viernes, 20 de mayo de 2016

¡El día antes, en recuerdo del gran poeta Elvio Romero...!

Elvio Romero, en los inicios de los 100 años de su Nacimiento

El poeta que se desprende como palabra
y la cigarra que se desnuda para cantar
                                                                                           
"El hombre, al nacer, será una palabra 

 que se pone de pie y se yergue hasta
lograr su estatura plenamente humana.
Bartomeu Meliá(Filosofía guaraní)



     Con el poeta Elvio Romero se cumple a plenitud la creencia de sus ancestros guaraníes, que sostienen que la voz o la palabra es el fundamento mismo del ser y del alma, que el cuerpo es apenas un soporte o instrumento transitorio para perfeccionar el ser, es decir, para pulir la palabra que es el verdadero sinónimo de la vida y del ser, en el cambiante transcurrir y devenir de la existencia. El hombre, según  estos "profetas de la selva", llegado el momento de madurez desprende su palabra del cascarón, "ojehekýi" en guaraní, como se desprende un fruto maduro del árbol, o como la cigarra que necesita deshacerse del ropaje para liberar su ser que es su canto. 
    De la misma forma,  el poeta Elvio Romero quebró su instrumento una vez prorrumpido el canto, usó de trampolín su cuerpo para elevar la voz, sembrar su palabra, cosechar su poesía, establecer su escritura y estampar su alma contra los embates del tiempo.  El mismo poeta se definió a sí mismo como palabra hecho poesías y libros, anticipando que trascenderá a su encarnadura y brillará siempre por su presencia activa, a través de su palabra-alma compañera: “He pretendido que mis libros respirasen como los hombres; que contuviesen el aliento de nuestra naturaleza encendida por su vasto espacio verde y por el verano; por eso los poblé de personajes y de árboles que cantan y de gente cuyo oficio era sentarse en mitad de la luz del mediodía o del fulgor de la luna, de guitarreros demorados bajo las ventanas para entonar sus endechas; quise que esos libros invitasen a los viajeros a detenerse y a contemplar la magia de nuestra región escarlata, y los he imaginado saliendo a las calles y andando con esos vecinos en cuyos hombros descansan las golondrinas después de un largo vuelo. Resumiendo: quise que mi libro oliese a huerta con azahares en flor,  a valle perdido entre las colinas, a bosque o a persona trashumante, y que sus páginas tuvieran un color de banderas sobre los techos solitarios de los pueblos. Al fin y al cabo, yo había salido del silencio de esos pueblos y no podía vivir sino con la costumbre de llevarlos conmigo”.

I

El genial poeta,
un común entre los hombres

"Hijo distante, me pregunto a veces
por qué te escribo este cantar, si dejas
un áspero dolor en mis recuerdos,
Padre inquietante.
(...), canto
el gesto libre que te hará dichoso;
te imagino también con poncho de alba,
padre purpúreo, Paraguay profundo,
Padre de fuego."
Elvio Romero

    Uno de los mejores ensayos sobre la obra de Elvio lo escribió el poeta y ensayista argentino Ricardo Rubio, “Elvio Romero, la fuerza de la realidad” y "Elvio Romero-De la tierra intensa", junto a los memorables escritos reivindicativos de Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, Gabriela Mistral, Carlos Villagra Marsal, Armando Almada Roche y José Vicente Peiró Barco, por citar a los principales referentes sobre la enjundiosa producción  poética de nuestro vate nacido en Yegros, Departamento de Caazapá, Paraguay. 
   Para matizar un poco la presentación de su obra en Buenos Aires, le escuché decir a Rubio en la ocasión una anécdota que retrata de cuerpo y alma al mayor poeta paraguayo: “Tenía el firme propósito de escribir sobre la portentosa obra y figura gigantesca de Elvio Romero. Después de saberme casi de memoria toda la obra, le comencé a seguir los pasos y asistía a todas las actividades donde se anunciaba su presencia. 
   Hasta que llegué al contacto personal y le saqué un encuentro. De verle junto a Rafael Alberti, Lima Quintana, Tejada Gómez,  Horacio Salas, Alfredo Carlino y otros renombrados poetas, un día me cita en un bar en donde iba tener un encuentro con muchas  personalidades,  según entendí yo y fui llegando al citado lugar del barrio de Once. Al momento me presentó a la ronda de amigos como un escritor y no sé cuántos adjetivos favorables a mi modesta condición de poeta y pretendido ensayista. Asentí gustoso y emocionado por tan fervorosa  presentación. Seguidamente, sin cambiar de tono ni ceremonia, me presentó a los otros invitados. Rubén Larramendia, un gran pintor de brocha gorda y compañero solidario. Pedro Villalba, excelente plomero y amigo de las letras. Luis Riveros, lustrador de muebles y militante popular. Gilberto Ramírez, zapatero y tallador de poemas. Todos ellos amigos, compatriotas, luchadores y compartimos la causa sagrada de nuestro pueblo, dijo el mayor poeta paraguayo con naturalidad y sin vueltas. 
   Así fue y es el Elvio Romero que yo investigué y conocí, un grande a la hora de crear y un hombre sencillo y común a la hora sentir; un dignísimo vocero del Paraguay entrañable de la historia latinoamericana, del Paraguay profundo de las luchas legendarias contra la Triple Alianza como en la Guerra del Chaco y revoluciones interminables, y del Paraguay glorioso de sus héroes como Rodríguez de Francia y el mariscal Francisco Solano López, y de artistas creadores como Agustín “Mangoré Barrios, José Asunción Flores, Augusto Roa Bastos y por qué no, el propio Elvio Romero.” 
II

