jueves, 26 de octubre de 2017

La vocación pacífica del Paraguay

A propósito del libro EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ... de Rodolfo Báez Valenzuela
La vocación pacífica del Paraguay 
frente a la impuesta Guerra contra la Triple Alianza

Las reseñas esclarecedoras y los documentos anexados en la portentosa obra “EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, artífice DE LA UNIFICACIÓN ARGENTINA de Rodolfo Báez Valenzuela, demuestran en forma indubitable la vocación pacifista, integradora y fundacional del Paraguay, sugerida como una temprana federación de naciones libres y practicada la no injerencia de los asuntos internos de los vecinos por el doctor Rodríguez de Francia, primero, exhibida con alta diplomacia ejemplarmente por el mariscal Francisco Solano López, posteriormente, al ser designado mediador por el gobierno paraguayo en el conflicto y eminente guerra entre la Gobernación de Buenos Aires y la Confederación Argentina, que con tino de buen estratega cristalizó la paz y encaminó la unión nacional entre los argentinos a través del Pacto de San José de Flores. 
Sin embargo, este papel preponderante y de arbitraje que jugó el Paraguay para lograr el equilibrio de poderes en el Río de la Plata, teniendo en cuenta que Inglaterra y Francia también eran mediadores en el conflicto argentino, atrajo inmediatamente una escalada de represalias que comenzó con la invasión del Uruguay desde la Argentina por el general uruguayo Venancio Flores, con directo apoyo y aprovisionamiento del presidente Mitre que proclamaba a los cuatro vientos su supuesta neutralidad, y la incursión de la caballería brasileña contra el gobierno constitucional oriental, a sabiendas del tratado de defensa mutua que tenían el Paraguay con el Uruguay y la declaración de guerra de hecho al gobierno de Solano López, que luego esta alianza del Imperio del Brasil, la Argentina de Mitre y el Uruguay de Flores, una vez finiquitada la tarea de liquidación institucional y criminal en el Sitio de Paysandú, con la nunca bien ponderada actuación y planificación del embajador británico Thorton, firmaron el primer borrador del Tratado Secreto de la Triple Alianza contra el Paraguay en Puntas del Rosario, Uruguay, en junio de 1864.
Entonces, uno se pregunta, con cierto resquemor por los historiadores liberales y escribientes de la historia escolar que pretendieron imponer sus fábulas encubridoras del crimen como la vera historia oficial. Y uno de inmediato se pregunta, entonces, ¿quién empezó primero la guerra?, por supuesto, los que promovieron e invadieron el Uruguay y que conllevaba dicho atropello la inevitable guerra con el Paraguay, un país de inmensa autoridad moral, política y económica en aquel momento, una nación que se sabía y sentía libre, soberana y respetuosa al extremo y consecuente con sus compromisos asumidos con el país hermano y solidario, que le facilitaba el único puerto(Montevideo) con que contaba Paraguay para salir al mar abierto.
Pero la gran polémica sobre los antecedentes y causas de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay no cesó nunca, desde mucho antes del inicio de la contienda y hasta el presente, tanto entre historiadores e investigadores como entre simples legos y ciudadanos interesados en su historia profunda. Sin embargo, los brasileños no confesaron jamás su responsabilidad en atizar la fogata bélica, o no quisieron confesar por conveniencias ulteriores, pero las huellas de su mano oculta en la alianza secreta con la Argentina lo delata, con la misma actitud hipócrita de supuesta neutralidad de la Argentina que autorizó al Brasil para pasar con sus escuadras y atacar al Paraguay en 1855 le negó al Paraguay para cruzar con su ejército por Corrientes en auxilio del Uruguay, así les abrió la trampa a sus fieras comandadas por Venancio Flores para la invasión de la República Oriental del Uruguay, y les acarreó luego en consecuencia la desastrosa guerra con el Paraguay, según las propias palabras premonitorias del Barón de Mauá, financista principal de los gobiernos integrantes de la “Triple Infamia”, al decir que “la maldita guerra sería la ruina del vencedor y la destrucción del vencido”. 
Además, los guerreristas argentinos contra el pueblo paraguayo quisieron engañar y engañarse suponiendo que la Guerra contra el Paraguay era la continuación de un plan trazado para el Río de la Plata a partir del triunfo de la batalla de Caseros, pero no pudieron ocultar la mentira por mucho tiempo, debido a que pronto sus finanzas acusaron los gravosos costos de la injusta guerra contra el país hermano, que fue promotor, garante y facilitador nada menos que la unión nacional apenas un lustro antes, pero tampoco pudieron disimular las cuantiosas pérdidas en vidas humanas de su población más noble y activa, y mucho menos pudieron justificar el genocidio practicado con el pueblo paraguayo, el mismo que ayudó a construir los fuertes de Buenos Aires, Montevideo, Colonia de Sacramentos y ayudó también a recuperar de los invasores ingleses a principios del siglo XIX dichas ciudades cabeceras, por lo tanto, quedaron enterrados en los esteros paraguayos de Curupayty e Itá Ybaté, entre otras batallas legendarias, los mejores sueños y brillantes períodos iniciados en la victoria de l 3 de febrero de 1852. 
En cuanto a los orígenes reales y verdaderos de la guerra nunca fueron misterios, pero sus promotores y hacedores principales prefirieron siempre pasar el bulto sobre la cabeza del otro, es decir, a la victima, el Paraguay o Solano López. No obstante, treinta años después terminada la trágica contienda, el enviado del emperador ante el gobierno argentino y consejero brasileño José Antonio Saraiva confesaba sin rodeos en una carta a Joaquín Nabuco que la Alianza con la Argentina se había concertado en el Campamento militar de Venancio Flores, en Puntas del Rosario el 18 de junio de 1864, casi un año antes del Tratado Secreto pero oficialmente firmado por los representantes de los tres países intervinientes de la Triple Alianza, en el domicilio de Mitre de Buenos Aires el 1º de mayo de 1865, después del hecho que había movido al Brasil a invadir la República Oriental y provocó la reacción de Paraguay. 
