martes, 15 de abril de 2014

¡El Arte Efímero según Engelberto Gimenez!


El arte efímero*

Mi amigo Engelberto habló largamente de un arte fugaz,
un arte como si imitara a una mirada o una sonrisa,
pero un arte verdaderamente popular, me dijo;
un arte volcado a veces en los recuadros de una rayuela,
arte levantado otras veces en las playas de un mar quieto, arte escrito también sobre la piel de un arroyo viboreante,
pero un arte verdaderamente popular, me dijo;
un niño que pinta la rayuela como si fuera su mundo., una pareja que construye con arena un castillo de amor,
un "te quiero" sobre el agua escapando a las manos, 
me dijo.

Mi amigo Engelberto cree firmemente en el arte efímero,
el suelo es un cuaderno abierto y desperdiciado,
el cielo es un pizarrón esperando que le recorra la tiza,
el mar se ofrece de cuerpo para ser diseñado alguna vez,
porque el arte efímero es verdaderamente popular, me dijo;
un arte que puede existir lo que existe una lágrima,
un arte que puede vivir lo que vive un fuerte abrazo, 
pero no deja de ser un auténtica obra de arte, me dijo;
una barra de hielo puede oponer un instante su figura al sol. 

Creo que mi amigo Engelberto tiene mucha razón,
para qué eternizar un beso con la intención de conservarlo,
para qué detener un vuelo con la vana idea de descifrarlo,
para qué romper el silencio inútilmente por aniquilarlo;
creo que mi amigo Engelberto tiene mucha razón, 
el arte verdadero y útil es esencialmente efímero,
el arte que sirve es el que funciona en determinada ocasión,
el arte que cuenta es el que viene práctico y descartable,
el libro que conviene es el que resiste una lectura,
un libro como éste es el que hace falta en al cocina, 
cuando hay que envolver alguna cosa o fritar algo rico,
pensé al recordar las palabras que dijo al pasar Engelberto.

*Del libro "Poemas descartables y otros baladíes"(1992).
El agua de bautizo*

El primer aliento de vida me dio el Ybytyrusu,
el agua bendita era de Capiybary
el baño bautismal fue en el Pirapó

El nacimiento espiritual fue en Villarrica,
de la mano de Ramiro y el Gimnasio Paulino,
donde probé una vez la libertad y para siempre.

Aprendí a compartir el pan de la dignidad,
en la mesa milagrosa del Ykuá pyahu,
la nueva fuente de inspiración y lucha.

De la mano del visionario Engelberto
y descubrí en el horizonte mi propia estrella
y comencé la aventura de seguirla sin tregua


*Del libro "Obra poética",(2006), de Gilberto Ramírez Santacruz.

ARTISTA PLÁSTICO PARAGUAYO HABÍA FALLECIDO EN 1998, EN MONTEVIDEO

Habilitan hoy exposición de obras de Engelberto Gimémez

Dibujos, catálogos de exposiciones, fotografías, objetos personales y dos obras suyas se verán en la muestra “Engelberto Giménez: una filtración”, que se habilitará desde hoy, en el Museo del Barro.
Impresiones sobre textiles, objetos artísticos y personales de Engelberto Giménez se verán en la exposición de sus obras, que se habilita hoy en sede del Museo del Barro. / ABC Color
El artista, fallecido en 1998, se formó en la Escuela de Bellas Artes de Uruguay y en Asunción fue parte del colectivo artístico El Aleph.
En el espacio Escala Protegida del Centro de Artes visuales/Museo del Barro (calle Grabadores del Cabichuí 2716 casi Emeterio Miranda) quedará habilitada hoy la exposición Engelberto Giménez: una filtración, bajo la curaduría de Gabriela Ramos.
La muestra incluye dibujos, catálogos de exposiciones, fotografías, objetos personales y dos obras del mencionado autor, Marã mo’õ mba’ere mbaupe y Médico ñembo’e, que fueron reunidos en el marco de una investigación sobre las últimas exposiciones del artista. La muestra podrá ser visitada con acceso libre y gratuito los martes, de 15:30 a 20:00; los miércoles, jueves viernes y sábados, de 09:00 a 12:00 y de 15:30, a 20:00.
“Unos postes de madera apoyados en la pared señalan uno de los sectores en la sala de exposición. Pero no solo indican un lugar en el espacio, también lo hacen en la memoria. Se filtran desde la casa en la que Engelberto Giménez pasaba los fines de semana de la infancia en el Guairá. A través de incisiones, el artista crea vacíos en estos postes en los que retazos de tejido se tornan huéspedes y quedan resguardados por una costura que perfora la madera y hace de límite”, describe Gabriela Ramos.
La curadora explica que “desde esa misma infancia surgen varios de los demás materiales que Engelberto utiliza para la creación de su obra –el cuero, los textiles, las marcas de ganado, las bolsas de almacenar yerba mate–, todos objetos de lo que una vez fue su propio cotidiano”.
Giménez nació en Villarrica el 7 de noviembre de 1953. Se graduó en la Escuela de Bellas Artes de Uruguay, guiado por el artista Luis Ernesto Aroztegui, quien fue uno de sus maestros. Regresó a Paraguay en el año 1991. En la década de los noventa formó parte del colectivo de artistas El Aleph, un espacio y proyecto creativo crucial en el desarrollo del arte de ese momento en Asunción.
Falleció en la ciudad de Montevideo, el 25 de octubre de 1998.
Fuente: Diario ABC, Asunción, 15 de abril de 2014.-

lunes, 31 de marzo de 2014

¡El Karaí del Guarnipitán!

