esta superposición de visiones, enmarca frecuentemente, a la del narrador participante e implicado, el que entra en el pensamiento de Ña Francisca (“La confesión”), el que se incluye en la alucinación del General Caimán (“Delirium del General”, 140-144) el que reflexiona sobre la ideología de los revolucionarios (“Testimonio de lucha”, 119-127)
El tomar partido es casi inevitable. La preferencia por una época, un país, un personaje. Tal vez porque al elegir una situación pasada se ve un contraste con la presente que se pretende juzgar. Hay una justicia poética en la novela histórica. “Una necesaria expiación como se expresa en “Testimonio de lucha”.

El espacio.

Por exigencia de referencialidad debe responder a espacios reales. Espacios reales en el perspectivismo múltiple: espacios de Buenos Aires: la estación Retiro, una quinta de San Miguel; Iguazú, el Río Paraná ; espacios de Paraguay su geografía física: el Departamento de Caazapá La metaforización del espacio Tatakuá o Chararâ. Asunción, en una referencia de trasfondo.

El tiempo.

El momento de la enunciación no es el de la escritura. Se sitúa generalmente después que han ocurrido los acontecimientos, pero puede ser simultáneo a los hechos. Un acierto in-negable en Esa hierba que nunca muere es la doble figuración del tiempo: la de cronos: un presente inmutable y la simultaneidad del aion: el instante que salta sobre la línea de un tiempo hacia el pasado y hacia el futuro. El juego de regresiones y progresiones en una (suma) de condensaciones y dilusiones –entre retrospección y anticipación. Comúnmente se puede situar en el pasado, mirando al presente y al futuro; o en el presente, mirando al pasado. En la articulación lograda de esta novela, los juicios sobre la época se contrastan con las vivencias y las opiniones de las figuras, la historia es el juego plural de itinerarios temporales.

El discurso.

El lenguaje literario se expone en todas sus formas: en la narrativa, en la configuración de los diálogos, en la potencialidad dramática, en la poesía, en el monólogo de la ideología, en la reflexión filosófica. El lenguaje - como discurso de los personajes- se dimensiona en niveles en absoluta coherencia con las figuras a la que presta voz. Funciona así, proporcionando un rasgo de consistencia a la configuración.
Las figuras de las víctimas en su dialecto, en el acto de fidelidad al idioma propio como la nota más característica de una dimensión de pertenencia y compromiso que les otorga autenticidad. El dialecto de los testimonios, de los diálogos, pero en contraste; en juego y en el marco de las descripciones como recursos que orientan la mirada del lector sobre cada acontecimiento para evitar la identificación, para señalar el carácter excepcional de un acontecer histórico que se ha instalado como habitual.
Por este juego, y con este objetivo, se interrumpe la linealidad. Se intercalan intervenciones del narrador, o las voces y miradas de otros personajes, las reflexiones de uno y otro. Son ejemplos magistrales al respecto, los discursos en primera persona que juegan en contraposición y contraste: el del sargento Ortiz, narrador segundo de “El carnicero de Tatakuá”; el discurso filosófico -ideológico del combatiente, narrador segundo de “Testimonio de lucha”: el discurso de la carta, de los aforismos y de los poemas del Comandante Kuimba’ ete de “Libreta de un combatiente”; o el discurso del monólogo alucinante de Caimán en “Delirium del General”.
El conjunto de estas reflexiones no conforma un estudio acabado. La novela de Gilberto Ramírez Santacruz es expresión de la línea más representativa y caracterizadora de la literatura hispanoamericana del último tiempo. Como narrativa histórica, en suma de perspectivas y aciertos de articulación, se perfila reuniendo notas sobre circunstancias socio-políticas de una época no lejana para el que escribe y para los lectores analistas de la realidad. En lo más logrado de la cultura comprometida, es una novela de aprendizaje para los jóvenes soldados que, al leer la libreta del combatiente muerto, dieron vida al mensaje de “libertad: esa hierba que nunca muere”.
Al final, estimado Lector, le proponemos un diálogo con el autor. Le sugerimos que, a través de las páginas de la novela, reflexione con él sobre los siguientes temas:
¿Cuál es el objetivo de la creación de Esa hierba que nunca muere?

¿Sobre qué antecedentes históricos configuro el relato?

¿Cuáles son los temas centrales de la novela? ¿Qué ideales (qué valores) se expresan?

¿Podemos esbozar (representarnos) los acontecimientos que se describen?

¿Cómo se articula esta narrativa? ¿Qué características de la novela de fuente histórica se exponen en esta configuración?

¿Con que perfiles (notas caracterizadoras) se describe y relata la revolución por la libertad? ¿Contra qué factores se combate? ¿Cuáles son las causas del fracaso?

¿ Es posible, desde la lectura del discurso narrativo, delinear los rasgos de las figuras propias de la realidad histórica de Paraguay? ¿Con qué rasgos definiría a las víctimas y con qué rasgos a los victimarios? ¿Recuerda a Ña Francisca y al Pa’i Maciel?

¿ En qué espacios se ubican los hechos?

¿Cuáles son los tiempos de la acción?
¿En qué características del lenguaje, del discurso y del juego de puntos de vista se ha detenido al representarse este universo imaginario e histórico?

¿De entre los valores expuestos por el autor y sus figuras literarias, cuáles adoptaría como orientadores de su propia conducta?

¿Cómo se expresa el ideal de la lucha? Le sugerimos una lectura del discurso de “Testimonio de lucha” y de las expresiones del Comandante Kuimba ‘ete en “Libreta de un combatiente”.

¿Puede explicar el significado del título en relación con el contenido de la obra? ¿Por qué Esa hierba que nunca muere?


*Roxana Gardes de Fernández, es doctora en letras, catedrática de la Universidad de Buenso Aires, especialista argentina en literatura latinoamericana y autora de sendos ensayos sobre obras de importantes escritores de nuestro continente, entre ellos Augusto Roa Bastos principalmente.

1 comentario:

  1. HOLA ME LLAMO DARIO TORRES Y EN REALIDAD ME GUSTO MUCHO EL ANALISIS DE LA NOVELA ME AYUDO A COMPRENDERLA MEJOR ADEMAS QUIERO FELICITARLA A USTED ROXANA DE FERNANDEZ

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