Apuntes de un poeta aficionado y escritor esporádico. Según algunos, Gilberto escribe para no trabajar y, otros, que le cuesta mucho trabajo escribir! Pero él mismo cuenta su modus operandi a la hora de escribir:"Sólo quiero escribir cuando amo pero cuando amo dejo de escribir, por suerte cuento yo con las dos manos que al tiempo de amar puedo sentir." El desafío está echado, con el tiempo se verá si Gilberto escribe poco porque trabaja mucho o escribe mucho porque trabaja poco.El blogger
jueves, 5 de mayo de 2016
miércoles, 20 de abril de 2016
El escritor Sebastián Ocampos en Buenos Aires
DIAIRO ULTIMAHORA, ARTE Y ESPECTÁCULOS
lunes 18 de abril de 2016, 20:46Escritor paraguayo presentará libro en Buenos Aires
El escritor paraguayo Sebastian Ocampos presentará su libro de cuentos "Espontaneidad" en el Club Atlético Deportivo Paraguayo y firmará ejemplares en la Feria Internacional del Libro de la capital argentina.
| El escritor Sebastián Ocampos en un acto del Centro Cultural Juan de Salazar |
La presentación del libro de cuentos Espontaneidad se realizará el jueves 21 de abril a las 19.00, en la sede social del Club Atlético Deportivo Paraguayo, sito en Piedras 1676, Capital Federal.
El escritor Gilberto Ramírez Santacruz se referirá a la ópera prima de Ocampos, con quien intercambiará pareceres sobre la literatura paraguaya en general. La actividad es organizada por la Secretaría de Cultura del Club.
Un par de días después, el sábado 23 de abril de 16.00 a 18.00, Ocampos firmará ejemplares de su libro en el stand NuevoBarrio, ubicado en el Pabellón Amarillo de la 42a.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, considerada una de las mayores actividades culturales de la región.
Sobre el autor
Sebastián Ocampos nació en 1984 en Asunción. Es escritor, editor y corrector de textos. Dirige la Editorial Y (responsable de la RevistaY.com) y el Taller de Escritura Semiomnisciente (TES), ambos desde 2013.
Varios de sus cuentos han sido premiados en concursos paraguayos, traducidos al portugués e inglés y publicados en periódicos, revistas y antologías nacionales e internacionales.
Con el libro Espontaneidad recibió una mención en el Premio Academia Paraguaya de la Lengua Española 2015. También ha sido jurado de concursos de cuentos locales y regionales, entre ellos el Premio Itaú 2015, e invitado de mercados culturales, foros y ferias del libro del Paraguay y la Argentina.
En los siguientes enlaces pueden leerse algunos de sus cuentos: La caperucita roja,¡Maldito Nicanor Parra!, El premio literario y Confesión.
Un resumen de las reseñas del libro Espontaneidad, de Sebastian Ocampos. | Foto: Gentileza.
viernes, 25 de marzo de 2016
Un Dios caído
Un Dios caído*
Cayó un Dios de su trono
celestial
y al tocar tierra se hizo
hombre
nacer pobre y morir
desamparado
Soportó los flagelos más humillantes
que ningún infeliz podría
tolerar
Se tragó amarga la propia verdad
el verdugo higiénico se lavó
las manos
el antiguo rito del
sacrificio humano
volvió por última vez según
los fariseos
a Moloch siempre le gustaron los
niños
ahora le llaman a secas el
cordero de Dios
Cristo hizo esta vez del
chivo expiatorio
murió hombre y volvió a su
trono como Dios
*Versos que pertenecen a libro "Poemas de hoy en día" de GRS.
sábado, 19 de marzo de 2016
El Arte de Perder según Matsuo Bashô
MATSUO BASHÔ
EL ARTE DE PERDER
Fue el gran poeta nacional de Japón, maestro del haiku, peregrino y caminante. Matsuo Bashô, mezcla de linyera y monje, fue un personaje tan legendario como real del siglo XVII. Ahora se publican en un solo tomo sus Diarios de viaje, traducidos al castellano por el especialista en cultura nipona y zen Alberto Silva, y Masateru Ito. Es un libro que tiene ya varias traducciones, entre ellas la de Octavio Paz, y que más allá de su valor literario, abre las puertas de un mundo donde la captación del instante y la experiencia revelada rebalsan la comprensión racional o emotiva.
Por Mercedes Halfon
La lectura de un diario siempre guarda la promesa de encontrarse con un material que relevando lo cotidiano, descubra circunstancias desconocidas, azarosas y particulares en la vida íntima de alguien. En el caso de Matsuo Bashô, cuya obra tiene el signo de trasuntar la experiencia, de que la escritura sea una forma de detenerse en la vida, el diario, lejos de ser el descubrimiento de una dimensión ignorada, ilumina y profundiza en lo central de su órbita literaria. Bashô es el gran poeta de Japón, el maestro del haiku, el que pasó gran parte de su vida en los caminos, una mezcla de bohemio, linyera y monje, creando con sus escritos una imagen cultural y simbólica de Japón que perdura hasta nuestros días.
Parece difícil acercarse a este enclave espacial y temporal tan lejano. ¿Cómo era la cotidianidad en el campo y las ciudades de Japón a mediados del siglo XVII? La aparición en un tomo de los Diarios de viaje de Bashô es una estación fundamental en este acercamiento. Porque parece difícil y lo es. Octavio Paz, en su famosa y discutida traducción de Sendas de Oku, el más extenso de estos cuadernos de peregrinaje, aconsejaba leerlos con la mirada distraída, como quien mira una “sucesión de paisajes”.
