viernes, 1 de marzo de 2013

1º DE MARZO: ULTIMA CARTA DEL MARISCAL A SU HIJO EMILIANO


“ÚLTIMA CARTA DEL MARISCAL A SU HIJO EMILIANO”*

                                                                                                               Azcurra, Junio 28 de 1869
Mi querido hijo Emiliano:

 No sé si habrán llegado a tus manos mis anteriores de Abril; pero me temo que no hayas recibido la primera lo que sentiría, por lo mucho que te hablaba en ella; como fue dirigida al General Dix, ministro de los Estados Unidos, que ha sido relevado, su sucesor probablemente no habrá tenido mucho empeño en hacértela llegar, como decía en mi última.

Entonces te anunciaba un próximo viaje a los Estados Unidos, y ahora que regresa para su país el General Mac Mahon, es llegado el tiempo que lo verifiques. Te he recomendado mucho a este caballero, que gustoso acepta la recomendación y quiere servirte de guía.

Yo cuento de que tú serás dócil a sus indicaciones y direcciones, por tu propio bien, y que no le ocasionarás el menor disgusto y mucho menos bochornos en ningún sentido, sino que diligente y caballeresco, dejarás todo entretenimiento infantil y procurarás empeñosamente formarte el hombre estudioso y serio, que ha de darme satisfacción y ha de ser útil a la Patria, y a sus pobres hermanitos, de quienes tú, en mi falta, serás única esperanza y apoyo.

No se trata de un paseo de holganza y entretenimiento, sino de práctica de la vida y el estudio más asiduo y constante que te ha de formar en el mundo. Muchos años has pasado ya en Europa sin que yo haya notado un provecho real en tus estudios. Por el contrario, he tenido que deplorar más de una vez tu poco adelanto, debido a circunstancias de que no he sabido darme buena cuenta de la prolongada incomunicación en que esta malhadada guerra nos ha puesto, en el tiempo en que más precisabas tú de mis consejos y yo de tus noticias; sin embargo, las pocas palabras que de tiempo en tiempo me han llegado lejos de traer la consoladora prueba de tus adelantos, no han hecho sino avivar mis penas y cuidados, recordando que hubo un tiempo en que, con poca aplicación a tu verdadero adelanto, lo has descuidado todo para preferir entretenimientos fútiles y una sociedad inconveniente, como la de García, en vez de cultivar más estrechas relaciones con otros compañeros que, aunque apareciendo en condiciones más humildes están llamados a trabajar en el desarrollo de nuestra Patria en condiciones más o menos aventajadas según la ilustración de su laboriosidad y conducta hubieran podido conquistar a su regreso al seno de la Patria.

Todo esto puedo decirte ahora, que te considero con mejor criterio, ahora que cuentas más años, circunstancias que me hacen esperar mejor apreciación de mis consejos y mejor logro a mis constantes deseos por tu cumplida educación, cultura y provecho.

En la última carta que de ti he recibido recordabas tu edad para pedirme ser admitido en calidad de “Attaché” de la Legación. Yo quisiera haberte dado no sólo este puesto, sino otros más altos, pero prefiero que tú sepas merecer puestos más distinguidos, mostrándome tu habilidad y empeñoso estudio, y es con este propósito que te proporciono ahora el conocimiento de los Estados Unidos, donde espero confiadamente sabrás alcanzar los méritos y adelantos que de todo corazón yo te deseo, pues el número de años no sirve sino en sentido negativo, cuando no se ha sabido aprovecharlo ventajosa o por, lo menos útilmente. Y a propósito de edad, tú no estás ya para perder el tiempo, sino para contar y aprovechar todos los instantes de la vida con una laboriosidad perseverante y honorable, y yo cuento con que vas a darme estas satisfacciones.

Como con el viaje que te proporciono a los Estados Unidos tendrías el tiempo sin ocupación, cosa demasiado pesada y reprochable en todo hombre de bien, quiero que para ocuparlo útilmente entres como estudiante en la oficina del abogado más hábil posible, para que tengas la ocasión de aprender la teoría y la práctica de las leyes, y el General Mac Mahon tiene la bondad de encargarse de buscarte una colocación, en la que según tu laboriosidad y contracción, sabrás atraerte la estimación y el respeto de los principales, y con ello mi más cumplida complacencia.

