viernes, 15 de septiembre de 2017

¡Villarrica, cuna de poetas!

ESTACIÓN VILLARRICA *
(fragmentos)

cuna de poetas

la ciudad sublime de los poetas
el barrio legendario de ybaroty
el ykuã pytã de ortiz guerrero

fuente donde abreva la inspiración
y se ahoga la pena en lágrimas
yo bebí de tus cántaros sonoros

miré bajo tus aguas el misterio
sentí como propias las llagas
de un manú que descansa al fin

en la sombra de un vuelo poético
y bajo las alas de su amada
y brillante mariposa

el agua de bautizo
el primer aliento de vida me dio el ybytyrusu
el agua bendita era de capiybary

el baño bautismal fue en el pirapó
el nacimiento espiritual fue en villarrica
de la mano de ramiro y el gimnasio paulino

donde probé una vez la libertad y para siempre
aprendí a compartir el pan de la dignidad
en la mesa milagrosa del ykuá pyahu

la nueva fuente(ykua pyahu) de inspiración y lucha
de la mano del visionario engelberto
y descubrí en el horizonte mi propia estrella

y comencé la aventura de seguirla sin tregua

musa guaireña

por una musa guaireña
y su amor esquivo
tensé mi arco más puro
y tiré mi flecha más dulce

por una musa guaireña
y su amor lejano
rompí en canto de repente
como en verano una cigarra

por una musa guaireña
y su amor imposible
de un hondazo bajé al sol
y derribé a la luna

por una musa guaireña
y su amor no correspondido
murió de tristeza el hombre
y nació el poeta

el tren del destino


la vida tiene momentos
cada tren sus estaciones
no quiero irme en lamentos
sin dejar mis marcaciones

la vida se debe al destino
el tren a sus pasajeros
mejor echarse al camino
antes que caiga el sereno

si hay que partir yo ya me voy
si hay que quedar yo ya me fui
y da lo mismo donde estoy
si mi amor ya lo perdí

                                        (ykua pytâ, 1974)

* del libro "obra poética" de g.r.s. editorial arandurâ, asunción, paraguay, 2006.

martes, 22 de agosto de 2017

La muerte en modo indicativo

    La muerte en modo indicativo*

a las víctimas de oriente y occidente


Yo mato con los bombarderos 
que envía occidente a oriente.

Tú matas con las camionetas
que revientan a la gente como zapallos.

Él mata con su indiferencia atroz
con las camionetas y los bombarderos.

Nosotros matamos desinflando las lanchas
que traen a los refugiados a la costa.

Vosotros matáis empujando al mar
a los últimos sobrevivientes de la guerra.

Ellos matan a ti y a mí sin hacer distingos:
la muerte hace negocios descontando vidas.

*Del libro "Poemas de hoy en día" de G.R.S.

miércoles, 19 de julio de 2017

Roberto Fontanarrosa, a diez años de su vuelo cósmico


CULTURA Y ESPECTÁCULOS - Página /12, Buenos Aires, 19 de julio de 2017 ·
A diez años de la muerte de Roberto Fontanarrosa
“La popularidad del Negro sigue siendo insoslayable”
Liliana Heker, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Reynaldo Sietecase y Carlos Bernatek recuerdan en esta nota al notable escritor rosarino. Allí, en la ciudad donde nació, vivió y murió, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra su obra.
Por Silvina Friera

El Negro Fontanarrosa, un clásico de la cultura popular argentina.“¡Qué lo parió!”, diría Mendieta. Cómo se lo extraña a Roberto “El Negro” Fontanarrosa, excepcional narrador y humorista gráfico, canalla de pura cepa –hincha de Rosario Central–, que murió hace diez años, a los 62 años, como consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que padecía desde 2003. En Rosario, la ciudad donde nació, vivió y murió, su lugar en el mundo, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra la obra del creador de personajes emblemáticos como Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso, autor de notables libros de cuentos como El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, Uno nunca sabe, La mesa de los galanes y Usted no me lo va creer, entre otros. La inteligencia y belleza de su humor, la capacidad de tomar el pelo a los argentinos “con maldad y con cariño”, el mundo del bar y los manantiales de historias, su mirada capaz de descubrir lo grotesco en situaciones mínimas, el oído fino para los lugares comunes y el hecho de emplear la lengua como laboratorio son algunas de las cuestiones que destacan Liliana Heker, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Reynaldo Sietecase y Carlos Bernatek.