Pero la lejanía no es solo cultural, sino también lingüística. En ese sentido se han sucedido las traducciones de Bashô, tanto de sus bellísimos haikus, como de sus célebres diarios, dejando la sensación de que nunca hay una versión que pueda considerarse definitiva. Son conocidas las traducciones al español del mencionado Paz y Eikichi Hayashiya –publicada por Fondo de Cultura Económica y considerada por algunos como de “excesiva impronta paciana”– la de Antonio Cabezas –editada por Hiperión–, a la que se suma ésta, elaborada por Alberto Silva y Masateru Ito. Sucesivas etapas de la siempre renovada fascinación por Japón y esa figura tan central en su cultura, que no hay templo, oficina pública o plaza, que no tenga alguna imagen que lo recuerde.
LENGUA HAIKU
Alberto Silva es un especialista en cultura nipona, director de Zen Buenos Aires donde se difunden saberes y prácticas. De él conocemos esa hermosa pieza de la poesía japonesa en español que es El libro del haiku. Para esta nueva tarea fue acompañado por el traductor nacido en Osaka Masateru Ito, quien fue además embajador en Latinoamérica. Silva nació en Buenos Aires pero migró mucho, vivió en Chile, España y durante casi quince años en Kioto. Él cuenta sobre su ingreso en todo este universo: “Hacia el 73 descubrí el haiku. Estaba en Chile y lo que me cayó en las manos fueron las traducciones de Torres Agüero de algunos poetas desde el francés y también algunas desde el inglés. Tuve la sensación de que el haiku en el original daba para más que lo que mostraban las traducciones e intenté algunas versiones mías. Después pasaron los años, vivimos con mi familia en Europa, más quince años en Japón. Profundicé mi aprendizaje de la lengua, la cultura y el zen. Antes de volver a Argentina definitivamente, en 2005 publiqué por Bajo la luna el volumen de haikus, que eran una segunda o tercera traducción de los mismos tercetos que había hecho a fines de los setenta”.
Silva viene pensando en la transmigración de esas formas tan livianas, naturales y espontáneas que a veces pareciera que cualquier intento de traducción al español vuelve solemnes, aplana o conduce a un lugar de mayor determinación que en el original. Por eso su llegada a la traducción de los Diarios de viaje de Bashô está guiada por la misma impronta seria y vitalista con que trabajó antes. En este caso se acompañó de un hablante natural de la “lengua de salida” para juntos llegar a las mejores versiones posibles. “Desaconsejo meterse en la traducción del japonés un extranjero solo. Y viceversa. Hace falta una amplitud de registros, sobre todo en una lengua como la de Bashô, que es híper cultivada, muy atenta a las posibilidades semánticas que da un kanji o carácter simbólico. La lengua es un ente vivo, tiene su elasticidad, sus limites, su legalidad, fronteras que muchas veces son menos rígidas de lo que pareciera. Una traducción es otro género que el diccionario bilingüe.”
El libro editado por Silva incluye la totalidad de los textos de viaje de Bashô: Diario de una calavera a la intemperie (1684), Viaje a Kashima (1687), Cuaderno en la mochila (1687), Viaje a Sarashina (1687), Senda hacia Oku (1689) y Diario de saga (1691). Todos cuidadosamente anotados, intentando reconstruir su contexto original de escritura. No solo histórica o geográficamente sino también de manera sensible: notas en referencia a la hermosura del paisaje que el poeta menciona, detalles sobre el tipo de luna que se alza sobre determinado monte, aclaraciones del estado de ánimo que podría estar haciendo alusión. Los textos de Bashô además, están plagados de referencias y chistes a poetas de la tradición japonesa y china. Cita mucho, pero cita estando de viaje y obviamente no lleva consigo su biblioteca. A veces la memoria le falla y hay que acudir a las notas para reponer y vislumbrar el brillo de la constelación poética que traza.
EN EL CAMINO
Obra: Diarios de viaje. Matsuo Bashô Fondo de Cultura Económica, 196 páginas.
Su nombre era Matsuo y lo cambió por Bashô –que significa banano– cuando era un reconocido maestro, inspirado por el árbol que estaba al lado de su casa y bajo cuya sombra seguramente, debe haber escrito, recibido amigos y discípulos. Había nacido en una familia campesina a mediados del siglo XVII, una Japón feudal donde la movilidad entre estamentos era impensable. Sirvió a una familia de samurais y se hizo amigo del menor de sus hijos, con quien aprendió y tomó contacto con el nuevo viento artístico que corría por entonces. La muerte prematura de su amigo y la falta total de perspectivas lo empujaron a abandonar su pueblo natal y lanzarse de lleno al mundo del haiku. En esa búsqueda de perfección que le llevó años, hasta hacerse conocido, eligió un camino de radicalidad, el de poeta itinerante. Demostró que el zen, más que una doctrina, era un modo de mirar. Viajero, despreocupado, caminante con lo puesto que encontraba en esa austeridad el silencio necesario para que la naturaleza se manifestara en sus gestos inesperados, los momentos preferidos del haiku: relampagueantes, llenos de gracia.
En ese peregrinaje Bashô escribió poemas y también diarios. El camino era la ocasión para entrenar su mirada. Como dicen Silva e Ito en el prólogo: observación exterior –los hitos de la tradición y la geografía japonesa– superpuesta con una observación interior. Sus textos transparentan una simpatía por todo lo viviente, una fraternidad en la impermanencia de hombres, animales y plantas. En esta suerte de igualdad universal, el poeta se funde con su entorno en la misma sencillez.
