viernes, 30 de marzo de 2012

¡Una palabra bastará para la horca!

La horca*


Hispania, la tierra legendaria que honrara Anibal, el general de origen cartaginés, frente a los romanos que cayeron derrotados bajo su estratagema en muchas batallas. Pero Hispania no tardó en dejar ser régimen tribal y convertirse en una provincia imperial. Para dar luego al imperio romano tres emperadores: Trajano, Adriano y Teodosio. En el campo del pensamiento y de las letras dio a Pomponio, el geógrafo; Columela, el tratadista; los poetas Marcial y Lucano; Séneca, el retórico; Séneca el filósofo y dramaturgo; y Quintiliano, el mayor orador que conociera Roma.

Ocurrió en aquel tiempo que, desde la península ibérica, fue llevada ante los tribunales romanos a Bonia, una joven gitana acusada de ofender a los dioses, al emperador, violentar la moral y las buenas costumbres. Era de tal belleza la muchacha que despertó gran admiración en todos cuantos la hayan visto. Entre ellos, Quintiliano, de simple admirador, al escuchar la escandalosa sentencia que le mandaba a la horca, pasó a ser un furibundo defensor de la joven. Las acusaciones se basaron en testigos que afirmaron que la gitana poseía un don para encantar a los hombres, hacerlos olvidar de su esposa e hijos, desertar a los soldados del frente de batalla y contar con un cuerpo endiablado que producía una epidemia de deseo sexual en la ciudad.

Quintiliano, ante el sumarísimo juicio y sentencia en primera instancia, apeló a favor de Bonia. Echó mano a su manejo de la retórica que tanta fama le diera en todo el imperio, subestimó las acusaciones y enfatizó la belleza de la joven. Presentó al tribunal su argumento jurídico, filosófico y estético, donde fundamenta que la sentencia dictada conlleva un crimen de lesa humanidad.

Si bien las acusaciones, decía el orador, pueden ser tomadas en cuenta, el castigo es inaceptable porque atenta contra una obra de la naturaleza, una escultura de arte, una belleza artística, la anatomía perfecta de la joven condenada. Para subrayar su razonamiento y fundar en pruebas fehacientes sus consideraciones, la mandó desnudar a la gitana ante el tribunal que, después de un cuarto intermedio, pudo rever la sentencia y perdonó la vida a Bonia.

La actuación de Quintiliano fue muy celebrada en la ciudad y comentada en todos los rincones del Imperio romano. Pero uno de los fiscales que acusó a la gitana y logró la sentencia para mandarla a la horca, herido en su honor, lo increpó al orador victorioso de la causa.

- ¿Acaso el arte de la oratoria es superior a la verdad? –preguntó muy ofendido el fiscal a Quintiliano.

- La verdad es hija de las buenas razones –respondió el orador sin darle mayor importancia a su opositor del caso.

- Entonces, el delito desaparece con un montón de bellas palabras – redondeó el jurista imperial mostrando su abierta disconformidad al despedirse.

Quintiliano se despachó con una advertencia desafiante y acalló al porfiado fiscal:
- Pronuncia tan sólo una palabra y hallaré motivo para mandarte a la horca.


*Relato extraído del libro "El maleficio y otras maldades del mundo" de Gilberto Ramírez Santacruz.

jueves, 29 de marzo de 2012

¡Laconia y el buen entendedor!

Laconia*

En Grecia, mientras Sócrates enseñaba la mayeútica a través del diálogo en las ágoras atenienses o el filósofo Diógenes el Cínico abandonaba su tonel para increpar a la gente sin piedad su hipocresía por las calles, en la aldea marítima de Laconia, cuyos habitantes se caracterizaban por hablar poco y nada, acaeció un mentado episodio.

Una mañana, dos pescadores lacónicos al recoger la red con su barcaza, entre otros especimenes del mar jónico, apareció una hermosa e indescriptible sirena rubia.

Uno de los pescadores la levantó en sus brazos y el otro observaba la escena con fruición. La inspeccionó, con los ojos fuera de órbita, de arriba a abajo, recorriendo la mirada por el rostro y la cabellera, la boca susurrante y los ojos azulados, el anverso y el reverso, pasó la mano por las escamas amarillentas y constató su extremo que culminaba en una cola de pescado.

Sin comentarios, la devolvió al mar y quedó pensativo con la mirada en lontananza.

El compañero ofuscado, en protesta por no haber podido tocarla siquiera, inquirió:

— ¿Por qué?

Contestó al instante el otro, seguro de haber obrado correctamente.

— ¿Y por dónde?