En cambio, los argentinos no supieron nunca del todo por qué fueron a la guerra contra un país considerado por su propio pueblo como hermano, así testimonian “los voluntarios de guerra engrillados” que se negaron a participar voluntariamente y fueron llevados forzados hasta las trincheras. En este aspecto, en 1869 polemizaron en la prensa de Buenos Aires Bartolomé Mitre y el oriental Juan Carlos Gómez sobre los polémicos e ignorados orígenes de esa lucha iniciada cuatro años atrás y que aun no había terminado. Los argentinos se encontraron de repente, al final de la guerra, ante un cuadro poco alentador para no decir desolador, con una generación sacrificada en Tuyutî, Boquerón del Sauce y Curupayty, además de un desastre económico y financiero, un pueblo paraguayo masacrado casi en su totalidad en su haber y todavía con la posibilidad de otra guerra con el Brasil por disputa de los tristes despojos del vencido.
De cómo se habría llegado a esta dantesca tragedia entre países hermanos y un desastre continental que borraría del horizonte histórico el modelo de país autosuficiente, libre y soberano en lo político y económico con el Paraguay, que comenzaba a predominar y circular sus mercancías por todo el Río de la Plata en competencia con los países europeos y Estados Unidos, y ejercer al mismo tiempo fuertes influencias políticas en la consolidación de la soberanía de las naciones sudamericanas y una visión estratégica para impulsar el desarrollo propio frente a los personeros de la “revolución industrial”, ávidos de asegurar proveedores de materia prima y clientela de sus manufacturas crecientes. 
Pero la respuesta nunca satisfizo de quien fue presidente de la República Argentina y general de los Ejércitos Aliados, Bartolomé Mitre, ni del brillante periodista oriental Gómez ni ninguno de los demás intervinientes en la polémica como Mármol, Mariano Varela o el canciller Elizalde, no pudieron esclarecer ni demostrar que sabían el porqué de la participación en la guerra contra el Paraguay, ni explicaron tampoco coherentemente los supuestos motivos que originaron la contienda. El mismo Juan Carlos Gómez, alimentado de las frases heroicas, se preguntaba por qué se buscó la alianza con el imperio para combatir la tiranía (pues creía que la guerra contra las tiranías había sido propósito de la hecatombe). Mitre, por su parte, exculpándose de la hecatombe, entendía que "los argentinos no han ido al Paraguay a derribar una tiranía, aunque por accidente ese sea uno de los fecundos resultados de su victoria.” Han ido a vengar una "ofensa gratuita", "reivindicar" la libre navegación de los ríos y "reconquistar" nuestras fronteras, decía con ironía e hipocresía el presidente y general argentino, siendo que fue un hecho fortuito que encontrase en los esteros paraguayos a los brasileños entregados al mismo menester, insinuando siempre desconocer la ya publicitada alianza secreta. 
Para tener en cuenta, el conocido escritor José Mármol advertía que la guerra fue una consecuencia lógica de la alianza con el Brasil que buscaba siempre extender su dominio con su política expansionista, desde su origen como un enclave apenas por el Tratado de Tordesillas, y no la alianza de la guerra que ya era la ejecución del plan brasileño inspirado por Inglaterra y su embajador Edward Thorton, pues el denominado "agravio” paraguayo contra la Argentina se produjo un año después del entendimiento inglés-brasileño-argentino. Pero el canciller Elizalde siempre siguió el libreto oficial de la tríplice guerrerista al sostener que la fecha en que se firmó la Triple Alianza fue el 1º de mayo de 1865 y el “agravio” acusado del 13 de abril del mismo año, a lo que respondió Mármol diciendo que será la fecha del documento oficial de dicho Tratado pero el entendimiento y alianza existía de hecho desde junio de 1864, como le constaba a Elizalde que fue canciller y representante de la Argentina en Puntas del Rosario cuando se firmó el primer tratado secreto.
Coincidente con Elizalde, Bartolomé Mitre exhibió en toda su vida pública el ingente esfuerzo por demostrar su patriotismo y sus aciertos a la hora de defender los valores patrios, nunca hizo autocrítica de su dudoso triunfo en la Batalla de Pavón que obtuvo más bien por abandono o falta de resistencia del entonces enemigo(Urquiza), y que los papeles de la historia develarían luego que aquella victoria se libró más en los escritorios de la masonería que en los campos de batalla; asimismo la irrefutable derrota en Curupayty del comandante de los ejércitos aliados lo devolvió al sillón presidencial y puso fin entonces a una sangrienta guerra para los argentinos, cuya reanudación se debió ya a la directa participación de Inglaterra detrás del imperio del Brasil y la promesa de que, si hace falta, terminará cuando no quede ningún paraguayo.