El poeta de los innombrables


    Sin duda alguna, en vida Elvio este homenaje jamás hubiera permitido, no por descortés ni falsa modestia sino por principios éticos y la convicción invariable de sentirse y ser sólo parte y no el todo de su pueblo. En toda su obra puede observarse que hasta el “yo poético”  que utilizaba era de tal pluralidad y desprendimiento que abarcaba más al otro, al próximo, antes que a su propio ser.
   Nunca le gustaron los elogios grandilocuentes ni las disquisiciones caprichosas de los críticos literarios cuando estaba presente. En eso podemos coincidir todos, es como se debe hacer y obrar con un verdadero amigo, criticarlo de frente y en su propia presencia con el mayor sentido reparador y edificante, y mucho menos mezquinar a la hora de elogiarlo ya sea a sus espaldas o ausencia con la generosidad más saludable y convincente.
     Sin embargo, Elvio no pudo escapar a la elocuencia y reconocimiento de los grandes poetas y escritores de su tiempo, que dejaron valiosos testimonios de gran admiración por su descomunal obra poética. Sólo por citar a algunos más memorables, como Miguel Ángel Asturias que definió como “poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida”. El gran Pablo Neruda no dudó en decir: “poesía llena de fuerza y follaje”. La misma Gabriela Mistral le escribió en una carta: “pocas veces, Elvio Romero, muy pocas, he sentido la tierra como acostada sobre un libro”. Rafael Alberti que tituló premonitoriamente una poesía incomparable “Elvio Romero. Poeta paraguayo”, para que no haya duda de que era un título ganado desde el vamos y que lo llevó hasta el final con gran talento y dignidad. Asimismo, Nicolás Guillén le dedicó un sentido poema en el que le nombraba como “Elvio Romero, mi hermano”. La no menos grande Josefina Plá que captó su poesía donde se puede “escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad”.
   Y así podríamos enumerar muchos más testimonios y elogios de grandes personalidades sobre la figura y obra de Elvio Romero, a quien esta noche, entre todos, familiares, amigos y compañeros, en este “puñado de tierra” de la patria, valga la expresión de su admirado maestro Hérib Campos Cervera, enclavada en esta Buenos Aires que acogió y cristalizó tantos sueños de los más grandes artistas del Paraguay, y la esperanza de mejor vida de millones de paraguayos dispersados por la Argentina y el mundo llevando  más de un siglo de migración constante.
    Y nada más acertado que homenajear a Elvio en esta Embajada del Paraguay en Buenos Aires, donde cumplió acabadamente su trabajo y misión cultural. El hombre y el trabajo, por un lado. El poeta y su obra, por el otro. Pero juntos conforman la emblema de un Paraguay que cae y se levanta con el sueño y la lucha de su pueblo. La figura de Elvio Romero sigue orgullosa como bandera y guía de los luchadores por la libertad y los humildes de nuestro pueblo. Estrella y horizonte su obra para los artistas y pensadores. Sus imágenes y metáforas aún alumbran las raíces de nuestro dolor  y dispara amaneceres en el Paraguay profundo.
    Para concluir, la poesía de Elvio Romero hablará siempre de todos nosotros, como paraguayos, latinoamericanos y hombres y mujeres universales, porque representa la voz más honda que ha podido sondear un poeta. Para señalizar el dolor del pasado y ejemplos de tantos heroísmos. Para cantar las victorias y honrar las batallas perdidas. Para obligarnos a diario a responder a las preguntas y consejos que nos dejó Elvio en uno de sus poemas más conmovedor, lleno de vitalidad y optimismo, escrito seguramente en uno de esos momentos mas aciagos de su vida y la de su glorioso pueblo innombrado e innombrable:

 “y por qué no buscar siempre
lo que es parada en un camino,
lo que hay de otoño en un verano,
lo que hay de ardiente en lo más frío,
lo que es sonrojo en unos labios,
lo que es recuerdo en un olvido,
lo que es pregunta en una respuesta,
lo que es jadeo en un suspiro,
lo que es vital de esa alegría,
de esa tristeza en que vivimos.*

*Palabras pronunciadas por GRS en el Homenaje por el 82º Aniversario de su nacimiento en Buenos Aires, diciembre de 2008.

III

El día antes

"Casi recién nacida,
lumbre madura y fuerte,
sabes más de la muerte
quizás que de la vida. 
Y tu nombre aromado
huele más que romero,
a pólvora, a reguero
de cuerpo ensangrentado.
Rafael Alberti(1948)

Hacía varias semanas que el querido Elvio permanecía internado en el Hospital Francés de Buenos Aires, después de superar algunos trances que nos hicieron pensar lo peor, estaba en víspera de recibir su alta médica pero insistía, a través de su musa y esposa Élida, para que fuera a verlo antes de salir de su internación. Yo hubiera querido visitarlo directamente el día siguiente en su casa, para retomar algunas charlas y debates sobre la encrucijada de la poesía actual, las etapas de maduración de las condiciones objetivas y subjetivas de nuestro pueblo en pos de su liberación, algunas noticias y hechos internacionales del momento, anécdotas varias y su pregunta infaltable sobre algunos amigos comunes que últimamente se habían dejado de remitirse.
   Pero el reiterado pedido de Élida me hizo cambiar de parecer y acepté visitarlo un día antes de retirarse del hospital, me recibió eufórico como un chico que hacía rato esperaba a su cómplice de juego y me invitó a observar un programa de televisión en su sala de internado, que mostraba a Fidel Castro en momento de recibir al niño Iván que devolvía Estados Unidos a Cuba, después de una larga controversia diplomática entre los dos países. Me dijo “qué formidable este Fidel, otra batalla más ganada al  imperialismo; y sabés por qué nunca pierde ninguna batalla, porque todas sus batallas son de causa noble y a la larga eso se impone siempre sobre la soberbia y la manipulación de los opresores, en especial de los yanquis.”
    Parecía que saboreaba en silencio pero sonriente el triunfo diplomático de Cuba, sin dejar de mirarme y buscando mi aprobación que bien sabía de antemano que compartíamos el feliz desenlace a favor del niño para recuperar su familia y su patria. Pero luego saltó del tema y me llevó hacia Caazapá, departamento del Paraguay, al cual pertenecen nuestros entrañables pueblos Yegros y Abaí,  según Elvio también junto al Guairá, una de las cunas  auténticas de los mitos y leyendas de los guaraníes como de los “casos” populares paraguayos. “Siempre me interrogué, me dijo, cómo salí poeta de ahí, de ese medio tan extraño a la cultura y los libros, pero sin embargo, muy cercana a las fábulas de la creación misma, quizás allí radique la clave de nuestro destino. Ahora te sumo a vos para interrogarte también, que provenís de un pueblo más fabuloso aún, hasta hace poco no figuraba en ningún mapa del Paraguay  y lo conocíamos sólo por tu referencia y relatos literarios. ¿O debemos  elegir la disyuntiva de Neruda que hablaba de sí como que fue poeta por bendición o maldición?”
    Con su inquietante teoría me dejó pedaleando en el aire y arriesgué la idea de que todo se debía al destino, “el destino irremediable” como escribiera Emiliano R. Fernández en uno de sus canciones más populares, y que así escribí yo también en un soneto, ser poeta era un asunto del destino. Pero antes de terminar de pronunciar mi supuesta aseveración, me acordé de su obra biográfica sobre Miguel Hernández, cuyo título era “Destino y poesía”,  que me dio pie para responder a su interrogante con sus propias palabras y celebró mi respuesta. “Es cierto, me dijo muy complacido de hallar en su propia expresión una respuesta posible, no había pensado en eso, quizás al definir el destino del poeta y ‘pastor de Orihuela’ definía también mi propio destino y de laguna manera, de todos los poetas. ¿Te acordás de memoria el soneto que escribiste, me gustaría escuchar, che?” 

