domingo, 20 de noviembre de 2016

¡Carmen Soler y su tarea incesante...!

Homenaje a Carmen Soler
(1924 / 1985)

Resultado de imagen para carmen soler poeta paraguayaUna recordación poética realizamos en el Deportivo Paraguayo a Carmen Soler en su 31 aniversario de fallecimiento, el 19 de noviembre de 1985 / 19 de noviembre de 2016, si es posible que muera una poeta y combatiente como ella, pero quizás muere porque hay que morir inexorablemente, o tal vez como poetizara Ester de Izaguirre(1923 / 2016), otra poeta entrañable paraguaya que falleciera el último 9 de noviembre en Buenos Aires, sólo "morir lo imprescindible" sin abandonar la tarea y que prosiguen por su cuenta los poemas incesantes aún en ausencia de su autora.
  Infinidad de veces ha intentado la dictadura de Stroessner  impedir a Carmen, la tarea encomendada y juramentada de llevar adelante la lucha sin  cuartel por la libertad y la dignidad del "Paraguay rebelde", encarcelándola, torturándola, exiliándola pero nunca ha podido, incluso la muerte como se ve ha fracasado en el intento y Mamacha, como la llamaban  sus íntimos y su pueblo, prosigue hasta hoy invicta con su tarea, tal como consignara el poeta español Gabriel Celaya, "la poesía es un arma cargada de futuro".

Entre los cerrados muros

Un rato antes caminabas
llevando el aire azul contra la cara,
cumpliendo tus tareas,
sintiéndote vivir cálidamente.

Después, un rato más,
torturadores, armas, golpes, sangre.
Una puerta de hierro y te quitaron la luz,
la dignidad del viento.

Pasar ese momento es lo difícil;
y tienes poco tiempo,
el miedo acosa.

¡Bien! sucedió, estoy aquí,
hay que afrontarlo como otros siempre
lo afrontaron.

Y así vuelve la luz al calabozo.
La humillación termina,
la sensación tremenda de impotencia acaba.
Allí,entre esos muros,
sobre ese piso sucio de salivas,
ratas, cucarachas y excrementos,
allí ves abrirse
como  una flor hermosa tu tarea:
¡Ganar la gran batalla del silencio!

¡Qué arma poderosa tu silencio! 
 Con tu silencio afuera siguen trabajando 
 y tú con ellos prosigues la tarea.
Tu dignidad vuelve a vestirte como un traje;
termina la vergüenza de haber sentido miedo.
Y te miras de nuevo.
Y te levantas la frente.

Entonces sabes 
que tu pequeña lucha no es pequeña,
¡que es una parte de la gran tormenta! 
Y sientes 
que son los muros, las armas, impotentes. 

Los torturadores 
brutales con su miedo, 
¡totalmente impotentes!

¡Qué fuerza tan tremenda 
 nuestra fuerza! 

Y así es como descubres 
esa hermosa manera de revivir allí, 
en el calabozo.

Tus compañeros siguen trabajando. 
Tú estás realizando tu tarea. 
Una semilla más está plantada 
y siguen flameando las banderas. 

CARMEN SOLER,  Asunción, 1968.

IDEAS Y SENTIRES

RESPUESTAS A PREGUNTAS NO HECHAS QUE DESEO CONTESTAR

(Fragmento)

Resultado de imagen para carmen soler, entre los cerrados muros"Escribo en cualquier parte, a cualquier hora, aunque prefiero el silencio de la noche. Pero puedo escribir en la calle, en un bar, en un calabozo usando las baldosas como papel y granos de cal de las paredes como lápiz. O en la cocina, dejando la comida un momento mientras anoto una idea (comida quemada, tantas veces!). Pero cuando puedo elegir -lujo que tuve poca veces prefiero una habitación cerrada, con muchos estantes, libros, cuadros, cantidad de mesas donde desplegar mis cosas y tenerlo todo a mano. Así me concentro más fácilmente y también me siento protegida no sé bien de qué. (...)

He perdido, yo no sé dónde, parte de mi alegría. Se fue quedando por ahí.

Sufro con los dolores que existen. Me entristece no poder contribuir para que cesen inmediatamente.

Me siento culpable de no haber hecho más y mejor, y me llega la muerte colectiva.

De todo esto el sentimiento de impotencia es lo peor. Pero en cuanto tengo una tarea útil, que puedo hacer, vuelve la alegría.

Soy básicamente optimista. Comprendo que el avance se produce con avances y retrocesos, y que todo, hasta la relatividad, es relativo. (...)

Las formas de expresión, como todo lo vivo, es imperfecto, transformable. No contrapongo forma y contenido, porque forman un todo que se influencia y determina mutuamente.

Trabajo bastante mis escritos, en más de una ocasión salieron al mundo así como nacieron, porque las circunstancias así lo exigían. El compromiso que se siente es doble, estético y social, pero pienso que en estos tiempos lo primero sin lo segundo no sirve para nada. (...)

Sé para quien y para qué escribo. Eso es fundamental. (...)

Yo tengo tantos defectos que forzosamente los heredan mis creaturas. Los defectos que me traen más problemas son dos: mi carácter arisco y rudo, y mi desorden. Soy demasiado franca y explosiva.

Demuestro poco mis afectos y sin embargo los siento profundamente. (...) Escribir es para mí un placer y mucho sufrimiento."(Carmen Soler)
                                       ______________________
 Gacetilla de prensa                       
                       Homenaje a Carmen Soler


