viernes, 10 de abril de 2015

Roa Bastos despide a Hérib con su adiós a la poesía...!


ADIOS A HÉRIB CAMPOS CERVERA

Un puñado de tierra:
Eso quise de Ti
y eso tengo de Ti.
Hérib Campos Cervera

Entre cuatros paredes de blancura mortal,
al filo del nocturno mediodía de agosto,
te vi dormido al fin, hermano mío,
inmóvil y apacible, ya olvidado de todo,
como un niño de sal
en las rodillas negras de la muerte.

Para tu dulce lodo
transido de agonías y nostalgias crueles,
ese regazo frío
de nuestra madre eterna
era por fin el sitio de descanso
que te negó la vida,
el remanso de un lecho sobre el río
del tiempo, la roca de la paz, la cuna tierna
donde tu corazón de polvo nace
en una estrella pura de diamante y rocío.


Y sin embargo al verte
con tu traje gastado, con tus zapatos viejos
acostado en la muerte,
sentí que me sangraban las costuras del alma
con mi dolor de amigo;
que me sangraba el hombro con el peso
de tu esqueleto hecho de espadas y castigo;
que me sangraba el labio con el beso
que a hurtadillas dejé sobre tu frente
como si profanara
una ciudad de arcángeles dormidos . . .

A través de las aguas miserables del llanto,

vi tu cadáver vivo 
temblar un poco
como si aún pudiera despertarse
de su prisión de mármol sensitivo.

Sentí que el ojo me sangraba al verte
dibujado en el hondo arrabal
de tus cielos difuntos, con el rostro
volcado hacia la luz remota
de tu tierra natal, con las manos en cruz
sobre el abismo de tu sueño . . .

Tu frente ardía en el silencio
de hielo de tu ser sumergido.

El mediodía se había puesto tan oscuro,
y tu frente había crecido tanto
bajo la llama seca de tu pelo en desorden,
que era como una luna
brillando solitaria sobre altas murallas
en la noche secreta del adiós . . .

Junto a esas murallas
batidas por mi puño, ensangrentado
de golpear tercamente en tu piedra invisible,
como un mendigo ciego
yo imploraba en secreto tu voz, tus alas rotas,
tu vida de soldado destruída,
el resplandor visible de tu fuego
que en el costado izquierdo de la patria,
lejos o cerca de ella,
era su antorcha melodiosa,
su combatiente estrella
y el pulso musical de su destino.

Quería verte en pie de nuevo, vivo,
ocupar tu rescoldo,
tu hueco doloroso y fugitivo,
retomar tu presencia, andar a nuestro lado
como si nada hubiera sucedido . . .

Pero estabas allí, yacente, yerto,
sobre tu propio corazón, caído,
y en el silencio puro, soñando aún con los hombres,
vi tus labios de muerto
conversando con Dios . . .

¡Qué cosas le dirías al oído,
de tu dolor profundo,
de aquella obstinación desesperada,
de tu esperanza sembrada sobre el mundo
como una rama verde en un desierto!

Yo no lloro por ti,
lloro por mí, por todos
los que en amor y pensamiento
ya no tendremos nunca en nuestras manos
la apasionada y suave
corteza de tu pan corporal.

Sobre el limo sombrío de nuestra pena,
en esta cegadora tiniebla que nos dejas de golpe,
tú creces alto y solo,
quebracho transparente, hacia las nubes,
con pie de río y brazos de luciérnagas.

El hacha de tu hachero
no talará tu perfección tranquila.

La muerte ha completado tu hermosura
sobre el vacío enorme de tu ausencia,
camarada nocturno de la aurora,
lucero pensativo.

Tu voz canta y solloza en la distancia
y fulguran celestes tus pupilas
sobre el pavés de los jazmines,
sobre las alas de los pájaros,
sobre los labios que te llaman . . .

En el libro viviente
del pueblo, en sus rugosas páginas
de Verdad y Justicia
amasadas con dolor, con sudor, con esperanza,
quedó tu testimonio de combate,
tu gesto interrumpido,
una flor chamuscada
y un puñado de tierra . . .

Repartida en las almas tu materia sonora,
tu sustancia de nube, tu condición de flor,
no has muerto, hermano mío. Sólo ahora
tendrás tu nacimiento innumerable,
soldando con tu pan de comunión terrestre,
hombros y corazones en la unión
de una paz fraternal.