Y de inmediato surge la otra pregunta de siempre, ¿por qué quería y querría Inglaterra una guerra contra el Paraguay? A pesar de incontables y voluminosos libros de historiadores ingleses, norteamericanos y hasta algunos latinoamericanos y paraguayos negacionistas que sostienen que Inglaterra nunca participó de la guerra ni tuvo interés alguno para hacerlo, a la luz de tantas documentaciones que obran en los archivos y reproducidos en tantos libros también, podemos afirmar que el mismo embajador británico del Río de la Plata, Edward Thorton, en su barco traía y llevaba entre Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires a los cancilleres firmantes del tratado de Puntas del Rosario, con el propósito de limitar el terreno para la influencia paraguaya, pero al parecer nunca propuso que esta acción tocase el extremo de una hecatombe o un verdadero holocausto en que se convirtió al final la acción bélica concertada contra le Paraguay, que sin miramientos destruyó las fortificaciones de Humaitá, dinamitó los altos hornos de Ybycuí, la fundición de Asunción, puentes y escuelas de todo el país, incendió grandes extensiones de sembradíos y los establecimientos de agro-industriales conocidos como “Estancias de la patria”, en supuesto nombre de combatir la tiranía de Solano López y establecer un gobierno democrático que se abriese a las mercaderías de Manchester y al capital inglés, el mismo que vitoreaba Mitre al arengar a sus tropas antes de lanzar un ataque a los paraguayos, con lo que los británicos hubieran estado satisfechos con navegar y comerciar libremente por los ríos y estados rioplatenses. 
Para los ingleses, que no estaban acostumbrados a que ningún gobierno les ponga reparos a sus planes comerciales, el Paraguay con su exigencia de respeto a su soberanía e igualdad de condiciones para negociar ante cualquier potencia, resultaba todo un escándalo, para corregir esta anomalía ideó la Triple Alianza pero no contaron con el heroísmo de los paraguayos. De aquella entusiasta arenga de Mitre al inicio de la guerra, “…en una semana en los cuarteles, en un mes en Corrientes y en tres meses en Asunción”, cuando las cosas se extremaron en 1867, sobre todo después de Curupayty, los diplomáticos ingleses intentaron lograr una “paz honrosa” proponiendo el exilio de Solano López y los correspondientes tratados de amistad, comercio y navegación con Inglaterra, no podían ni considerar ni remotamente la victoria paraguaya contra los aliados y prosiga sus hazañas este fronterizo país, bastándose a sí mismo, que nada precisaba traer de Inglaterra y lo que precisaba lo pagaba sonante, prescindía por principios de los empréstitos, de contar ya con trenes, astilleros, telégrafos propios y compitiendo en varios rubros comerciales ya con los ingleses en la región. Un país conocido más por las leyendas negras sobre el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia y no por su revolucionaria labor patriótica para consolidar el Paraguay como nación independiente y próspera, se daba el lujo de hacer respetar sus leyes a todo el mundo, incluso a los ingleses, demostrado al detener en ocasiones a hijos de los británicos, conocido como el caso Constantt con el pretexto de infringir leyes del país, ellos aspiraban que el Paraguay tuviera el mismo reflejo de la Argentina que permitía a los comerciantes ingleses libremente transitar por sus ríos y territorios, en desmedro de su propio comercio e incipiente producción industrial.
Cabe destacar que Inglaterra, antes de fomentar la creación de la Triple Alianza, exhibió abiertamente su disconformidad y encono contra el Paraguay, al verse frustrada su mediación entre Buenos Aires y la Confederación Argentina, bombardeando el vapor “Tacuarí” con el mariscal López a bordo después de cristalizar el sueño de paz con el Pacto de San José de Flores. De la misma forma, intentó por su medio y barco “Home Fleet” reducir al Paraguay bélicamente pero se frustró al toparse con los cañones de Humaitá, delegando luego la misión de impartir urbanidad a los paraguayos en los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay. En este sentido, se cuenta con un documento elocuente del embajador inglés Edward Thorton, dirigido al Foreign Office y fechado en Asunción el 6 de setiembre de 1864, en el cual describe con sombríos colores la tiranía paraguaya y su inexorable remedio, que al terminar su informe el pudibundo representante de la victoriana majestad, destacaba su mayor logro al haber firmado la Triple Alianza en junio pasado del mismo año, haciendo votos porque “una invasión extranjera que llevase a buena senda de la libertad comercial y el recato de las costumbres a ese pueblo falto de sensibilidad, que se siente feliz con su tiranía y se cree el igual de los más poderosos”. 
Para finalizar estos apuntes basados en la obra de Rodolfo Báez Valenzuela, EL MARISCAL FRANCISO SOLANO LÓPEZ, artífice DE LA UNIFICACIÓN ARGENTINA, con las breves reseñas de los acontecimientos más importantes que pintan la vocación pacífica del Paraguay y su encrucijada ante una guerra impuesta contra su proyecto de gran nación libre y desarrollada, como también integrada fraternalmente con sus países hermanos, retengamos la fecha del Informe de Thorton: 6 de Setiembre de 1864. Que antes de dos meses de aquella infausta fecha el Paraguay ya estaba en guerra con el Imperio del Brasil, y antes también de seis meses con la Argentina. 
La semilla sembrada con cizaña por el embajador inglés Edward Thorton en los viveros políticos de Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires pronto daría sus frutos promisorios en términos de tragedia, destrucción y genocidios. Y pronto también, en pocos años más, ya no habría en Paraguay aranceles ni tarifas aduaneros, ni altos hornos ni modernas fundiciones de hierro, ni los cañones de Humaitá podrán ya indicar que defendía una nación libre y soberana ante las potencias que acostumbraban pasear su soberbia por todo el Río de la Plata, ni habría más centinelas preguntones en la frontera, ni paraguayos insobornables que custodien su heredad, ni ríos clausurados al comercio de los piratas, ni prohibición al libre comercio, ni supuesta tiranía ni dictadura. El remedio fue peor que la supuesta enfermedad. No habría nunca más tampoco un Paraguay libre, soberano y solidario en defensa de la paz entre los países hermanos.