Resultado de imagen para carmen soler   La Secretaría de Cultura del Deportivo Paraguayo realizará un Homenaje a ‘Carmen Soler’ en el 31° aniversario de su partida a la inmortalidad, aquél 19 de noviembre de 1985 en Buenos Aires. El acto tendrá lugar el sábado 19 de noviembre las 17 horas en Piedras 1676, ciudad de Buenos Aires, y participarán del mismo Elcira Viviani, Miguel González, Darío Valenzuela y Gilberto Ramírez Santacruz, entre otros invitados.
 Carmen Soler, poeta, escritora, maestra rural bilingüe y heroína en su lucha revolucionaria, fue varias veces presa y exiliada por luchar contra las dictaduras de Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner, con entrega total que el pueblo paraguayo y latinoamericano recuerdan porque fueron testigos de su perseverancia en la lucha y en la escritura. 
Augusto Roa Bastos dijo de ella lo siguiente: “Ubicada en la línea social y popular inaugurada por Julio Correa, Carmen Soler representa por primera vez en la poesía paraguaya la irrupción de la mujer como poeta de combate. “En sus poemas breves pero intensos, casi todos ellos en el ritmo de romance, se combinan el acento popular con una rigurosa intuición poética, acaso bajo la influencia del cubano Nicolás Guillén, con quien se encuentra emparentada espiritual e ideológicamente, más que formalmente
En el Acto de Homenaje a Carmen Soler se hará también una breve recordación a otra insigne poeta paraguaya, Ester de Izaguirre (1923 / 2016), fallecida el 9 de noviembre pasado, también en Buenos Aires, donde viviera gran parte de su vida y legara una portentosa obra poética y literaria que nuestro pueblo, en su debido tiempo y espacio, aprovechará en sustancia y espíritu que sólo una auténtica poesía puede ofrecer a un hombre y una mujer en su batallar cotidiano.
Pero la vida sigue y la poesía continúa, asimismo en la oportunidad se presentará el poemario “Sombras particulares“, de Viviana Roa, joven poeta que se echa en camino trazado por estas grandes de la poesía paraguaya y enarbola el mismo compromiso como quería el gran Pablo Neruda: “…tengo un pacto de amor con la hermosura / tengo un pacto de sangre con mi pueblo“.
Reseña de Carmen Soler: Su única hija María Eugenia Aponte Soler, escribió el siguiente resumen biográfico de su madre: Carmen Soler (Mamacha) nació en Asunción, Paraguay, el 4 de agosto de 1924 y muere en Buenos Aires, Argentina, el 19 de noviembre de 1985.
Incorporada  al Partido Revolucionario Febrerista, donde ya militaba su hermano Miguel Ángel Soler, participa activamente en las luchas contra el dictador Morínigo. En 1947, tras seis meses de guerra civil es derrotado el movimiento opositor. Carmen y su familia deben refugiarse en la Argentina, al igual que miles de compatriotas.
    En la soledad de la Patagonia,  comienza a escribir y sus versos se publican inicialmente en revistas argentinas y alemanas; colabora con artículos periodísticos y brinda conferencias sobre literatura paraguaya y la situación política en el país.
    Regresa al Paraguay en 1954, pero su poesía es considerada subversiva por la dictadura de Stroessner y sufre su primer arresto en 1955. Al recuperar su libertad se afilia al Partido Comunista Paraguayo.
    Desde entonces se suceden: el destierro, su reiterado regreso clandestino, la cárcel, la tortura y un prolongado exilio. En distintos períodos, viven en Uruguay, Argentina, Chile y Suecia, sin que ella abandonara su actividad política y literaria.
    En sus poemas están sus definiciones estéticas, su compromiso revolucionario,  la nostalgia por su patria y el sueño irrenunciable por la libertad de su pueblo.
Una  de sus poesías más celebradas dice así:
Alguien gritó: 
 ¡Viva la libertad! 

 Y respondió la sangre.
Alguien gritó:
 ¡Muera el tirano! 
 Y respondió la sangre.
Mañana
 la sangre gritará:
¡Viva la libertad! 
 ¡Muera el tirano!
¡Y el pueblo responderá!
                                             Carmen Soler

domingo, 13 de noviembre de 2016

¡Hasta siempre, Ester de Izaguirre!



LA CASA YA NO ESTÁ

 A Nila López, Carlos Villagra Marsal 
y a todos los amigos de mi tierra. 

Yo nací en esa calle.
Resultado de imagen para biografia de Ester de izaguirre La casa ya no está. 
Si he quedado al nacer adherida a sus muros, 
ya soy arena repatriada al viento,
 el suelo transformado en otro suelo. 

Pero aquellas miradas, las primeras, 
las que iban descubriendo los mínimos misterios, 
el guaraní que hablaba a las muñecas,
 todo lo que pensaba cuando mamá guasú 
me contaba leyendas de fantasmas... 

Yo no recuerdo nada y sin embargo 
cuando vuelvo a mi tierra
 llamados inaudibles me congregan 
en torno a alguna mesa. 
con un mantel intacto, 
con guayabas maduras y naranjas tan vivas como días de sol. 

Porque hay allí una plaza,
 una oficina, 
nadie sabe al pasar por la vereda que el aire está completo,
 que ya no cabe nada, 
ni voces ni fatigas ni realidad ni tiempo.

 Calle Gral. Díaz entre Alberdi 
y 14 de Mayo Asunción del Paraguay

.DESPEDIDA

 Adiós no es vigilar tiempos y aduanas, 
es ver que el sol nos miente de diferente modo, 
es una gota de piel en la mirada, 
los nudillos de un viento que gime en la ventana,
 adiós es acostarse sobre la tierra húmeda 
y apretar bien los dientes,
 poner cerrojo al alma para que nadie vea el triunfo de las lágrimas.


Ester de Izaguirre*
(Asunción 1923 / Buenos Aires 2016)
 
* Ester de Izaguirre. Poetisa y narradora paraguaya, nacida en Asunción en 1923. Afincada en Buenos Aires (Argentina), ciudad en la que ha pasado gran parte de su vida, es autora no obstante de una brillante y fecunda producción poética que transpira por todos sus poros una visión del mundo netamente paraguaya, en la misma línea de creación literaria forjadora de una identidad nacional que caracteriza a otros grandes autores de su grupo generacional, denominado "Generación del 40".

Inclinada desde su juventud al conocimiento de las disciplinas humanísticas y al cultivo de la literatura, Ester de Izaguirre cursó estudios superiores en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó con un título de licenciada en Letras que pronto le permitió pasar a ejercer la docencia, actividad que ha ocupado el eje central de buena parte de su vida laboral. Plenamente integrada -tanto por su valiosa labor docente como por la espléndida producción literaria que comenzó a dar a conocer en su país de adopción- en la vida cultural argentina, desempeñó altos cargos académicos no sólo en Buenos Aires, sino también en numerosas instituciones extranjeras de enseñanza superior en las que fue invitada a colaborar, como la Ciudad Universitaria de París, la Ciudad Universitaria de Granada, y varias facultades de los Estados Unidos de América.