Tú eres hasta ahora ajeno a la vida y puntualidad de oficina, pero te recomiendo muy de veras no dejarte jamás notar en tal género de falta, que siempre es dañosa para la reputación ulterior.

Quiero lisonjearme de que en breve tiempo aprenderás los principios, teóricos que han de guiar tus trabajos prácticos y formar tu inteligencia en el ramo, ofreciendo así a los principales del oficio un motivo de atención hacia ti y mira que cuando un joven tiene la desgracia de merecer, en lugar de atención, el reproche de sus principales, es muy penoso para su crédito en la vida futura. Y que no te arredre la enseñanza muda de un estudiante de abogado, que esto se vence con la contracción y el trabajo.

Según mis informaciones, las oficinas de abogado en Nueva York son preferibles a las de Washington para que un joven estudiante pueda aprovechar; y aunque en aquella ciudad la vida es más cara que en Washington, yo prefiero para ti una colocación allí donde has de tener la ocasión de una práctica más constante y variada, y así lo recomiendo al señor Mac Mahon, de cuya residencia quedarás también más cerca para cuando algún consejo necesites.

Además, viviendo él cerca, podrá proporcionarte algunos conocimientos de honorabilidad y respeto, que tú, por tu parte, cuidarás de cultivar con empeñoso esmero, tratando de inspirar, si no algún interés, al menos simpatía.

Pero cuídate de hacer el conocimiento o la relación de hombres jóvenes ociosos y disipados que no te traerían sino el desprecio inmediato de las gentes sensatas y desgracias en el futuro; yo te recomiendo evitar tales escollos con la más cuidadosa precaución, como que nada será tan penoso para mi corazón como tu prematura pérdida.

No es mi ánimo recluirte por completo en la oficina de un abogado, y deseo que llevando una vida laboriosa y contraída, también adelantes en la vida social, y tiempo tienes para esto después de haber cumplido con tus deberes diarios en la oficina, para cultivar la relación de las personas o familias honorables, cuyo conocimiento hayas podido hacer.

Por los informes que tengo, te convendría tomar en Nueva York una pieza amueblada en un “Boarding House”, tomando la comida en un hotel, cosa que me dicen costará, en todo, 1500 pesos americanos, por año, cuando más.

En las épocas de estaciones del Congreso, puedes pasar a vivir en Washington, donde; la vida es más, barata, y tendrás la ocasión de ver el mundo político y diplomático, y si sabes merecer, como yo lo espero, serás admitido en ellos.

Como tus estudios de abogado no llevan por objeto recibir de los principales de la oficina ninguna compensación pecuniaria por el trabajo que puedas tener, puesto que ahora no buscamos sino tu ilustración y adelanto, en el verano, cuando la población de Nueva York sale al campo, podrás tu hacer lo mismo, evitando, los lugares “fashionables” en donde no se gasta sino mucho, dinero e inútilmente, y buscando las inmediaciones menos a la moda podrás pasar igualmente bien con menos dispendios y hasta haciendo alguna economía.

Podrás también visitar otros Estados o ciudades, cuidando siempre de hacerlo con provecho y gastando lo menos posible; digo con provecho para tu instrucción porque debes tener un principio bien establecido, y es no mirar nada con indiferencia, sino bajo el punto de vista de su objeto, en relación a la razón y al provecho. Es decir darse cuenta de todo, porque de todo esto ha de venir un día en que necesitarás.

El General Mac Mahon pondrá a tu disposición cien (100) onzas de oro y cuatrocientas (400) otras en los Estados Unidos. Esto es lo que puedo mandarte, y te recomiendo la mayor economía en tus gastos, porque no sé cuándo podré enviarte más, ni si podré hacerlo, porque nuestra fortuna está arruinada con la guerra y estoy resuelto a poner sus restos al servicio de la Patria. Con esto te arreglarás mejor.

La guerra, sin embargo, no puede durar mucho y si la Patria se salva, todo estará salvado, pero si por desgracia cae, yo caeré con ella, y en ese caso, tú serás, como te he dicho antes, la única esperanza de tus tiernos hermanitos, y te recomiendo que entonces trabajes, aunque sea labrando la tierra, para: que no les falte el pan, que así nuestro Dios les ayudará a todos y serán benditos de él como de mí.