Gilberto Ramírez Santacruz
Buenos Aires, Octubre de 2017.

martes, 26 de septiembre de 2017

EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ...!

Presentación del libro el Sábado 14 de Octubre a las 16 hs
en Sede del Deportivo Paraguayo de Buenos Aires

EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, 
artífice  DE LA UNIFICACIÓN ARGENTINA 
de Rodolfo Báez Valenzuela

La guerra del Paraguay contra la Triple Alianza había cesado sólo en su expresión bélica con la muerte y asesinato del mariscal Francisco Solano López en 1870, pero en su expresión política, historiográfi ca y moral continúa en caldeadas batallas hasta nuestros días. Aunque para entender aquella fratricida contienda, que avergüenza a los pueblos, el genocidio de sus hermanos pero no a sus gobiernos, que ni han atinado en reparar nunca el crimen, se debe buscar en las verdaderas causas y en los antecedentes fehacientes que en esta obra nos muestra, con documentaciones pocas veces exhibidas y menos difundidas, EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, ARTÍFICE DE LA UNIFICACIÓN ARGENTINA de Rodolfo Báez Valenzuela, un libro esperado que echa mucha luz sobre el papel histórico determinante que jugó el Paraguay con su mediación en el Pacto de San José de Flores (1859) y de cómo ahorró “la efusión de sangre” entre hermanos para los argentinos. 
De esta manera, Báez Valenzuela aporta con su ya indispensable obra, al tiempo de enriquecer con su investigación y soporte documentario inaudito los reveladores antecedentes que desembocarían luego en la inexorable guerra contra el Paraguay, sumándose de esta forma al corpus historiográfico que conforman otras obras insoslayables que desmienten la hipótesis de la “Triple Infamia” para ahogar en sangre un modelo de país desarrollado e independiente. Por citar algunas de las más destacadas se puede mencionar El crimen de la guerra de Juan Bautista Alberdi; La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas de José María Rosa; Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay de Atilio García Mellid; La Guerra del Paraguay: ¡Gran Negocio! de León Pómer; El Genocidio Americano: La Guerra del Paraguay de Julio José Chiavenato XII - Estudio, nota y recopilación: Rodolfo Báez Valenzuela y La Guerra en el papel, de Mario Maestri, para demostrar una vez más que la Guerra Grande o "Ñorairõ Guasu" en guaraní, comenzó el mismo año de 1859 con el atentado que sufrió el entonces brigadier Francisco Solano López en su acorazado “Tacuarí”, al abandonar el puerto de Buenos Aires una vez firmado el mencionado Pacto de Unión Nacional, al ser atacado cobarde e inesperadamente por dos buques de guerra ingleses en el Río de la Plata, al verse agraviada la Corona Británica en su misión diplomática con el éxito del Paraguay como garante de la “unificación argentina” y sentirse menoscabada en su gestión también como mediadora junto a Francia. Cuando los ingleses perdieron la batalla diplomática en San José de Flores y vieron crecer la autoridad moral de los López en la región, trastocaron el principio estratégico de Clausewitz que define a la guerra como la misma política pero por otros medios, en el caso de la Triple Alianza que pergeñó Inglaterra para destruir al Paraguay como modelo sui géneris de país independiente, invirtió el orden de los factores y la guerra fue un medio para conseguir otros objetivos como son los de abrir los ríos y territorios para ampliar sus negocios. 
Por lo tanto, la lectura de esta imprescindible obra de Rodolfo Báez Valenzuela, sale a la palestra como el contrapunto a las promocionadas obras de los negacionistas de las causas non sanctas de la guerra y restauradores de la demonización de la figura de López, como son Maldita guerra de Francisco Doratioto y La Guerra de la Triple Alianza de Thomas Whigham. Feliz y auspiciosamente con esta publicación la Editorial Arandurã, sorprenderá a propios y extraños por sus reseñas y análisis respaldados con documentos de puño y letra de sus protagonistas más destacados, como el mariscal Francisco Solano López, el general Justo José de Urquiza, el general Bartolomé Mitre, Dalmacio Díaz Vélez, Nicolás Vázquez, Valentín Alsina, Carlos Tejedor y Felipe Llavallol, entre otros notables de la historia paraguaya y argentina. Pero como apuntamos al principio, la guerra terminó en 1870, la ocupación militar culminó del todo en 1880, sin embargo, nos dejaron hasta hoy día los guardianes culturales e historiográficos que velan como inquisidores por la historia oficial de "El Mariscal F. S. López artífice de la Unificación Argentina" los vencedores, para que a nadie se le ocurra contradecir la verdad establecida como pax romana sobre el país arrasado, para que no pueda surgir en el pueblo paraguayo una generación digna de sus mayores inmolados y exigir la rendición de cuentas a los genocidas, a los legionarios invasores y los aliados saqueadores de las riquezas y territorios del Paraguay. (Prólogo).