Entre los rascacielos te despido
de esta Ciudad de Plata, enorme y pura
como el mar, con su pueblo profundo,
en cuyo umbral
te inclinaste a dormir alucinado
bajo el cielo del Sur.

Aquí dejo mi adiós en estos versos
finales que te escribo,
para callar después, para cerrar la puerta
que me enseñaste a abrir
sobre el resplandeciente jardín de la poesía.

Mi mano de poeta
quede clavada aquí, sobre tu cruz,
por siempre.

La vida nos unió, la muerte quieta
no nos separará. Mi pobre sombra
viva atada a tu luz. Y mi silencio
cuelgue su cencerro
de arena
al cuello ardiente de tu melodía . . .

Entre los grandes ríos
de nuestras dulces patrias enlazadas,
la gente humilde, el pueblo
transportará en sus hombros tu corona de hierro,
tu sueño, tu esperanza,
tu retrato indeleble.

Augusto Roa Bastos*

*Poema escrito por Augusto Roa Bastos con motivo de la muerte del gran poeta Hérib Campos Cervera en Buenos Aires, en agosto de 1953, con la pretensión al mismo de despedirse de los versos pero no de la poesía que no cesará por suerte sus fulgores en toda la narrativa posterior del autor de El trueno entre las hojas, Hijo de hombre, Contravida, Yo, el Supremo, entre otras obras.

miércoles, 1 de abril de 2015

¡El Señor del Gol...!

Planeta Redondo

Los cien años del Señor del Gol

Arsenio Erico nació en Paraguay y conmovió al mundo con sus goles. Es el máximo anotador de Independiente y de la Primera División argentina. Y también un emblema del arte vinculado al deporte.


Arsenio Erico, el gol cumple cien años.
Cuando Nacional de Asunción llegó el año pasado a Buenos Aires para afrontar la final de la Copa Libertadores ante San Lorenzo, además del asombro que acompañó a su clasificación a tal instancia, traía una suerte de eslogan como carta de presentación: "El club de Arsenio Erico". Lo anunciaban desde Paraguay, lo repetían los enviados especiales y los hinchas entusiasmados en nombre del milagro que no fue. No era casualidad ni azar; se trataba de un estricto orgullo. Fue el paraguayo que más goles aportó al mundo y el futbolista que junto a Angel Labruna más tantos convirtió en la Primera División del fútbol argentino. En la tierra de Maradona, de Bianchi, de Masantonio, de Artime, de Sanfilippo, de Palermo, Erico fue inmenso.
Sucede ahora: en el barrio Obrero de Asunción hay un estadio breve que tiene su nombre enorme. En esa zona se crió Erico, el futbolista más grande de la historia de Paraguay, que convirtió la escalofriante suma de 293 goles en la historia del fútbol argentino (según una investigación del historiador de Independiente Claudio Keblaitis suma 295). También el que, a pesar de no haber jugado nunca para el seleccionado de su país, es una celebridad sin discusión del deporte más popular. Por eso, otro tributo asoma en Asunción: en el emblemático estadio Defensores del Chaco, una tribuna también exhibe su apellido, la Erico. Lo mismo acontece en el Libertadores de América, en Avellaneda.
No se trata de una fecha más. Erico nació el 30 de marzo de 1915. Es decir, hace un siglo que se cumplió esta última semana. Sí, el Rey del Gol cumplió cien años. Porque aunque no está, vive en los recuerdos de todos los pocos que lo vieron y los muchos que su leyenda escucharon. Heredó el fútbol: su padre, sus tíos, sus hermanos y sus primos, nueve en total, le pusieron su apellido a los mejores momentos de la historia de Nacional de Asunción. Sin embargo, él fue el mejor de los exponentes. Debutó en Primera en el club del barrio, con apenas 15 años. El crack ya se vislumbraba.
Cuando Erico era una estrella naciente del Nacional estalló la Guerra del Chaco. El estaba enrolado en el Ejército y prestaba servicios en Puerto Casado. Lo salvó un Comandante llamado Molinas, quien ordenó su retorno a Asunción para integrar el seleccionado de la Cruz Roja para una gira benéfica por Argentina y Uruguay. Ya lo querían River e Independiente. Los de Avellaneda fueron más astutos: consiguieron un permiso especial frente al Ministerio de Defensa para que el delantero paraguayo le permitiera emigrar.
Pronto se convirtió en el crack esperado. Lo iban a ver hasta los que no eran de Independiente. Lo contó alguna vez Alfredo Di Stéfano: "De niño y pese a ser hincha de River, era habitual espectador de los partidos de Independiente como local, sólo para observar las técnicas y el juego de Erico". Para el Gran Alfredo, Erico era un malabarista del área, un artista del fútbol. En Independiente acompañó sus goles con éxitos colectivos: ganó dos Ligas, tres Copas Nacionales y dos Copas Río de la Plata.