DESTINO

Sólo quiero escribir cuando amo
pero cuando amo dejo de escribir,
por suerte cuento yo con las dos manos
que al tiempo de amar puedo sentir.

Sólo quiero vivir enamorado
pero me enamoro y dejo de vivir,
y gracias que el amor equivocado
en vez de matarme me da que decir.

Sólo quisiera escribir y amar
y, como si eso fuera posible,
poder vivir un día sin respirar.

Sólo entonces quisiera yo morir,
cruzar esta vida amando sin parar
y escribiendo poemas hasta dormir.

    “Está bien eso, che, exacto retrata el existir del poeta y plasma el sentir del poema”, comentó algo más relajado y me di cuenta de que no habíamos ni mencionado su enfermedad y que nos olvidamos también por un rato que estábamos en el hospital. Nos mirábamos atentos pero sin hablar, parecía que escuchábamos el eco de los versos declamados que revoloteaban por la habitación como pájaros enjaulados. Sin embargo, quedamos aliviados luego de compartir el hallazgo poético como un verdadero ¡eureka! para tan inquietante pregunta, pero al final todo quedaba entre nosotros, como tantos otros episodios que comentábamos para matar los ratos y así tallar sobre nuestra dura realidad que a menudo nos sacudía de los ideales y ensueños.
    Sin percatarnos del horario de visita, el servicio del hospital le trae al poeta la cena, me informó la enfermera que el tiempo había concluido y debía retirarme, pero Elvio notó mi incomodidad y trató de consolarme, me dijo sobre la marcha que “mañana me van a dar de alta y te espero por casa, así seguimos con nuestro coloquio”.  Yo salí dichoso de haber compartido con él una de las mejores partidas poéticas a solas, para más dicha, gracias a su insistente pedido a través de Élida. Pero luego nadie, mucho menos él que estaba lleno de inspiraciones y proyectos, iba suponer que aquél mismo día de su alta médica, pasaría a mejor vida como se acostumbra decir, quedando pendiente nuestro encuentro habitual y sólo interrumpido nuestro coloquio por ahora, por fuerza mayor que el afecto y compañerismo se encargarán de subsanar.

Buenos Aires, junio 2004.

IV

Elvio Romero brilla por su poesía 


    Era el último día de la 37ª Feria del Libro de Buenos Aires,la cita fue en la Sala Adolfo Bioy Casares, el 9 de mayo al final de la jornada, se presentaba el excelente libro del compositor y escritor Enrique Llopis, Cielito del Paraguay, un perfil de Elvio Romero, publicado en Coedición por las editoriales De Aquí a la Vuelta y CCC(Centro Cultural de la Cooperación),una de las valiosas obras recientemente editada sobre uno de los mayores poetas del Paraguay.

     Asistimos los amigos, familiares y admiradores de Elvio, con el mismo entusiasmo y placer que nos producía una invitación del poeta a sus encuentros poéticos o a su casa. Llovieron los recuerdos y emociones entre los presentes, el espíritu de Elvio reinaba en la sala, con sus figuras poéticas entrañables del Paraguay profundo de que tanto nos habla en su inmensa obra, tan profundo que horada el universo para envolver a la humanidad con sus sueños de libertad y amor que no claudicó nunca por los pobres que claman su redención, sus innombrables pobres de la tierra.
     El acto se abrió con las palabras amenas y oportunas del editor Jorge Testero, valorando el aporte de Elvio Romero no sólo a la poesía paraguaya sino a las letras hispanoamericanas y como tal anunció también la próxima presentación de su 
Poesía Completa en Buenos Aires, también publicada en Coedición por las editoriales De Aquí a la Vuelta y CCC, cuyos voluminosos ejemplares estaban exhibidos junto al libro de Enrique Llopis. Referido a la obra Cielito del Paraguay dijo que es un trabajo literario de LLopis muy loable, por ser un testimonio directo de alguien que compartió con el poeta sus mejores momentos de creación, también sus lacerantes palpitaciones de hombre militante por los ideales políticos de su tiempo.
      Acto seguido, tomó la palabra Ariel Romero, hijo de Elvio y Elida quien asistía también junto a su hija Zulma, para agradecer por el permanente homenaje que recibe su padre por las personas que siempre valoraron y valoran su legado poético, especialmente Enrique Llopis y otros compañeros que bregan por su memoria. Asimismo, resaltò el esfuerzo de la editorial y la apuesta poética que hace por la obra de su padre que ha vivido y desvivido por sostener con dignidad su poesía como una antorcha de esperanza para las generaciones venideras.
     Coincidimos con el editor y Ariel Romero, sobre el inmejorable aporte literario de Enrique LLopis, trayéndonos un conceptuoso ensayo sobre nuestro admirado poeta Elvio Romero, presentando sucinta y maravillosamente el contexto histórico en que se desarrolló el Paraguay y su cultura, el itinerario de lucha del pueblo paraguayo y del propio poeta que nunca fue ajeno al dolor de su tierra y menos de sus quemantes sueños de libertad. El libro 
Cielito del Paraguay, un perfil de Elvio Romero, nos trae, además de la reseña històrica y semblanza biogràfica brillante, un disco conteniendo las mejores canciones compuestas y editadas por Enrique LLopis sobre los versos màs memorables del poeta.
    Con un reflejo admirable, Enrique Llopis invitò a leer unos poemas a la   periodista Judith Vera, actual directora de Radio Nacional del Paraguay, amiga entrañable y promotora incansable de la obra de Elvio Romero, salpicando al acto con agua bendita de los sueños del poeta, recitando el poema 
Los innombrables "verso a verso" como un manifiesto poético y "golpe a golpe" como un martillo a la conciencia que aún tolera la realidad de los pobres, realidad contra la que tanto el poeta ha tallado.
   Cuando parecía que el acto había llegado a su nivel máximo de exaltación de la figura de Elvio Romero y los recuerdos ya nos habían soltado en el tobogán de las emociones, alguien acercó un grabador con la voz del poeta en punta, una forma ya recurrente que encuentra Elvio para estar presente siempre, a través de sus confabulaciones e innumerables duendes de la poesía: 
"No siempre el poeta debe sostener los puños cerrados y en alto, a veces debe bajar y abrir esos puños, para que esas manos recuperen su oficio de sembrar, tomar una guitarra, ofrecerce en un apretón de manos o acariciar el cuerpo de una mujer...La poesía sin amor es fallida o no existe. La poesía si no rescata al hombre de su condición opresiva por naturaleza y causas históricas resulta estéril o se vuelve un mero suspiro en medio del torbellino de la realidad. Ya lo dijo aquel gigante de la poesía, Walt Whitman, el que camina una sola legua sin amor camina amortajado hacia su propio funeral. Y el que toca esta obra, no toca el libro, toca al hombre."