Imagen relacionada“Me sedujo su escritura mucho antes de que Fontanarrosa empezara a publicar sus libros de cuentos –dice Heker a PáginaI12–. Ya en sus creaciones gráficas podía notarse que, en gran parte, su genio es verbal y sus fuentes, innegablemente literarias. Boogie, el aceitoso refiere al policial negro, y el habla de Inodoro Pereyra es una mezcla de parodia y homenaje a Neruda, o a Tejada Gómez, o incluso a Borges. Sus dibujos son desopilantes pero, en buena medida, la comicidad de cada recuadro, el impacto que provoca, reside en el lenguaje. Más adelante, sus cuentos desplegaron hasta lo imposible este don suyo, primordial”. Sietecase cuenta que lo primero que leyó fueron las historietas. “Mi padre era fanático de Inodoro Pereyra y me contagió ese fanatismo. Recuerdo que teníamos un calendario de pared que cada día tenía un chiste de ‘el renegau’. Comprendí enseguida que el Negro era mucho más que un historietista ingenioso. Había inteligencia y belleza en su humor. Luego vinieron sus cuentos. Mi preferido es ‘19 de diciembre de 1971’. Y todos sus cuentos de fútbol en general. Se trata de un gran escritor, aunque los policías literarios lo menospreciaran”, advierte el autor de Un crimen argentino y No pidas nada. Saccomanno lo descubrió en la revista Hortensia en la década del 70. “Allí estaba el Negro, con Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso, parodias de la gauchesca y la serie negra. Poco después Hortensia llegó a distribuirse en Buenos Aires. Y ahí se produjo el estampido del humor cordobés, que siendo local en extremo rompió la barrera del provincianismo. A partir de ese momento la popularidad del Negro se vuelve insoslayable”, recuerda el autor de El buen dolor, La lengua del malón y El oficinista.
Resultado de imagen para cuadros de Inodoro pereyra, fontanarrosaAna María Shua era lectora de sus chistes y de sus historietas, “tan geniales”, hasta que le llegó los cuentos de El mundo ha vivido equivocado. “Me reí muchísimo, disfruté, y pensé que Fontanarrosa era una reencarnación de un autor que me había traído muchas alegrías en mi infancia y adolescencia: Chamico, el otro yo de (Conrado) Nalé Roxlo. Fontanarrosa tenía dos cualidades mágicas de Chamico: la capacidad de tomarnos el pelo a los argentinos con maldad y con cariño, y una increíble y jugosa habilidad para la parodia desopilante –compara la autora de Soy Paciente, Los amores de Laurita y La muerte como efecto secundario–. Pero seguí leyendo y descubrí que, mezclados con esos cuentos paródicos y tiernamente costumbristas, había también gran literatura gran, de la que se escribe con mayúscula. Cuentazos. Los hay por aquí y por allá, en todos sus libros, mezclados con los demás pero inconfundibles para quien los sepa valorar: ese que tiene como nombre una fecha (‘19 de diciembre de 1971’), en el que un hombre muere de la mejor manera posible: gritando un gol. O, por ejemplo, ‘El cielo de los argentinos’, que desborda el costumbrismo y nos toca directo en la mitad del corazón”. Carlos Bernatek comenzó leyendo las historietas sobre la guerra de Vietnam. “Eran textos ‘pre-Boogie’, que en cierto modo anunciaban el futuro discurso del personaje. Tanto los textos como los dibujos eran fascinantes, de una originalidad y una ironía inusuales, como una suerte de parodia de los cómics bélicos clásicos. Otra tira inolvidable fue una doble página color de Satiricón que, creo, se llamaba ‘Quién le teme al Pato Donald’, que llevaba el guión clásico a un delirio increíble”, evoca el autor de Rutas argentinas, Banzái y La noche litoral.