*Cuento perteneciente al libro "El maleficio y otras maldades del mundo" de Gilberto Ramírez Santacruz.

viernes, 10 de febrero de 2012

¡El honor de los vencidos...!

El honor de los vencidos*

¡Ibas en pos de glorias sonrientes
mientras de atrás la muerte te seguía!
Herib Campos Cervera (Padre)


La guerra suele poner a prueba a los hombres, enfrentándolos a la muerte fuera de tiempo y devolviendo a la vida con una nostalgia de la violencia. Tal parecía el caso de Ladislao Ponce que todo cuanto decía lo remitía a su condición de ex combatiente de guerra y cuantas revoluciones intentadas en el Paraguay, desde el año 1904. Aunque hacía varios lustros que jugaba solamente al bojo y al truco, no perdía oportunidad para asociar cualquier situación con declamaciones de tipo militar.

El juego de naipes pasó a ser lo más importante en la vida de Ponce, después que se resignó a luchar contra la dictadura y padecer cárceles y persecuciones. En invierno solía llegar con su poncho chará a la casa de Benjamín Arce, pedía una raya de Aristócrata, mientras aguardaba la conformación del equipo. Bebía concentrado su aperitivo, como si estuviera armando una estrategia para el truco. Pero era respetado por todos, a pesar de ser catalogado «contra» del gobierno. El pueblo estaba acostumbrado a sus improperios y bravuconadas contra las autoridades. Antes lo llevaban preso por cada crítica que hacía en público, hasta que se cansaron de detenerlo. Sabían, perfectamente, que Ponce no encarnaba ningún peligro para el orden establecido.

«En la guerra se gana o se muere», decía Ponce al comenzar una partida en el bolichito de Arce. Apostaba fuerte dinero y gastos para los mirones. Disfrutaba mucho de jugar en público, ya que hacía reír a todos cuando glosaba su flor o dejaba de pintar el palo que esperaba.

«Yo siempre canto al amor / yo siempre canto por la paz / yo sólo quiero libertad / para regalarte esta flor», recitaba Ladislao Ponce gritando sus buenas cartas.

«No busco fama ni honor / no busco ganar ni perder / traigo sólo a mi querer / este ramo de floripón», remataba al fracasarle la última carta.

Ponce no perdonaba nunca a su contrario de juego, le cobraba indefectiblemente todo cuanto se apostaba. Una noche tuvo la suerte de juntar todo el dinero de la mesa. Se levantaron dos, después de haber perdido todas las prendas: relojes, cadenillas, anillos, linternas, carros, carretas, bueyes, caballos, pistolas, etc. Siguió uno en la mesa, dispuesto a todo, sin que nadie supiera con qué. De pronto, apostó a lo último que le quedaba.

-Ya no me queda nada. Solamente mi mujer... -dijo Severo Barúa y barajó las cartas.

-Como no. Yo soy un guerrero honorable y nunca abandono el campo de batalla. Más aun si el enemigo conserva su asiento en la mesa y se dispone a ofrecer resistencia -respondió Ponce con su habitual grandilocuencia estratégica.

-Porque la guerra ofrece al victorioso la oportunidad de mostrar su estatura moral a la hora de respetar el honor de los vencidos -agregó Ponce, orgulloso de pertenecer a esta clase de ganadores, según daba a entender.

Comenzaron la partida, los mirones por poco no se caían sobre los jugadores de tan entusiasmados que estaban. Algunos proponían terminar el juego, otros decían que había que respetar al perdedor y seguir la partida hasta la última consecuencia. Ponce quedó aventajado en la -61- primera vuelta, con un falso envido y truco ganado por la primera. Arce, como dueño de casa, parecía muy nervioso y temeroso de un final trágico. Prosiguió el juego y Ponce seguía avanzando vertiginosamente. Barúa torcía las barajas dolorosamente y parecía no rendirse ante la adversidad. Ponce trató de mantener la calma, no largó nada que pudiera hacer reír a los mirones. Temía también una reacción imprevista de Barúa ante la posibilidad de perder su propia mujer. Éste seguía peleando con uñas y dientes. Ponce no sabía si ganar, para quedarse con la mujer de Barúa o perder para devolverle todas las prendas inútilmente. Prefirió ganar la mujer a Barúa y no caer en sentimentalismo. Le pareció no adecuado retroceder para un hombre de ley y deshonrar a un enemigo que peleaba con todas las armas a mano.