El Karaí del Guarnipitán

                                 Réquiem por el poeta Rubén Bareiro Saguier 


Venido de un país de tigres azules o de la Tierra sin mal,
pasaste por este mundo sembrando estelas luminosas,
con tus pasos suaves que evitaron siempre las hojarascas,
repartiendo generoso como caramelos tu risa infantil,
tu consecuente amistad con la poesía te llevó al destierro
y muy digno recorriste tu Vía Crucis con la patria a cuestas.

Tu biografía de ausencia pobló la poesía de libertades,
desarmó a los verdugos  de su picana y dolor electrizante,
al apresarte el dictador se quemó la mano con sangre,
el clamor del mundo por tu libertad fue sólo un milagro,
pero tu coraje pudo más que cualquier “orden superior”
y te llevaste al exilio como avío el Paraguay de tus sueños.

El don se te fue dado, las palabras fueron tus armas,
la literatura tuvo un guerrero invencible con tus aportes,
la poesía ganó un hechicero con tu figura chamánica,
la lengua de miel y flecha que hablaba quedo tu corazón
surtía fluyente también a tu ser guaraní y alma paraguaya,
Señor del mundo, Poeta del Paraguay, Karaí de Guarnipitán.

Gilberto Ramírez Santacruz
Buenos Aires, 26 de marzo de 2014.-













viernes, 14 de febrero de 2014

¡Curuguaty, desde junio de 2012 exige justicia!

curuguaty, junio de 2012


hermanos
cuando ustedes mueren las lágrimas se evaporan
y por la sangre derramada nunca paga nadie
pero ¡ay! cuando matan en defensa propia
el llanto se hace mar sobre las pobres capueras
e inunda de indignación a los terratenientes

hermanos
la tierra por la que sueñan les prometen en el cielo
porque en yvypytâ la reforma agraria  es letra muerta
pero dicen que tampoco en el cielo la lucha será fácil
según los últimos informes filtrados del Vaticano
también habrían alambrado todo los cielotenientes  

aunque los peritos y fiscales de la justicia
como los investigadores del caso concluyeron
curuguaty es tierra de nadie pero administran los moñái
(ogros acaparadores de las tierras mal habidas en el Paraguay):
el estado en marina kue…brilla por su ausencia
la causa de los seis milicos…apenas logra embaucar
los once campesinos masacrados… son no figurativos
pero la sentencia vergonzante…luce su peso y vigencia

hermanos
la lucha por la tierra
también es por el cielo
no hay vida sin siembra
ni libertad sin pueblo

                                        Gilberto Ramírez Santacruz
                                     (Del libro inédito Poemas de hoy en día)

COMUNICADO SOBRE EL CASO CURUGUATY

A nuestros familiares, a nuestras compañeras, nuestros compañeros, al pueblo paraguayo:
  