Hay que saber que los diarios son un género antiguo y popular en la cultura japonesa. Son ejemplos del haibun: texto en prosa que rodea, como si fueran islotes, un conjunto de haikus. En los de Bashô los poemas y las prosas se iluminan. Combinan reflexión, humor, melancolía, anécdota y contemplación. Es una mezcla de peregrinación religiosa, visita a lugares célebres y ejercicio poético. Como explica Silva: “En estos diarios hay un deseo de apropiación simbólica de Japón. El pasó sus últimos quince años en el camino, desde los cuarenta y cuatro hasta su muerte. Cuando empezó era un pichón muy brillante de poeta nacional. Y por lo visto no le alcanzaba. Era una persona conocida, que creó escuela, que refundó el haiku y vivía de manera holgada en Edo, la capital del país. Pero quiso irse al monte”.
Los textos están repletos de anécdotas en las que amigos lo buscan en el camino, lo alojan, le dan de comer y sake, o generosos tenderos fans le dan una cama a cambio de poemas. La austeridad de Bashô tenía por objetivo simplificar al máximo su vida para ir en busca de lo vivo, donde él encuentra la poesía. Silva aporta un vínculo interesante en la deriva que fue generando esta escritura: “Los diarios existen en Japón desde el siglo VIII y eran fundamentalmente una literatura femenina. Como las mujeres no estaban autorizadas a aprender el kanji, desarrollaron otro silabario paralelo que es el hiragana, en el que escribían diarios que los caballeros no podían leer. Textos como El libro de la almohada o Genji Monogatari dieron un poco la orientación de cómo era el temple de un diario. Crearon una dimensión donde la poesía y la prosa se entrelazaban. Todo me hace pensar que Bashô había leído historias de Genji o escuchado cuentos que se trasmitieron oralmente vinculados a ese registro. Los viajes de Bashô, podrían ser una excusa para escribir diarios”.
LO QUE ES UN INSTANTE
Hay entonces en esta escritura de la experiencia un lazo que la une con tiempos muy antiguos. La literatura oral está cerca, muchos de los haikus de Bashô fueron escritos al dictado por amigos con los que compartía un viaje, una noche, una celebración. Silva dice “Hay un carácter espontáneo, pero también una profunda reflexión sobre los sonidos, la música de las palabras, que puede llevar esa espontaneidad. La espontaneidad del arte es cultivada. Se llega a lo natural con mucho aprendizaje, se conquista lo natural. Y en eso Bashô es un ejemplo extraordinario ¿A qué se dedicó toda su vida? Pulir, pulir, pulir, escuchar, escuchar, escuchar. Predisponer la memoria y la imaginación a que cuando se produzcan ciertas circunstancias uno pueda soltar cierta cosa, quizás un haiku que se va a trasformar en central de su propia obra, pero que está encadenado a ese proceso de escucha y expresión que es propio de toda la poesía”.
Así como estas diarios tienen su fundación en géneros antiguos, al leerlos pareciera que vuelven a nacer en el presente. Hay algo en ese modo de uso de la lengua que parece muchísimo más cercano a nuestro oído que la poesía escrita en el mismo período, en español. Como si esa cercanía con lo oral en Bashô tomara nuevo significado e impulso hoy, cuando muchas de las escrituras vigentes parecen apoyarse en un registro inspirado en la oralidad. Para Silva esto estuvo preparado por el paso del tiempo y las escuelas poéticas que siguieron: “La lectura contemporánea de Bashô ha sido preparada por la poesía moderna occidental, como Ezra Pound o más cercanamente los beatniks. Me refiero a la forma compositiva y al espacio que propone: como si el material poético fuera de contextura nubosa y de lo que se tratara es de dejar aire entre medio de las palabras. La nube puede ser grande o pequeñita, pero se trata de que tenga una respiración importante. Otra poética que me hace acordar es Yves Bonnefoy, por su sentido del clímax de la poesía como abandono. Es una idea muy del haiku el abandono, hasta fónico”.
Pero la idea más fuerte de estos diarios de viaje, la que más resuena en el presente, es lo que Paz describía como “perderse en lo cotidiano para encontrar lo extraordinario”, el registro del instante. Como cierra Silva: “La idea de la experiencia es central. El flechazo de una palabra puesta en su lugar exacto. Parece que en nuestra sensibilidad está esa especie de veracidad de la palabra, fuera de toda ampulosidad, de toda segunda intención. Bashô no carga su escritura con su saber previo, por el contrario la despoja, la convierte en un momento del tiempo. Es muy difícil poder entender y trasmitir lo que es un instante. Pero el arte del haiku, que está en estos diarios, es llevar toda la densidad de lo vivo a un instante. Es lógico que nos interese, porque es lo vivo”
Dos fragmentos
de los Diarios de viaje de Bashô
CASA DE MUÑECAS
Los meses y los días son viajeros de la eternidad. Los años van y vienen y también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de barcos o envejecen conduciendo caballos, cada día es un viaje. El viaje mismo se vuelve su hogar. Entre los antiguos, muchos murieron en plena marcha. Incapaz de refrenar pensamientos de vagabundeo –desde hace cuánto tiempo, no lo sé– recorrí la costa igual que un girón de nube se deja llevar por el viento. Al correr el otoño pasao, volví a mi choza a orillas del río y barrí las telarañas.