Llegó a su fin la partida. Ponce obtuvo una vez más el triunfo. Barúa se apretó la cabeza y se puso de pie, en señal de que aceptó la derrota. Ponce le tomó del hombro sin saber qué decirle, pero dispuesto a respetar el pacto de honor. Pensó que la mejor manera de respetarlo era permitirle que cumpla su apuesta, aceptarle que entregue su mujer como había prometido.

-Ponce, en casa está tu paga... Vamos..., antes de amanecer -dijo Barúa con su voz entrecortada y salió acompañado por «el vencedor de todas las batallas», como se autodenominaba Ponce en broma.

Cuando atravesaban la tranquera de Arce se escucharon dos tiros de fusil, que vinieron certeramente de la oscuridad, y alguien cayó en el suelo a consecuencia. Era Ladislao Ponce que recibió dos balazos entrecruzados, tal vez para que sepa -aunque tarde-, que en la guerra también muere a veces el que gana.

(Año,1991)

*Fragmentos del libro "Relatorios" de Gilberto Ramírez Santacruz.

martes, 7 de febrero de 2012

¡El Primer Cumpleaños en el Cielo...!

Canto a mi madre*

Yo he cantado a la vida
y he cantado a la flor
yo he cantado cada día
a la esperanza y al amor.

Yo he llorado al amigo
y he luchado por la paz
yo he vencido al olvido
y he ganado libertad

Pero mi guitarra esta tarde
no quisiera postergar más
su gratitud al entonar
en esta canción a mi madre.

¡Oh mujer de puro corazón
en ti se encarnó el verbo dar
y encontró su templo el rezar
maestra del pueblo y del dolor!


Yo he callado la traición
y he callado mi gran afrenta
yo he callado el perdón
que me deben y me condena.

Yo he gritado la injusticia
y he gritado revolución
y a la hora de la pasión
nadie escuchó la noticia.

Pero mi guitarra esta tarde
no quisiera postergar más
su gratitud al entonar
en esta canción a mi madre.

¡Oh mujer de puro corazón
en ti se encarnó el verbo dar
y encontró su templo el rezar
maestra del pueblo y del dolor!



*Versos extraídos del libro "Paraguay canta Paraguay sueña" de Gilberto Ramírez Santacruz.

viernes, 6 de enero de 2012

¡Los niños esperan...de los Reyes Magos!

los niños esperan…*

los niños del mundo
esperan tener planeta y futuro
y piden a los reyes magos
que les enseñe la estrella guiadora

los niños de irak
esperan recuperar pronto
el cielo de estrellas
y borrar las bombas y bombarderos

los niños de afganistán
esperan volver a sus hogares
y dejar las montañas de terror
que dinamitan los piratas del oro negro

los niños de libia
esperan despertar de la pesadilla
y cambiar el juego de la guerra
por un peluche que aprenda a reír

los niños de irán
esperan conservar su alegría
y saludan felices a los reyes magos
lejos del alcance de los herodes de turno

los niños del tercer mundo
esperan librarse de la basura toxica
y piden a los reyes magos un milagro:
las multinacionales vayan a desechar en sus países


*Del poemario inédito "Poemas de hoy en día", de Gilberto Ramírez Santacruz.

lunes, 2 de enero de 2012

¡El mejor negocio del año...!

Cuenta una vieja leyenda del Oriente lo acontecido con el mejor Vendedor de mantas y alfombras de la fabulosa y antigua Persia, llamado Oroncio, cuyo significado en persa es Corredor, enviado por el fabricante y patrón Arsames a la Ciudad Santa como era tradición, a ofrecer cada año sus productos en la Gran Feria de Jerusalen, donde florecía el comercio para todos los mercaderes del mundo.

Como era su costumbre y la de los otros mejores vendedores del Oriente Cercano, Medio y Lejano, cuando el frío demandaba mantas y las fiestas de fin de año requerían alfombras y adornos de celebración, el Vendedor de Persia se encaminó hacia Judea llevando las más bellas obras de la artesanía de Tangú(Persia), alfombras dignas de las que usaba el rey Salomón para asentar su trono y Aladíno para volar mágicamente por los cielos de Bagdad y otras célebres ciudades de Las mil y una noche.

Pero ocurrió a Oroncio lo que nunca le había pasado ni imaginado que le podría pasar: no vendió ni uno solo de sus maravillosos productos, incluso no había aparecido ni un cliente por la feria, debido a un clima de agitación, miedo y terror en la gente que había creado Herodes, por supuestas conspiraciones que ponían en peligro su trono. En vista de que no tenía un denario con qué pagar su hospedaje y pasar la noche antes de regresar a Persia, Oroncio salió de la ciudad, se vio obligado a pedir un techo para pernoctar y salvarse de la noche más fría de su vida.