En su faceta de poetisa, Ester de Izaguirre irrumpió en el panorama de las Letras hispanoamericanas a comienzos de los años sesenta con la opera prima tituladaTrémolo (1960), un magnífico poemario que mereció los elogios de la crítica y los lectores especializados. Alentada por la buena acogida de esta su primera incursión en el género poético, la escritora de Asunción continuó desplegando una brillante trayectoria lírica que, en 1964, la hizo merecedora del prestigioso "Premio del Fondo Nacional de las Artes", otorgado a su colección de versos titulada El País que llaman Vida (1964); posteriormente, incrementó su bibliografía poética con otros títulos tan relevantes como No está vedado el grito (1967); Girar en descubierto (1975);Qué importa si anochece (1980); Judas y los demás (1981); Y dan un premio al que lo atrape vivo (1986); Si preguntan por alguien con mi nombre (1990); y Una extraña certeza nos vigila (1992). Una primera recopilación de toda su creación poética apareció, en la década de los años noventa, bajo el título genérico dePoemas (1960-1992): Obras completas (1993).

Considerada, por el conjunto de esta extensa y fecunda producción lírica, como una de las voces más sobresalientes de la poesía paraguaya de la segunda mitad del siglo XX, Ester de Izaguirre ha sido reconocida con distinciones y galardones tan prestigiosos como -al margen del ya citado en el parágrafo anterior- el Gran Premio Dupuy-tren, que premió en 1975 su poemario Girar en descubierto; la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), que vino a reconocer la valía del libro Qué importa si anochece; y el premio Pluma de Plata del Pen Club, otorgado en 1981 a Judas y los demás.

En su faceta de narradora, Ester de Izaguirre ha cultivado con singular maestría el difícil género de la narrativa breve, en el que ha sido distinguida también con un notable galardón (el Primer Premio Municipal de 1968) por su colección de relatos titulada Yo soy el tiempo (1973). Además de esta obra, la autora de Asunción ha dado a la imprenta también una recopilación de relatos de carácter lírico y brevísima extensión, agrupados bajo el título de Ultimo domicilio conocido (1990).

sábado, 5 de noviembre de 2016

¡Paraguay profundo...!

         Paraguay profundo*

Que de lejos he venido,
que de Sumatra y Borneo,
la cuestión no es torneo
de apuesta ni acertijo;
pero soy bien paraguayo
que en su sangre lleva tierra,
en su ser palpita y encierra
guaraníes y malayos.

Soy avá y hombre en mi lengua,
ava'i como Hijo de hombre,
de los mitos sale el nombre
como dueño de la selva;
para poblar en la tierra
con los seres y palabras
cuyas almas son sagradas
en la paz como en la guerra.

No tengo pena ni orgullo,
el hecho de ser como soy,
pero nunca reculo y voy
pa’delante y furibundo;
mis ancestros son guarayos,
payaguás, achés y tobas,
cuanto digan no me estorba
si soy guaraní y matayo.

Hijo soy del Gran Guarán,
de Guarán'i a guaraní,
a guerrero de mita'i,
hecho de tajy y guayacán;
fue nuestro continente
lecho de la Tierra sin mal,
pero los amos del metal
lo hicieron de penitentes.
                                       
En la historia fui de todo,
neófito para jesuitas,
peón en forma gratuita
o esclavo de igual modo;
miliciano y comunero
en lucha trescientos años,
no se llamen a engaños
que la patria fue primero.

Así nacimos guerreros
a causa de tantas guerras,
la libertad que se emperra
cobrarnos en sangre y huesos;
la independencia lograda
no vino sola de arriba,
Francia y los López derriban
al imperio y su corona.

Que de lejos he venido,
que de Sumatra y Borneo
la cuestión no es torneo
de apuesta ni acertijo;
pero soy bien paraguayo
que en su sangre lleva tierra,
en su ser palpita y encierra
guaraníes y malayos.
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*Del libro inédito "Poemas de hoy en día" de G.R.S.

sábado, 29 de octubre de 2016

Canto al Mar del Paraguay

Canto al Mar del Paraguay*

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A imagen y semejanza
del gran abrazo y canto,
en el Río de la Plata
que se dan los paraguayos,
hechos ríos y jangadas,
guaraníes y matayos,
que remaron las jornadas
hasta el Grito de Mayo.

El mito del Paraguay
que rodeado de tierras,
mediterráneo y sin mar,
encubrieron las leyendas;
Paragua’ÿ, legendario,
de marítimo corazón,
de guaraníes y carios
con alma de rebelión.


Recibía a los viajeros 
en su Bahía de Ybyasá,
gran puerto de marineros,
Guanabará y Paranaguá,
pero al surcar el norte
por los ríos del Guayrá,
por comarcas de gran porte
y ciudades para admirar.
Paraguay no olvida su mar,
Paragua’ÿ sus fundaciones,
Villa Rica ni Villa Real,
Buenos Aires ni Misiones;
canto al Mar del Paraguay,
al Atlántico Sur de hoy,
que fue de una gran nación,
que alguna vez tuvo su mar.


Por sus venas corren ríos,
en vez de sangre el Paraguay,
temple de indios aguerridos
son los hijos de Paraguá,
hospitalarios y mansos,
los Arakarê y Lambaré,
que ofrecieron sus dos manos
sin dejar de ser mbareté.

Los "mancebos de la tierra",
criollos de la Asunción,
siembran civilización
sobre ríos y riberas;
y tuvieron su apogeo
en las guerras de leyendas,
contra invasiones inglesas
en La Plata y Montevideo.

Los ríos evocan al mar,
pirá llaman los nativos
al río y al mar le dicen pará,
que todos fluyen altivos,
el Paraná y el Parapití
como así el Paraguay,
que al final van a surtir
en su entrañable litoral.

Paraguay no olvida su mar,
Paragua’ÿ sus fundaciones,
Villa Rica ni Villa Real,
Buenos Aires ni Misiones;
canto al Mar del Paraguay,
al Atlántico Sur de hoy,
que fue de una gran nación
que alguna vez tuvo su mar.