Gradualmente el año llegó a su término. Entonces me vinieron ganas de cruzar el paso de Shirakawa en primavera, cuando hubiera neblina en el aire, hasta llegar a Oku. Poseído por un duende viajero y con las señas que me hacían los espíritus del camino, no conseguía fijar mi mente ni ocuparme de otra cosa. Remendé mi pantalón rotoso, cambié las cintas al sombrero de bambú y me apliqué moxa en las espinillas, a fin de fortalecer las piernas para el viaje. En ese momento sólo era capaz de pensar en la luna de Matsushima. Cedí mi cabaña y me trasladé a casa de Sampú para permanecer allí hasta la salida de mi viaje, no sin antes colgar de un piñar de mi choza un renga en ocho estrofas, la primera de las cuales dice así:
Con nuevos inquilinos
hasta una choza puede volverse
casa de muñecas
hasta una choza puede volverse
casa de muñecas
De Senda hacia Oku, 1689
UNA PESADA MOCHILA
De pronto me vinieron unas ganas locas de ver flores. El ansia guió mis pasos hacia Yoshino, a mediados de marzo. En Ise vino a recibirme aquel con quien había decidido marchar cuando estaba en Irago. Quería compartir conmigo los sinsabores del camino y atenderme lo mejor que pudiera. Para la ocasión, se puso como nombre Mangikumaru (“chico de los diez mil crisantemos”). Me encantó este apodo irónicamente infantil. Al ponernos en marcha, garabateamos riendo en los sombreros: “Sin domicilio fijo en este mundo: solo dos caminantes”.
Te mostraré
cerezos en Yoshino
sombrero de ciprés
cerezos en Yoshino
sombrero de ciprés
En Yoshino yo también
te haré ver qué cerezos
sombrero de ciprés
te haré ver qué cerezos
sombrero de ciprés
Demasiados bártulos estorban en un viaje. Me deshice de casi todo. Sin embargo, tuve que empacar en un jergón, impermeable, plancha de piedra para fabricar tinta, papel, mis remedios, canasta con comida....Llevaba todo a cuestas, claro, con piernas inseguras bajo mi cuerpo enclenque. Estuve a punto de caer de espaldas. Casi no avanzaba en el camino, me sentí completamente miserable:
De Cuaderno en la mochila, 1687.
jueves, 10 de marzo de 2016
¡El adiós de Carlos Villagra Marsal...!
POESÍAS DE
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
**/**
VARIACIONES EN DOS CLAVES
para una música inmediata de Sila Godoy
IAquel humo
. Quemazón azul
de octubre
veladura repujada
estás más cerca
de mi palabra
que del horizonte viejo.
. Pilar de humareda capital
soy tu trasunto
una refracción apenas
de tu empeño:
brasa dispuesta
rojizo lenguaje codicioso
luego morosa vehemencia
niebla seca
ciego ascenso
y al fin disgregación
en el ensimismado
firmamento.
(octubre 1991)
II
Bruma inicial
. Neblina soleada
primera contradanza
de ciertas
mañanas.
. Antigua respiración
cardinal
semen de los dioses
hoy una sencilla fábula
de la vigilia.
. Pasajera porfiada
de noviembre
suelta de naciente
y de máscara
te vas deslizando
de la eminencia agitada
del palmar
a la indecisa
playada
como si fueras en verdad
a nimbar
las próximas madrugadas.
. Y sucedes
sin tomar en cuenta
que eres cifra de quienes te miramos
desde esta abierta balaustrada:
ese aire persuasivo que te empuja
no ha de arrimarte
a la fulguración más ancha
y entonces
cuando progrese la jornada
regresarás a ser
cóncava liviandad
siesta abstracta
nada.
(noviembre 1991)
.A principios de luna
. Allá en un declive del cielo, arquea su espinazo el cachorro de luna, listo para saltar sobre la presa inerme al otro lado del universo. Flameante carnicero nuevo, se acaba de lavar la cara con los aguaceros de diciembre, pensando quitarse las manchas de un pecado venial.
. Y vástago de león azul con tigra de los orígenes, el creciente animal aprende a cazar por su cuenta nocturna: debajo, en el antepecho de la serranía, estamos considerándole -a veces en desvelo y a veces a través del sueño, mestizos de sombra y reverbero como él, como él acechantes, inculpables, tenaces.
(enero 1992)
para Miguel Chase-Sardi
Post meridiem.
Resulta difícil acertar el nombre
cabal
de la azucena morada
que sobrepasó el mediodía.
. Y cuesta restañar la tarde
ajustando
sonidos y añoranza únicamente.
. Más vale entonces
cerrar la voz,
desplegando las sienes
para cobrar la niñez de esta brisa,
con la mano avizora, sí, callada como un guante
en el dorado reflujo de la siesta.
. El silencio,
y acaso después
la cantiga dispersa y casual
de las estrellas.
(marzo 1992)
para Josefina Plá
para Josefina Plá
.La luz es indecible
. No,
no la llames.
Y consiéntele danzar consigo misma,
recónditamente neta,
para ayuntarse
con su propio deslinde.
. No hace falta mentarla.
Tranquilo, acepta
que aun en su infancia
sueñe
un violáceo destino en el Poniente.
. Basta que apuntes
con tu índice súbito
una de sus exactas cortaduras
es el concesivo llano amarillo
o sus chasquidos de plata
en la crestería de los cerros.