Buenos Aires, 15 de mayo de 2011.
    
VI


Vía crucis del poeta

Recorrer las páginas de los libros de Elvio Romero es como desandar su doloroso y combativo itinerario, donde los libros resultan como estaciones de su tren de vida. En toda su obra resalta la rebeldía y el sueño de libertad, conmovido por tan honda inspiración que hallé en sus libros, le agradecí con un poema(Novio de la libertad). Pero el propio Elvio se encargó de desentrañar los elementos que nutrieron su portentoso aporte a la poesía paraguaya, latinoamericana y universal: “Durante el largo exilio que padecí, mis compatriotas, mis amigos, y algunos desconocidos también, se acercaron a mi casa de exiliado, trayendo la fragancia de las cosas lejanas, reconfortando mi retiro. Compartí la lucha de mi pueblo por su libertad, viví atento a la formidable gesta protagonizada por los miles de combatientes que, cautelosa y valerosamente, prepararon el porvenir de la patria, y mi canto se fue conformando así, entre exaltaciones vibrantes y melancolías, de esas luces y sombras que, alternativamente, estremecen el alma. No se ya si pronto, o tarde, comprendí que debía recoger en mi poesía todos los estados de ánimo que brotaron de esas tristezas fugaces y de una impresionante e impertinente rebeldía. Entonces abrí todas mis ventanas para que entrasen los vientos del mundo, y así pude juntar las desvaídas hojas del decaimiento con la ardiente ramazón de un fuego combativo. Todos mis sentimientos, todos, se mezclaron, como en la galera de un prestidigitador los papelitos de colores y desde donde salió volando una paloma de oro al calor de mis pasiones y mis imaginerías”.

novio de la libertad*

                 qué días roturados los tuyos
                  mientras esperas que despierten las fogatas
                  mientras soportas los resoles áridos
                  mientras sufres el relámpago herido
                  que sangra lágrimas puebleras

                  qué destino y poesía el tuyo
                  igual que tu hermano mayor
                  sí miguel el del barro
                  y qué guitarra dura la que desgranas
                  y ejecutas para y por los innombrables

                  qué terca tu esperanza,
                  no dejó apagar el viejo fuego de amor y libertad
                  que hará sucumbir tu largo destierro y atardecer
                  y pronto penetrará el sol bajo las raíces
                  y alumbrará el camino al pynandí
                  e incendiará de liberación las entrañas de latinoamérica

                  qué valles imaginarios los nuestros
                  y qué reales sin embargo
                  tus fabulaciones que explican lo increíble
                  que ocurre y transcurre en la cotidianidad
                  y tus versos de caminante que guían al pueblo
                  ante encrucijadas y callejones sin salida
                  pero  qué acertadamente también ¡poeta
                  alguien te llamó novio de la libertad!       
   (a elvio romero)

*Poema publicado en “Golpe de poesía”(1986) de G.R.S.



VII

El poeta debe cantar

Cuando tomé conciencia de que no tendría más a tiro a Elvio para dispararle las dudas del oficio, busque entre todas sus recomendaciones a los aspirantes de las bellas letras, como una tabla de salvación para todo el naufragio que nos espera de por vida con su partida. En aquellos primeros días de su ausencia, recordaba sus palabras más brillantes que nos servirán de faro en lontananza de la poesía, al tiempo de homenajearlo y agradecerle por ofrendar y colocar siempre su flecha en el arco certero de su pueblo.

el poeta que olvida de cantar…*

decía el maestro
sin pretender enseñar
                                     el poeta que olvida de cantar
                                     olvida su razón de ser y allá va…
                                     como el pájaro que olvida de volar
                                     al pájaro hace el vuelo y el cantar
                                     como el río que olvida su destino de mar
                                     entre diques y represas no llegará jamás
                                     el poeta que olvida de cantar
                                     es cigarra sin verano que celebrar
  
decía el maestro
sin pretender enseñar
                                     el poeta que olvida de cantar
                                     olvida su razón de ser y allá va…
                                     al caminante que olvida su destino
                                     el horizonte no le señala el camino
                                     aquel que tiene fuego de la poesía 
                                     vivirá con la brasa encendida
                                      las palabras de Darío repetía una a una
                                      el que lleva fuego soporte la quemadura                        
                           
decía el maestro
sin pretender enseñar
                                     el poeta que olvida de cantar
                                     olvida su razón de ser y allá va…
                                 
                                      podrá escribir versos o simples palabras
                                      pero la poesía es reina y nunca esclava
                                       el poeta es un hombre cualquiera
                                       suscribía con tuñón la misma idea
                                        pero cualquier hombre no es poeta  
                                        surge la poesía como del arco la flecha 
sin pretender enseñar
el maestro decía tal cual
                                     
                                       el poeta que olvida de cantar
                                       olvida su razón de ser y allá va…
                                       el cuchillo que mejor brilla
                                       es aquel que ama su vaina
                                       la poesía es al idioma nuestro
                                       lo que es el relámpago al trueno 

                                       el poeta que olvida de cantar
                                       es vida que anda sin respirar  
               
                                                                   (en memoria de elvio romero)
“él quería que todo en el esfuerzo de los hombres cantara”

*Poema extraído del libro “Paraguay canta, Paraguay sueña” (2008) de G.R.S.

VIII

Testamento poético


Pero no cabe duda, el testamento poético de Elvio Romero se resume en forma insuperable en su poema “De caminante”, donde lega todas las llamaradas de su pasión y sus pactos de sangre que profesó en toda su vida con “los innombrables”, que en estos versos los nombra a cada uno y con mayúscula. 