Hace un año y ocho meses, mucha sangre paraguaya se derramó en Marina Kue.
Marina Kue es tierra del Estado paraguayo, es tierra para el campesinado pobre que tiene derecho a vivir y producir alimentos de acuerdo a nuestra cultura.
Hasta ahora, la Fiscalía, el Poder Judicial y en general el Estado paraguayo no investigó cómo murieron nuestros 11 compañeros. Estamos hablando de 11 vidas, 11 proyectos familiares más nuestro compañero Vidal Vega, miembro de la comisión sintierra, que fue asesinado el 1 de diciembre de 2012. Sobre esto es bueno reflexionar. Les pedimos que se detengan a pensar en cada vida para valorar lo que realmente pasó en Curuguaty.
Nosotros estamos encarcelados hasta ahora, sin que la Fiscalía haya presentado una sola prueba seria que demuestre nuestra culpabilidad en el Caso Curuguaty.
Y no solo eso. La Fiscalía violó de manera sistemática nuestros derechos, inventó pruebas, instaló cajas que no fueron incluidas -como establece la Ley- en su propia denuncia, en un montaje judicial que nos da mucha rabia y también le enoja y hasta le da risa a muchísima gente en varios países. Nadie puede creer la manera en que nos están juzgando.
Estamos seguros y tenemos todas las pruebas que demuestran nuestra inocencia. La fiscalía no tiene nada en nuestra contra y sin embargo seguimos presos por el solo hecho de luchar por un pedazo de tierra haciendo uso de nuestro derecho, sobre todo porque esas tierras son públicas, son para el campesinado pobre, para la reforma agraria que tanto necesitamos como pueblo.
Es por esta rabia, porque no merecemos el encarcelamiento, por la seguridad de que las tierras son públicas, porque nos consideramos luchadores y seguimos en lucha es que vamos a una huelga de hambre; es en homenaje a nuestros compañeros, nuestros once compañeros caídos, que hemos decidido iniciar esta huelga de hambre indefinida hasta conseguir la liberación de las tierras de Marina Kue para el campesinado pobre y también nuestra libertad.
Porque la masacre continúa, en Laterza Kue, en Capiivary, en Crescencio González, en Luz Bella, Maracana, en diferentes lugares de nuestro país, donde la policía sigue defendiendo a los verdaderos ladrones y nos golpea, nos reprime, le deja sin ojo a un compañero, le asesina cobardemente a otro compañero, colocándose del lado de los enemigos de nuestra patria, de los que envenenan a nuestros bebés, nuestras niñas, nuestros niños.
La masacre continúa contra nosotros mismos, presos injustamente y contra nuestros familiares que ahora son imputados y perseguidos por luchar por nuestra libertad y por Marina Kue.
El Poder Judicial representado por los ministros de la Corte Suprema son los responsables políticos de la masacre de Curuguaty, porque no resolvieron en su momento (y hasta ahora) la propiedad a favor del Estado y permitieron la invasión de la familia Riquelme de esas tierras públicas, demostrando su total funcionalidad a la mafia.
Es por eso que nos tomamos el derecho de pedir al pueblo paraguayo, a la juventud paraguaya, que tomen nuestra lucha, que levanten la bandera del Caso Curuguaty como símbolo de la resistencia contra la injusticia, la mafia, la corrupción y contra el modelo sojero que genera más pobres y hambrientos.
Hacemos este pedido con mucha humildad y también con la firmeza, con la convicción de que nuestra lucha es por una patria nueva y mejor.
Nosotros nos sentimos parte de un pueblo en lucha y estamos ofreciendo nuestra vida exigiendo justicia, porque no podemos esperar, sin hacer nada, un juicio que no nos merecemos.
Pedimos también solidaridad con los compañeros y compañeras de la Federación Nacional Campesina que son perseguidos, reprimidos, imputados por luchar contra las fumigaciones de veneno en nuestro país. Los compañeros presos y procesados por luchar deben ser liberados. El asesinato del compañero de la FNC Nery Benítez debe ser investigado.
No podemos quedarnos quietos cuando en cualquier lugar del mundo, una audiencia preliminar como la que tuvimos hubiese declarado la nulidad de todo el proceso y nuestra libertad.
Y sobre todo, no podemos quedarnos tranquilos en la cárcel sabiendo que los invasores siguen ocupando gran parte de las tierras que pertenecen al Estado y al pueblo paraguayo. No tenemos miedo de exigir justicia y de ofrecer nuestra vida por la liberación de nuestro pueblo.
Agradecemos a nuestros familiares, a nuestras compañeras, nuestros compañeros, al pueblo paraguayo, por la activa solidaridad demostrada. Sabemos que la verdad se está conociendo, que cada vez más gente dentro y fuera de nuestro país sabe qué pasó en Curuguaty y que llegó el momento de tomar esta decisión por una cuestión de dignidad, porque somos inocentes, somos luchadores y no permitiremos que continúe la injusticia de una manera tan asquerosa como hasta ahora.
Dedicamos este esfuerzo a nuestros 11 compañeros caídos, a los compañeros que sufren prisión domiciliaria: Fani, Dolores, Lucia, Luis, Juan Carlos, Alcides, a nuestra compañera procesada R.R.V.O. y a todas las luchadoras y todos los luchadores que desde hace muchos años nos vienen enseñando que la solidaridad, la unidad y la dignidad nos harán libres como pueblo.
¡Por la liberación de Marina Kue para el campesinado pobre!
¡Por nuestra libertad!
¡Por la Reforma Agraria integral!
¡Viva el Paraguay!
Felipe, Adalberto, Néstor, Rubén y Arnaldo

14 de febrero de 2014

viernes, 31 de enero de 2014

¡Adiós al gran poeta José Emilio Pacheco!


José Emilio se fue a caminar por ahí*


Toda la noche estaba en esa humedad sombría

que de repente

iluminó la luna.