Imagen relacionadaEl Negro era –decirlo en pasado me cuesta– un extraordinario oído del habla y también es un lector agudo de diversas retóricas. Puede captar al detalle cualquier registro. Y ponerlo en acción. Es decir, su narrativa es tan amplia que puede arrancar desde la oralidad hasta el culteranismo”, plantea Saccomanno. “Me interesa el mundo del bar, cómo lo traduce en manantial de historias –agrega Sietecase–. Y el tratamiento que le da al fútbol en sus relatos. El deporte que defino como la más importante de las cosas menos importantes”. Desde que leyó El mundo ha vivido equivocado, Heker está convencida de que es “un narrador único en su especie”. “Su humor es irresistible pero no se trata solo de eso. Lo que le otorga originalidad genuina y, según pienso, trascendencia a ese humor, es que está atravesado por el absurdo, por la impiedad, por una mirada capaz de descubrir lo grotesco, pero también lo bello o lo grandioso, detrás de situaciones mínimas”. A Bernatek le interesa la oralidad de Fontanarrosa, “ese oído tan fino para con los lugares comunes, y la vuelta de tuerca cínica sobre la repetición de esa fraseología que conforma la llamada ‘sabiduría popular’, muy presente también en el discurso de los medios”.

Imagen relacionadaSaccomanno señala que la genialidad del Negro consiste “en emplear la lengua como laboratorio”. “En esta experimentación, primero en los globos de historieta, y luego en novelas y cuentos, tensa los límites de los géneros. No es que se proponga deliberadamente, a través de una operación intelectual, ponerse en el lugar del otro –aclara el escritor–. Este lugar, el del otro, es uno que se debe incorporar intuitivamente cuando se trabaja en géneros populares. Si no sabés escribir diálogos, no sabés escribir historietas. Y si no aprendiste a contar escribiendo historietas, difícilmente puedas lograr un buen cuento”. Para Heker más que el diálogo en particular, lo que Fontanarrosa maneja con un talento fuera de lo común es lo coloquial. “Ese manejo no reside solo en crear el vocabulario de cada personaje. Ya Borges dijo que quien conoce el lenguaje de un personaje, conoce su psicología. Pero el lenguaje no está hecho solo de vocablos. Las omisiones, los tics, ciertas reiteraciones o interrupciones, los errores, lo que el hablante trata de ocultar o de poner en relieve, todo eso es lo que constituye un lenguaje y va a sugerir al lector la psicología y la historia de un personaje. Los diálogos en literatura fallan cuando meramente exponen o informan, en lugar de iluminar algo que está detrás de las palabras. El ‘¡Que lo parió!’ de Mendieta suele ser más elocuente que unos cuantos discursos”.

Imagen relacionada“Inodoro Pereyra me ha hecho reír hasta caerme sentada –confiesa Shua–. Boogie, el aceitoso es lo más de lo más, me encanta la estilización, la depuración que hace de ese campo argentino inexistente del que en realidad nada sabemos y sin embargo nos constituye, la secreta admiración subdesarrollada por el super macho de Boogie… Y los cuentos, una y otra vez los cuentos: algunos cuentos. Lo maravilloso es que los cuentos que no son geniales, quizás la mayoría, son de todos modos intensamente disfrutables. Me fascina el humor, esa capacidad de Fontanarrosa de abrir una puerta donde todos creíamos que había solamente una pared”. La tradición literaria humorística, salvo excepciones, no tiene muchos escritores entre sus filas. “El humor da miedo, es peligroso, quien se arriesga al humor se arriesga a no ser tomado en serio –explica Shua–. Es mucho más fácil para un escritor poner cara de Sabato y hablar de sus obsesiones que hacer reír a la gente y arreglárselas para que a pesar de todo lo consideren un escritor ‘de verdad’. El público agradece a quienes lo hacen reír, pero los considera un escalón por debajo de los grandes. De hecho, es lo mismo que les pasa a los actores cómicos, la gente los adora, pero a la hora de nombrar a un gran actor argentino, nunca se van a acordar del que más los hizo reír. Fontanarrosa se mira y nos mira, sabe cómo somos y nos quiere; su humor no lastima, acaricia, entiende”.