               De caminante

Heme aquí, con los de mi camino:
el Justo, el Pobre, el Perseguido
y el Rebelde. De parte alguna vino
mi voz, sino de ellos. Fui con ellos
a elegir mi posada, el desprendido
corazón. El pan, el vino
me fueron ofrecidos. Los destellos
de su ser me encendieron; ahora nada
tengo más que de un mundo compartido,
el compartido amor y la mirada.

Se me fue dado este cantar por ellos.

Heme aquí, derramado en mi camino.(Elvio Romero)

Gilberto Ramírez Santacruz

Mayo de 2014.




jueves, 5 de mayo de 2016

Descalzo sobre el asfalto


descalzo sobre el asfalto


«y junto al claroscuro
del amanecer descalzo
va mi corazón»

santiago dimas aranda



     soy apenas una hierba
      huérfana y solitaria
brotada en una grieta
      herida por el sol
en el cemento impiadoso
      en el edificio descascarado
de la ciudad que habito


soy apenas un yuyo
      empedernido y fiel
brotado en el revoque carcomido
      del rascacielo absurdo
de la ciudad que sufro


soy apenas un arbusto
      amarillento y tosco
prendido en las alturas
      succionando los ladrillos
de un muro arrasado
      por la humedad incontenible
de la ciudad que sobrevivo


soy apenas un descalzo
      peregrino de la urbe
viviendo sobre el asfalto
      oscuro y caliente
de la ruta interminable
      que prohíbe detenerse
en el destino que nos toca



soy apenas una hierba
      soy apenas un yuyo
soy apenas un arbusto
      soy apenas un descalzo
entre el muro y la pared

      o en el cemento y el revoque
volcados en la ciudad
      y sobre el asfalto caliente


gilberto ramírez santacruz

miércoles, 20 de abril de 2016

El escritor Sebastián Ocampos en Buenos Aires

DIAIRO ULTIMAHORA, ARTE Y ESPECTÁCULOS
lunes 18 de abril de 2016, 20:46

Escritor paraguayo presentará libro en Buenos Aires

El escritor paraguayo Sebastian Ocampos presentará su libro de cuentos "Espontaneidad" en el Club Atlético Deportivo Paraguayo y firmará ejemplares en la Feria Internacional del Libro de la capital argentina.

El escritor Sebastián Ocampos en un acto del Centro Cultural Juan de Salazar

La presentación del libro de cuentos Espontaneidad se realizará el jueves 21 de abril a las 19.00, en la sede social del Club Atlético Deportivo Paraguayo, sito en Piedras 1676, Capital Federal.

El escritor Gilberto Ramírez Santacruz se referirá a la ópera prima de Ocampos, con quien intercambiará pareceres sobre la literatura paraguaya en general. La actividad es organizada por la Secretaría de Cultura del Club.

Un par de días después, el sábado 23 de abril de 16.00 a 18.00, Ocampos firmará ejemplares de su libro en el stand NuevoBarrio, ubicado en el Pabellón Amarillo de la 42a.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, considerada una de las mayores actividades culturales de la región.

Sobre el autor

Sebastián Ocampos nació en 1984 en Asunción. Es escritor, editor y corrector de textos. Dirige la Editorial Y (responsable de la RevistaY.com) y el Taller de Escritura Semiomnisciente (TES), ambos desde 2013. 

Varios de sus cuentos han sido premiados en concursos paraguayos, traducidos al portugués e inglés y publicados en periódicos, revistas y antologías nacionales e internacionales.

Con el libro Espontaneidad recibió una mención en el Premio Academia Paraguaya de la Lengua Española 2015. También ha sido jurado de concursos de cuentos locales y regionales, entre ellos el Premio Itaú 2015, e invitado de mercados culturales, foros y ferias del libro del Paraguay y la Argentina. 

En los siguientes enlaces pueden leerse algunos de sus cuentos: La caperucita roja,¡Maldito Nicanor Parra!, El premio literario y Confesión.
Un resumen de las reseñas del libro Espontaneidad, de Sebastian Ocampos. | Foto: Gentileza.
Un resumen de las reseñas del libro Espontaneidad, de Sebastian Ocampos. | Foto: Gentileza.

viernes, 25 de marzo de 2016

Un Dios caído

        Un Dios caído*

Cayó un Dios de su trono celestial
y al tocar tierra se hizo hombre

Venía a cumplir la más terrible profecía
nacer pobre y morir desamparado

Soportó los flagelos más humillantes
que ningún infeliz podría tolerar

Se tragó amarga la propia verdad
el verdugo higiénico se lavó las manos

el antiguo rito del sacrificio humano
volvió por última vez según los fariseos

a Moloch siempre le gustaron los niños
ahora le llaman a secas el cordero de Dios

Cristo hizo esta vez del chivo expiatorio
murió hombre y volvió a su trono como Dios

*Versos que pertenecen a libro "Poemas de hoy en día" de GRS.

sábado, 19 de marzo de 2016

El Arte de Perder según Matsuo Bashô

libros
PAGINA/12, DOMINGO, 13 DE MARZO DE 2016
MATSUO BASHÔ

EL ARTE DE PERDER

Fue el gran poeta nacional de Japón, maestro del haiku, peregrino y caminante. Matsuo Bashô, mezcla de linyera y monje, fue un personaje tan legendario como real del siglo XVII. Ahora se publican en un solo tomo sus Diarios de viaje, traducidos al castellano por el especialista en cultura nipona y zen Alberto Silva, y Masateru Ito. Es un libro que tiene ya varias traducciones, entre ellas la de Octavio Paz, y que más allá de su valor literario, abre las puertas de un mundo donde la captación del instante y la experiencia revelada rebalsan la comprensión racional o emotiva.
Por Mercedes Halfon