. Y en todo caso
comprende
en un gesto capaz, despacioso,
su señorío azul
y el torbellino impasible de los árboles.
(abril 1992)
para Rodrigo Campos Cervera
para Rodrigo Campos Cervera
Insistencia.
Ya es honda la noche, y las nubes
como lentas memorias precisas
han ganado mi casa.
. O será esa niebla despierta, perdida,
que parece arriar el cielo sellado
hasta la cumbre de esta serranía.
. La casa inmóvil, sin embargo,
rompe a cruzar la oscuridad vacía.
. Ciego como el ventanal
y a la sombra de mi lámpara prendida,
yo también solitario, indago el rumbo
de tu encarnación esquiva.
. Sí, he leído todos los libros,
pero aún no sentí el final de tus melodías.
. Callado una vez más, habré de buscarte
en la virazón de la vigilia,
para alcanzar siquiera tu nombre,
Poesía.
(agosto 1992)
para Ester de Izaguirre
para Ester de Izaguirre
.Adiós.
Un pájaro raspa el cielo equívoco
de la atardecida.
. Retrasado y oscuro
grita hacia el Sur,
rumbo a su viejo dormidero,
mientras bate la luz
resbaladiza
de la altura.
. Allá frío y huyente,
usual en estas lejanías,
Un pájaro raspa el cielo equívoco
de la atardecida.
. Retrasado y oscuro
grita hacia el Sur,
rumbo a su viejo dormidero,
mientras bate la luz
resbaladiza
de la altura.
. Allá frío y huyente,
usual en estas lejanías,
es sólo un precario pulso trajinero,
pero con él va borrándose
alguna palabra cierta
y el vasto otoño, en vuelo, se retira.
pero con él va borrándose
alguna palabra cierta
y el vasto otoño, en vuelo, se retira.
(junio 1993)
para Evelio Fernández Arévalos
para Evelio Fernández Arévalos
cette aimable nature dont les
beautés étoient sous mes yeux
ROUSSEAU
Les Confessions I, VI
beautés étoient sous mes yeux
ROUSSEAU
Les Confessions I, VI
. Paisaje
exento
quizá invitación trascordada
promesa de sesgado cumplimiento.
. Nos separan
una pátina contigua a la del sueño
y una obligatoria profesión
de silencios.
. Oh desmemoriado
paraje resuelto
oh contemplado aroma
oh denominador del tiempo
oh distancia curtida
oh digitación de cielo
oh vasija de la intemperie
oh cambiante paroxismo desierto.
. Paisaje intáctil
desde mí crece un espejo
de mí sigue manando
tu resplandor ajeno.
(julio 1993)
Para Óscar Ferreiro
Para Óscar Ferreiro
.Explicación de una lluvia
. Te esperábamos,
pausa esmerilada,
ciudadela instantánea,
muralla tras muralla levantada
de arriba para abajo.
. Con igual desdén
anulas
la llanura rumbosa
y la verde altanería de las piedras.
. Goteadora, te atienden
los cocoteros desatados,
las aves estrictas en el monte.
. Y el joven viento norte
dibuja una canción que te enardece.
. No obstante, enseguida resultas
garúa entrefina,
cerrazón,
soledad movediza.
. Al cabo
escampas.
. ... Ya eres agua anterior, pero me dejas
indemne, cristalino,
y acribillado de ágiles certezas.
(julio 1993)
para J. A Rauskin
para J. A Rauskin
**/**
Fuente: EL JÚBILO DIFÍCIL (POESÍA 1986-1995) de CARLOS VILLAGRA MARSAL. Edición, prólogo y notas de RAÚL AMARAL. Editorial Don Bosco,. Asunción-Paraguay, 1995.
Fuente: EL JÚBILO DIFÍCIL (POESÍA 1986-1995) de CARLOS VILLAGRA MARSAL. Edición, prólogo y notas de RAÚL AMARAL. Editorial Don Bosco,. Asunción-Paraguay, 1995.
lunes, 29 de febrero de 2016
CERRO CORÁ, 1º DE MARZO DE 1870
CERRO CORÁ, 1º DE MARZO DE 1870
(Guerra contra el Paraguay)
(01) Muero con mi Patria
(02) La confesión del crimen
(03) La barbarie
(04) Artículos Relacionados
(05) Fuentes.
- Testimonios de la Guerra Grande. Colección imaginación y memoria del Paraguay. t.II
- Castagnino Leonardo. Guerra de Paraguay. La Triple Alianza contra los paises del Plata.
- La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar
Artículos relacionados:
- El legado del Mariscal.
- Los heroes de Ypecuá.
- Lomas Valentinas.
- Guerra del Paraguay
- Manuel Trujillo
- Nacimiento de F.Solano López.
- Francisco Solano López.
- Carta a Emiliano López
- Elisa Lynch
- Gral. José E. Díaz.
- Gral. Bernardino Caballero.
- Tratado Triple Alianza
Fuente: www.lagazeta.com.ar
Mariscal Fransisco Solano López.
(Último retrato del Mariscal)
(Último retrato del Mariscal)
(02) La confesión del crimen
(03) La barbarie
(04) Artículos Relacionados
(05) Fuentes.
A orillas del Aquidabán: “Muero con mi Patria”
Poco había cambiado la situación de Francisco Folano López, que conocía su destino, y cuando el padre Maíz fue a comunicarle el 28 de febrero que su secretario, el diácono Donato Gamarra, había muerto de inanición, López le dice: “el padre Gamarra nos ha llevado un poco la delantera…”
El 1° de Marzo López se levanta más temprano que de costumbre. Sus ayudantes lo ven revolviendo sus pertenencias, como si estuviera dispuesto a partir; López distribuye algunos efectos personales, como pequeños obsequios, “como un recuerdo de su persona”.