- ¿Qué pasó en la feria que todos volvieron tan miserables que no pueden pagar ni una noche de hospedaje? ¡Vaya al establo y comparta con los otros que también no tenían dónde albergarse…! –refunfuñó el dueño de la casa y ayudó a Oroncio a guardar sus productos en la caballeriza que también compartían los animales domésticos.

El Vendedor se acomodó sobre los fardos de alfalfa y sintió el rigor del invierno en sus propios huesos. De pronto, escuchó que lloraba inconsolable un niño en el compartimento contiguo, se arrimó a mirar y la madre le rogó un abrigo para calmar a la criatura. Oroncio, sin dudar un instante, quitó una de sus más bellas mantas y envolvió al niño ante la mirada de los animales que se habían inquietados por los alaridos.

Después de unos días de intensa caminata por el desierto, Oroncio regresó a Persia y se presentó al patrón Arsames, nombre célebre de un general persa que enfrentó a Alejandro Magno, muy desanimado se excusó de la falta de venta y al hacer el recuento de los productos que había llevado, pidió encarecidamente disculpas, por devolver una manta con rastros de mancha y haber sido usada.

- Estoy enterado del fracaso de Jerusalen, por obra del maldito Herodes. No siempre se hace vendiendo el mejor negocio del año, a veces, se hace resignando las ganancias. En este caso, no corresponde darte las disculpas. Tú, Oroncio, siendo el mejor vendedor de Persia, has hecho ésta vez el mejor negocio del año, no vendiendo como has hecho siempre, sino dando abrigo al más humilde de los niños, Jesús, el Mesías, que llegaba en Belén para salvar a la humanidad y fuiste elegido nada menos que para darle abrigo y ternura en este desolado mundo.

Diciembre, 2011.-

*Relato extraído del libro inédito "Espiridión y otros cuentos pendientes", de Gilberto Ramírez Santacruz.

viernes, 2 de diciembre de 2011

¡Cervantes te abraza antimaestro Parra!

antipremio a parra

gran antipoeta de la antipoesía
o poeta de todas las antípodas
recibe éste justipremio
de nombre magnánimo de las letras
del manco del espanto
como decía mi abuelo

mejor dicho
recibe el abrazo de un manco
el ruidoso aplauso de cervantes
como un rebuzno de sancho
o una estocada del quijote
con su espada sin mango

descorcha sin asco el champán
usa por única vez el champú
afeite su despelechada figura
plancha tu viejo gabán de fraile
blanquea dientes y muelas que ya sobran
y empilcha de smoking al súbdito
y preséntate disfrazado ante el rey

mientras
nosotros pensaremos que todo fue un sueño
el ratón ahorcó con su cola al león
cervantes recuperó su brazo empeñado en Lepanto
fuiste huésped de neruda una noche en isla negra
la lengua española cometió su peor pecado al premiarte
y la poesía ganó su mejor batalla al poder letrado

g.r.s.

Carta simple I *

a mis antimaestros


En esta botella al mar va mi gratitud.

A Nicanor Parra:
Por enseñarme que ser poeta es uno de los tantos oficios mal pagados
y que en poesía lo importante es la desobediencia al establishment
y que en el arte lo único reaccionario es el pudor conformista.

A César Fernández Moreno:
por pervertirme poética y escrituralmente sin haberse propuesto,
y abofetearme por haber sido obsecuente con los preceptos de Baldomero,
y por pertenecer a la pléyade de inhibidos poetas pundonorosos.

A Miguel Hernández:
por obligarme con su valentía a escribir también con el fusil
y señalarme con su vocación de pastor el horizonte de la libertad,
y por alistarme en su poemático ejército de gorriones combatientes.

A Francisco Quevedo y Villegas:
por convencerme de que la poesía es basura y flor al mismo tiempo 15
y de que hasta los cornudos se merecen un poema como la gente,
y de que «puto es el hombre que de puta fía».

A Emiliano R. Fernández:
por demostrarme que el pueblo es el único heredero del arte
y que lo popular debe ser el único sello de una poesía auténtica
y que la lucha sin cuartel contra la injusticia es lo que cuenta.

A Felipe Orué:
por ser el gran poeta que no cometió el pecado de escribir
y por elegir la vivencia silenciosa de la poesía y la libertad,
y optar por la locura como un impenetrable refugio de la dignidad.

A todos mis antimaestros:
que le dieron con sus ejemplos el norte necesario a mi poesía
y sembraron en mi espíritu fértil la esperanza agricultora
y armaron mis manos de poemas y cantos libertadores.