La lectura de un diario siempre guarda la promesa de encontrarse con un material que relevando lo cotidiano, descubra circunstancias desconocidas, azarosas y particulares en la vida íntima de alguien. En el caso de Matsuo Bashô, cuya obra tiene el signo de trasuntar la experiencia, de que la escritura sea una forma de detenerse en la vida, el diario, lejos de ser el descubrimiento de una dimensión ignorada, ilumina y profundiza en lo central de su órbita literaria. Bashô es el gran poeta de Japón, el maestro del haiku, el que pasó gran parte de su vida en los caminos, una mezcla de bohemio, linyera y monje, creando con sus escritos una imagen cultural y simbólica de Japón que perdura hasta nuestros días.
Parece difícil acercarse a este enclave espacial y temporal tan lejano. ¿Cómo era la cotidianidad en el campo y las ciudades de Japón a mediados del siglo XVII? La aparición en un tomo de los Diarios de viaje de Bashô es una estación fundamental en este acercamiento. Porque parece difícil y lo es. Octavio Paz, en su famosa y discutida traducción de Sendas de Oku, el más extenso de estos cuadernos de peregrinaje, aconsejaba leerlos con la mirada distraída, como quien mira una “sucesión de paisajes”.
Pero la lejanía no es solo cultural, sino también lingüística. En ese sentido se han sucedido las traducciones de Bashô, tanto de sus bellísimos haikus, como de sus célebres diarios, dejando la sensación de que nunca hay una versión que pueda considerarse definitiva. Son conocidas las traducciones al español del mencionado Paz y Eikichi Hayashiya –publicada por Fondo de Cultura Económica y considerada por algunos como de “excesiva impronta paciana”– la de Antonio Cabezas –editada por Hiperión–, a la que se suma ésta, elaborada por Alberto Silva y Masateru Ito. Sucesivas etapas de la siempre renovada fascinación por Japón y esa figura tan central en su cultura, que no hay templo, oficina pública o plaza, que no tenga alguna imagen que lo recuerde.

LENGUA HAIKU

Alberto Silva es un especialista en cultura nipona, director de Zen Buenos Aires donde se difunden saberes y prácticas. De él conocemos esa hermosa pieza de la poesía japonesa en español que es El libro del haiku. Para esta nueva tarea fue acompañado por el traductor nacido en Osaka Masateru Ito, quien fue además embajador en Latinoamérica. Silva nació en Buenos Aires pero migró mucho, vivió en Chile, España y durante casi quince años en Kioto. Él cuenta sobre su ingreso en todo este universo: “Hacia el 73 descubrí el haiku. Estaba en Chile y lo que me cayó en las manos fueron las traducciones de Torres Agüero de algunos poetas desde el francés y también algunas desde el inglés. Tuve la sensación de que el haiku en el original daba para más que lo que mostraban las traducciones e intenté algunas versiones mías. Después pasaron los años, vivimos con mi familia en Europa, más quince años en Japón. Profundicé mi aprendizaje de la lengua, la cultura y el zen. Antes de volver a Argentina definitivamente, en 2005 publiqué por Bajo la luna el volumen de haikus, que eran una segunda o tercera traducción de los mismos tercetos que había hecho a fines de los setenta”.
Silva viene pensando en la transmigración de esas formas tan livianas, naturales y espontáneas que a veces pareciera que cualquier intento de traducción al español vuelve solemnes, aplana o conduce a un lugar de mayor determinación que en el original. Por eso su llegada a la traducción de los Diarios de viaje de Bashô está guiada por la misma impronta seria y vitalista con que trabajó antes. En este caso se acompañó de un hablante natural de la “lengua de salida” para juntos llegar a las mejores versiones posibles. “Desaconsejo meterse en la traducción del japonés un extranjero solo. Y viceversa. Hace falta una amplitud de registros, sobre todo en una lengua como la de Bashô, que es híper cultivada, muy atenta a las posibilidades semánticas que da un kanji o carácter simbólico. La lengua es un ente vivo, tiene su elasticidad, sus limites, su legalidad, fronteras que muchas veces son menos rígidas de lo que pareciera. Una traducción es otro género que el diccionario bilingüe.”
El libro editado por Silva incluye la totalidad de los textos de viaje de Bashô: Diario de una calavera a la intemperie (1684), Viaje a Kashima (1687), Cuaderno en la mochila (1687), Viaje a Sarashina (1687), Senda hacia Oku (1689) y Diario de saga (1691). Todos cuidadosamente anotados, intentando reconstruir su contexto original de escritura. No solo histórica o geográficamente sino también de manera sensible: notas en referencia a la hermosura del paisaje que el poeta menciona, detalles sobre el tipo de luna que se alza sobre determinado monte, aclaraciones del estado de ánimo que podría estar haciendo alusión. Los textos de Bashô además, están plagados de referencias y chistes a poetas de la tradición japonesa y china. Cita mucho, pero cita estando de viaje y obviamente no lleva consigo su biblioteca. A veces la memoria le falla y hay que acudir a las notas para reponer y vislumbrar el brillo de la constelación poética que traza.

EN EL CAMINO

Obra: Diarios de viaje. Matsuo Bashô Fondo de Cultura Económica, 196 páginas.
Su nombre era Matsuo y lo cambió por Bashô –que significa banano– cuando era un reconocido maestro, inspirado por el árbol que estaba al lado de su casa y bajo cuya sombra seguramente, debe haber escrito, recibido amigos y discípulos. Había nacido en una familia campesina a mediados del siglo XVII, una Japón feudal donde la movilidad entre estamentos era impensable. Sirvió a una familia de samurais y se hizo amigo del menor de sus hijos, con quien aprendió y tomó contacto con el nuevo viento artístico que corría por entonces. La muerte prematura de su amigo y la falta total de perspectivas lo empujaron a abandonar su pueblo natal y lanzarse de lleno al mundo del haiku. En esa búsqueda de perfección que le llevó años, hasta hacerse conocido, eligió un camino de radicalidad, el de poeta itinerante. Demostró que el zen, más que una doctrina, era un modo de mirar. Viajero, despreocupado, caminante con lo puesto que encontraba en esa austeridad el silencio necesario para que la naturaleza se manifestara en sus gestos inesperados, los momentos preferidos del haiku: relampagueantes, llenos de gracia.
En ese peregrinaje Bashô escribió poemas y también diarios. El camino era la ocasión para entrenar su mirada. Como dicen Silva e Ito en el prólogo: observación exterior –los hitos de la tradición y la geografía japonesa– superpuesta con una observación interior. Sus textos transparentan una simpatía por todo lo viviente, una fraternidad en la impermanencia de hombres, animales y plantas. En esta suerte de igualdad universal, el poeta se funde con su entorno en la misma sencillez.
Hay que saber que los diarios son un género antiguo y popular en la cultura japonesa. Son ejemplos del haibun: texto en prosa que rodea, como si fueran islotes, un conjunto de haikus. En los de Bashô los poemas y las prosas se iluminan. Combinan reflexión, humor, melancolía, anécdota y contemplación. Es una mezcla de peregrinación religiosa, visita a lugares célebres y ejercicio poético. Como explica Silva: “En estos diarios hay un deseo de apropiación simbólica de Japón. El pasó sus últimos quince años en el camino, desde los cuarenta y cuatro hasta su muerte. Cuando empezó era un pichón muy brillante de poeta nacional. Y por lo visto no le alcanzaba. Era una persona conocida, que creó escuela, que refundó el haiku y vivía de manera holgada en Edo, la capital del país. Pero quiso irse al monte”.
Los textos están repletos de anécdotas en las que amigos lo buscan en el camino, lo alojan, le dan de comer y sake, o generosos tenderos fans le dan una cama a cambio de poemas. La austeridad de Bashô tenía por objetivo simplificar al máximo su vida para ir en busca de lo vivo, donde él encuentra la poesía. Silva aporta un vínculo interesante en la deriva que fue generando esta escritura: “Los diarios existen en Japón desde el siglo VIII y eran fundamentalmente una literatura femenina. Como las mujeres no estaban autorizadas a aprender el kanji, desarrollaron otro silabario paralelo que es el hiragana, en el que escribían diarios que los caballeros no podían leer. Textos como El libro de la almohada o Genji Monogatari dieron un poco la orientación de cómo era el temple de un diario. Crearon una dimensión donde la poesía y la prosa se entrelazaban. Todo me hace pensar que Bashô había leído historias de Genji o escuchado cuentos que se trasmitieron oralmente vinculados a ese registro. Los viajes de Bashô, podrían ser una excusa para escribir diarios”.