Ese día amaneció húmedo y caluroso. La falta de noticias desde la vanguardia y la tardanza en regresar de los emisarios, le vaticinaban el final. La llegada de unas mujeres fugitivas se lo confirmaban: el Paso Tacuara había caído en poder del enemigo. Para verificar la noticia, López envía al Coronel Cándido Solís con diez hombres, que son sorprendidos y acuchillados, logrando escapar dos de ellos. Poco después comenzaban a sonar los cañonazos y a trepidar la fusilería.
Cuando López ve aparecer al enemigo, monta en el bayo que lo acompañara desde Paso Pucú, se pone al frente del resto de sus tropas, invitándoles a acompañarlo en su último sacrificio.
“Un poco más de doscientos hombres –describe O´Leary- armados en su mayor parte a sable y lanza, era todo lo que se había podido reunir, formando en las filas, como soldados, desde el anciano Vicepresidente Sánchez, hasta el último capellán. Esgrimiendo un espadín, en cuya hoja se leía su lema guerrero, su implacable lema, de “Vencer o Morir”, se puso en marcha, acaudillando aquel patético grupo, en el que se confundían los altos dignatarios del Estado con los representantes de la iglesia, los generales con la tropa y los más humildes ciudadanos con los jefes y oficiales del ejército, formando juntos un solo cuerpo, con una sola alma y un solo corazón…”.
Poco había cambiado la situación de Francisco Folano López, que conocía su destino, y cuando el padre Maíz fue a comunicarle el 28 de febrero que su secretario, el diácono Donato Gamarra, había muerto de inanición, López le dice: “el padre Gamarra nos ha llevado un poco la delantera…”
El 1° de Marzo López se levanta más temprano que de costumbre. Sus ayudantes lo ven revolviendo sus pertenencias, como si estuviera dispuesto a partir; López distribuye algunos efectos personales, como pequeños obsequios, “como un recuerdo de su persona”.
Ese día amaneció húmedo y caluroso. La falta de noticias desde la vanguardia y la tardanza en regresar de los emisarios, le vaticinaban el final. La llegada de unas mujeres fugitivas se lo confirmaban: el Paso Tacuara había caído en poder del enemigo. Para verificar la noticia, López envía al Coronel Cándido Solís con diez hombres, que son sorprendidos y acuchillados, logrando escapar dos de ellos. Poco después comenzaban a sonar los cañonazos y a trepidar la fusilería.
Cuando López ve aparecer al enemigo, monta en el bayo que lo acompañara desde Paso Pucú, se pone al frente del resto de sus tropas, invitándoles a acompañarlo en su último sacrificio.
“Un poco más de doscientos hombres –describe O´Leary- armados en su mayor parte a sable y lanza, era todo lo que se había podido reunir, formando en las filas, como soldados, desde el anciano Vicepresidente Sánchez, hasta el último capellán. Esgrimiendo un espadín, en cuya hoja se leía su lema guerrero, su implacable lema, de “Vencer o Morir”, se puso en marcha, acaudillando aquel patético grupo, en el que se confundían los altos dignatarios del Estado con los representantes de la iglesia, los generales con la tropa y los más humildes ciudadanos con los jefes y oficiales del ejército, formando juntos un solo cuerpo, con una sola alma y un solo corazón…”.
Cerro Corá (Paraguay)
El primer batallón de caballería fue rechazado, presentándose inmediatamente el Coronel Silva Tavares al frente de lanceros y carabineros, seguido por la infantería. Durante algunos minutos se mantiene indeciso. López aguarda sereno, erguido sobre sus estribos. Al primer movimiento brasileño, los paraguayos, dispuestos a recibirlos, irrumpen en gritos de vivas a la Patria: “Era –dice Borman- la reproducción, en pequeñas proporciones, del episodio de la guardia vieja en el campo de batalla de Waterloo”.
El choque fue tremendo, pero como era de esperar ante la desigualdad de fuerzas, duró poco. Los paraguayos, acosados por todas partes fueron retrocediendo hacia una zona montuosa, a orillas del Aquidabán. López había visto caer a su lado al Coronel Luis Caminos y a sus últimos hombres. Rodeado por algunos jinetes brasileños que le intiman rendición, López, por toda respuesta, los atropella tratando de herirlos con su espada, pero fue detenido por el cabo Francisco Lacerda, conocido como “Chico Diabo”, que le destroza el vientre de un lanzazo mientras otro lo hiere en la cabeza con el sable, y un tercero le da un lanzazo mortal.
Acuden en ese momento el Capitán Francisco Argüello y el Alférez Chamorro, que se enfrentan a los brasileños mientras López se retira penosamente. Seguido por el Coronel Silvestre Aveiro, el Mayor Manuel Cabrera y el Alferez Ibarra, penetra en una angosta picada, cayendo del caballo al poco andar. Desde allí fue llevado a la barranca opuesta del Aquidabán, y a su pedido, lo dejaron solo.