Gilberto Ramírez Santacruz 
Buenos Aires, Marzo de 2017. 

viernes, 15 de septiembre de 2017

¡Villarrica, cuna de poetas!

ESTACIÓN VILLARRICA *
(fragmentos)

cuna de poetas

la ciudad sublime de los poetas
el barrio legendario de ybaroty
el ykuã pytã de ortiz guerrero

fuente donde abreva la inspiración
y se ahoga la pena en lágrimas
yo bebí de tus cántaros sonoros

miré bajo tus aguas el misterio
sentí como propias las llagas
de un manú que descansa al fin

en la sombra de un vuelo poético
y bajo las alas de su amada
y brillante mariposa

el agua de bautizo
el primer aliento de vida me dio el ybytyrusu
el agua bendita era de capiybary

el baño bautismal fue en el pirapó
el nacimiento espiritual fue en villarrica
de la mano de ramiro y el gimnasio paulino

donde probé una vez la libertad y para siempre
aprendí a compartir el pan de la dignidad
en la mesa milagrosa del ykuá pyahu

la nueva fuente(ykua pyahu) de inspiración y lucha
de la mano del visionario engelberto
y descubrí en el horizonte mi propia estrella

y comencé la aventura de seguirla sin tregua

musa guaireña

por una musa guaireña
y su amor esquivo
tensé mi arco más puro
y tiré mi flecha más dulce

por una musa guaireña
y su amor lejano
rompí en canto de repente
como en verano una cigarra

por una musa guaireña
y su amor imposible
de un hondazo bajé al sol
y derribé a la luna

por una musa guaireña
y su amor no correspondido
murió de tristeza el hombre
y nació el poeta

el tren del destino


la vida tiene momentos
cada tren sus estaciones
no quiero irme en lamentos
sin dejar mis marcaciones

la vida se debe al destino
el tren a sus pasajeros
mejor echarse al camino
antes que caiga el sereno

si hay que partir yo ya me voy
si hay que quedar yo ya me fui
y da lo mismo donde estoy
si mi amor ya lo perdí

                                        (ykua pytâ, 1974)

* del libro "obra poética" de g.r.s. editorial arandurâ, asunción, paraguay, 2006.

martes, 22 de agosto de 2017

La muerte en modo indicativo

    La muerte en modo indicativo*

a las víctimas de oriente y occidente


Yo mato con los bombarderos 
que envía occidente a oriente.

Tú matas con las camionetas
que revientan a la gente como zapallos.

Él mata con su indiferencia atroz
con las camionetas y los bombarderos.

Nosotros matamos desinflando las lanchas
que traen a los refugiados a la costa.

Vosotros matáis empujando al mar
a los últimos sobrevivientes de la guerra.

Ellos matan a ti y a mí sin hacer distingos:
la muerte hace negocios descontando vidas.