LO QUE ES UN INSTANTE

Hay entonces en esta escritura de la experiencia un lazo que la une con tiempos muy antiguos. La literatura oral está cerca, muchos de los haikus de Bashô fueron escritos al dictado por amigos con los que compartía un viaje, una noche, una celebración. Silva dice “Hay un carácter espontáneo, pero también una profunda reflexión sobre los sonidos, la música de las palabras, que puede llevar esa espontaneidad. La espontaneidad del arte es cultivada. Se llega a lo natural con mucho aprendizaje, se conquista lo natural. Y en eso Bashô es un ejemplo extraordinario ¿A qué se dedicó toda su vida? Pulir, pulir, pulir, escuchar, escuchar, escuchar. Predisponer la memoria y la imaginación a que cuando se produzcan ciertas circunstancias uno pueda soltar cierta cosa, quizás un haiku que se va a trasformar en central de su propia obra, pero que está encadenado a ese proceso de escucha y expresión que es propio de toda la poesía”.
Así como estas diarios tienen su fundación en géneros antiguos, al leerlos pareciera que vuelven a nacer en el presente. Hay algo en ese modo de uso de la lengua que parece muchísimo más cercano a nuestro oído que la poesía escrita en el mismo período, en español. Como si esa cercanía con lo oral en Bashô tomara nuevo significado e impulso hoy, cuando muchas de las escrituras vigentes parecen apoyarse en un registro inspirado en la oralidad. Para Silva esto estuvo preparado por el paso del tiempo y las escuelas poéticas que siguieron: “La lectura contemporánea de Bashô ha sido preparada por la poesía moderna occidental, como Ezra Pound o más cercanamente los beatniks. Me refiero a la forma compositiva y al espacio que propone: como si el material poético fuera de contextura nubosa y de lo que se tratara es de dejar aire entre medio de las palabras. La nube puede ser grande o pequeñita, pero se trata de que tenga una respiración importante. Otra poética que me hace acordar es Yves Bonnefoy, por su sentido del clímax de la poesía como abandono. Es una idea muy del haiku el abandono, hasta fónico”.
Pero la idea más fuerte de estos diarios de viaje, la que más resuena en el presente, es lo que Paz describía como “perderse en lo cotidiano para encontrar lo extraordinario”, el registro del instante. Como cierra Silva: “La idea de la experiencia es central. El flechazo de una palabra puesta en su lugar exacto. Parece que en nuestra sensibilidad está esa especie de veracidad de la palabra, fuera de toda ampulosidad, de toda segunda intención. Bashô no carga su escritura con su saber previo, por el contrario la despoja, la convierte en un momento del tiempo. Es muy difícil poder entender y trasmitir lo que es un instante. Pero el arte del haiku, que está en estos diarios, es llevar toda la densidad de lo vivo a un instante. Es lógico que nos interese, porque es lo vivo”
BASHÔ Y SORA

Dos fragmentos 

de los Diarios de viaje de Bashô








CASA DE MUÑECAS

Los meses y los días son viajeros de la eternidad. Los años van y vienen y también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de barcos o envejecen conduciendo caballos, cada día es un viaje. El viaje mismo se vuelve su hogar. Entre los antiguos, muchos murieron en plena marcha. Incapaz de refrenar pensamientos de vagabundeo –desde hace cuánto tiempo, no lo sé– recorrí la costa igual que un girón de nube se deja llevar por el viento. Al correr el otoño pasao, volví a mi choza a orillas del río y barrí las telarañas.
Gradualmente el año llegó a su término. Entonces me vinieron ganas de cruzar el paso de Shirakawa en primavera, cuando hubiera neblina en el aire, hasta llegar a Oku. Poseído por un duende viajero y con las señas que me hacían los espíritus del camino, no conseguía fijar mi mente ni ocuparme de otra cosa. Remendé mi pantalón rotoso, cambié las cintas al sombrero de bambú y me apliqué moxa en las espinillas, a fin de fortalecer las piernas para el viaje. En ese momento sólo era capaz de pensar en la luna de Matsushima. Cedí mi cabaña y me trasladé a casa de Sampú para permanecer allí hasta la salida de mi viaje, no sin antes colgar de un piñar de mi choza un renga en ocho estrofas, la primera de las cuales dice así:
Con nuevos inquilinos
hasta una choza puede volverse
casa de muñecas
De Senda hacia Oku, 1689

UNA PESADA MOCHILA

De pronto me vinieron unas ganas locas de ver flores. El ansia guió mis pasos hacia Yoshino, a mediados de marzo. En Ise vino a recibirme aquel con quien había decidido marchar cuando estaba en Irago. Quería compartir conmigo los sinsabores del camino y atenderme lo mejor que pudiera. Para la ocasión, se puso como nombre Mangikumaru (“chico de los diez mil crisantemos”). Me encantó este apodo irónicamente infantil. Al ponernos en marcha, garabateamos riendo en los sombreros: “Sin domicilio fijo en este mundo: solo dos caminantes”.
Te mostraré
cerezos en Yoshino
sombrero de ciprés
En Yoshino yo también
te haré ver qué cerezos
sombrero de ciprés
Demasiados bártulos estorban en un viaje. Me deshice de casi todo. Sin embargo, tuve que empacar en un jergón, impermeable, plancha de piedra para fabricar tinta, papel, mis remedios, canasta con comida....Llevaba todo a cuestas, claro, con piernas inseguras bajo mi cuerpo enclenque. Estuve a punto de caer de espaldas. Casi no avanzaba en el camino, me sentí completamente miserable:
Exhausto, al fin encuentro
alojamiento
¡y flores de glicina!
De Cuaderno en la mochila, 1687.


jueves, 10 de marzo de 2016

¡El adiós de Carlos Villagra Marsal...!

