miércoles, 25 de mayo de 2016

Fernando Pessoa: Un hombre, Muchos hombres...!

página/12, MIÉRCOLES, 25 DE MAYO DE 2016
LITERATURA › UN DISFRAZ EQUIVOCADO, NOTABLE ANTOLOGIA DE FERNANDO PESSOA

El hombre que escribía por todos

El libro incluye poemas de tres de los heterónimos más célebres del notable escritor portugués: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Alvaro de Campos. La antología cierra con “Autopsicografía”, el único texto firmado por Pessoa.





 Por Silvina Friera
Un disfraz equivocado había sido publicado
 el año pasado en España, a 80 años
de la muerte de Pessoa.
El ventrílocuo -”el que habla por el vientre”- le insufló vida a una multiplicidad de voces que lo habitaban, aunque el mayor poeta portugués del siglo XX estaba convencido de no había existencia posible fuera de la escritura. De su gran vientre creador surgió una diversa hermandad de heterónimos con poemas que parecen compuestos a contramano de la irrevocable erosión del tiempo. Los estudiosos que han buceado en su obra inédita, ese “baúl lleno de gente”, en palabras del entrañable Antonio Tabucchi, discrepan en el inventario de esa hermandad numerosa que va de 18 a 127 integrantes. “Me quité la máscara y me miré en el espejo./ Era el niño de hace tantos años./ No había cambiado nada…/ Esa es la ventaja de saber quitarse la máscara./ Siempre se es niño,/ el pasado que fue/ el niño./ Me quité la máscara, y volví a ponérmela./ Así está mejor:/ así, sin la máscara./ Y regreso a la personalidad como a un final de línea”, escribió uno de sus heterónimos, Álvaro de Campos, en el poema “Un disfraz equivocado”, que le da título a una extraordinaria antología de Fernando Pessoa en edición bilingüe (publicada por el sello Nórdica), cuya selección, traducción y prólogo estuvo a cargo del poeta y traductor asturiano Martín López-Vega, con ilustraciones de Adolfo Serra.
La antología –publicada en España el año pasado, a 80 años de la muerte del poeta– incluye poemas de tres de los heterónimos más célebres: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. En el prólogo, “Otra ley, un destino”, López-Vega plantea que “la vida verdadera de Fernando Pessoa fue de tinta y de papel” y, para ejemplificar esta afirmación, cita un poema de Caeiro: “Si después de que yo muera quieren escribir mi biografía,/ no hay nada más sencillo./ Hay solo dos fechas; la de mi nacimiento y la de mi muerte./ Entre una y otra, todos los días son míos”. Pessoa nació en Lisboa, el 13 de junio de 1888. Tenía cinco años cuando murió su padre y ocho cuando su madre se volvió a casar con el cónsul de Portugal en Durban (Sudáfrica), donde recibió una educación inglesa. Regresó a Lisboa en 1905 y puso una pequeña empresa tipográfica –con el dinero que heredó tras la muerte de su abuela– que terminó quebrando. El primero de sus heterónimos, según revela el poeta portugués en una carta a Adolfo Casais Montero, nació cuando tenía 11 años. En 1899, durante sus años de estudiante en Durban, concibió a Alexander Search, a quien utilizó para enviarse cartas a sí mismo. Pessoa se dedicó a la traducción de cartas comerciales, oficio que desempeñó hasta su muerte, a los 47 años, el 29 de noviembre de 1935. Editó en vida un único libro, Mensaje (1934); formó parte del grupo que lanzó en 1915 la revista Orpheu, que introdujo el modernismo en Portugal, y en la que publicó sus primeros poemas con su nombre y el de Álvaro de Campos.
¡Hermosa vida de tinta y de papel, la de Pessoa! “Pensar es incómodo como andar bajo la lluvia/ cuando el viento arrecia y parece que llueve más./ No tengo ambiciones ni deseos./ Ser poeta no es una ambición mía: es mi manera de estar solo”, se lee en el largo poema “El guardador de rebaños” de Alberto Caeiro. “Sé sentir el asombro de un niño/ que, al nacer, se diera cuenta/ de haber nacido realmente./ Me siento nacido en cada momento a la eterna novedad del mundo./ Creo en el mundo como en una margarita,/ porque lo veo. Pero no pienso en él:/ pensar es no comprender./ El mundo no se hizo para que pensemos en él/ (pensar es estar enfermo de los ojos),/ sino para mirarlo y estar de acuerdo”, afirma Caeiro, también conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba este modo de confinarlo a una etiqueta problemática. “Yo no tengo filosofía: tengo sentidos”, aclara en otro poema. En la antología hay seis poemas de Ricardo Reis, el poeta latinista y monárquico. Un disfraz equivocado despliega nueve poemas de Álvaro de Campos, el único de los heterónimos que manifiesta distintas fases poéticas: empieza como decadentista, influido por el simbolismo, para adherir posteriormente al futurismo. La antología cierra con “Autopsicografía”, el único poema firmado por Pessoa, un poeta “a caballo entre el simbolismo y el modernismo”, según lo define el traductor y prologuista. El arte de hablar –y escribir– cambiando las voces entraña la invención de poetas enteros, con sus propios ademanes y preferencias estéticas. “Pessoa quiso vivirlo todo de todas las maneras poniendo cuanto era en cada cosa que hacía. Paradójicamente, todo eso no sucedió en la vida misma, sino en su escritura: su monótona existencia fue el paisaje adecuado para una de las mayores aventuras literarias de la poesía universal -pondera López-Vega-. ¿Quién necesita la vida real, pudiendo inventar cuantas quiera, como las quiera? No todos elegiríamos la forma de vida de Fernando Pessoa, pero todos aprendemos a vivir mejor la nuestra gracias a su elección”.

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