 Por Mempo Giardinelli
 Ha muerto el poeta mexicano José Emilio Pacheco. Como acaba de escribir mi amigo Catire Hernández D’Jesús, también poeta y venezolano: “Salió ayer domingo 26 de enero a buscarnos por esas calles silenciosas y oscuras y luminosas”.
Fue un gran poeta y basta leer sus poemarios más poderosos, entre ellos No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970), Islas a la deriva (1976), Los trabajos del mar (1984), El silencio de la luna (1996) y La arena errante (1999). La edad de las tinieblas, de 2008, fue uno de sus últimos trabajos. También escribió cuentos y un par de novelas, entre ellas una joya breve: Las batallas en el desierto, de 1981, para mí una de las mejores narraciones latinoamericanas del llamado rito de pasaje.
Miembro de una enorme generación de literatos mexicanos (contemporáneo de Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Eduardo Lizalde y Vicente Leñero, entre otros), Pacheco fue un poeta siempre preocupado por la síntesis y la precisión, y con una mirada fija en la ironía, la significación y el sentido ético de la vida. En la suya personal fueron, de hecho, sus características, y eso era parte de su encanto. Su permanente distracción, fuera pose o naturaleza, formaba parte de personalidad, así como su buen humor y sus puntadas y chascarrillos siempre oportunos.
En la única foto en la que estamos juntos, en Sevilla y hace ya muchos años, estamos orinando una pared con otros colegas. De aquella experiencia me nació la idea de escribir un minirrelato que publiqué en 2008, en mi libro Soñario, y con este título: “El pretencioso Bonfanti, el Rey y orinar en Sevilla”. Helo aquí:
En el sueño platico con José Emilio Pacheco en Sevilla, mientras orinamos suavemente contra una pared de la judería, en el Barrio de San Bartolomé. Con nosotros están dos poetas: Fernando Operé y otro de cuyo nombre no quiero acordarme y aquí llamaré Bonfanti. Es una madrugada caliente, hemos bebido como esponjas y no hay polis a la vista. Los cuatro alardeamos de las dudosas punterías de nuestros pises hasta que Bonfanti suelta que la primera vez que viajó a España, cuando el peso argentino nos permitía turismo barato, en Madrid se alojó una noche en el Hotel Ritz y después de la cena se encontró en el baño nada menos que con el rey Juan Carlos. Con el estúpido orgullo de los ignorantes, cuenta que orinaron democráticamente uno al lado del otro, y que al terminar de sacudirse, a la par, no tuvo mejor idea que saludar a Su Majestad en nombre del pueblo argentino mientras se subía el cierre de la bragueta. Por supuesto no le creemos ni una palabra, y la discusión que sigue es perfectamente olvidable.
Estoy de acuerdo en que éste es un sueño inútil, si no fuera porque una noche de 1998 los mismos cuatro sí orinamos una pared en Sevilla, bajo un cartel pintado que rezaba: “Por favor no orinen aquí”. Por eso mismo lo hicimos, como cuatro viejos muchachos traviesos y al amparo de estos versos de Pacheco:
Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
Ahora que ando advirtiendo que he entrado en la edad de escribir obituarios, al menos hasta que alguien escriba uno mío, sugiero fuertemente a los lectores que, si no han leído a Pacheco, no se lo pierdan. Vayan a leerlo y verán. Gugléenlo y descubrirán sus poemas, fáciles de encontrar en la web. Y piensen que el poeta, segundo Premio Cervantes que se nos muere en dos semanas, ha de andar por ahí, caminando y feliz de ser leído. Que es todo lo que quiere un poeta.

*Publicado en el diario Página/12 de Buenos Aires, 29 de enero de 2014.-

PALABRAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO, 

PREMIO CERVANTES 2009

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor 
Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Señora Presidenta del Consejo 
Nacional para la Cultura y para las Artes de México, Presidenta de la Comunidad 
de Madrid, Sr. Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales 
y académicas, amigas, amigos, señores y señoras.

1947 es una fecha tan lejana como 1547. Ambas se han hundido en la sombra 
eterna y son irrecuperables. Tal vez la memoria inventa lo que evoca y la 
imaginación ilumina la densa cotidianeidad. Sin embargo, del mismo modo que 
para nosotros serán siempre gigantes los molinos de viento que acababan de 
instalarse en 1585 y eran la modernidad anterior a la invención de esta palabra, en 
algún plano es real otra experiencia: la de un niño que una mañana de Ciudad de 
México va con toda su escuela al Palacio de Bellas Artes y asiste asombrado a una 
representación del Quijote convertido en espectáculo.

Salvador Novo adapta y dirige la obra con música de un mexicano, Carlos Chávez, 
y un español, Jesús Bal y Gal. Novo pertenece al Grupo de Contemporáneos, 
equivalente exacto del Grupo de 1927 en España. Mucho tiempo después sabré 
que Novo había conseguido que en julio de 1936 su amigo Federico García Lorca 
estuviera precisamente en ese Palacio de Bellas Artes para presenciar el estreno 
mexicano de Bodas de Sangre interpretada por Margarita Xirgu.

A telón cerrado aparece el historiador árabe Cide Hamete Benengeli a quién 
Cervantes atribuye la novela. Cide Hamete Benengeli ha decidido abreviar la 
historia para que los niños de México puedan conocerla. La cortina se abre. De la 
oscuridad surge la venta que es un castillo para Don Quijote. Quiere ser armado 
caballero a fin de que pueda ofrecer sus hazañas a la sin par Dulcinea del Toboso, 
la mujer más bella del mundo.

Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta 
representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan 
aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: “No he 
muerto ni moriré nunca… Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a 
defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.

En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me 
es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y 
constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante 
a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el 
escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He 
entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La 
Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo.

Leo más tarde versiones infantiles del gran libro y encuentro que los demás leen 
otra historia. Para mí el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le 
sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente.
En la mínima historia inconclusa de mi trato con la novela admirable hay a lo largo 
de tantos años muchos episodios que no describiré. Adolescente, me frustra no 
poder seguir de corrido la fascinación del relato: se opone lo que George Steiner 
designó como el aparato ortopédico de las notas. Me duele que las obras eternas 
no lo sean tanto porque el idioma cambia todos los días y con él se alteran los 
sentidos de las palabras. 

También me asombra que necesiten nota al pie términos familiares en el español 
de México, al menos en el México de aquellos años remotos: “de bulto” como las 
estatuillas de los santos que teníamos en casa: “el Malo”, el demonio”; “pelillos a la 
mar”, olvido de las ofensas; “curioso”, inteligente. Y tantas otras: “escarmenar”, 
“bastimento”, “cada y cuando”.