*Del libro inédito "Poemas de hoy en día" de G.R.S.

sábado, 15 de octubre de 2016

Guahorype oiko vaekue(Compuesto de Guahory)

Guahorype oiko vaekue
                                           (Compuesto de Guahory)

Peikuaaséro mba’epa
oiko vaekue Guahorype,
peguapymi che ypype
pehendu hâgua upeva;
che mbaraka ipyahêva
tetâgua rera ombyasy,
pytagua kuera ombyaty
yvy ñane mba’e teéva.

Guahory ko amo opyta,
Tembiaporâ rembe’ÿre,
 upe Caaguazu yvýre,
mba’apohára kokueita;
chupekuera oú moñái,
brasiguayo ko’ânga hera,
opyrumba opa ikera
mboriahure â mondaha.

Mbaretepe ha mbokaita
sarambi oiko upevo,
ohapypáva jepemo
umi sy, ru ha mitâita,
opytama tape ykepe
ochyryry kuarahype,
sojero katu pukavype
oñotyma ha’e ikokuepe.

Mil doscientos de la Fope,
armados hasta los dientes,
ojuga de combatientes
contra(200) campesinos pobres;
bien pagados por los popes,
miliko kuera tembiguái, 
vergüenza del Paraguay
con su historia de honores.

Brasiguayo la autoridad
Paraguaipe la omandava,
ohypyty la oipotava,
yvy je’u la iprioridad;
upéicha aveí lo mitâ
oîma bien decidido,
otomávo el camino
el arma de la dignidad.

Campesinos de Guahory
osufrí vaekue desgracia,
la supuesta democracia
hese kuera oñembohory;
oipurúva  helicóptero
brasiguayo yvyre okaru,
ha campesinore okambu,
juru mbopi el quiróptero.

Oíva kuatia kuera
Indert voí omonguy’a,
rapái kuera ohechauka
título mau ombovera;
milikoita ombokapu
sununu, tasê apytepe
desalojo mbaretepe,
ka'ipe Payo ha Kelembu.

Pehenduma tuicha mba’e
oiko vaekue Guahorype,
pytagua ñande poyvi guype
rapái oñembombarete;
ndareírintema oje’e
ñaime reíma tetâme,
sojero yvy jára ra’e,
el resto ñemonguele’e.

 Gilberto Ramírez Santacruz
                                              Caaguazu, 16 de septiembre de 2016.

jueves, 13 de octubre de 2016

El oficio del poeta

el oficio*

¿para qué sirve un poeta? 
señor 
el poeta con su oficio hace muchas cosas 
por ejemplo 
empuja el horizonte más lejos 
de modo que al caminante le resulte inalcanzable 

por ejemplo 
se encarga de que funcione la luna 
y que su luz no deje de hechizar los corazones 

señor 
el poeta con su oficio hace muchas cosas 
por ejemplo 
cuida de que el mar no se olvide de las olas 
y que las playas no vivan sin sus besos de arena 

por ejemplo 
corona cantando a su pueblo en las batallas 
y pone aureolas a los combatientes caídos 

señor 
el poeta con su oficio hace muchas cosas 
por ejemplo 
afina el canto de los pájaros 
y autoriza al sol para soltar el amanecer 

por ejemplo 
contabiliza las estrellas una a una 
y reparte justicia en las pasiones 

señor 
el poeta con su oficio hace muchas cosas 
por ejemplo 
pastorea las penas insondables de la vida 
y apacienta los sueños sempiternos del hombre 

por ejemplo 
administra en el mundo la inocencia y el candor 
y despilfarra placer cuando el amor llama a su puerta



*Del libro "Descalzo sobre el asfalto y otros poemas", de G.R.S., en homenaje al Día del Poeta Paraguayo, instituido en honor al poeta fundacional Natalicio Talavera, "el Tirteo de la Guerra contra la Triple Alianza".

DÍA DEL POETA PARAGUAYO – ÑE’ÊPAPÁRA ÁRA


Ohaí:David Galeano Olivera


El día 11 de octubre del año 1867, en plena Guerra contra la Triple Alianza (1865-1870), a los 28 años de edad, falleció NATALICIO DE MARÍA TALAVERA ALARCÓN, considerado el primer poeta paraguayo y en su homenaje también esa fecha se celebra el Día del Poeta Paraguayo. Ára 11 jasypa ary 1867-pe, Ñorairô Guasu aja (1865-1870), orekóro 28 ary, omanókuriNATALICIO DE MARÍA TALAVERA ALARCÓN, ha’éva Paraguay retâme ñe’êpapára peteîha ha hérape upe árape ojegueromandu’ájepi Paraguay Ñe’êpapára Ára.

NATALICIO DE MARÍA TALAVERA

Natalicio nació en la Ciudad de Villarrica, República del Paraguay; eldía 8 de setiembre del año 1839. Su padre fue José Carmelo Talavera y su madre fue Antonia Alarcón. Hizo sus primeros estudios en su ciudad y luego se traslado a Asunción donde tuvo por maestros, entre otros, a Juan Pedro Escalada y a Ildefonso Antonio Bermejo. Natalicio heñóikuri Táva Villarrica, Paraguay Retâme; ára 8 jasyporundy ary 1839-pe. Itúva hérakuri José Carmelo Talavera ha isýkatu héra Antonia Alarcón. Oñemoarandu’ypýkuri itávape ha upéikatu ohasákuri Paraguaýpe ha oñemoarandúkuri, hetave apytépe, Juan Pedro Escalada ha Ildefonso Antonio Bermejo ndive.