Se fue de Independiente ya en 1946. Había jugado en el club de Avellaneda 325 partidos. Consiguió en ese lapso un promedio de gol propio de Messi o de Cristiano Ronaldo: 0,882 por encuentro. Antes de volver a Paraguay jugó siete partidos en Huracán, pero no hizo goles. Sin embargo, en su debut frente a Atlanta, en 1947, en el Gasómetro, se generó la mayor convocatoria en un partido no disputado por los cinco más grandes. El estadio de Avenida La Plata lucía repleto. La expectativa por ver a Erico superaba a cualquier otro partido de la fecha.
La literatura también le brindó palabras y elogios. Eduardo Galeano, el estupendo escritor uruguayo, señaló de Erico: "Saltaba el muy brujo, sin tomar impulso, y su cabeza llegaba siempre más alto que las manos del arquero". Cátulo Castillo le dedicó un tango y el escritor francés Paul Morand, cuando lo vio jugar, lo comparó con Vaslav Nijinski, célebre bailarín ucraniano. Erico parecía varios a la vez. Pero sobre todo, como sus estupendos números cuentan, era un gran goleador. Y como decía uno de sus apodos: también un Mago.

FUENTE: Clarin.com, Deportes, Fútbo, 01/04/15.-
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viernes, 27 de marzo de 2015

El retrato

el retrato


como una emblema de mis ojos
tu sonrisa fulgura entre los labios
y cae la noche de mi alma
en lenta llovizna fría

me abrazo a tu nombre
como un niño a su juguete favorito
y me refugio en tu recuerdo
tiritando de miedo

al saber que el ayer ha dejado de ser
el hoy se cae redondo por su propio peso
y el mañana pertenece sólo al azar
y demasiado cerca de la muerte segura

entonces rompí contra el piso tu retrato
nuestra historia que se niega a revivir
con la vana idea de negar su existencia
y creer que todo está recién por comenzar

gilberto ramírez santacruz
(poemas de hoy en día)

domingo, 22 de marzo de 2015

¡La poesía de todos los días...en su día!

     terca musa           

en medio
de la prosáica rutina
y ciudad asfáltica
surge a borbotones
y en sílabas la poesía

en medio
del versátil ajetreo
y viandantes autómatas
brotan furtivos 
como sombras los versos

en medio
del horrísono mundanal
de aire y polución fétidos
como un soplo infinito
la poesía nos oxigena

en medio
del infernal bombardeo
y el deporte de la guerra
estalla la sonrisa de un niño 
ignorante de la muerte

en medio
de la negra desesperanza
y la noche más impenetrable
y el fin del mundo en ciernes
una madre feliz da a luz

en medio
de la incierta madrugada
un zorzal exiliado de la naturaleza
rompe la ciudad con sus cantos
y arenga al sol para pintar la aurora

en medio
de la nada por doquier
la poesía en desesperación
halla su razón de ser
en un hueco abandonado por el olvido

gilberto ramírez santacruz
(poemas de hoy en día)

sábado, 7 de marzo de 2015

¡La mujer paraguaya...!