Resultado de imagen para cuadros de Inodoro pereyra, fontanarrosa

jueves, 29 de junio de 2017

La verdad de Perogrullo y la mentira de Perurimá

La verdad de Perogrullo

y la mentira de Perurimá*


América fue conquistada por la avaricia del oro, la plata y las especies portando tres filosas armas, la espada, la cruz y la lengua. La espada siempre se observó en las manos de Colón y sus soldados blandiendo contra indefensos nativos. A la cruz portaban trogloditas espirituales abocados a tragar almas primitivas para el cielo cristiano y acompañaba bendiciendo toda acción piadosa e impiadosa. Y a la lengua se la conoció de sur a norte y este y oeste, cuyo estandarte más memorable recorrió todo el continente en la verba de Perurimá, en guaraní, y Pedro Rimales o Pedro Urdemales, en español, Pedro Malasartes, en portugués, y en otros nombres popularizados como americanizados heterónimos.
En realidad, eran todos pícaros pero el artífice de la verdadera conquista fue el último, no fueron los Reyes Católicos y sus argonautas en busca del “país del birú ni pirú o del Paitití(Sierra del Plata)”, Ciudad Resplandeciente o El Dorado (Mba’e Vera Guasu), ni los más abnegados cristianos y jesuitas en sus misiones fundadoras de paraísos terrenales (Yvy marâ’y) sino el pillo de Urdemales, colado de polizonte en las carabelas, llegó a tierra americana y arrasó con su baba poderosa toda señal de resistencia que ostentaba la palabra sagrada de los originarios.
Los más audaces fabuladores hablan de que Urdimales integraba el selecto grupo de colectores de oro y plata entre los conquistadores en el Perú, incluso fue de él la idea de embaucar al emperador inca Atahualpa y quitarle toda su riqueza en falso rescate y por ingenuo antes de asesinarlo. Hablan también de que la ciudad de Lima y el río Rimac del Perú le deben su nombre a su fama de incomparable pícaro y apocopada gracia de Perú Rimá, derivado de Pero Urdimales.
Luego de acabar Perurimá con los tontos e ingenuos del Perú, oyó hablar de una república insólita llamada Guairá, con su población venida del Brasil por asedio constante de los malocas o bandeirantes esclavistas de Sao Paulo, era un lugar dónde todo funcionaba al revés y que todos habían perdido su capacidad de asombro, entonces juntó a un grupo de paisanos con ciertos recursos monetarios y los convenció para venir a invertir lo recaudado en tan mentada nación guaireña. Sólo tenía que mudar de nombre según acostumbraba al llegar a cada pueblo y lugar y exigían las circunstancias para ganar confianza.
Pronto en Paraguay, Perúrimá fundó un caserío llamado Isla Perú, en un potrero de la compañía de Santa Clara que luego se llamaría Iturbe, luego otra que la bautizó como Ticumperú o La Nueva Picardía que pasaría a la postre denominarse Yegros, y una pintoresca ciudadela en honor a su propio prestigio y el de su contingencia atraída por la rara república, con el nombre de Perulero, geográficamente ubicada en las afueras de Villarrica, capital del Guairá, levantada al pie del cerro Ybytyrusu y sobre un riacho homónimo que corretea la región entre otros arroyuelos de llamativos nombres como Guarapo, Caundy, Bola Cuá, Bobo, Mita’i y Orory.
Una vez que había llegado y se ha rebautizado con el nombre de Perúrimá, comenzó a envolver con su lengua a todos los que tenía a su alrededor y dejó para siempre impregnado el modo de ser rufianesco, imaginero y sabio al mismo tiempo en el ser sui géneris del guaireño.
No dejó un pueblo a salvo donde no haya hecho su fechoría, sin haber cortado con la lengua un retazo de su embuste e imbatible engaño. No pasó en vano por el Paraguay, se dice que dejó también a un hijo llamado Pychâi, que no conoció a su padre pero siguió la tradición de buscavidas como embustero por las campiñas paraguayas y que a su vez tuvo a su propio hijo, conocido como Pychâichî entre los vulgos y que mataba el hambre conchabándose de criado o mandadero en casa de familia, pero también honró a su ancestro Perurimá en su condición de rascayuyos, sobreviviendo al ayuno obligado y a la escasa ración a costa de los ingenuos, crédulos y los poco precavidos habitantes del mentado terruño.
Lamentablemente, Tatakua no fue la excepción, sufrió una sola vez la hazaña embaucadora de Perurimá y su hermano Zonsorimá, “de cuando se transformó en burro por castigo divino” dice la leyenda, pero suficiente para no olvidarla nunca y precaverse luego de los otros pícaros herederos que continuaron por todos los pueblos con el negocio de proveerse de lo ajeno, relatando irresistibles cuentos y provocando delirantes casos.
Sin embargo, la batalla dialéctica exigió a la lengua de la conquista su espada más brillante, para lucirla tanto en la verdad de Perogrullo como en la mentira de Perurimá, cara y ceca de la misma moneda que trocaría su miseria en todo el oro y la plata de América en un abrir y cerrar de ojos, lucrando una y otra vez sin parar sobre la sagrada palabra de los nativos y burlando su hospitalidad, desde la llegada de Colón hasta hoy día, al pagarles con los despreciados y despreciables espejuelos de colores.
Enero, 2003.