Entre otros, en el año 1858 publicó “Guerra del Paraguay” y ya durante la Guerra contra la Triple Alianza fue el primero en escribir la biografía del célebre General José Eduvigis Díaz, héroe de Kurupa’yty. Cabe destacar que durante la Guerra Grande, junto a Juan Crisóstomo Centurión, Natalicio también fundó, dirigió y redactó el periódico de trinchera “Kavichu’i”. Falleció y fue sepultado en Paso Puku. En homenaje a Natalicio de María Talavera y por resolución Nº 248 del año 1971, el Ministerio de Educación y Culto declaró el 11 de octubre como Día del Poeta Paraguayo. Hetave mba’e apytépe, ary 1858-pe onohê yvytu pepóre “Guerra del Paraguay” ha Ñorairô Guasu aja omboguapy kuatiáre Mburuvichapavê José Eduvigis Díaz -Kurupa’ytyguare tuvicha- rekovehai. Iporâ ñamomba’eguasu avei Ñorairô Guasu aja, Juan Crisóstomo Centurión ndive, omoheñói, oisâmbyhy ha ohai kuatiahaipyre “Kavichu’i”. Omano ha oñeñotỹkuri Paso Pukúpe. Ohechakuaávo Natalicio de María Talavera rekove ha rembiapokue, Ministerio de Educación y Culto, kuatiapyre 248 rupive, oiporavo ára 11 jasypa ogueromandu’a haĝua Paraguay Ñe’êpapára Ára.


FUENTE:https://dgaleanolivera.wordpress.com

martes, 11 de octubre de 2016

DALMIRO SÁENZ, EL ÚLTIMO PECADOR

DALMIRO SAENZ

EL ÚLTIMO PECADOR

El pasado 11 de septiembre, a los 90 años, murió Dalmiro Sáenz. Lo primero que surge en la evocación es su faceta de polemista y transgresor que garantizaba revuelo, cuando no censura. Pero Sáenz fue además uno de los más interesantes narradores, y destacadísimo cuentista, surgido de la camada de los años 60, autor de libros relevantes como el iniciático Setenta veces siete, Treinta Treinta, Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes o La patria equivocada. También fue autor de una cantidad de volúmenes tan heterodoxos como conocidos por el gran público, con títulos famosos como ¿Quién, Yo? o Yo también fui un espermatozoide. Perteneció, quizás, a la última raza de los escritores famosos, esos que la gente reconocía por la calle y le pedían autógrafos. Radar lo despide repasando su larga, aventurera y productiva vida (además de haber sido marino y boxeador y de escribir tantos libros, Sáenz tuvo nueve hijos) y un abordaje de su obra entre la escritura, la celebridad y el escándalo.





Por Juan Pablo Bertazza

Son muchos los escritores que encontraron una nueva forma de ganarse la vida: trabajar de escritores. Presentan, disertan, comunican, difunden, promulgan y hasta publican, a veces, sin escribir. Viven de vivir como, se supone, viven los escritores. Hace dos semanas –justo el día del maestro– murió alguien que representaba todo lo opuesto a eso: no le gustaba demasiado hablar de literatura a pesar de haber nacido el 13 de junio de 1926, es decir, un día del escritor. Después de todo, y ya que están de moda las últimas veces, con Dalmiro Sáenz se fue quizás el último escritor muy conocido por afuera de la literatura; uno de los últimos escritores para los cuales escribir era una vocación que debía ser alimentada por una multitud de trabajos distintos y no al revés, acaso el último escritor que logró despertar interés en el mundo transliterario. Lo cual, se sabe, es casi el único objetivo que persiguen los escritores.
Decir que lo hizo a fuerza de polémicas sería simplista. Es cierto que parte de ese enorme interés que despertó Dalmiro Sáenz en el extrarradio literario se debe a sucesivas apariciones que desplegó tanto en la prensa gráfica (“Creo que Armando Bó era lo contrario de Torre Nilsson: divina persona pero medio bestia. Después, me acuerdo que le tomé un poco de odio a Isabel Sarli porque había hecho sólo cosas comerciales y pobrecita, ¿no? era ella y hacía lo que podía, hacía un papel muy barato”) como en televisión, hablando de peronismo, de símbolos patrios o coyunturas pero también protagonizando un diálogo magistral en 1988, en La noche del domingo.
Sáenz: –En la colección privada del Vaticano hay una virgen, que se llama la Virgen del Divino Trasero, y es una virgen con un culo precioso. Un cuadro muy lindo.
Sofovich: –Una virgen con un culo precioso. ¿No es irreverente eso?
Sáenz: –Dudo que se mantenga virgen mucho tiempo con ese culo.
Esas frases le valieron al programa una suspensión de varias semanas por parte del Comfer, una sanción al mismo Sáenz, una temporada en el freezer a Sofovich, que durante un tiempo fue reemplazado por otros conductores, y hasta la aparición –el día nueve de julio de ese mismo año– de una noticia en El País de España que llevaba como perturbado titular: “Escándalo en Argentina por unas expresiones obscenas sobre la Virgen” y el primer párrafo de la nota aseguraba que “Una entrevista en televisión, en la que se vertieron expresiones consideradas blasfemas contra Jesucristo y la Virgen, ha indignado a la jerarquía católica argentina, ha movilizado a los creyentes, ha escandalizado al presidente Raúl Alfonsín y ha provocado el repudio de los candidatos peronistas que aspiran a sucederle en la presidencia de la República austral. En la normalmente apacible noche porteña, las palabras del escritor Dalmiro Sáenz en el programa del popular presentador Gerardo Sofovich sacudieron a la opinión pública”.
Como si fuera poco, por esos días Sáenz estaba escribiendo, a cuatro manos con Alberto Cormillot, a la sazón ministro de Acción Social de la provincia de Buenos Aires, lo que sería el libro Cristo de pie, acerca de “un Cristo que coge, un Cristo que odia, un Cristo que se casa, que tiene hijos, que miente que es ateo, que no cree en Dios”.
Otro de los escándalos televisivos sucedió más acá en el tiempo, en 2003, cuando Dalmiro Sáenz –hijo de Lucrecia Sáenz Quesada de Sáenz (ganadora de un premio Emecé con su novela Victoria 604) y de un contraalmirante de la Marina Argentina– contó en el programa Indomables sus orgías con Fernando Siro y Elena Cruz, apenas dos años después de que la pareja reivindicara la figura de Videla. Dalmiro Sáenz se había casado con Silvina, la hermana de Cruz, a quien le escribió su Carta abierta a mi futura ex mujer que, según él mismo contaba, le valió el divorcio. Y es cierto que detrás de eso no parecía haber nada muy revelador ni inteligente, pero eso mismo fue lo que le dijo Timmerman en el primer programa de Los Siete Locos, en agosto de 1987, conducido en ese entonces por Cristina Mucci y Tomás Eloy Martínez. Ahí Jacobo Timerman –uno de los invitados del programa junto a Osvaldo Soriano– le marcó una gran verdad: que su literatura pasa de la profundidad de ciertos libros como Setenta veces siete a la superficialidad de chascarrillos como Yo también fui un espermatozoide que Woody Allen no escribiría ni en sus peores días. Y él mismo lo aceptaba porque la contradicción constituye quizás uno de los grandes ejes de la carreta–y de la carrera– de Dalmiro Sáenz, algo presente en toda su vida y obra, incluso en ese curioso destino donde fue a parar en el exilio, durante la dictadura militar, que si uno lo escucha rápido y al pasar, parece casi un chiste: Punta del Este.