La paraguaya, entre todas las mujeres*


178.  EL “ANIMUS” DE LAS HEROÍNAS, “ALMUS MATER” DE LA PATRIA AMERICANA. En honor y homenaje de tantos caballeros revolucionarios al servicio de la causa comunera, entre los que me cuento, yo, Manuel López Carvallo, resulta también oportuno elevar al “pódium”(estrado principal) el ejemplo moral de las heroínas que compartieron a su tiempo la misma causa y con idéntico coraje defendieron el honor en el campo de batallas o en el patíbulo ante los sanguinarios tiranuelos de turno, tanto la india Juliana en el Paraguay al comandar sus tribus sublevadas ante el dogmático represor Alvar Núñez Cabeza de Vaca, la Micaela Cañete Sánchez de Vera y Aragón de José de Antequera como la Micaela Bastidas Puyocahua de Gabriel Túpac Amaru II, como también la no menos heroica india Bartolina Sisa de Julián Túpac Catarí y su memorable sitio con 30 mil indios en 1781 a Chuquiabo o Pueblo Nuevo de Nuestra Señora de la Paz, asimismo la “Heroína del Pueblo” de la Villa del Socorro de Nueva Granada, la tendera María Beltrán, que rebelara a todo el mercado del pueblo rompiendo los edictos y bandos en las narices de las autoridades coloniales, y como la valiente paraguaya Rosa María de Mena, hija del patriota comunero Juan de Mena, el alguacil mayor que fuera también ajusticiado en Lima en julio de 1731, acusado de ser amigo, compañero y cómplice en el fomento del delito sustanciado en la causa cabecera por sedición contra Antequera; esta valiente y admirable mujer asuncena, Dña. Rosa María de Mena y de las Llanas, esposa del ex gobernador interino Ramón de las Llanas, uno de los comandantes militares, junto al maestre de campo D. Sebastián Fernández Montiel, que derrotara en la Batalla de Tebicuary al brazo armado de los jesuitas y del virrey Castelfuerte, teniente de rey Baltazar García Ros en 1724 y que fuera asesinado de las Llanas posteriormente por las fuerzas del gobernador de Buenos Aires, Mauricio Bruno de Zabala, después de la toma sin resistencia armada del sitio de Asunción en 1725, que una vez secuestrado y estando como rehén, por negarse a traicionar la entrañable Causa del Común y por la que ofrendaría la vida, y cuya viuda entonces vestía un riguroso luto por el marido, pero cuando llegó la noticia de la muerte de su padre y del máximo líder comunero, José de Antequera, como las matronas de Lacedemonia que en vez de llorar la muerte prefirieron dar las gracias a los dioses al saber que sus hijos murieron en una batalla por Esparta, de la misma forma la heroína paraguaya se desprendió altiva de sus negras vestiduras y las trocó al momento por un vestido blanco y se presentó jubilosa al Común, con el que se sentía en plenitud identificada, y como una auténtica heroína, digna de los tiempos aciagos pero también de los leyendarios, como una perfecta heredera de “la leona de Castilla”, como se la conocía en su época a María Pacheco, la viuda de Juan de Padilla, líder de la milicias toledanas de España, ella que había tomado el mando de los comuneros una vez que fueron fusilados sus cabecillas en Villalar, y dejaría así la hija de Juan de Mena su alegato y arenga a la posteridad, “ad futúram rei memóriam“ (como recuerdo perenne), perpetuamente grabada en la memoria de los pueblos y sus luchadores populares, dirigida aquella soleada mañana a los propios y a los extraños, también de la Asunción levantisca, como de la América de sangre del Común y de la España de herencia comunera, al decir: “No debe lamentarse la muerte gloriosamente sufrida en servicio de la patria y de la libertad. De ahí que me vestiré de blanco y me presentaré al pueblo, de modo que hoy y siempre represente el blanco la gloria de los héroes”.

*En Homenaje a la Mujer, se reproducen fragmentos de la novela El Grito de Antequera(Memorial de la Causa Comunera), de Gilberto Ramírez Santacruz.

jueves, 5 de marzo de 2015

La creatura

      La creatura*

Muy generosamente extendida sobre su  lecho,
con su piel suave y sedienta ante el acoso de la pluma,
como una mujer difícil que cae por fin rendida al amor,
así se ofrece al poeta la hoja más pura en el blanco del papel.

El hombre entonces tiembla y se le transpiran las manos,
el papel se hizo un tumulto de mar inmenso y misterioso
y le saltan de sus entrañas las palabras como tiburones
y así le devoran los silencios decretados y las horas calladas.

El poeta viene a ser aquel pescador  de “el viejo y el mar”,
una vez enganchada a su arpón la ansiada creatura,
para contrastar  su fuerza se echa al hombro a la presa
y la escritura brota inesperada como desde un volcán dormido,
así también la poesía todo lo envuelve con sus letras y brasas.

*Del libro inédito "Poemas de hoy en día" de Gilberto Ramírez Santacruz.

domingo, 1 de marzo de 2015

Mariscal Francisco Solano López: "Muero por mi patria".