Ignoro si podría demostrase que el primer ejemplar del Quijote llegó a México en el
equipaje de Mateo Alemán y en el mismo 1606 de su publicación. El autor del 
Guzmán de Alfarache había nacido en 1547 como Cervantes y estuvo en aquella 
Nueva España que don Miguel nunca alcanzó. 

Tal vez el gran cervantista mexicano de hace un siglo, Francisco A. de Icaza, 
hubiera rechazado como una más de las Supercherías y errores cervantinos
esta atribución que me seduce. Por lo pronto me permite evocar en este recinto 
sagrado a Icaza, el mexicano de España y el español de México, a quien no se 
recuerda en ninguna de sus dos patrias. En todo caso sobrevive en el poema que 
le dedicó su amigo Antonio Machado: “No es profesor de energía/ Francisco A. de 
Icaza, sino de melancolía”. Y en la inscripción que leen todos los visitantes de la 
Alhambra. Otra leyenda atribuye su inspiración al mismo mendigo de quien habló
también Ángel Ganivet: “Dale limosna, mujer/ pues no hay en la vida nada/como la 
pena de ser/ciego en Granada”.

Como todo, Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de 
las Maravillas. No me dejará mentir la Red si les digo que el 30 de noviembre de 
2009, en una rueda de prensa en la Feria de Guadalajara me preguntaron, con 
motivo del Premio Reina Sofía, si con él yo estaba en camino del Premio 
Cervantes. “Para nada”, contesté. “Lo veo muy lejano. Nunca lo voy a ganar”.3
Al amanecer del lunes 30 la voz de la Señora Ministra de Cultura, Doña Ángeles 
González Sinde, me dio la noticia y me hundió en una irrealidad quijotesca de la 
que aún no despierto. Por aturdimiento, no por ingratitud, apenas en este día doy
gracias al jurado por su generosidad al privilegiarme cuando apenas soy uno más 
entre los escritores de este idioma y hay tantas y tantos dignos con mucha mayor 
justificación que yo de estar ahora ante ustedes.

Para volver al plano de la realidad irreal o de la irrealidad real en que los 
personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me 
gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera 
aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en 
poco o nada remedió su penuria.

Cuánto nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los 
duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi 
todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No 
es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que 
tiende a agudizarse en la era electrónica. 

En la Roma de Augusto quedó establecido el mercado del libro. A cada uno de
sus integrantes -- proveedores de tablillas de cera, papiros, pergaminos; copistas, 
editores, libreros--le fue asignado un pago o un medio de obtener ganancias. El 
único excluido fue el autor sin el cual nada de los demás existiría. Cervantes 
resultó la víctima ejemplar de este orden injusto. No hay en la literatura española 
una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su 
obra maestra.

El Quijote es muchas cosas pero es también la venganza contra todo lo que
Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las 
comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero 
tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su 
gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos 
de la lengua española.

Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 --de los terremotos a la nube de ceniza, 
de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México--
era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo 
se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos 
cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos 
respuestas, el misterio y la gloria del Quijote.
                                                                                     JOSE EMILIO PACHECO

Adiós a Juan Gelman

Antes de su muerte el pasado domingo, el gran poeta mexicano había dedicado sus dos últimas y brillantes notas en el semanario Proceso a su vecino y colega Juan Gelman. Justamente después de escribir la segunda sufrió el golpe que terminó en su sorpresiva despedida. Esta es la primera, de lectura imprescindible, que sirve de homenaje a ambos.


  No hay datos en la memoria reciente que nos permitan comparar la resonancia de la muerte de Juan Gelman con la de ningún otro de nuestros poetas contemporáneos. Nacido el 3 de mayo de 1930 en Villa Crespo, que es hoy un barrio central de Buenos Aires, Gelman fue hasta el 14 de enero el mejor poeta vivo de la lengua y a partir de ese día se ha vuelto uno de nuestros clásicos modernos.

1930 y el futuro

Vino al mundo seis meses después de que la quiebra de Wall Street señaló el comienzo de la gran crisis económica que la Historia recoge bajo el nombre de la Depresión. Sus contemporáneos fueron el pintor Jasper Johns, el cineasta Clint Eastwood, Sean Connery, Neil Armstrong –primer astronauta que caminó en la Luna–, Harold Pinter, Jean-Luc Godard y Jean-Louis Trintignant. En El ángel azul surgió como gran estrella Marlene Dietrich.
Los libros del año son la Autobiografía de Trotsky, La civilización y sus descontentos de Freud y dos novelas que no han dejado de leerse: Mientras agonizo de William Faulkner y El halcón maltés de Dashiell Hammett. En su camino hacia el poder los hitlerianos apedrearon las tiendas judías en Berlín. En Detroit se reabrieron las armadoras de automóviles y 150 mil obreros recuperaron su trabajo. Empezó un movimiento en contra de la prohibición de bebidas alcohólicas que sólo había logrado aumentar la fortuna gangsteril y el número de bebedores. El consumo de cigarros ascendió a 11 mil millones. Murieron sir Arthur Conan Doyle, Ana Pavlova y D. H. Lawrence. Stalin justificó la purga de 6 mil 500 miembros del Partido Comunista supuestamente por ser partidarios de Trotsky.