CUERPO A CUERPO

Así y todo, sería necio no advertir que esas mismas apariciones fueron extremadamente literarias aun cuando no buscaban serlo. Porque estaban un paso adelante: el diálogo sobre la Virgen terminó transformándose en un leading case que se estudia en derecho internacional. Todo empezó cuando el abogado Miguel Ángel Ekmekjian interpuso una acción de amparo para que se leyera una carta en respuesta a los agravios de Sáenz, el juez en Primera instancia rechazó el pedido entendiendo que el derecho a réplica no estaba reglamentado en el derecho interno y, entonces, la Corte Suprema sentó precedente al dar lugar, en julio de 1992, al Recurso Extraordinario en nombre del artículo 14 del Pacto de San José de Costa Rica, lo cual modificó su criterio tradicional respecto a la prioridad de los ordenamientos jurídicos interno e internacional y ubicó los tratados internacionales por encima de las leyes del Congreso, en un fallo que mereció serios cuestionamientos. En otros casos, podría pensarse que esas apariciones constituían casi performances literarias que encandilaban al mismo tiempo que hacían abrir los ojos.
Para decirlo de una vez por todas: la atracción que generó Dalmiro Sáenz va mucho más allá de la polémica televisiva. Tiene que ver con la singularidad de una literatura que (era su frase de cabecera), no se toma en serio porque “nunca me sentí un escritor, me siento un tipo que escribe y me veo muy distinto a los escritores normales”, aun cuando sus grandes hits, los elogios y premios cosechados y las versiones cinematográficas de sus libros sacarían el sueño a cualquier otro escritor, como la publicación en 1991 de otro de sus grandes libros, La patria equivocada, en Biblioteca del Sur o su exitosa labor como guionista de películas como Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes (basado en su propio relato) que ganó –¿qué mejor premio para alguien como Dalmiro Sáenz?– la Concha de Oro en San Sebastián. Lo notable es que no se trata tampoco de una literatura aislada ni lo que podría decirse, marginal. De hecho, la literatura de Dalmiro Sáenz participa de una especie de juego de espejos que consiste en parecerse a otros para luego diferenciarse: tiene algo del realismo de Viñas pero enseguida deja de parecerse a él por la decisión expresa de no politizar de manera lineal su literatura, aun cuando escribe libros como La patria equivocada o El argentinazo donde dice que “desde el principio de nuestra historia la palabra patria se confundió con la palabra clase”. Se parece por momentos a Fogwill en esa confiada naturaleza outsider que ostentaron los dos pero se termina distanciando de él ahí donde Fogwill barre de un plumazo su existencia extraliteraria para obsesionarse con la idea de consagrarse como escritor.
Y es que la atracción de Dalmiro Sáenz abreva también en su propia vida, cargada de oficios terrestres –y también marítimos– que se metieron de cabeza en su literatura. Porque además de sus viajes aventureros de artista cachorro como marino de un buque carguero que lo arrojó a destinos como Ushuaia y La Antártida, además de su afición al box y de su participación en Montoneros (en una entrevista con este suplemento en 2008 aseguró que participó de un operativo grande: el ataque a la prefectura de Zárate que tuvo lugar el 1º de enero de 1972), Dalmiro Sáenz también hizo trabajar a sus personajes literarios, quemando las altas calorías de una literatura en la que, en general, se trabajaba poco y en la que algunos de sus contemporáneos como Beatriz Guido y Manuel Mujica Lainez exhibían la lánguida vagancia de sus personajes. En la literatura de Sáenz, por el contrario, abundan alienantes tareas de campo en pueblitos perdidos de provincia y distintos rebusques como la meteórica y patética carrera que emprende el boxeador del cuento “Propiedad”(incluido en Setenta veces siete), que decide colgar los guantes cuando, en medio de una reacción heroica ante la sucesión de trompadas que le venía dando su contrincante, se da cuenta, debido a las carcajadas del público cruel, que el impresionante gancho izquierdo con que podría haber dado vuelta la pelea no se lo había encajado a su rival sino al referí.
Precisamente en Setenta veces siete, opera prima publicada en 1958 que en su momento ganó el Premio Emecé, se convirtió en uno de los libros más leídos del año y fue llevada al cine de la mano de Leopoldo Torre Nilsson y, con el tiempo, se transformó en su obra más emblemática.
En otras palabras, la de Dalmiro Sáenz es una literatura que parece escrita por un hombre más que por un escritor, una literatura llena de revoques, abusos, adjetivos, sangre, lágrimas y chamuyos, que transpira paradojas, que a veces se vuelve confusa de tan laberíntica (“y los tres miraron con la desilusionante sensación que sienten los hombres que recién se sienten hombres en presencia de mujeres que son realmente mujeres y que, en sus sueños de hombres que todavía no son hombres, imaginan como mujeres que realmente no son mujeres”), una literatura que duda, se corrige y se contradice sobre la marcha, una literatura neurótica, nerviosa y obsesivo compulsiva que, sin embargo –y esa es quizás la gran paradoja que encarna la obra de Dalmiro Sáenz– no sólo se escribe con el cuerpo sino que tiene como faro la traición y la queja existencial de esos grandes protagonistas de sus libros que son las personas físicas, “gente que siente el dolor físico exclusivamente, porque vive una vida física exclusivamente”, personas unidas por un tipo de amistad que “se apodera de ellos no con la tibieza blanda de las amistades normales, sino de una forma fuerte y áspera como la amistad de los condenados en un mismo presidio o de los soldados en una misma trinchera” y que, en lugar de practicar el amor a largo plazo –el amor como un plazo fijo– salen de los prostíbulos “con la escasa dosis de alegría física que el desahogo también físico produce en las vidas físicas de los hombres”.
En otra entrevista que puede verse por estos días en Youtube, un Dalmiro Sáenz irreverente commed’habitude pero también algo más sosegado, que venía de publicar su último libro, Pastor de murciélagos (título de una belleza que no debería pasar desapercibida) aseguraba, auténtico,que “la vida dentro del universo cultural no es vida, es subsistencia, no es vivir. El artista es un enfermo que no sabe convivir con un mundo que habla otro idioma, entonces inventa un idioma que trata de imponer y ese invento es el mundo verdadero”. Bueno, eso mismo es lo que dejó Dalmiro Sáenz. Eso que queda de inspiración más allá de las técnicas literarias, eso que queda de pecado del otro lado de la transgresión.