Ya ves que no tengo la posibilidad de mandarte tanto cuanto quisiera, pero confío en que portándote con la moderación y circunspección que te deseo, y llevando una vida modesta y sin pretensiones, que no debes tener, te permitirá vivir algunos años y hacerte apto para afrontar todo caso te recomiendo desde ahora cualquiera que sea la suerte que la Providencia quiera acordarnos, y en la conformidad y resignación posibles.

Para no ir tan solo, y teniendo confianza en la juiciosidad que siempre he notado en el ciudadano Luciano Lara, le invitarás de mi parte para que te acompañe, pues confío que será un amigo leal y útil compañero, y de tu cuenta serán sus gastos más indispensables, y ambos aplicaréis vuestra atención para que el gasto común sea el menos considerable posible. En lo demás, Lara tomará en los Estados Unidos la ocupación que más le conviniese y le darás lectura de este pasaje, lo mismo que al Capitán Benítez. Queda entendido que también a Lara le proveerás de los vestuarios necesarios, y, como amigo de confianza, le pedirás su opinión en todas las cosas que aquí no estén prevenidas; y en cuanto a la materialidad de la manera de vivir, allá verán con la experiencia lo que mejor les convenga.

Bueno fuera que, no incurriendo en gastos demasiado grandes tomaras algunas lecciones de música como entretenimiento más útil que otros, y te dedicaras al estudio de las lenguas.
A propósito de esto, escribe tus cartas en francés, pero no descuides cultivar el español, que el inglés te será familiar.

Te prohibo todo juego de azar, y evita aun los inocentes, de los que fácilmente se pasa a los otros.
Acompaño para tu uso copia firmada de la carta que escribo al Señor A. Blyth, en cuyo poder, como tú sabes quedaron nuestros intereses al estallar la guerra. Dispondrás de lo que aún tengamos, colocándolo en algún Banco y tratando de conservarlo para cuando tus necesidades sean más apremiantes.

Quedaron también en aquella época algunos intereses privativamente míos a cargo del Señor Roberto Stewart de Edimburgo; pero como de ellos quedaba autorizado para hacer uso en favor del Gobierno, nuestro agente Bareiro, no sé lo que habrá sucedido; y tampoco el Capitán Benítez me ha dado noticias en la única carta que de él tuve después de haberse recibido de la legación.
Sin embargo podrás inquirir algunos conocimientos para tener esos fondos disponibles, como recursos de que podrás echar mano en último caso, y podrás mostrar esta carta al Capitán Benítez, si así te conviniere.

Como no sé el tiempo en que podré volver a escribirte, quiero prevenirte el inesperado caso en que por motivo de salud u otra grave circunstancia, como de fuertes desengaños, tocando absoluta imposibilidad de llenar mis deseos en los Estados Unidos, podrás volver a Europa previo consejo del General Mac Mahon y de otras personas respetables, cuyas relaciones hubieses podido adquirir, ya sea allá o en Europa.

En lo demás, confío que tu cordura y prudencia te aconsejarán.

Adjunto una recomendación para nuestro Cónsul General en Nueva York, que siempre se ha portado bien y que espero te será de mucha utilidad. Él también podrá guiarte en algo sobre el modo de colocar tu dinero en algún Banco, pues no debes nunca tener contigo sino lo muy preciso.
Muy joven me has dejado y mucho años han corrido sin siquiera tener noticias tuyas ni recibir mis consejos, de manera que tú no me conoces, pero por esta carta, escrita al correr de la pluma, conocerás mis deseos y sírvante de consejos sus prescripciones que, mientras tenga la ocasión de escribir otras, te recomiendo leas con atención y reflexión todos los domingos después de misa, pues, pudiendo, nunca debes faltar a este precepto, así como al Santo Amor y Temor de Dios, a cuya Magestad te recomiendo y ruego te bendiga y haga feliz.

Recibe los cariños de tus hermanitos y los de tu amoroso padre.