El esplendor de Argentina

La joven pareja ucraniana del señor Gelman y su esposa decidió emigrar a Argentina porque si antes vivieron bajo el terror de los pogroms, los asaltos de bandas contra tiendas y hogares judíos, al término de su juventud y con varios hijos su matrimonio se vio amenazado por las medidas stalinianas para imponer el socialismo.
Argentina, gracias en parte a las grandes inversiones inglesas, tenía niveles de vida europeos. No era, como las demás repúblicas, una simple exportadora de materias primas, sino alimentaba a Europa con su carne y su trigo. Su gran capital, Buenos Aires, comparable a Londres y a París, era un modelo inalcanzable para el subcontinente. Pero en aquel 1930 de la Depresión el golpe del general José Félix Uriburu, quien derrocó al presidente radical (“radical” en el sentido argentino), desató una crisis cuyas consecuencias se resienten hasta hoy, una sucesión de gobiernos militares y una inflación irrefrenable.

Tres momentos de Perón

Gelman tenía 16 años cuando las masas peronistas movilizadas por Eva Duarte llevaron al general Juan Domingo Perón a la presidencia. Evita murió en 1952 y Perón fue derrocado en 1955. Veinte años después volvió brevemente a la Casa Rosada. Murió en 1976 y su viuda Isabel, manejada por su brujo particular José López Rega, precipitó a la Argentina en el horror de los campos de muerte, la más extrema violencia y la tortura.
La guerrilla no logró, ni podía lograr, vencer a los genocidas. De ello se encargó el ejército de lady Thatcher en la guerra de las Malvinas (1982). Los generales que más se habían encarnizado en secuestros y tormentos también fueron los que más cobardes se mostraron ante el embate del cuerpo expedicionario británico, apoyado por Ronald Reagan.

“Cólera Buey”

En 1955 Gelman fue parte de una agrupación de jóvenes poetas comunistas reunidos en El Pan Duro. Publicó su primer libro, Violín y otras cuestiones que halló su modelo en un autor de los años veinte: Raúl González Tuñón.
Es poesía de la ciudad, prosaica y crítica, pero escrita con la habilidad de un niño que, como todos los de su época, se adiestró en la versificación de los poetas populares, como Almafuerte. Tras El juego en que andamos (1958), Velorio del solo (1961) y Gotán –es decir, “tango” en “vesre”– (1962) en que ya aparece su fluida conexión entre lo culto y lo popular, pues no tiene reparos en llamar a sus poemas con títulos de tangos clásicos –“Mi Buenos Aires querido” y “Anclao en París”–, Gelman da a la imprenta Cólera Buey (1968), uno de los libros centrales de la década y obra insignia de una generación que va del propio Gelman hasta Eduardo Lizalde y Enrique Lihn (ambos de 1929) y, en el extremo opuesto, a Antonio Cisneros (1942-2013), el más joven del grupo.

Gelman y el periodismo

En esta época Gelman tiene su más brillante actividad como periodista: jefe de Redacción de Panorama, director del suplemento de La Opinión, secretario de Redacción de Crisis y de nuevo jefe de Redacción de Primera Plana. Su labor en prosa, sostenida hasta la semana anterior a su muerte, es tan vasta como su obra poética e incluye volúmenes muy importantes, como Ni con el flaco perdón de Dios, en que colaboró con su esposa Mara Lamadrid.
La producción poética crece en vez de mermar o detenerse. Inicia la serie de Comentarios (1979), un sorprendente diálogo con los místicos españoles, como san Juan de la Cruz; y Citas, del mismo año, una compenetración casi sexual con santa Teresa.

Dos crímenes y una ruptura

El 26 de agosto de 1976 su hijo Marcelo Ariel y su esposa Claudia, ambos de 20 años, fueron secuestrados en Buenos Aires y asesinados poco después en dos diferentes campos de exterminio. Allí nació la hija de ambos que, como muchos otros bebés, fue entregada a un policía uruguayo que la crió como si de verdad fuera su niña. Gelman logró recuperar a su nieta Macarena tras muchos años de búsqueda.
Había ingresado al grupo Montoneros que en 1980 lo envió a Europa para exhibir en las publicaciones de allá los crímenes de la junta militar. Respetó el heroísmo personal de los guerrilleros pero hizo una crítica demoledora de la organización que se militarizó y perdió el rumbo. Los Montoneros no perdonaron la crítica y condenaron a muerte a Gelman, fatwa que más tarde fue revocada. Pero él ya no pudo regresar a la Argentina. Comenzó un prolongado y doloroso exilio que lo llevó a refugiarse en varios países. Su trinchera, su refugio y su autodefensa fue la poesía. Inventó poetas con todo y sus poemas (Sidney West, José Galván y Julio Grecco, entre otros).
Uno de sus libros más dolientes y bellos es Bajo la lluvia ajena (Notas al pie de una derrota), poemas en prosa escritos en Roma, quizá la autocrítica más feroz que se ha hecho del intento guerrillero argentino. Así como la imposición del realismo socialista culminó en la URSS con la obra de un novelista formado dentro de esta corriente: el Archipiélago Gulag de Solyenitsin, la poesía comprometida de Hispanoamérica terminó hasta el momento con esta condenación de Montoneros hecha por un montonero que al mismo tiempo resultaba un gran poeta.
*Publicado en el diario Pagina/12 el 30 de enero de 2014.-

jueves, 30 de enero de 2014

¡Gelman, el poeta necesario!