LO FUERTE







 Por Guillermo Saccomanno

Dalmiro Sáenz y sus siete hijos (despues tendrÍa dos más)
 en los años de la patagonia.
A Dalmiro Sáenz se lo ha criticado más por sus actitudes públicas que por su literatura. Tal vez convenga entonces pensarlo en su procedencia, la literatura de los 60 y el modo de presentación de los escritores “jóvenes” que se pensaban, creían o sentían ser cuestionadores. Los escritores jóvenes empezaban a asomar en diarios y revistas con una imagen distinta. Se agitaba una renovación de la literatura. Los escritores se presentaban en las solapas de sus libros exponiéndose con una fatuidad afirmada en una experiencia dura. Curtidos, eso. También contaba la imagen. Paradigmática la foto de Viñas en su libro de cuentos Las malas costumbres. En camisa, cruzado de brazos, bigotazo, expresión adusta, y detrás un afiche de la CGT, una manifestación. Otro caso, Conti, desde una cierta distancia del gueto, se presentaba en la foto de solapa de Sudeste como hombre del río, un perfil melancólico, con pasado de navegación. La experiencia vital garantizaba la literaria. Quien más, quien menos, en la generación de Sáenz, construía su personaje: el torturado, el politizado, el aventurero. La posmodernidad se ocuparía de licuar esa impronta de lo experiencial. Los escritores no serían ya de ninguna parte, ni siquiera de sus libros. Haber incursionado en el box, tener un pasado de maestro rural o de proletario eran señales de una historia personal intensa, que se proyectaba en una literatura que reflejaba lo vivido. (En el monumental Borges de Bioy se da testimonio de que estos escritores nuevos intimidaban al establishment. Daban tanto miedo como el comunismo. Los nuevos resolvían las discrepancias a las trompadas. Lo que se llamaba poner el cuerpo. Y nada asustaba más a los de Sur que ponerlo). De un libro en el que la violencia destemplada y el sexo se plantaran como constantes se decía que era “fuerte”. Especialmente, lo “fuerte” eran las escenas de sexo. “Fuerte” era un adjetivo que salía mucho. Setenta veces siete (1956), la primera colección de cuentos de Sáenz se ganó esa calificación. Si bien obtuvo un premio y recibió una crítica con espaldarazo de Sur, Sáenz no tenía nada que ver con la revista de Victoria Ocampo. Le seguirían No (1960), Treinta treinta (1963) y Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes (1965). Su escritura no era ajena a lo que se publicaba a su alrededor. Vale citar unos pocos: además de Viñas, Castillo, Rivera, Walsh. Puede constatarse en las fechas de publicación esto que digo de los 60, en particular, la segunda mitad de la década. Convengamos, toda esta literatura “fuerte” lo era como la generación que la escribía comprometiéndose en política sin dudar en discutir lo que fuera necesario. Y lo que era necesario, era todo. A la dictadura de Onganía se le hacía difícil controlar la insurgencia que se venía. La Revolución Cubana era un ejemplo. El Cordobazo estaba en el aire. Aunque no se tradujera de forma explícita en los textos, estas influencias pesaban. La nueva literatura acusaba la realidad. La validez de un escritor se basaba en su experiencia vital más que en lo literario. Eran sus atributos personales los que robustecían la ideología de un realismo tenso desde la influencia de Hemingway. Dalmiro Sáenz, cumpliendo con las exigencias biográficas de su generación, se había embarcado hacia la Patagonia. Había leído por primera vez El sonido y la furia a bordo. Y entonces se decidió a escribir. Más tarde se afincó con su mujer y sus siete hijos en una estancia en el sur.
Hay en su biografía un paréntesis en los 70: militancia, persecución, exilio. Es cierto, después de esos primeros libros su obra se expande en otras direcciones. El tipo atlético, el boxeador, el karateca, el don Juan, bronceado hasta en invierno. El escritor que provoca en cuanto medio lo invita se transforma en un “personaje” siempre a mano. El escandalizador en la gran aldea pacata. Sin embargo, hay una vuelta del escritor “fuerte” en los 90. Sáenz publica La patria equivocada, que leí de un tirón, a la misma velocidad con que había leído sus primeros libros. Alguna subtrama de la novela proviene de sus cuentos, allí estaban también sus obsesiones, sus constantes. En el marco de la “conquista del desierto”, los blancos de Villegas, el exterminio de la indiada y el poder, el sexo bárbaro. Me acuerdo que me reuní con él para hablar de la novela. Quería comentarla. Y fue escaso lo que hablamos. Sáenz no era de hablar de literatura. Si bien daba taller, se ganaba más la vida refaccionando casas. Después publicó Malón Blanco” y Mis olvidos, o lo que no dijo el General Paz. Todas comparables con su primera obra.
Muchos de los obituarios de estas semanas han coincidido en este planteo, el personaje ganándole al escritor. Y este apunte tal vez no es la excepción. Pero hay que destacar que en un hecho más importante coincidieron las notas de estas semanas: en el mérito de una prosa temprana en la que ya convivían la influencia de Faulkner cruzada con una perspectiva cristiana - no católica, no beata, no dogmática; cristiana subrayo - en la que se afirma una ética, la toma de partido por las víctimas allí donde se encuentren. Y este será el Sáenz que aguantará la prueba del tiempo.