FRANCISCO SOLANO LÓPEZ 


*La carta que se transcribió más arriba está considerada históricamente como el testamento del mariscal Francisco Solano López. Su hijo Emiliano primero estaba radicado en París y luego se trasladó a Nueva York, lugar donde Mac Mahon le entregó la misiva. 
El primogénito de López había nacido en 1850, y era hijo de Juana Pesoa, mujer con la que tuvo tres hijos. Emiliano volvió al Paraguay en 1874 y falleció en 1875, en Pilar. 
Al momento de escribir, López se hallaba en Azcurra, zona cercana a Pirayú y si nos ubicamos en el tiempo veremos que faltaban menos de dos meses para el desastre de Piribebuy y Acosta Ñu. Por otra parte, este documento demuestra a las claras que López dista mucho de ser el tirano, asesino y monstruo que pintaron los viejos legionarios y que hasta hoy día sus descendientes continúan con esta cantinela. 
El texto fue extraído de la revista “Anales del Paraguay”, año I Nº 1, de octubre de 1963, y corresponde a una conferencia dictada por Leopoldo Ramos Giménez titulada “Resurgirás Paraguay. Una oda histórica del general Martin Mac Mahon”.


martes, 26 de febrero de 2013

¡ La Yuyera, Musa del Tereré...!

    La yuyera*


Aquí traigo los remedios,
caballeros de mi tierra,
son milagros de hierbas buenas,
para la salud yo ofrezco,
mi fama de curandera
recorre toda Asunción,
curo el mal de la pasión
con mi poder de yuyera.

Mi fórmula es sencilla,
machuco todo el yuyal,
desde pynó hasta agrial,
cedrón capií y batatilla,
lleno el mate matinal
con burrito y manzanilla,
con borraja y perudilla
para bien desintoxicar.

A la hora del tereré
yo preparo pata de buey,
bajo el mango como un rey
el hombre se refresca al sorber;
ningún caballero de ley
toma sin yuyos tereré,
si a la tarde vuelve la sed,
cepa caballo al barrer.

Por si acaso falla el amor
no falte nunca el kokü,
menos hojas de araticú
en la aguada del sufridor;
pronto verá el mborayhu
renacer de sus cenizas,
no tome nunca de prisa
mi zumo marängatú.

Si la pena un día llega
a tu puerta como sombra,
en tu pava llantén ponga
y antes de hervir ya ceba;
sentirás mejor ahora,
la presión desacelera,
la vida se recupera,
pohä ñaná te controla.

No hay angustia que valga
ni corazón que se ahoga,
si se toma cangorosa,
culantrillo y verdolaga;
tampoco habrá tristeza
con arasá roky y salvia,
kuratü, suico la magia
para borrar la pereza.

Bien vale la mezcolanza
si se hace a sabiendas,
los yuyos se recomiendan
así el dolor no avanza,
pero el mezclar es serio,
cura la salud en vida,
dando de tomar bebida
y evitar el cementerio

Por si algo sigue doliendo
y alivio no tiene su mal,
el jaguarete ka´a
te devuelve el aliento,
caballeros de mi tierra,
porque todo tiene cura,
hasta la vida más dura,
cuando el yuyo acierta.

Pero antes de marcharme,
les dejo un consejo apenas,
no falte nunca al tomarse,
caballeros de mi tierra,
en farra o al reposarse,
pará paraí y menta,
kaá piky y verbena
en tereré y al matearse.


*Versos extraídos del libro Paraguay canta, Paraguay sueña, de Gilberto Ramírez Santacruz, en homenaje al Día del Tereré y su musa hacendosa, La Yuyera.

miércoles, 2 de enero de 2013

EL KAMBAPU DE FRANCISCO GIMENEZ


EL KAMBAPU DE FRANCISCO GIMENEZ
NUEVO RITMO MUSICAL DEL PARAGUAY



El arpista Francisco Giménez acaba de editar en Buenos Aires un nuevo material denominado Nueva Propuesta Vol. II, poniendo a consideración del público composiciones de su autoría en  polca, guarania y avanzada, a las que agrega, por primera vez, el “Kambapú”, nuevo ritmo producto de su creación, tras una intensa y prolija investigación sobre la influencia de los ritmos negros en la música del Paraguay.

 Nacido en Villarrica, Departamento del Guairá, Paraguay, tierra de grandes arpistas, Francisco Giménez inició su carrera profesional en 1988, con sólo 16 años, obteniendo el primer premio en el Tercer Festival del Arpa Paraguaya  y desde entonces llevó su arte por el mundo, actuando en Argentina, Colombia, España, Inglaterra, Italia, Alemania, Japón, Suiza y Francia. En 1998 fue contratado como artista oficial para los Juegos Olímpicos de Nagano(Japón), país al que viaja permanentemente a realizar conciertos y dar clases magistrales.