A Gelman, por su militancia política, siempre se lo puso en la cajita de “poeta político”. Un poeta antes de ser poeta es un hombre, y por lo tanto, un ser atravesado por la política. A pesar de que Gelman tiene poemas explícitamente políticos, por lo general entendió la poesía como un lugar de reflexión íntima sobre un montón de cuestiones, filosóficas, del lenguaje, de la existencia. Para mí toda su obra versa sobre “la metafísica de la tribu".
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A mi generación, Gelman llegó como llegaron otros poetas como Leónidas Lamborguini, Amelia Biagioni, Paco Urondo, Luis Luchi, Julio Huasi, Roberto Santoro, Ramón Plaza o Juana Bignozzi, por poner sólo algunos ejemplos. Esos nombres y apellidos, yo los rescataba de alguna antología perdida en librerías de viejo. Los libros estaban agotados o quemados en las hogueras de la dictadura. Lo primero que me llamó la atención fue que los poetas que en la década del 80 ocupaban el centro de la escena, tenían un rechazo absoluto a todo lo que oliera a “sesentismo”, “coloquialismo” o “poesía comprometida”.
En aquellos  primeros “ochentas” se empezaron a afianzar poéticas cerradas como el neobarroco, el neorromanticismo y luego el objetivismo. A pesar de su diferencias, todas coincidían en ese odio a la “poetas del 60”, se salvaban muy pocos de esos anatemas.
Como a mí me gusta meter los dedos en el enchufe y andar contra la corriente, empecé a investigar y a leer a esos poetas y, si bien respondían a mandatos de una época marcada por una politización generalizada, había un compromiso con un lenguaje directo y popular, que intentaba llegar a cualquier tipo de lector, y también la recuperación de los poetas del tango, de la canción popular y la exploración atenta de la ciudad, su dinámica, sus habitantes. Recuerdo un título de un libro de José Portogalo: “Poemas con habitantes”. Me gusta eso: los poemas tienen que tener gente adentro. Pero este tipo de consignas “populistas” no suelen ser bien vistas en el campo cultural. “La poesía se hace con la palabras y no con ideas”, escuché decir tantas veces en mesas de café a personas que se decían “progresistas” y “bienpensantes”. El intelectual argentino promedio tiene bastante aversión hacia lo popular, hasta cierto asco, pienso que ahí está el problema básico. Es lo que yo  llamo “el enano Borges que todos llevamos adentro” Cuando a un autor es “legible”, empieza a transformarse en sospechoso y se lo rebaja, se lo difama, se lo degrada, se lo da de baja, se lo cajonea.
Cada época responde a una sensibilidad particular pero no por eso voy a dejar de leer a Rabelais o escuchar a Mozart porque son “viejos”. Con respecto a lo que “se usa” y lo que “no se usa” en poesía me parece que ese pensamiento es más aplicable al mundo de la ropa o a la televisión. Un peinado, el programa de Tinelli o el de Marley pueden pasar de moda, pero un buen libro, una buena película o una buena canción no pasan de moda se los pueden seguir consumiendo siempre, no se pudren, no se pican como los vinos.  Hay gente que anda muy preocupada por los “ratings” y la tabla de posiciones pero el arte no evoluciona como la ciencia, no depende de un resultado como un partido de tenis que es al mejor de tres sets y donde hay un solo ganador. El arte se acumula como la ropa sobre una silla pero hay quien lo quiero ordenar todo, no se bancan el kilombo, los ríos revueltos. En la literatura argentina hay varias tradiciones pero hay una tendencia a unificar todo y construir un sistema de integraciones y expulsiones, les gusta hacer “castings” y tocarse debajo del escritorio, lo que me parece tremendamente reaccionario.
Esa idea de que “hay mejores y peores” es nefasta, cuando el arte es una simple cuestión de gusto, como la comida o lo colores. El campo cultural argentino a veces se muestra muy “espartano”, quiere sacrificar a los débiles y dejar sólo a los más aptos. Todos tienen derecho a un lugar bajo el sol. Integración social y cultural, muchachos, por favor. Hay que defender el derecho a la expresión artística, es algo maravilloso y sanador. Las estadísticas hay dejárselas a los académicos y a los becarios, que se ganan el pan con eso, honestamente. A mí nunca me gustaron los huevos fritos pero no por eso voy a acusar de pelotudo al que come huevos fritos. Azorín decía  que “un clásico es un autor que no está terminado”. Hace poco descubrí a dos poetas extraordinarios: el argentino Jorge Melazza Muttoni y el uruguayo Liber Falco, publicaron sus libros entre la década del 50 y del 60 y también leo a poetas muy jóvenes que me gustan mucho. En una época hicimos con el poeta Pancho Muñoz una antología de poesía argentina para el portal de la Agencia Télam y nos divertía mucho pasar de un poeta de la época colonial a uno de los cuarenta y de ahí a otro nuevito. Pantaleón Rivarola, fue nuestro primer cronista de guerra en las dos invasiones inglesas de 1806 y 1807, escribió todo en verso con una precisión y una vivacidad extraordinaria y hoy se lo puede leer tranquilamente, no ha envejecido. Viejo es el viento y todavía sopla. El único juez es el tiempo.
Siempre pongo el ejemplo de Neruda e “Incitación al nixonicidio y alabanza de la revolución chilena”. Es un panfleto. ¿Y qué problema hay con eso? Neruda necesito expresarse de esa manera en ese momento y chau. No es delito que yo sepa. Antes había escrito Residencia en la Tierra o el Canto General, pero no todo puede medirse con la misma vara….Sólo es comparable lo parecido. Una manzana es diferente a una toronja. Acá siempre andan diciendo “es poesía política pero no cae en el panfleto”, “eso es poesía barrial porque nombra al Parque Chacabuco”, como si el panfleto fuese la lepra o el tifus. Las cosas graves pasan por otro lado, no por la literatura. Muchachos: no hay “poetas mayores” y “poetas menores”. Hay poesía nomás, dejad que toda fluya….
A Gelman, por su militancia política, siempre se lo puso en la cajita de “poeta político”. Un poeta antes de ser poeta es un hombre, y por lo tanto, un ser atravesado por la política. A pesar de que Gelman tiene poemas explícitamente políticos, por lo general entendió la poesía como un lugar de reflexión íntima sobre un montón de cuestiones, filosóficas, del lenguaje, de la existencia. Para mí toda su obra versa sobre “la metafísica de la tribu”. Es una obra arriesgada, sin concesiones, intransigente en cuanto a la especificidad del lenguaje poético. Por eso cada libro era diferente, se cansaba de los trucos e inventaba otros. Veo una diferencia notable entre su prosa periodística y su poesía. Son como dos Gelman. Para Gelman escribir poesía era como entrar a un templo.
Tuve la suerte de conocerlo personalmente. Creo que el año 1988 o 1989 volvió al país y un grupo de poetas jóvenes le dimos la bienvenida en el Teatro San Martín, fue un momento inolvidable. Después a través, de José Luis Mangeri, lo conocimos más. Solíamos encontrarnos en la Casa de la Poesía, que funcionaba en la casa de Evaristo Carriego en Palermo. Alguna vez fue a la casa de algunos de nosotros y escuchaba con atención y cariño nuestro poemas. Le gustaba contar anécdotas de su amigo Raúl González Tuñón. Recuerdo que cuando el equipo de Antropología Forense encontró los restos de su hijo Marcelo fuimos al velorio que se hizo en el Círculo de Prensa. Estuvimos ahí, acompañándolo. Me emociono al recordar esto….Abrazar fuerte a un hombre que era dos inmensos ojos donde parecía caber toda la tristeza y la desolación del mundo.
Por esos años también conocimos a Alberto Szpunberg, a Ricardo Zelarayán, a Leónidas Lamborghini, a Joaquín Gianuzzi, a Juanita Bignozzi. Pienso que mi generación no fue parridica, leíamos con fruición a todos estos poetas, nos gustaba escucharlos, compartir un café, una charla, felices de que la cadena de la poesía argentina no se rompía porque el amor es más fuerte.
Rodolfo Edwards
SÁBADO 18 DE ENERO DE 2014
http://www.agenciapacourondo.com.ar/ 