*Del libro "Poemas de hoy en día" de G.R.S.

miércoles, 19 de julio de 2017

Roberto Fontanarrosa, a diez años de su vuelo cósmico


CULTURA Y ESPECTÁCULOS - Página /12, Buenos Aires, 19 de julio de 2017 ·
A diez años de la muerte de Roberto Fontanarrosa
“La popularidad del Negro sigue siendo insoslayable”
Liliana Heker, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Reynaldo Sietecase y Carlos Bernatek recuerdan en esta nota al notable escritor rosarino. Allí, en la ciudad donde nació, vivió y murió, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra su obra.
Por Silvina Friera

El Negro Fontanarrosa, un clásico de la cultura popular argentina.“¡Qué lo parió!”, diría Mendieta. Cómo se lo extraña a Roberto “El Negro” Fontanarrosa, excepcional narrador y humorista gráfico, canalla de pura cepa –hincha de Rosario Central–, que murió hace diez años, a los 62 años, como consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que padecía desde 2003. En Rosario, la ciudad donde nació, vivió y murió, su lugar en el mundo, se inaugurará hoy Fontanarrosa… el mayor de mis afectos, una muestra que celebra la obra del creador de personajes emblemáticos como Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso, autor de notables libros de cuentos como El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, Uno nunca sabe, La mesa de los galanes y Usted no me lo va creer, entre otros. La inteligencia y belleza de su humor, la capacidad de tomar el pelo a los argentinos “con maldad y con cariño”, el mundo del bar y los manantiales de historias, su mirada capaz de descubrir lo grotesco en situaciones mínimas, el oído fino para los lugares comunes y el hecho de emplear la lengua como laboratorio son algunas de las cuestiones que destacan Liliana Heker, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Reynaldo Sietecase y Carlos Bernatek.

Imagen relacionada“Me sedujo su escritura mucho antes de que Fontanarrosa empezara a publicar sus libros de cuentos –dice Heker a PáginaI12–. Ya en sus creaciones gráficas podía notarse que, en gran parte, su genio es verbal y sus fuentes, innegablemente literarias. Boogie, el aceitoso refiere al policial negro, y el habla de Inodoro Pereyra es una mezcla de parodia y homenaje a Neruda, o a Tejada Gómez, o incluso a Borges. Sus dibujos son desopilantes pero, en buena medida, la comicidad de cada recuadro, el impacto que provoca, reside en el lenguaje. Más adelante, sus cuentos desplegaron hasta lo imposible este don suyo, primordial”. Sietecase cuenta que lo primero que leyó fueron las historietas. “Mi padre era fanático de Inodoro Pereyra y me contagió ese fanatismo. Recuerdo que teníamos un calendario de pared que cada día tenía un chiste de ‘el renegau’. Comprendí enseguida que el Negro era mucho más que un historietista ingenioso. Había inteligencia y belleza en su humor. Luego vinieron sus cuentos. Mi preferido es ‘19 de diciembre de 1971’. Y todos sus cuentos de fútbol en general. Se trata de un gran escritor, aunque los policías literarios lo menospreciaran”, advierte el autor de Un crimen argentino y No pidas nada. Saccomanno lo descubrió en la revista Hortensia en la década del 70. “Allí estaba el Negro, con Inodoro Pereyra y Boogie, el aceitoso, parodias de la gauchesca y la serie negra. Poco después Hortensia llegó a distribuirse en Buenos Aires. Y ahí se produjo el estampido del humor cordobés, que siendo local en extremo rompió la barrera del provincianismo. A partir de ese momento la popularidad del Negro se vuelve insoslayable”, recuerda el autor de El buen dolor, La lengua del malón y El oficinista.
Resultado de imagen para cuadros de Inodoro pereyra, fontanarrosaAna María Shua era lectora de sus chistes y de sus historietas, “tan geniales”, hasta que le llegó los cuentos de El mundo ha vivido equivocado. “Me reí muchísimo, disfruté, y pensé que Fontanarrosa era una reencarnación de un autor que me había traído muchas alegrías en mi infancia y adolescencia: Chamico, el otro yo de (Conrado) Nalé Roxlo. Fontanarrosa tenía dos cualidades mágicas de Chamico: la capacidad de tomarnos el pelo a los argentinos con maldad y con cariño, y una increíble y jugosa habilidad para la parodia desopilante –compara la autora de Soy Paciente, Los amores de Laurita y La muerte como efecto secundario–. Pero seguí leyendo y descubrí que, mezclados con esos cuentos paródicos y tiernamente costumbristas, había también gran literatura gran, de la que se escribe con mayúscula. Cuentazos. Los hay por aquí y por allá, en todos sus libros, mezclados con los demás pero inconfundibles para quien los sepa valorar: ese que tiene como nombre una fecha (‘19 de diciembre de 1971’), en el que un hombre muere de la mejor manera posible: gritando un gol. O, por ejemplo, ‘El cielo de los argentinos’, que desborda el costumbrismo y nos toca directo en la mitad del corazón”. Carlos Bernatek comenzó leyendo las historietas sobre la guerra de Vietnam. “Eran textos ‘pre-Boogie’, que en cierto modo anunciaban el futuro discurso del personaje. Tanto los textos como los dibujos eran fascinantes, de una originalidad y una ironía inusuales, como una suerte de parodia de los cómics bélicos clásicos. Otra tira inolvidable fue una doble página color de Satiricón que, creo, se llamaba ‘Quién le teme al Pato Donald’, que llevaba el guión clásico a un delirio increíble”, evoca el autor de Rutas argentinas, Banzái y La noche litoral.