Francisco Giménez lleva publicados cinco discos como solista y tres en compañía de prestigiosos artistas paraguayos y latinoamericanos, dichos trabajos fueron editados por importantes sellos y tuvieron distribución internacional con grandes repercusiones. Además, el arpista guaireño de gran talento interpretativo, con este nuevo trabajo del Kambapú apuesta a difundir su veta creativa que lo convierte en digno continuador de insignes maestros del arpa como fueron Félix Pérez Cardozo, Luis Bordón, Nelson Safuán, entre otros.




Kambapu*

           I
Kamba   jeroky

Kambapu pehendu
takuapi guepoti,
takuapu ryapu,
sarambi oguigui.

Kambapu ogueru
mbaraka chachacha,
jeroky ipyambu,
Kamakua ovy´a.

Kambapu pe ayvu,
opuka pe kuña,
karia´ÿ, lepiju,
vya´ÿ ñemuña.

Kambapu pehendu
sapukái ndovavái,
ysapu guyrapu,
ojajái tesarái.

Kambapu osunu,
hayvipu angu'a,
angua'apu ipuku,
ijayvu kamba atyra.

Kambapu oipeju
mimby kaaguy,
gualambáu ha turu
ñahendu mombyry.

Kambapu pehendu,
yvytu ombou.
Kambapu pehendu,
takuapu ryapu.

 Kambapu pehendu
sapukái ndovavái,
arpapu guyrapu,
ojajái tesarái.

Kambapu osunu,
retumba la tumba,
tamborpu ipuku,
rezumba la runfla.

Kambapu pehendu,
ayvu mombeu.
Pehendu kambapu,
kambapu pehendu.

          II

Che ha'e Kambapu


Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

Che póre ipoty vy'a'ÿ,
ymaite rehegua posu'u,
ko Kambapu ogueru
tetia'e pyahu ha jeroky.

Che ahy'ópe ojera púrahéi
arema osysýiva ipype,
ipojáima voí kuarahyre
aipotágui sa'ÿ teete.

Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

Paraguaipe aju apyta,
pypuku añembohapo,
para mboypýri aguereko,
ypykuera Afrikape opyta.

Ko'ape aju añemoña,
ava morotï ha ava teete,
upégui osë che apé,
jeroviaha Paraguaiete.

Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

* Francisco Gimenez-pe, karia'y ohehyi kuaáva ysapu änga sä, ohekyi haguere Kambapu tesarái ruguágui ha keraita poty apytégui. (Extraído del libro Paraguay negro, Paraguay indio, de Gilberto Ramírez Santacruz.)

viernes, 21 de diciembre de 2012

En Navidad y Año Nuevo: ¡El paraíso que te espera...!


El paraíso que te espera


  Cuando Dios echó a Adán y Eva del Paraíso por desobedecer a su mandamiento y ser débiles ante las tentaciones,  no habló nunca de que el Edén se había destruido para siempre sino que quedó prohibido para aquella pareja imprudente que fue desalojada por romper la alianza del hombre con el Creador.  

 

Pero al restablecerse la Nueva Alianza, con la venida del Mesías  que con su sacrificio selló la unión, cada hombre y cada mujer está rehabilitado para volver al Paraíso perdido que espera en algún lugar o tiempo, pero con la condición de que el camino que llevará de vuelta al Edén, necesariamente, deberá ser trazado por  cada uno, a su personal e irrepetible manera. 


                                               Gilberto Ramírez Santacruz

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Adiós a Chester Swann: Un día Celso Brizuela como Alonso Quijano...!


Adiós a Chester Swann:                                           

                                            Un día Celso Brizuela como Alonso Quijano

 

En un lugar leyendario de las tierras paraguayas

de cuyo nombre perdido de Luque recordaré

siempre,

vivía un valiente tallador y enderezador de entuertos

rodeado de gigantes malechores sin aspas,

de bufones y  pigmeos cortesanos de la adulonería,

que para emprender día a día su batallar Celso Brizuela,

como auténtico caballero de rey y de ley 

a los pyragués de la dictadura de Tembelo,

se rebautizó como el rockero Chester Swann

igual que Alonso Quijano que se hizo Quijote,

y montados ambos en sus corceles Rocinantes,

el manchego cabalgando en su esquelético potro,

el luqueño arrasando con su corcoveante moto Ninja

y  al hombro una de sus infaltables guitarras Fender

y ejecutando al mismo tiempo con armonía

la más sublime canción con su gualambau mby’a,

pero ya de regreso como héroe de un largo periplo

o como yendo glorioso y feliz a la aventura  final.