Un nuevo acto de fidelidad sucedería: en esa circunstancia extrema en que se escudaba la aproximación de la soldadesca, se presenta ante López el Alférez Victoriano Silva, ofreciéndole su compañía y pidiendo el honor de morir en su defensa, pero López, agradeciéndole tan generoso gesto, le regala su látigo y le ordena retirarse. En ese momento supremo, apareció el General Cámara cruzando de a pie el arroyo, e intimándole rendición, recibe por respuesta una frase que quedaría para la posteridad: “Muero con mi Patria”
En ese momento “Aproxímase un soldado del Batallón 9° -dice el historiador brasileño Borman- y el General le la orden de desarmar al Mariscal. El soldado lo agarra de los puños, teniendo lugar entonces una lucha. López procura conservar su espada, mas el soldado hace esfuerzos por tomarla: los contendores caen, se yerguen de nuevo, y la lucha continúa. Otro soldado que se aproxima, presencia aquella escena, aprovecha un momento en que el Dictador se desprende de su adversario, le apunta su arma, suena el tiro y la bala va derecho al corazón…”
“¡OH, diavo do López!”, dijo el soldado brasileño mientras pateaba el cadáver. Las últimas palabras de López eran algo más que una metáfora: ya casi nada quedaba del Paraguay, toda su población masculina había muerto bajo la metralla, muchas mujeres y niños perecieron también bajo la metralla, las epidemias de cólera y la fiebre amarilla, o simplemente sucumbieron de hambre. Tampoco quedaban ni altos hornos, ni industrias, ni fundiciones, ni telégrafo, ni plantaciones de yerba o tabaco. Paraguay perdió la mitad de su territorio.
El choque fue tremendo, pero como era de esperar ante la desigualdad de fuerzas, duró poco. Los paraguayos, acosados por todas partes fueron retrocediendo hacia una zona montuosa, a orillas del Aquidabán. López había visto caer a su lado al Coronel Luis Caminos y a sus últimos hombres. Rodeado por algunos jinetes brasileños que le intiman rendición, López, por toda respuesta, los atropella tratando de herirlos con su espada, pero fue detenido por el cabo Francisco Lacerda, conocido como “Chico Diabo”, que le destroza el vientre de un lanzazo mientras otro lo hiere en la cabeza con el sable, y un tercero le da un lanzazo mortal.
Acuden en ese momento el Capitán Francisco Argüello y el Alférez Chamorro, que se enfrentan a los brasileños mientras López se retira penosamente. Seguido por el Coronel Silvestre Aveiro, el Mayor Manuel Cabrera y el Alferez Ibarra, penetra en una angosta picada, cayendo del caballo al poco andar. Desde allí fue llevado a la barranca opuesta del Aquidabán, y a su pedido, lo dejaron solo.
Un nuevo acto de fidelidad sucedería: en esa circunstancia extrema en que se escudaba la aproximación de la soldadesca, se presenta ante López el Alférez Victoriano Silva, ofreciéndole su compañía y pidiendo el honor de morir en su defensa, pero López, agradeciéndole tan generoso gesto, le regala su látigo y le ordena retirarse. En ese momento supremo, apareció el General Cámara cruzando de a pie el arroyo, e intimándole rendición, recibe por respuesta una frase que quedaría para la posteridad: “Muero con mi Patria”
En ese momento “Aproxímase un soldado del Batallón 9° -dice el historiador brasileño Borman- y el General le la orden de desarmar al Mariscal. El soldado lo agarra de los puños, teniendo lugar entonces una lucha. López procura conservar su espada, mas el soldado hace esfuerzos por tomarla: los contendores caen, se yerguen de nuevo, y la lucha continúa. Otro soldado que se aproxima, presencia aquella escena, aprovecha un momento en que el Dictador se desprende de su adversario, le apunta su arma, suena el tiro y la bala va derecho al corazón…”
“¡OH, diavo do López!”, dijo el soldado brasileño mientras pateaba el cadáver. Las últimas palabras de López eran algo más que una metáfora: ya casi nada quedaba del Paraguay, toda su población masculina había muerto bajo la metralla, muchas mujeres y niños perecieron también bajo la metralla, las epidemias de cólera y la fiebre amarilla, o simplemente sucumbieron de hambre. Tampoco quedaban ni altos hornos, ni industrias, ni fundiciones, ni telégrafo, ni plantaciones de yerba o tabaco. Paraguay perdió la mitad de su territorio.
“Muero con la patria” exclamó el vencido –dice el publicista brasileño Alberto Souza- en un momento augusto y solemne en que las almas corrompidas y cobardes solo se atienen a las esperanzas de la fuga o al perdón del vencedor. Efectivamente, moriste ¡oh glorioso luchador! Con tu infeliz tierra aniquilada por la ambición y por el despotismo imperial; pero moriste para revivir ahora, no solo en el alma colectiva de tu Patria rejuvenecida, sino también en el austero e insospechable juicio de la Posteridad que te rehabilita. Desecha la espúrea leyenda de bajezas y crueldades con que los escritores imperialistas intentaron empañar, por tantos años, tu inmaculado patriotismo, se levanta alrededor de tu figura, engrandecida por el martirio, una aureola diáfana y resplandeciente, que te consagra en el doble e irrevocable carácter de “Héroe de la Patria y Paladín de la República”
Cuando llegó a Buenos Aires la noticia de la muerte de Francisco Solano López, Sarmiento mandó una banda de música a tocar serenatas ante la puerta de Bartolomé Mitre, y el mismo día le escribía a Mrs. Mann: “No crea que soy cruel. Es providencial que un tirano haya hecho morir a ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrescencia humana” (J.M.Rosa, La guerra del Paraguay, p.323)
La confesión del crimen.