Imagen relacionadaEl Negro era –decirlo en pasado me cuesta– un extraordinario oído del habla y también es un lector agudo de diversas retóricas. Puede captar al detalle cualquier registro. Y ponerlo en acción. Es decir, su narrativa es tan amplia que puede arrancar desde la oralidad hasta el culteranismo”, plantea Saccomanno. “Me interesa el mundo del bar, cómo lo traduce en manantial de historias –agrega Sietecase–. Y el tratamiento que le da al fútbol en sus relatos. El deporte que defino como la más importante de las cosas menos importantes”. Desde que leyó El mundo ha vivido equivocado, Heker está convencida de que es “un narrador único en su especie”. “Su humor es irresistible pero no se trata solo de eso. Lo que le otorga originalidad genuina y, según pienso, trascendencia a ese humor, es que está atravesado por el absurdo, por la impiedad, por una mirada capaz de descubrir lo grotesco, pero también lo bello o lo grandioso, detrás de situaciones mínimas”. A Bernatek le interesa la oralidad de Fontanarrosa, “ese oído tan fino para con los lugares comunes, y la vuelta de tuerca cínica sobre la repetición de esa fraseología que conforma la llamada ‘sabiduría popular’, muy presente también en el discurso de los medios”.

Imagen relacionadaSaccomanno señala que la genialidad del Negro consiste “en emplear la lengua como laboratorio”. “En esta experimentación, primero en los globos de historieta, y luego en novelas y cuentos, tensa los límites de los géneros. No es que se proponga deliberadamente, a través de una operación intelectual, ponerse en el lugar del otro –aclara el escritor–. Este lugar, el del otro, es uno que se debe incorporar intuitivamente cuando se trabaja en géneros populares. Si no sabés escribir diálogos, no sabés escribir historietas. Y si no aprendiste a contar escribiendo historietas, difícilmente puedas lograr un buen cuento”. Para Heker más que el diálogo en particular, lo que Fontanarrosa maneja con un talento fuera de lo común es lo coloquial. “Ese manejo no reside solo en crear el vocabulario de cada personaje. Ya Borges dijo que quien conoce el lenguaje de un personaje, conoce su psicología. Pero el lenguaje no está hecho solo de vocablos. Las omisiones, los tics, ciertas reiteraciones o interrupciones, los errores, lo que el hablante trata de ocultar o de poner en relieve, todo eso es lo que constituye un lenguaje y va a sugerir al lector la psicología y la historia de un personaje. Los diálogos en literatura fallan cuando meramente exponen o informan, en lugar de iluminar algo que está detrás de las palabras. El ‘¡Que lo parió!’ de Mendieta suele ser más elocuente que unos cuantos discursos”.

Imagen relacionada“Inodoro Pereyra me ha hecho reír hasta caerme sentada –confiesa Shua–. Boogie, el aceitoso es lo más de lo más, me encanta la estilización, la depuración que hace de ese campo argentino inexistente del que en realidad nada sabemos y sin embargo nos constituye, la secreta admiración subdesarrollada por el super macho de Boogie… Y los cuentos, una y otra vez los cuentos: algunos cuentos. Lo maravilloso es que los cuentos que no son geniales, quizás la mayoría, son de todos modos intensamente disfrutables. Me fascina el humor, esa capacidad de Fontanarrosa de abrir una puerta donde todos creíamos que había solamente una pared”. La tradición literaria humorística, salvo excepciones, no tiene muchos escritores entre sus filas. “El humor da miedo, es peligroso, quien se arriesga al humor se arriesga a no ser tomado en serio –explica Shua–. Es mucho más fácil para un escritor poner cara de Sabato y hablar de sus obsesiones que hacer reír a la gente y arreglárselas para que a pesar de todo lo consideren un escritor ‘de verdad’. El público agradece a quienes lo hacen reír, pero los considera un escalón por debajo de los grandes. De hecho, es lo mismo que les pasa a los actores cómicos, la gente los adora, pero a la hora de nombrar a un gran actor argentino, nunca se van a acordar del que más los hizo reír. Fontanarrosa se mira y nos mira, sabe cómo somos y nos quiere; su humor no lastima, acaricia, entiende”.