                                                                     
Gilberto Ramírez Santacruz                                                                                                          
Buenos Aires, 17 de diciembre de 2012.-
                   

martes, 14 de agosto de 2012

¡HOMENAJE A ELVIO ROMERO, EL POETA DE LOS INNOMBRABLES...!


                                    
                                                     LOS INNOMBRABLES
                                      
                                                                 I

Éramos ya los innombrables,
 los desechados de las glebas,
los que apenas tenían nombre,
lo de vivir en pobres tierras,
los de llevar señal amarga
de castigo por las ojeras,
los de plantar en suelo extraño,
los de vestir ropas ajenas,
los que estaban como de paso
medio sangrando entre las piedras,
los ignorados de la gente,
los del desprecio y las afrentas,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Éramos ya los innombrables,
los niños pobres y andrajosos
a quienes se llamaban con un silbido,
o con un gesto, o simplemente con la mitad del nombre;
los que podían vivir bajo las lluvias y los vientos
y las heladas, descalzos, y en las noches crueles de frío y desamparo,
y tener fiebres palúdicas
y envidiar a los bravos
y apedrear los faroles que penden de los tugurios,
o morir como mueren los ancianos
de efímera ilusión, soplados desde abajo.

Podíamos seguir las ferrovías
como si fueran el sendero a la medida
de nuestros anhelos
- brillantes u oscurecidos según la distancia y el tiempo -
orinar en las alcantarillas en los crepúsculos ardorosos
y tener gestos ásperos y altaneros.

Soñábamos con lagos inmensos
y con cabañas en medio de los montes profundos,
soñábamos con bandoleros que asediaban en tranqueras
y podían caer, cruzados de proyectiles, con el regocijo
sobre sus caballos jadeantes, raudos y enloquecidos!

                         II

Éramos ya los innombrables,
los pobres hombres de la tierra,
los de labios enrojecidos
por pedradas o por violencias,
los de rostro duro y reseco,
los atrevidos en las pendencias,
los que ostentaban sobre el pecho
girasoles y resistencias,
relampagueos en la frente,
sublevaciones en la lengua,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
y los senderos de las lluvias y los paisajes,
de los ventarrones que doblan en las siestas ardientes
el tallo fino de los mandiocales;
conocíamos el bochorno delirante del verano en los cocoteros,
los animales que lamían el bastón de los ciegos y
las serpientes y las flores silvestres.

Conocíamos los caminos
de los talleres y los campos,
de las misteriosas plantas a la orilla de los pantanos,
del sudor pegajoso de los trabajadores en el rumor del mediodía,
del pañuelo bordado por la mano anhelante de las muchachas vírgenes;
conocíamos las marcas forasteras de las barajas en los puertos,
el extraño mutismo de los hombres seguros y violentos.

Acaso descubríamos
cuanto yacía en el sobresalto de nuestros sueños,
el afán insumiso del acero escondido en la cintura
de los valerosos que morían cantando,
la música de los naranjales, el murmullo que suena lluvia adentro,
la cicatriz de los peones que tenían historias indescifrables
sobre la piel oscura a medianoche.

Aprendíamos cantos
de pendencia altanera;
tocábamos las guitarras cuyo secreto profundo era secreto
de los cautos y entristecidos,
aprendíamos las palabras que amedrentaban con su audacia y su furia
como la gloria de los himnos guerreros;
llevábamos el pecho desnudo de amarillo leopardo por los fondos calientes
de los bosques y los tembladerales.

Conocíamos las plantaciones
y los terrenos besados por las Siete Cabrillas,
los que guardaban para nosotros las cosechas más bárbaras,
los que dejaban sangre tibia en la esponja exprimida y oprimida
de nuestra piel morena;
conocíamos el brillo vengativo de los machetes que descansaban todavía
las rodillas que se partían de repente por los montes
húmedos y coléricos, gigantescos y lúgubres, y de virilidad decorosa,
y las comarcas lúbricas de torturado silencio
y el cinturón de fuego del verano.

                       III

Fuimos hechos de tierra roja
y de palabras callejeras,
de amasijos elementales
y de madera primigenias,
tempraneros encallecidos
de quemarse en las polvaredas,
de auparse en las intemperies,
de madrugar en las capueras,
nacidos ya, como quien dice,
en tiempo de mala cosecha,
sobre caminos quebrantados
por desventuras y querellas,
por gacho gesto ensombrecido,
por un destino de violencias.