*Relato extraído del libro "Espiridión y el arte de la manipulación", de G.R.S., editado por FAUSTO EDICIONES, en junio de 2017, y presentado en la última Feria Internacional del Libro 2017, Asunción, Paraguay.

viernes, 2 de junio de 2017

¡Espiridión y el arte de la manipulación...!


¡Nuevo Libro de Gilberto...!


FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO 2017, ASUNCIÓN, PARAGUAY
SÁBADO 10 DE JUNIO - HORA: 19:00 
Presentación: “Espiridión y el arte de la manipulación” de Gilberto Ramírez Santacruz
Lugar: Centro de Convenciones Mariscal López
Auditorio: Rivarola Matto, José María
Organiza: Fausto Cultural
Resultado de imagen para feria internacional del libro 2017, asuncion

miércoles, 31 de mayo de 2017

El Maltirón

  Revista Digital Pykasu
Sociedad de Escitores del Paraguay(SEP)
Asunción, Mayo de 2017.
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El Maltirón 

Imagen relacionadaMba’apo rire, kokuégui jeju rire, pytumby ho’a ñepyrũrupi, ijatypa jave lo mitã tava Tatakuápe pe taguato resay omondykýta vove, oguahẽ ohovo avei volicho Kavure’í-pe upe ka’aru pytũ Anrróniko, ojeheróva chupe “El maltirón” pe imaltirõre voi ha karia’y ikangueróva oĩva yvy apére. Oñe’ê’ỹre mavavépe oho ha’e oguapy oñemoha’eño pe koty ruguaitépe, guevéroicha ha’eñomi, pe ohesape’ỹhape lampiũ mbopi. 

Peikuaa va’erã ko Anrróniko mba’éichapa omboróva, ikãngueróva karia’ymi hapicha kuerandi ha itajasú- va arriero pórtepe kuña kuerandi aveí. Ha’ e ijehe oñementáva igalloha, hembireko peteĩ ha heta ikuñaha. Upéicha imandu’ávo hína he’iva hembirekóre “che rogapypeguánte ha’e” ha “che servihamínte ko ha’e”. 