POESÍAS DE
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del

**/**
VARIACIONES EN DOS CLAVES
para una música inmediata de Sila Godoy

IAquel humo
. Quemazón azul
de octubre
veladura repujada
estás más cerca
de mi palabra
que del horizonte viejo.

. Pilar de humareda capital
soy tu trasunto
una refracción apenas
de tu empeño:
brasa dispuesta
rojizo lenguaje codicioso
luego morosa vehemencia
niebla seca
ciego ascenso
y al fin disgregación
en el ensimismado
firmamento.
(octubre 1991)

II
Bruma inicial
. Neblina soleada
primera contradanza
de ciertas
mañanas.

. Antigua respiración
cardinal
semen de los dioses
hoy una sencilla fábula
de la vigilia.

. Pasajera porfiada
de noviembre
suelta de naciente
y de máscara
te vas deslizando
de la eminencia agitada
del palmar
a la indecisa
playada
como si fueras en verdad
a nimbar
las próximas madrugadas.
. Y sucedes
sin tomar en cuenta
que eres cifra de quienes te miramos
desde esta abierta balaustrada:
ese aire persuasivo que te empuja
no ha de arrimarte
a la fulguración más ancha
y entonces
cuando progrese la jornada
regresarás a ser
cóncava liviandad
siesta abstracta
nada.
(noviembre 1991)

.A principios de luna

. Allá en un declive del cielo, arquea su espinazo el cachorro de luna, listo para saltar sobre la presa inerme al otro lado del universo. Flameante carnicero nuevo, se acaba de lavar la cara con los aguaceros de diciembre, pensando quitarse las manchas de un pecado venial.

. Y vástago de león azul con tigra de los orígenes, el creciente animal aprende a cazar por su cuenta nocturna: debajo, en el antepecho de la serranía, estamos considerándole -a veces en desvelo y a veces a través del sueño, mestizos de sombra y reverbero como él, como él acechantes, inculpables, tenaces.
(enero 1992)
para Miguel Chase-Sardi

Post meridiem.

Resulta difícil acertar el nombre
cabal
de la azucena morada
que sobrepasó el mediodía.

. Y cuesta restañar la tarde
ajustando
sonidos y añoranza únicamente.

. Más vale entonces
cerrar la voz,
desplegando las sienes
para cobrar la niñez de esta brisa,
con la mano avizora, sí, callada como un guante
en el dorado reflujo de la siesta.

. El silencio,
y acaso después
la cantiga dispersa y casual
de las estrellas.
(marzo 1992)
para Josefina Plá

.La luz es indecible

. No,
no la llames.
Y consiéntele danzar consigo misma,
recónditamente neta,
para ayuntarse
con su propio deslinde.

. No hace falta mentarla.
Tranquilo, acepta
que aun en su infancia
sueñe
un violáceo destino en el Poniente.

. Basta que apuntes
con tu índice súbito
una de sus exactas cortaduras
es el concesivo llano amarillo
o sus chasquidos de plata
en la crestería de los cerros.

. Y en todo caso
comprende
en un gesto capaz, despacioso,
su señorío azul
y el torbellino impasible de los árboles.
(abril 1992)
para Rodrigo Campos Cervera


Insistencia.

 Ya es honda la noche, y las nubes
como lentas memorias precisas
han ganado mi casa.

. O será esa niebla despierta, perdida,
que parece arriar el cielo sellado
hasta la cumbre de esta serranía.

. La casa inmóvil, sin embargo,
rompe a cruzar la oscuridad vacía.

. Ciego como el ventanal
y a la sombra de mi lámpara prendida,
yo también solitario, indago el rumbo
de tu encarnación esquiva.

. Sí, he leído todos los libros,
pero aún no sentí el final de tus melodías.

. Callado una vez más, habré de buscarte
en la virazón de la vigilia,
para alcanzar siquiera tu nombre,
Poesía.
(agosto 1992)
para Ester de Izaguirre
.Adiós.

Un pájaro raspa el cielo equívoco
de la atardecida.

. Retrasado y oscuro
grita hacia el Sur,
rumbo a su viejo dormidero,
mientras bate la luz
resbaladiza
de la altura.

. Allá frío y huyente,
usual en estas lejanías,
es sólo un precario pulso trajinero,
pero con él va borrándose
alguna palabra cierta
y el vasto otoño, en vuelo, se retira.
(junio 1993)
para Evelio Fernández Arévalos


Repetición del paisaje

cette aimable nature dont les
beautés étoient sous mes yeux
ROUSSEAU
Les Confessions I, VI

. Paisaje
exento
quizá invitación trascordada
promesa de sesgado cumplimiento.

. Nos separan
una pátina contigua a la del sueño
y una obligatoria profesión
de silencios.

. Oh desmemoriado
paraje resuelto
oh contemplado aroma
oh denominador del tiempo
oh distancia curtida
oh digitación de cielo
oh vasija de la intemperie
oh cambiante paroxismo desierto.

. Paisaje intáctil
desde mí crece un espejo
de mí sigue manando
tu resplandor ajeno.
(julio 1993)
Para Óscar Ferreiro

.Explicación de una lluvia

. Te esperábamos,
pausa esmerilada,
ciudadela instantánea,
muralla tras muralla levantada
de arriba para abajo.

. Con igual desdén
anulas
la llanura rumbosa
y la verde altanería de las piedras.

. Goteadora, te atienden
los cocoteros desatados,
las aves estrictas en el monte.

. Y el joven viento norte
dibuja una canción que te enardece.

. No obstante, enseguida resultas
garúa entrefina,
cerrazón,
soledad movediza.

. Al cabo
escampas.

. ... Ya eres agua anterior, pero me dejas
indemne, cristalino,
y acribillado de ágiles certezas.
(julio 1993)
para J. A Rauskin
**/**
Fuente: EL JÚBILO DIFÍCIL (POESÍA 1986-1995) de CARLOS VILLAGRA MARSAL. Edición, prólogo y notas de RAÚL AMARAL. Editorial Don Bosco,. Asunción-Paraguay, 1995.