Y éramos ya los innombrables,
los pobres hijos de la tierra.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
de haber escuchado el aliento expectante de los días interminables,
el llanto de las lluvias tristes sobre los llanos,
de haber probado el sorbo
amargo de la desgracia.

Y un día comprendimos
la dirección del viento, de esa musculatura
que se tuesta en la orilla brava de un sol naciente.

Nosotros, los esclavos de siempre,
los hombres de mirada perdida como la curva de los ríos bajantes,
los de anchos pies descalzos como las hojas de los tabacales,
acaparados por los golpes, adosados a los muros,
chamuscados en la extensión espesa de los latifundios infernales,
los que hacían los hijos como escupiendo el aire,
los que llevaban sobre el pecho quemado
los sembradíos y los tatuajes,
comprendimos de pronto
la voluntad sin tregua de nuestras gargantas,
que no había milagro comparable al milagro de nuestras manos poderosas.

Todo cobró un color predominio,
de pasión puesta en pie, de incógnita aclarada,
de ríos madrugando en asunción de brillo saludable,
de camino abreviando el apremio empeñado de los pasos del hombre;
todo animado al soplo de una luz verdadera,
de leño consumido que recobra el desvelo de su fuego,
de una certeza muscular y brava.

Un día comprendimos
que la Revolución no es solamente una palabra
de juvenil violencia, sino el agua fluente para la sed constante de los hombres
que pudiera traer la dignidad, difícil y profunda,
y el apego a la vida
y el latido inocente del sagrado intercambio de la emoción entre los seres.

Que es como la fidelidad de dos manos enamoradas bajo la luna.
Que es como abrir una fuente en una tierra seca bajo la luna.
Que es como la leche tibia de un madre hermosa bajo la luna.
O el grito de una niña bajo la luna.

Y supimos que hay noches
que descansan la frente sobre el pecho del día,
y hombres fuertes, como los nuestros, que sostienen las húmedas mañanas,
y flores que desvarían
en la mano rosada de las jóvenes cándidas,
y empuje adormilado de quebrar cocoteros en la dormida vara de la brisa,
y hogueras que levantan su niebla azul en medio de las colinas,
de las estrellas que guían las fugitivas olas de las playas.

Que no habría senderos entrecruzados,
ni señales desatendidas de los extraviados,
ni desafíos oscuros;
que cumpliría el verano su jornada,
la semilla su parto de esplendor y de ahínco
y el viejo rey del cielo su camino.

Entonces comprendimos
que la vida tendría una extraña belleza
como un árbol preñado de pájaros y meses,
que podríamos levantar la cabeza y mirar el cielo
sin temor y sin vergüenza,
respirar a pulmón pleno las fortificantes frescuras
de las raíces maravillosas.

Que rebelándonos abriríamos
las compuertas cerradas, el telón de los anocheceres hoscos y dolorosos,
que podíamos realizar el amor,
la pura valentía,
el canto,
la sonrisa,
y la fecundación de las aguas!

¡Comprendimos nosotros! Nosotros, los innombrables.

                                                                           ELVIO ROMERO 












jueves, 9 de agosto de 2012

Robin Wood: ¡El increible autor de personajes tan reales...!

Las aventuras de Robin Wood, el padre de Nippur de Lagash


 ¡De Caazapá al mundo de los héroes del honor!


Nació en una colonia socialista en Paraguay. Vivió en un orfanato y fue obrero.
Aquí responde a los que lo acusaron de “reaccionario”.

Robin Wood existe.


La constatación fascina porque muchas veces se pensó que ese nombre era una etiqueta detrás de la cual se ocultaban numerosos guionistas. Es que con casi medio centenar de personajes nacidos de su pluma –algunos con casi 30 años de presencia continua en el mundo de la historieta – y una producción que llegó a alcanzar entre 15 y 20 guiones semanales, resulta difícil creer que un solo hombre sea capaz de semejante obra. Pero ese hombre existe. Y se llama Robin Wood de verdad. Curiosamente, su nombre real suena menos verosímil que los de Mateo Fussari, Robert O’Neill, Noel Mc Leod, Roberto Monti, Joe Trigger, Carlos Ruiz, Rubén Amézaga y Cristina Rudlinger, los seudónimos a los cuales tuvo que recurrir para no copar los índices de las revistas de Editorial Columba.