Upéicha aveí ojalavávo hína aipo ikuñangueraitáre he’íva pukahápe “umívako ndaha’éi mba’eve, che rembo váinante…” Heta py’arasy ha py’aro ohejáva Anrróniko pe oiko hárupi tapicha, tãi rasýre oñembohovái oñeñe’ẽ hape hese. 

Mamopiko, vy’arã ha arhelrã, oguahẽ aveí oúvo Karlino henda saino yvate ári, kavaju herakuãiteva iñakuãha, ha’e kuimba’emi ipy’aguasúva ha hapichakuérape ombohory kuaáva ojotopa sapy’ãro. Upéicha avei oguerokóva osaingohápe pe ipohyiháicha ikuarentaikuátro demiguéso iku’áre, oike voi ilajaitépe ha ayvúpe oikuave’ẽvo mokõrã “parapití” pete’ĩ te’ĩ lo mitãme. Karaí Atilano ovy’a oñemu hetáta haguére ha pya’e pya’e ojayvy, ojeporeka guaríre, omoklonklon omoĩnguévo ha ombohasakuévo peteĩ teĩme ikuartirã. 

— Ñamyaky mba’e ñande ahy’o ani oikarãietereíti ha ñamohyakuã aveí upekuévo ñande apyngua –he’i Vito pukahápe ha ipojái guaripólare. 

— Pytũmbaitéma voíngo ha ñamboysapy hapéma aveí, mba’e pejéramo, ñande raperã – he’i Kríspulo ikuã chã’ĩvo “ikuartíre”. 

  Eru katu jasapy hese ha ñambo hypa huguaitépeve pya’e porã – oñapytĩ chupe Vito ha ipojái vy’apópe imba’erãre. 

 —Tou toúke, ko’a ko’ápe, ñekumbyhápe, ja’u ja’úke – heí karai Tele omoñe’ẽnguévo Karlino gahtokue ha’e oikuaaháicha. 

 Upéicha ojapykuéri hysýi hikuái opu’ã ogueru iparapitirã ha omoñe’ẽva vy’apópe aveí hikuái oikumby haguére reiete Karlino pytúre. Péicha háguinte, lo mitã ayvu apyté, pe arapachakuéra oĩroguáicha apepu rakãme, he’i sapy’a sapukáipe Anrrónikope volícho jára Atilano: 

  — ¿Mba’érepiko nderejúi reheka nde parapitirã, che irũ? 

 — Che nda’uséi ha nda’umoãi ave, péicha va’erã ramo ha’useve havõ mba’e che– he’i Anrróniko oñe’ẽreitývo ha onchirívo ñorairõrã Karlínope. 

Ha upe Karlíno katu kuimba’e imba’e porãva katui, ndohechareívai hapicha rekotevẽ. Ha’e oikuaávo hapicha hasyha, ha’e upépe oñandu chupe. Ha’e oikuaávo hapicha oĩha ka’i rãime, upépe ha’e oñe - presenta. Ha’e hapicha oipuruserõ hymbaguéi, omohúntama ipértigo kuéra ha oipuruka. Ha ipy’a guasu voi avei ojeo - freséro pe okasión, nombopoíri mavavégui oenderesa haguã ikarẽva. Upévare nohtrañái lo mitãme, ohenduvo oñe’ẽ karãi Anrrónikope, opu’ã Karlino pohýi guasu ha oho mbeguekatu chupe, onohẽ voi imboka guasu ha ojopy inambi rapó - re, pe iñakã otytýihaitépe. 

  — Nde karaí volícho jára, eguerumi ko karia’ýpe ijerurepy, ipy’a ra’ãme tome’ẽmi oipotáva –he’i Karlíno ojerurévo Atilánope ogueru haguã chupe havõ. 

 — Na’ápe eha’ã…–he’i avei volícho jára omo’ĩvo Anrrónikope ipoitépe havõ ha ha’e ndoikuaái mba’épa ojapóta ko ojejopýva ijapysáre mboka. 

  — Ko’ãnga he’úke che irũ ndereipotairõ oveve ha isarambi ne akã apytu’ũ lo mitã apytépe -omongyhyje chupe Karlíno ha ojoso joso idemiguéso inambi jerére. 