ABC CULTURAL, 01 DE MARZO DE 1870 - 01 DE MARZO DE 2015

Causas y consecuencias de la Guerra del 70

Por Alberto Alderete
(albertoalderete@hotmail.com)
Un primero de marzo como hoy, pero de 1870, el mariscal Francisco Solano López moría en combate contra las tropas brasileñas en Cerro Corá y terminaba la Guerra contra la Triple Alianza. El abogado e investigador Alberto Alderete, autor de Las causas de la guerra de la Triple Alianza (Asunción, Arandurá, 2014), analiza en este artículo los factores que desencadenaron la «Guerra Grande» y las consecuencias del conflicto, que llegan hasta nosotros.
Se ha dicho que la guerra de la Triple Alianza fue causada por la política provocativa del mariscal Francisco Solano López. Otros han sostenido que fue tramada pacientemente por la diplomacia inglesa y que Argentina y Brasil la hacían no por sus propios motivos sino por encargo de esta. Sin embargo, ni la diplomacia podía detener ni evitar la guerra, ni Argentina y Brasil actuaban por cuenta de Inglaterra, sino por cuenta propia y por motivos internos. A esto último hay que agregarle la complicidad y el financiamiento de la guerra por parte de la banca y el comercio de Inglaterra.


La guerra causó, en lo económico, la interrupción abrupta de la evolución independiente del país hacia la civilización capitalista industrial dirigida por el Estado, en base a todas las conquistas del progreso europeo, para reemplazarla por la súbita asimilación al capital financiero de Europa en calidad de misérrima semicolonia. Esto sin contar la mutilación de su territorio y el exterminio del setenta y cinco por ciento de su población. Este es el momento de inflexión histórica que dio origen al modelo de país que tenemos hasta hoy: un país empobrecido, productor y exportador de materia prima e importador de bienes industriales, con un gobierno políticamente dependiente de las potencias actuales.

LAS CAUSAS INTERNAS DE LA ARGENTINA

La causa que impulsó a la oligarquía portuaria y comercial porteña representada por Bartolomé Mitre a traer la guerra al Paraguay no fue externa, sino interna: el propósito de imponer la organización de la Argentina en función de los intereses de la oligarquía estanciera, portuaria y comercial porteña de la provincia de Buenos Aires. Durante todo el siglo XIX, hasta 1880, año en que Buenos Aires es derrotada militar y políticamente, la Argentina estuvo profundamente dividida entre el gobierno de Buenos Aires y la totalidad de las provincias interiores y el litoral. Las trece provincias interiores y el litoral argentino se insurreccionaron contra el gobierno de Buenos Aires organizándose en la Confederación Argentina, con capital en Paraná, cuyos líderes eran Justo José de Urquiza, Felipe Varela y José Vicente Peñaloza, entre otros, que tenían estrechos vínculos políticos con el Paraguay, al igual que con el Partido Blanco del Uruguay, versión oriental del federalismo argentino.

En 1861, el ejército federal argentino es derrotado militarmente en la batalla de Pavón, cerca de Rosario, por la deserción de Urquiza, y la Confederación Argentina se disuelve, para luego ser destruida definitivamente con el fusilamiento masivo de los montoneros del Interior. Pero para que la victoria de Buenos Aires sobre las provincias interiores y el litoral fuera completa, era necesario eliminar a otro enemigo, el Paraguay, que reunía, contra la oligarquía porteña y su gobierno, todos los antagonismos de los productores del litoral y las provincias interiores, pero sin la debilidad de estas ni la posibilidad de acuerdos de aquellos. La impotencia histórica de sus luchas se debía a que, si bien eran justas, no tenían un proyecto de desarrollo económico y político superior al de la oligarquía porteña, lo que sí tenía el Paraguay, un país política y económicamente soberano y en un proceso que avanzaba hacia el desarrollo industrial autónomo. De ahí el peligro mortal que Mitre veía en el Paraguay. La guerra contra el Paraguay sería, por lo tanto, la continuación lógica y la última etapa de la guerra de la provincia de Buenos Aires contra el resto de la nación argentina, en un doble sentido. Porque la potencia económica del Estado paraguayo chocaba desde los más remotos tiempos con el monopolio aduanero y portuario de Buenos Aires, dificultando su dominio indisputado sobre todo el litoral, y porque constituía un foco constante de atracción y reagrupamiento para las derrotadas provincias interiores, incluso para los claudicantes estancieros del interior.