Robin Wood, el de carne y hueso, fue homenajeado el sábado por el ministerio de Cultura del Gobierno porteño en el Museo del Humor.

El ministro Hernán Lombardi, tras las palabras de rigor, le hizo entrega de un diploma y luego el actor Juan Acosta le hizo una entrevista pública. En realidad, Acosta –que había preparado prolijamente un cuestionario– no tuvo necesidad –ni oportunidad– de preguntar demasiado, porque Wood se despachó con una hora casi ininterrumpida de anécdotas, desgranadas con histrionismo.

La biografía de Robin Wood es digna de su oficio. Nació en Paraguay en 1944, en el seno de una colonia de inmigrantes irlandeses y escoceses que llegaron a Sudamérica desde Australia y fundaron una colonia “socialista” en medio de la selva. “El tipo que dirigía la expedición declaró dos leyes: nada de alcohol ni de relaciones con las nativas . Imagínense quinientos irlandeses en la tierra de la caña de azúcar… no se habían sacado los zapatos que ya estaban destilando. De ellos, además, trescientos cincuenta eran hombres… bueno, todo esto trajo algunos desajustes”, cuenta Wood y el público ríe a carcajadas.

De chico, nunca tuvo contacto con la historieta. “Dejé la escuela en quinto grado, viví en un orfanato y trabajé en un obraje despachando troncos por el río Paraná. Eso sí: a los ocho años ya devoraba la obra de Shakespeare, Simone de Beauvoir y Hemingway y antes de los 20, había ganado dos concursos literarios. Uno de ellos, un análisis sobre la cultura y el arte en Francia.” Robin Wood, el autodidacta, se define a sí mismo como “un lector enfermizo”.

Cuando llegó a Buenos Aires, fue obrero durante diez años, viviendo en condiciones poco menos que miserables. Su primer contacto con el mundo de las viñetas fue a través del gran dibujante Lucho Olivera, con quien compartía la fascinación por la historia de Sumeria y la antigua Mesopotamia. Wood quería dibujar, pero carecía de talento. Olivera, por su parte, se quejaba de la calidad de los guiones. Olivera le propuso entonces que escribiera y así fue como Wood, el dibujante frustrado, le hizo llegar tres propuestas. No se enteraría de su suerte hasta verlas publicadas.

“Ese mismo día me presenté en Columba. Había llegado tarde al trabajo, una fábrica en la zona de Martínez, y no me dejaron entrar, llovía… todo era deprimente, casi de película, y me fui a la editorial, que quedaba por Corrientes y Callao”. Entre su nombre inverosímil y su aspecto harapiento, Wood tuvo que dar muchas explicaciones, pero salió de allí con su primer cheque y un compromiso de trabajo. “Me pagaron los tres guiones y me prometieron comprar todo lo que les enviara”.

Desde entonces, Robin Wood, el prolífico, integra con Héctor Oesterheld y Ray Collins el podio de los guionistas de historieta argentinos. Junto a Olivera, fueron responsables de momento cumbres de la historieta nacional como Nippur de Lagash y Gilgamesh, el Inmortal .

Trabajó con otros grandes dibujantes, como Falugi, Pedrazzini y Mandrafina. “Los mejores”, según Wood, que agrega risueño: “mi relación con ellos no es de ‘amor-odio’ sino de ‘odio-odio’. Los personajes, una vez dibujados, casi nunca se parecen a como yo los había imaginado”.

En la década del ‘70, Wood muchas veces fue atacado por “reaccionario”, por escribir para una editorial católica como Columba. “Yo fui obrero y los que me atacaban nunca habían salido de la universidad. Mis personajes inspiran el sentido del honor y los sueños en los adolescentes”, dice ahora.

A los 68 años, Wood sigue trabajando a pleno, viajando por el mundo, escribiendo a mano y “de un tirón” sus guiones en cuadernos escolares para siete dibujantes distintos y anuncia la filmación de una película basada en Nippur, quizás su personaje más célebre.

Uno de sus editores, Diego Accorsi, acaba de poner en marcha un muy recomendable sitio web (www.robinwoodcomics.org), una ventana adecuada para acercarse a la obra de Robin Wood, el incansable.

Fuente: Clarín, 1º de agosto de 2012, por Néstor Rivas.