Carta simple II

a Nicanor Parra

Te escribo tardíamente, estimadísimo antimaestro.
Debo reprocharte duramente tu indiferencia atroz.
Debo agradecerte también tu tilinguería poética.
Hasta hoy no te perdono que no hayas socorrido a Allende.
Que hayas negado la mano a la libertad de tu pueblo.
Conozco tu meada culpa al respecto y no es suficiente.
Debiste haber seguido el ejemplo de Víctor Jara.
Hoy hubieras estado más vivo y con la frente más limpia.

Pero preferiste tu antipoesía y tu cátedra de matemática.
Tus virtudes son directamente proporcionales a tus defectos.
Al fin y al cabo nada ha evitado que fueras un gran antimaestro.
Aunque supe que te has hecho eco de la logia de los verdes.
Pero igualmente ya no tendrás cabida en la gloria.
El decreto del Papa es una represalia que toma la Iglesia contra vos.

Pero también vos, Nicanor, ofendiste a Dios, María y Santísima.
Debe ser por jactarte de vergudo y eyaculador en tu autorretrato.
Eres la espina de esa flor inmarchitable que fue Violeta.
Eres también uno de esos poetas innecesarios pero infaltable.
Y sin tus antipoemas imprescindibles este mundo ya hubiera hecho ¡pum!

Ya no te robo más tiempo con esta carta que quizá no leerás nunca.
Pero antes debo agradecerte todo cuanto aprendí de tus malos ejemplos.
Y reprocharte que nuestros pueblos necesitan poetas con pies y alas.
Poetas en vuelo, poetas en marcha y no los que están de vuelta.


*Poemas extraídos del libro "Fuegtos y artificios" de Gilberto Ramírez Santacruz, publicado en 1988.-

Manifiesto

Señoras y señores
Ésta es nuestra última palabra?
Nuestra primera y última palabra?
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
?Y esto lo digo con todo respeto?
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Éste es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
?Y esto lo digo con mucho respeto?
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano,
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
«Libertad absoluta de expresión».

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Éste es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
?Y esto sí que lo digo con respeto?
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
?Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos?
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.


Test

Qué es un antipoeta:
un comerciante en urnas y ataúdes?
un sacerdote que no cree en nada?
un general que duda de sí mismo?
un vagabundo que se ríe de todo
hasta de la vejez y de la muerte?
un interlocutor de mal carácter?
un bailarín al borde del abismo?
un narciso que ama a todo el mundo?
un bromista sangriento
deliberadamente miserable?
un poeta que duerme en una silla?
un alquimista de los tiempos modernos?
un revolucionario de bolsillo?
un pequeño burgués?
un charlatán?

un dios?

un inocente?

un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.

Qué es la antipoesía:
un temporal en una taza de té?
una mancha de nieve en una roca?
un azafate lleno de excrementos humanos
como lo cree el padre Salvatierra?
unespejo que dice la verdad?
un bofetón al rostro
del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
una advertencia a los poetas jóvenes?
un ataúd a chorro?
un ataúd a fuerza centrífuga?
un ataúd a gas de parafina?
una capilla ardiente sin difunto?

Marque con una cruz
la definición que considere correcta.

Retrato y autorretrato

Como les iba diciendo

Yo soy número uno en todo
no ha habido -no hay- no habrá
sujeto de mayor potencia sexual que yo
una vez hice eyacular diecisiete veces consecutivas
a una empleada doméstica

Yo soy el descubridor de Gabriela Mistral
antes de mí no se tenía idea de poesía
soy deportista: recorro los cien metros planos
en un abrir y cerrar de ojos


a lo mejor ustedes no tienen idea de nada
han de saber que yo introduje el cine sonoro en Chile
en cierto sentido podría decirse
que yo soy el primer obispo de este país

el primer fabricante de sombreros
el primer individuo que sospechó
la posibilidad de los vuelos espaciales
yo le dije al Che Guevara que Bolivia no,
le expliqué con lujo de detalles
y le advertí que arriesgaba su vida

de haberme hecho caso
no le hubiera ocurrido lo que le ocurrió

¿recuerdan ustedes lo que le ocurrió al Che Guevara en Bolivia?
imbécil me decían en el colegio
pero yo era el primer alumno del curso
tal como ustedes me ven
joven-buen mozo-inteligente

genial diría yo
irresistible
con una verga de padre y señor mío
que las colegialas adivinan de lejos
a pesar de que yo trato de disimular al máximo.

Nicanor Parra