Resultado de imagen para cuadros de Inodoro pereyra, fontanarrosa

jueves, 29 de junio de 2017

La verdad de Perogrullo y la mentira de Perurimá

La verdad de Perogrullo

y la mentira de Perurimá*


América fue conquistada por la avaricia del oro, la plata y las especies portando tres filosas armas, la espada, la cruz y la lengua. La espada siempre se observó en las manos de Colón y sus soldados blandiendo contra indefensos nativos. A la cruz portaban trogloditas espirituales abocados a tragar almas primitivas para el cielo cristiano y acompañaba bendiciendo toda acción piadosa e impiadosa. Y a la lengua se la conoció de sur a norte y este y oeste, cuyo estandarte más memorable recorrió todo el continente en la verba de Perurimá, en guaraní, y Pedro Rimales o Pedro Urdemales, en español, Pedro Malasartes, en portugués, y en otros nombres popularizados como americanizados heterónimos.
En realidad, eran todos pícaros pero el artífice de la verdadera conquista fue el último, no fueron los Reyes Católicos y sus argonautas en busca del “país del birú ni pirú o del Paitití(Sierra del Plata)”, Ciudad Resplandeciente o El Dorado (Mba’e Vera Guasu), ni los más abnegados cristianos y jesuitas en sus misiones fundadoras de paraísos terrenales (Yvy marâ’y) sino el pillo de Urdemales, colado de polizonte en las carabelas, llegó a tierra americana y arrasó con su baba poderosa toda señal de resistencia que ostentaba la palabra sagrada de los originarios.
Los más audaces fabuladores hablan de que Urdimales integraba el selecto grupo de colectores de oro y plata entre los conquistadores en el Perú, incluso fue de él la idea de embaucar al emperador inca Atahualpa y quitarle toda su riqueza en falso rescate y por ingenuo antes de asesinarlo. Hablan también de que la ciudad de Lima y el río Rimac del Perú le deben su nombre a su fama de incomparable pícaro y apocopada gracia de Perú Rimá, derivado de Pero Urdimales.
Luego de acabar Perurimá con los tontos e ingenuos del Perú, oyó hablar de una república insólita llamada Guairá, con su población venida del Brasil por asedio constante de los malocas o bandeirantes esclavistas de Sao Paulo, era un lugar dónde todo funcionaba al revés y que todos habían perdido su capacidad de asombro, entonces juntó a un grupo de paisanos con ciertos recursos monetarios y los convenció para venir a invertir lo recaudado en tan mentada nación guaireña. Sólo tenía que mudar de nombre según acostumbraba al llegar a cada pueblo y lugar y exigían las circunstancias para ganar confianza.
Pronto en Paraguay, Perúrimá fundó un caserío llamado Isla Perú, en un potrero de la compañía de Santa Clara que luego se llamaría Iturbe, luego otra que la bautizó como Ticumperú o La Nueva Picardía que pasaría a la postre denominarse Yegros, y una pintoresca ciudadela en honor a su propio prestigio y el de su contingencia atraída por la rara república, con el nombre de Perulero, geográficamente ubicada en las afueras de Villarrica, capital del Guairá, levantada al pie del cerro Ybytyrusu y sobre un riacho homónimo que corretea la región entre otros arroyuelos de llamativos nombres como Guarapo, Caundy, Bola Cuá, Bobo, Mita’i y Orory.
Una vez que había llegado y se ha rebautizado con el nombre de Perúrimá, comenzó a envolver con su lengua a todos los que tenía a su alrededor y dejó para siempre impregnado el modo de ser rufianesco, imaginero y sabio al mismo tiempo en el ser sui géneris del guaireño.
No dejó un pueblo a salvo donde no haya hecho su fechoría, sin haber cortado con la lengua un retazo de su embuste e imbatible engaño. No pasó en vano por el Paraguay, se dice que dejó también a un hijo llamado Pychâi, que no conoció a su padre pero siguió la tradición de buscavidas como embustero por las campiñas paraguayas y que a su vez tuvo a su propio hijo, conocido como Pychâichî entre los vulgos y que mataba el hambre conchabándose de criado o mandadero en casa de familia, pero también honró a su ancestro Perurimá en su condición de rascayuyos, sobreviviendo al ayuno obligado y a la escasa ración a costa de los ingenuos, crédulos y los poco precavidos habitantes del mentado terruño.
Lamentablemente, Tatakua no fue la excepción, sufrió una sola vez la hazaña embaucadora de Perurimá y su hermano Zonsorimá, “de cuando se transformó en burro por castigo divino” dice la leyenda, pero suficiente para no olvidarla nunca y precaverse luego de los otros pícaros herederos que continuaron por todos los pueblos con el negocio de proveerse de lo ajeno, relatando irresistibles cuentos y provocando delirantes casos.
Sin embargo, la batalla dialéctica exigió a la lengua de la conquista su espada más brillante, para lucirla tanto en la verdad de Perogrullo como en la mentira de Perurimá, cara y ceca de la misma moneda que trocaría su miseria en todo el oro y la plata de América en un abrir y cerrar de ojos, lucrando una y otra vez sin parar sobre la sagrada palabra de los nativos y burlando su hospitalidad, desde la llegada de Colón hasta hoy día, al pagarles con los despreciados y despreciables espejuelos de colores.
Enero, 2003.

*Relato extraído del libro "Espiridión y el arte de la manipulación", de G.R.S., editado por FAUSTO EDICIONES, en junio de 2017, y presentado en la última Feria Internacional del Libro 2017, Asunción, Paraguay.

viernes, 2 de junio de 2017

¡Espiridión y el arte de la manipulación...!


¡Nuevo Libro de Gilberto...!


FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO 2017, ASUNCIÓN, PARAGUAY
SÁBADO 10 DE JUNIO - HORA: 19:00 
Presentación: “Espiridión y el arte de la manipulación” de Gilberto Ramírez Santacruz
Lugar: Centro de Convenciones Mariscal López
Auditorio: Rivarola Matto, José María
Organiza: Fausto Cultural
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