PENSAR EN CONTRA






Por Paula Pérez Alonso

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Dalmiro Sáenz fue un escritor de una enorme ductilidad para adoptar diversos registros y abordar todos los géneros. No hay en la literatura argentina autores que, como él, se hayan dedicado al teatro, al cuento y la novela, impulsado por la lucha contra el estereotipo y el afán por provocar el pensamiento. Fue un gran escritor que no la iba de puro, porque sabía que la pureza no existe. Desplegó un arco expresivo que va desde la parodia del absurdo hasta novelas de malones en la Patagonia, tramadas con héroes y antihéroes en tierra claramente argentina. Sus lecturas se concentraron en algunos autores de ficción y mucho de historia. Entre la inmensa curiosidad y el asombro, no perdía la dispersión de la vieja mirada.
En una época en que se hablaba de “los burgueses”, él corría siempre en territorio contrario: el de la bohemia insumisa. Fue un iconoclasta genial, en realidad lo distinguían varios rasgos que lo hacían bastante único. No era fácil conocerlo porque no le gustaba hablar de sí mismo; tampoco era un ensimismado, muy por el contrario, era un mirón y un preguntón. Le resultaba más interesante el otro, entonces preguntas agudas, directas, su forma de seguir pensando y no dar nada por sentado. Y escuchaba, no era retórico, no largaba la pregunta para volver a escuchar su propia voz en otra intervención, lo hacía por interés y verdadera curiosidad, establecía un diálogo. Fernando Sánchez Sorondo, que lo conoció bien en la diaria durante años porque estuvo casado con su hija Marcela y fueron verdaderos amigos, dijo que nunca lo oyó criticar a nadie. Yo no lo conocí tanto pero sí puedo agregar algo al menos raro en la Argentina y en esa generación, en la que los sentimientos se ocultaban más que lo que se decían: Dalmiro expresaba su admiración por otros hombres y por otras mujeres con todas las letras, lo hacía público, para que apreciáramos algo que tal vez no habíamos advertido del todo. Recuerdo cómo hablaba de Julio Llinás porque admiraba su inteligencia creativa para la literatura y la vida. Era difícil que lo hicieran entrar en competencias estériles. No tenía reparos o pudores al manifestar sus certezas o, muy por el contrario y con la misma intensidad, sus vacilaciones o su ignorancia. Mientras otros se desvivían por reafirmar sus guapezas en cada gesto o no se animaban a descartar las imposturas, él decía “Yo soy lesbiano”, y admitía su ambigüedad frente a la compleja ambivalencia, se resistía al restrictivo mundo binario y dejaba abierta otra posibilidad genuina, como rebelde verdadero que combatía los prejuicios y al que le costaba domesticarse.
Dalmiro podía describir con una gracia enorme cómo un coronel maneaba un caballo y lo derribaba sin violencia mientras extendía su poncho para acostarse a su lado y descansar un rato en el desierto, y también con sutileza y suavidad inventar mujeres duras y tiernas, creíbles, como pocos lo han logrado.
Era un escritor de la experiencia, nada le interesaba más, y de alguna manera sus ficciones pasaban por el cuestionamiento como impulso vital, la indagación que operaba como subtexto y demandaba una verificación.
La patria equivocada se iba a llamar “Sable en mano y a degüello”, título que a mí me encantaba pero Juan Forn le sugirió cambiarlo por uno menos brutal, más poético. Me acuerdo bien del original que Dalmiro trajo para la colección Biblioteca del Sur: escrito a máquina, y el título en tinta azul y letras de imprenta, a mano, justo arriba del primer capítulo, en la misma página. No era la época del anillado y tampoco tenía una portada, como si se tratara de un libreto de teatro, había sujetado las hojas con unos ganchos, lo recuerdo con nitidez. El imaginó que el título podía sonar demasiado dramático y nos miró a Juan y a mí con cierto pudor y una media sonrisa que admitía sugerencias. Pero sabía que tenía un material muy bueno en esa nueva invención, una novela raramente lírica sobre la traición.
Siempre fue una alegría encontrarlo, charlar y trabajar con él, relajado pero alerta, los ojos brillantes, atento y perspicaz. ¡Qué maravilla su falta de solemnidad! El humor también lo incluía, y reconocía una metida de pata sin problema. ¡Era siempre él mismo! Quería desmontar las convenciones, buscaba saber qué había detrás de esas construcciones como el éxito, las metas, la necesidad de crear y creer en un “país” o el pre-texto de que el amor de pareja está hecho para durar.
Cuando publiqué mi primera novela y tuve que ir a la primera entrevista, lo encontramos con Flor Ure en un programa de TV. Yo estaba nerviosa y verlo a Dalmiro me tranquilizó. A la salida y en el taxi que compartimos noté que estaba medio enojado. Me dijo que me había escuchado y que era un desastre, que no podía vender mi libro así, que no se cuenta un argumento, no podía arruinarlo de esa manera. Me sorprendió que se hubiera tomado el trabajo de escuchar con atención y de decírmelo. Otro día en la editorial me instruyó con ejemplos claros, y nos reímos mucho de mi torpeza. Después de este intercambio de confianza sobre lo que más nos interesaba, me animé a preguntarle si presentaría mi novela. Me dijo que sí y le agradecí su generosa disposición.
Hacía años que Dalmiro se había apartado de los lugares que solía frecuentar. Siempre tuvo una gran conciencia de lo estético. La noche del velorio en el Concejo Deliberante, donde estaban sus nueve hijos, Dolores y Juan Cruz nos contaron que la noche anterior tuvo un infarto y se cayó, y en la caída se había lastimado la frente. Para ellos, esa herida era la última marca de su carácter de luchador. En 1970 había escrito el cuento y el libro El que muere pierde; imagino que ahora, que ya había cumplido 90 años, con su enorme lucidez podía adscribir a la frase de Hemingway: “Il faut (d´abord), durer. Il faut (après tout), mourir. (Primero, hay que vivir. Después, hay que morir)”. Aclaro que esto es una presunción mía. Los muertos también reclaman su intimidad.
Tal vez sea el momento de volver a leer sus cuentos y sus novelas. Va a ser un alivio reencontrarlo ahí.

FUENTE:libros, Diario Página/12, domingo 2 de octubre de 2016.