"Empuñé un arma porque busco la palabra justa"


“Dicen que un escritor atraviesa al morir un purgatorio de veinte años en la memoria pública. El plazo está más que cumplido para ese gran poeta que fue –que es– Francisco Urondo, caído en combate contra la dictadura militar un día de junio de 1976, a los 46 de edad. Dejaba un libro inédito, Cuentos de batalla, que se perdió en la noche genocida. Como Rodolfo Walsh, como Haroldo Conti, Paco escribió hasta el final, en medio de tareas, urgencias y peligros de la vida clandestina. Para estos pilares de la literatura nacional nunca hubo contradicciones entre la militancia por una patria justa, libre y soberana, y la condición de la escritura. Cuando en este tiempo de la despasión se recuerdan las polémicas de los años sesenta –unos pretendían hacer la Revolución en su escritura; otros, abandonar su escritura en aras de la Revolución–, se percibe en toda su magnitud lo que Paco, Rodolfo, Haroldo nos mostraron: la profunda unidad de vida y obra que un escritor v sus textos pueden alcanzar.


No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez. Corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra.

Buitres de la derrota –que siempre se han cuidado mucho cada centímetro de piel– le han reprochado a Paco su capacidad de arriesgar la vida por un ideal. Paco no quería morir, pero no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio 

que más amaba. El había escuchado el reclamo de Rimbaud: "¡Cambiad la vida!". Estaba convencido de que sólo de una vida nueva puede nacer la nueva poesía. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio / por este mundo desgraciado. Le daré / la vida para que nada siga como está, escribió. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento, para que el mundo entero entrara en la historia de la alegria. Las dos luchas fueron una sola para él. Ambas lo escribieron y en ambas quedó escrito”.
                                                                                                                                      JUAN GELMAN