Anrróniko ho’a ijurukuépe, osysyipáva pochýgui ha kyhyjepópe omoinge ijurúpe havõ, tova vaípe oñepyrũ oisu’u su’u ate’ỹva, oñamindu’u pe havõ hyjuivéva umi ao jejoheihápe.

 Hyjúipápeve ijurúpe ho’uka chupe Karlíno anive haguã omboro reiete hapichakuérandi. Lo mitã katu osyrykuhápe oma’ẽva ha pukavy ñemí Anrrónikore, ohecháva mba’éichaitépa pe arriero výro chuko oikumby havõ, ojoguaitévante lo mitãme pe kure mondápe, ijuru ryjúietéva, omokañývami py’ỹi havõ kuñanguéragui pe oikoha rupi ýpe Capi’ibary rembe’ýre.

Gilberto Ramírez Santacruz

*Cuento en guaraní de la obra en construcción "Mombe'uhára, de G.R.S., publicado en la Revista Digital PYKASU, de la Sociedad de Escritores del Paraguay, mayo de 2017.

viernes, 26 de mayo de 2017

Requiem por unas vías muertas...!

réquiem por unas vías muertas

¡mucha gente poca plata! ¡mucha gente poca plata!
¡sobra guarda raja falta! ¡sobra guarda raja falta!
                                             
todavía hoy marcan la mirada de mis recuerdos
tus plateados trazos que se hundían en el horizonte
como espadas infinitas y brillantes contra el destino
que parecían a lo lejos unir su paralelo al cielo
señalando el futuro a soñadores y enamorados
y alargando la espera del tren cansino que nunca llegaba
o estirando la despedida del pueblo que lloraba un hijo
                                            
hoy cubiertas por espesas gramillas y pastizales
como lágrimas frescas sobre viejas fotografías
enterradas por el olvido junto a los durmientes
que a mí me duelen como seres queridos muertos
y me dan ganas de cavar el tiempo de mi infancia
para recuperar la alegría sencilla de una estación
a la hora de llegada de aquél tren de mi pueblo
                                          
aún recuerdo la historia contada por mis mayores
de aquel tren con banderas repleto de soldados
que marchaban entusiastas a las trincheras del chaco
blandiendo machetes y algunos que otros fusiles
pero todos cantando y jurando a la patria querida
y que ofrendaban sus vidas como pruebas de amor
y clamaban "vencer o morir" como la consigna  a seguir

al final de la contienda el tren volvió aún más cargado
traía además de los victoriosos soldados campesinos
una contingencia desarrapada de prisioneros bolivianos
prolongarán a trabajo forzado algunos kilómetros de vías
y regresarán a su patria un día doblemente vencidos
pero tren de tan pesado parecía un carguero al llegar
y era que traía también las almas de los patriotas muertos
                                          
¡poca gente menos plata! ¡poca gente menos plata!
¡salta brasa sobra plaza! ¡salta brasa sobra plaza!

luego el mismo tren alborotado de revolucionarios
marchaba sobre asunción el año cuarenta y siete
sumando adherentes en cada estación y paradas
el viaje era una fiesta popular de sueños imparables
hasta que las fuerzas del tirano sanguinario
los devolvió a sangre y fuego al punto de partida
elegir la tragedia de morir o partir al destierro

pero cuántas historias más se perderán para siempre
quedarán bajo tierra como las vías que hoy lamento
con el tren se ha ido todo lo memorable del pueblo
ya no habrán encuentros ni adioses a los apurones
al sonar el silbato o la campanita del jefe de estación
los niños saltando y trepándose por los últimos vagones
y el tren comenzaba a moverse como un pesado ciempiés
                                        
en la vida  aprendimos a caminar derecho sobre rieles
desplegábamos los brazos como queriendo volar
pero la lección de equilibrio aparecía con el tiempo
pero  lográbamos a andar hasta con los ojos cerrados
de tanto desear a emprender alguna vez un viaje
como acostumbrábamos ver partir a los compueblanos
cada semana que el tren viboreaba hacia asunción

cuántas travesuras inocentes enternecen mis recuerdos
viajar jugando colgado del último furgón de carga
despedirse de la supuesta amada y llorar a lágrimas
como hacían los auténticos amantes al partir de verdad
el sueño de descarrilar la formación con finas agujas
y monedas de níquel colocadas a escondidas sobre las vías
delante del tren que llevaba un amor que podía ser nuestro