LAS CAUSAS INTERNAS DEL IMPERIO DEL BRASIL

El Imperio del Brasil consideraba que el Paraguay ponía en peligro su soberanía sobre Río Grande del Sur, pues, para llegar al mismo, la única vía que tenía era el río Paraguay, para lo cual tenía que pasar por el territorio de este. En virtud de una doctrina de seguridad nacional, Carlos A. López condicionaba la firma de un tratado de libre navegación del río, a la firma de un tratado de límites que reconociera una parte de Matto Grosso del Sur como territorio paraguayo, a lo que el Imperio del Brasil se oponía terminantemente. Por otro lado, Río Grande del Sur ya se había independizado de Brasil de 1835 a 1845 por medio de una revolución republicana, por lo que temía una desmembración territorial.

En 1850, don Carlos A. López escribía a Tomás Guido, luego plenipotenciario de Urquiza ante Paraguay, que «La codicia brasileña para dominar desiertos hará inevitable la guerra más o menos tarde, y el Paraguay tendrá que aceptarla». Los conflictos entre el Paraguay y el Brasil en torno a esas cuestiones eran de larga data y precedieron a Francisco Solano López. No los creó él. A su muerte, don Carlos A. López no había solucionado ninguno de estos graves conflictos, que empeoraron con el correr del tiempo, estallando en sus manos.

La segunda causa que llevó al Imperio del Brasil a la guerra fue su necesidad de expansión territorial a expensas de sus vecinos, como solución alternativa ante la negativa de su clase dominante a abandonar su sistema anacrónico de producción agrícola, en especial de caña de azúcar y de café, basado en el trabajo esclavo. La tercera fue la pretensión, muy propia de la política de don Pedro II, de alejar peligros e imponer su dominio en el Río de la Plata, para lo cual el Paraguay era un estorbo, pues, aunque pequeño, era grande cuando se aliaba con las fuerzas políticas y sociales de la región. El imperio del Brasil no encontraba otra solución que la desaparición, para siempre, del gobierno lopizta y del modelo de Estado soberano y potente en el que se basaba.

COMIENZAN A TEJERSE LAS ALIANZAS PARA LA GUERRA

El general Bartolomé Mitre envía a su emisario, José Mármol, a Río de Janeiro, se reúne con el emperador Pedro II el 14 de abril de 1864 y, varias veces, con el ministro de relaciones exteriores brasileño, João Pedro Dias Vieira. Llegan informaciones al gobierno paraguayo de que las verdaderas tratativas eran sobre una alianza argentina y brasileña para una política conjunta en el Río de la Plata y suprimir el papel del Paraguay en dicha región. López escribió al agente paraguayo en Buenos Aires: «El carácter y verdadera misión del Señor Saraiva en el Río de la Plata es poco pacífica. Según corren las cosas, hemos de tardar en ver la conjunta intervención armada del Brasil y de la República Argentina en los negocios intestinos de la Oriental. Se dice que esa misma liga ha de llegar hasta aquí... apoyando las pretensiones por la fuerza».

El 6 de junio de 1864, el ministro José Berges escribe a Cándido Bareiro, representante paraguayo ante Francia e Inglaterra: «Esta combinación entre Argentina y el Imperio del Brasil es atentatoria a la independencia de nuestro país. Al menos no tenemos dudas de que piensan atentar contra nuestra integridad territorial». Berges, dando como «inevitable el caso de recurrir a la guerra, después de haber agotado todos los recursos de la diplomacia», dio instrucciones a Bareiro para que hiciera gestiones y recogiera informaciones en Europa a fin de que «el gobierno paraguayo no apareciera en Europa desempeñando el rol de una quijotada política o de un injusto invasor».

EL PRIMER ESLABÓN DE LA GUERRA: EL TRATADO SECRETO

Del 16 al 18 de junio de 1864, en el cuartel general de Venancio Flores, en Puntas del Rosario, Uruguay, se realiza una reunión para firmar un protocolo de bases para la pacificación del Uruguay, pero también, al margen de dichos asuntos, se reúnen Rufino de Ellizalde, ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, José Antonio Saraiva, emisario del Imperio en el Río de la Plata, y Venancio Flores, caudillo oriental, y pactan la conformación de una triple alianza para llevar la guerra al Paraguay. Para conseguir que el gobierno del Uruguay entrara en este acuerdo, resolvieron derrocar al gobierno blanco de Atanasio Aguirre y poner en su reemplazo al General Venancio Flores.

Esto lo confirmó el propio José Antonio Saraiva cuando reveló, muchos años después, en 1884: «…Dichas alianzas se realizaron el día en que el Ministro Brasileño y el Argentino conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario y no en el día en que Octaviano y yo, como Ministro de Estado, firmamos el Pacto». Con «el Pacto», Saraiva se refiere al Tratado Secreto.