López fue ultimado “cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido” de muerte. El crimen fue confesado por el propio General Cámara, vanagloriándose por lo hecho:
“Campamento en al izquierda del Aquidabán,
1° de marzo de 1870
Ilmo. y Excmo. Señor:
Escribo a V.E. desde el campamento de López, en medio de la sierra.
El tirano fue derrotado, y no queriendo entregarse, fue muerto a mi vista. Intimele la orden de rendirse, cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido, y no queriendo, fue muerto.
Dios guarde a V.E.
Doy parabienes a V.E. por el entero desagravio que tomó el Brasil del tirano del Paraguay. El general Resquín y otros jefes están presos.
Dios guarde a V.E.
José Antonio Correa da Cámara
Ilmo. y Excmo. Señor Mariscal de Campo Victoriano José Carneiro Monteiro, Comandante de la fuerzas al Norte del Manduvirá.
Cuando llegó a Buenos Aires la noticia de la muerte de Francisco Solano López, Sarmiento mandó una banda de música a tocar serenatas ante la puerta de Bartolomé Mitre, y el mismo día le escribía a Mrs. Mann: “No crea que soy cruel. Es providencial que un tirano haya hecho morir a ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrescencia humana” (J.M.Rosa, La guerra del Paraguay, p.323)
La confesión del crimen.
López fue ultimado “cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido” de muerte. El crimen fue confesado por el propio General Cámara, vanagloriándose por lo hecho:
“Campamento en al izquierda del Aquidabán,
1° de marzo de 1870
Ilmo. y Excmo. Señor:
Escribo a V.E. desde el campamento de López, en medio de la sierra.
El tirano fue derrotado, y no queriendo entregarse, fue muerto a mi vista. Intimele la orden de rendirse, cuando ya estaba completamente derrotado y gravemente herido, y no queriendo, fue muerto.
Dios guarde a V.E.
Doy parabienes a V.E. por el entero desagravio que tomó el Brasil del tirano del Paraguay. El general Resquín y otros jefes están presos.
Dios guarde a V.E.
José Antonio Correa da Cámara
Ilmo. y Excmo. Señor Mariscal de Campo Victoriano José Carneiro Monteiro, Comandante de la fuerzas al Norte del Manduvirá.
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Triple Alianza contra
los paises del Plata
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La barbarie
Consumado el crimen de López, se desata la barbarie. El propio López es despojado de todas sus ropas, y su cuerpo pisoteado y mutilado. La soldadesca baila alborozada sobre su cadáver. Arrastrado, es arrojado ante su familia, donde sus hijos pequeños cavan con las manos una improvisada sepultura.
Y mientras esto acontecía en el Aquidabán, comienza una feroz cacería. El hijo mayor de Solano, Coronel Juan Francisco López, “Panchito”, de 15 años, muere espada en mano intentando defenderse de un grupo brasileño: “¡Un coronel paraguayo no se rinde¡”.
Elisa Lynch cubrió el cuerpo sangrante de su hijo con su propio cuerpo, y espetándole a la soldadesca: “Esta es la civilización que han prometido”(Testimonios de la Guerra Grande. t.I,p.106)
Otro hijo de Solano López, José Félix López, de apenas once años, es sacrificado. El General Francisco Roa, rodeado de enemigos, es tomado prisionero y degollado inmediatamente. El propio Vicepresidente Sánchez, octogenario, se niega a rendirse y es ultimado a lanzazos. El Coronel Cnel. José María Aguiar, inválido por las heridas recibidas en Tuyutí, fue lanceado y degollado. Solo se salvaron algunos que alcanzaron a huir, o quienes estando en comisión, llegaron después de la masacre. Para mayor horror, fue incendiado el campo, donde perecieron los heridos.
Consumado el crimen de López, se desata la barbarie. El propio López es despojado de todas sus ropas, y su cuerpo pisoteado y mutilado. La soldadesca baila alborozada sobre su cadáver. Arrastrado, es arrojado ante su familia, donde sus hijos pequeños cavan con las manos una improvisada sepultura.
Y mientras esto acontecía en el Aquidabán, comienza una feroz cacería. El hijo mayor de Solano, Coronel Juan Francisco López, “Panchito”, de 15 años, muere espada en mano intentando defenderse de un grupo brasileño: “¡Un coronel paraguayo no se rinde¡”.
Elisa Lynch cubrió el cuerpo sangrante de su hijo con su propio cuerpo, y espetándole a la soldadesca: “Esta es la civilización que han prometido”(Testimonios de la Guerra Grande. t.I,p.106)
Otro hijo de Solano López, José Félix López, de apenas once años, es sacrificado. El General Francisco Roa, rodeado de enemigos, es tomado prisionero y degollado inmediatamente. El propio Vicepresidente Sánchez, octogenario, se niega a rendirse y es ultimado a lanzazos. El Coronel Cnel. José María Aguiar, inválido por las heridas recibidas en Tuyutí, fue lanceado y degollado. Solo se salvaron algunos que alcanzaron a huir, o quienes estando en comisión, llegaron después de la masacre. Para mayor horror, fue incendiado el campo, donde perecieron los heridos.
LEONARDO CASTAGNINO
- Testimonios de la Guerra Grande. Colección imaginación y memoria del Paraguay. t.II
- Castagnino Leonardo. Guerra de Paraguay. La Triple Alianza contra los paises del Plata.
- La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar
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Fuente: www.lagazeta.com.ar
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