¡gente sube gente baja! ¡gente sube gente baja!
¡guarda pasa nadie paga! ¡guarda pasa nadie paga!
                                        
hoy la estación es apenas una olvidada tapera derruida
un caserón habitado todavía por ajetreados fantasmas
que guardan el dolor de una  novia al perder su corazón
o la imagen imborrable de un enamorado en la ventanilla
con sus ojos inconsolables mirando a la amada
o la voz quebrada de una madre aconsejando
por última vez al hijo que tal vez no volverá nunca
                                           
cuando el tren llegaba traía noticias y forasteros
pero cuando partía se llevaba los coches y vagones
cargados de sueños y esperanzas de vida mejor
aunque a veces devolvía cartas de dolor y tristeza
pero casi nadie ha vuelto en vida al terruño
y más de uno su retorno fue para el campo santo
y esperar seguro el sueño eterno bajo tierra

si pudiera levantar los años como paladas de tierra
resucitar los durmientes crucificados por el tiempo
que perpetúan las trochas angostas medias y anchas
cuando la nostalgia pretende viajar en primera
y olvidar el descarrilamiento  que truncó su sueño
poco antes de que los últimos furgones de la esperanza
se desprendieran del viejo tren que olvidó el regreso

todavía me abriga como ayer tu aliento de brasa
y me enceguecen tus chispas que saltan a los ojos
recuerdo que llorábamos al escuchar tu adiós de sirena
y no podíamos ir a despedirte como a un amigo
entonces imaginábamos tu aceitado esfuerzo al partir
tus brazos de hércules en medio del asfixiante humo
y sentíamos de lejos tu asmático y monstruoso respirar
                                       
¡lenta marcha  nadie paga! ¡ lenta marcha nadie paga!
¡cola larga mucho tarda! ¡cola larga mucho tarda!

senda querida del primer ferrocarril de sudamérica
huellas perdidas del último convoy del mundo
orgullo de progreso del paraguay de los lópez
vergüenza de dejadez de los gobiernos posteriores
lanzas que atraviesan la geografía de mi pecho
cuando sueño volver y mi tren quedó sin vías
justo a la hora que mi gente se reunía en la estación
                                      
quisiera de pronto desenterrar los caminos andados
redescubrir las huellas de mis pies descalzos
sobre los rieles dormidos para siempre en el olvido
atizar en la caldera del tiempo los leños del recuerdo
donde hace combustión el sueño del hijo pródigo
que apenas sobrevive en la ingrata distancia
y que no ha podido desandar el itinerario de su tren

sigo viendo a ese niño que acompañaba corriendo el tren
sabiendo de antemano que lo haría sólo hasta el cansancio
para luego volver a la estación como negándose a quedar
o al otro niño tirado sobre los tibios rieles recién pisados
auscultando en la distancia al tren que llevaba su ilusión
y que hoy estos versos le tienden sus manos en el tiempo
al niño que corría y levanta al otro que en el suelo escuchaba

pero vaya éste réquiem de regreso a casa de mi pueblo
que llegue como un murmullo más a la estación
suene la pitada al llegar los furgones cargados
que saluden los familiares a los añorados parientes
los niños alegres que éramos reciban a los adultos
que regresan fantasmalmente a través de estos versos
removiendo las vías transitadas por la larga ausencia 

¡chupa agua fuma raja! ¡chupa agua fuma raja!
¡el tren para dice basta! ¡el tren para dice basta!     

*Versos extraídos del libro "Poemas entre el amor y el olvido" de G.R.S.