Este pacto de la triple alianza fue acordado nueve meses antes de la declaración de guerra por el Congreso Paraguayo a la República Argentina, cinco antes de la captura del buque «Marqués de Olinda» y diez antes de que el ejército paraguayo ocupara el territorio de Corrientes, lo que demuestra que la decisión de la guerra contra el Paraguay fue muy anterior a aquellos hechos. La conjura se desarrollaba mediante alianzas que López veía, impotente.

EL SEGUNDO ESLABÓN: LA TOMA DEL GOBIERNO DEL URUGUAY

El gobierno uruguayo pide una ayuda urgente al Paraguay ante el ultimátum del Brasil, que amenaza con una intervención militar. El ministro oriental responde con admirable dignidad al ultimátum imperial en una nota el 9 de agosto de 1864: «No son aceptables los términos que se ha permitido Vuestra Excelencia al dirigirse al gobierno de la República, ni es aceptable la conminación (…) Por esto es que he recibido la orden de su Excelencia el Presidente de la República de devolver a V. E. por inaceptable la nota ultimátum que ha dirigido al gobierno. Ella no puede permanecer en los archivos orientales».

El Imperio del Brasil invade militarmente el territorio de la banda oriental, lo bombardea y lo sitia por agua y tierra, sin previa declaración de guerra. El 15 de febrero de 1865, sitiada Montevideo por las fuerzas del Imperio del Brasil, Atanasio Aguirre, presidente de la República, entrega el mandato a Tomás Villalba, presidente del Senado, quien horas más tarde entrega el gobierno a los invasores, que a su vez se lo dan a Venancio flores. La Triple Alianza se completa con otro elemento, el apoyo de la banca y el comercio de Inglaterra. Ya está lista la alianza, y su primera acción, la imposición de Flores en el gobierno, es un éxito. Ahora solo resta buscar los motivos, esperar a que ocurran o, si no existiesen, inventarlos, para que la alianza secreta caiga sobre el Paraguay.

EL ÚLTIMO ESLABÓN: LA CREACIÓN DE LOS MOTIVOS Y LA OFICIALIZACIÓN DE LA GUERRA

El 1° de mayo de 1865, al caer la tarde, en la casa particular de Bartolomé Mitre se firma el pacto acordado en Puntas del Rosario, denominándolo Tratado Secreto de la Triple Alianza. El Tratado establece que «la guerra no es contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno». En realidad, con lo que los aliados querían acabar era con el gobierno independiente y soberano del Paraguay, fuese quien fuese el hombre que lo desempeñase, y no solo con el de su entonces presidente, Francisco Solano López.

FIN DE UNA ETAPA Y COMIENZO DE OTRA

El 1° de marzo de 1870 mueren en el campo de batalla el presidente y el vicepresidente del Paraguay al frente de su «ejército» de doscientos hombres hambrientos y en su mayoría armados solo con sable y lanza. Después del exterminio del setenta y cinco por ciento de la población, vendría la destrucción de las bases productivas y el saqueo físico y financiero, civilizador e inacabable.

La consecuencia de la guerra sería la destrucción de un proceso de desarrollo industrial y capitalista autónomo y su reemplazo por la súbita asimilación del Paraguay al capital financiero europeo en calidad de país dependiente. La pequeñez del mercado interno, obstáculo para el desarrollo capitalista, podía ser superada con la ampliación del comercio exterior y del mercado en una confederación de países, programa que se planteaba en el siglo XIX en la región.

CONCLUSIÓN

La Guerra de la Triple Alianza no fue una respuesta a la beligerancia de López, sino un hecho anterior, pacientemente planificado, del que el Paraguay era víctima. Las necesidades de la política interior de la oligarquía porteña y las necesidades de expansión territorial y el temor al desmembramiento territorial del Brasil, con la complicidad y el apoyo de la banca y el comercio de Inglaterra, se aliaron para arrasar la independencia, la tierra y la población del Paraguay, poniendo fin al primer y único intento de evolución independiente hacia el capitalismo industrial que América Latina ha conocido hasta hoy.

Ilustraciones: "La paraguaya"(1879), pintura de Juan Manuel Blanes y fotografía de un grupo de ex combatientes paraguayos de la Guerra contra la Triple Alianza.