martes, 26 de febrero de 2013

¡ La Yuyera, Musa del Tereré...!

    La yuyera*


Aquí traigo los remedios,
caballeros de mi tierra,
son milagros de hierbas buenas,
para la salud yo ofrezco,
mi fama de curandera
recorre toda Asunción,
curo el mal de la pasión
con mi poder de yuyera.

Mi fórmula es sencilla,
machuco todo el yuyal,
desde pynó hasta agrial,
cedrón capií y batatilla,
lleno el mate matinal
con burrito y manzanilla,
con borraja y perudilla
para bien desintoxicar.

A la hora del tereré
yo preparo pata de buey,
bajo el mango como un rey
el hombre se refresca al sorber;
ningún caballero de ley
toma sin yuyos tereré,
si a la tarde vuelve la sed,
cepa caballo al barrer.

Por si acaso falla el amor
no falte nunca el kokü,
menos hojas de araticú
en la aguada del sufridor;
pronto verá el mborayhu
renacer de sus cenizas,
no tome nunca de prisa
mi zumo marängatú.

Si la pena un día llega
a tu puerta como sombra,
en tu pava llantén ponga
y antes de hervir ya ceba;
sentirás mejor ahora,
la presión desacelera,
la vida se recupera,
pohä ñaná te controla.

No hay angustia que valga
ni corazón que se ahoga,
si se toma cangorosa,
culantrillo y verdolaga;
tampoco habrá tristeza
con arasá roky y salvia,
kuratü, suico la magia
para borrar la pereza.

Bien vale la mezcolanza
si se hace a sabiendas,
los yuyos se recomiendan
así el dolor no avanza,
pero el mezclar es serio,
cura la salud en vida,
dando de tomar bebida
y evitar el cementerio

Por si algo sigue doliendo
y alivio no tiene su mal,
el jaguarete ka´a
te devuelve el aliento,
caballeros de mi tierra,
porque todo tiene cura,
hasta la vida más dura,
cuando el yuyo acierta.

Pero antes de marcharme,
les dejo un consejo apenas,
no falte nunca al tomarse,
caballeros de mi tierra,
en farra o al reposarse,
pará paraí y menta,
kaá piky y verbena
en tereré y al matearse.


*Versos extraídos del libro Paraguay canta, Paraguay sueña, de Gilberto Ramírez Santacruz, en homenaje al Día del Tereré y su musa hacendosa, La Yuyera.

miércoles, 2 de enero de 2013

EL KAMBAPU DE FRANCISCO GIMENEZ


EL KAMBAPU DE FRANCISCO GIMENEZ
NUEVO RITMO MUSICAL DEL PARAGUAY



El arpista Francisco Giménez acaba de editar en Buenos Aires un nuevo material denominado Nueva Propuesta Vol. II, poniendo a consideración del público composiciones de su autoría en  polca, guarania y avanzada, a las que agrega, por primera vez, el “Kambapú”, nuevo ritmo producto de su creación, tras una intensa y prolija investigación sobre la influencia de los ritmos negros en la música del Paraguay.

 Nacido en Villarrica, Departamento del Guairá, Paraguay, tierra de grandes arpistas, Francisco Giménez inició su carrera profesional en 1988, con sólo 16 años, obteniendo el primer premio en el Tercer Festival del Arpa Paraguaya  y desde entonces llevó su arte por el mundo, actuando en Argentina, Colombia, España, Inglaterra, Italia, Alemania, Japón, Suiza y Francia. En 1998 fue contratado como artista oficial para los Juegos Olímpicos de Nagano(Japón), país al que viaja permanentemente a realizar conciertos y dar clases magistrales.


Francisco Giménez lleva publicados cinco discos como solista y tres en compañía de prestigiosos artistas paraguayos y latinoamericanos, dichos trabajos fueron editados por importantes sellos y tuvieron distribución internacional con grandes repercusiones. Además, el arpista guaireño de gran talento interpretativo, con este nuevo trabajo del Kambapú apuesta a difundir su veta creativa que lo convierte en digno continuador de insignes maestros del arpa como fueron Félix Pérez Cardozo, Luis Bordón, Nelson Safuán, entre otros.




Kambapu*

           I
Kamba   jeroky

Kambapu pehendu
takuapi guepoti,
takuapu ryapu,
sarambi oguigui.

Kambapu ogueru
mbaraka chachacha,
jeroky ipyambu,
Kamakua ovy´a.

Kambapu pe ayvu,
opuka pe kuña,
karia´ÿ, lepiju,
vya´ÿ ñemuña.

Kambapu pehendu
sapukái ndovavái,
ysapu guyrapu,
ojajái tesarái.

Kambapu osunu,
hayvipu angu'a,
angua'apu ipuku,
ijayvu kamba atyra.

Kambapu oipeju
mimby kaaguy,
gualambáu ha turu
ñahendu mombyry.

Kambapu pehendu,
yvytu ombou.
Kambapu pehendu,
takuapu ryapu.

 Kambapu pehendu
sapukái ndovavái,
arpapu guyrapu,
ojajái tesarái.

Kambapu osunu,
retumba la tumba,
tamborpu ipuku,
rezumba la runfla.

Kambapu pehendu,
ayvu mombeu.
Pehendu kambapu,
kambapu pehendu.

          II

Che ha'e Kambapu


Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

Che póre ipoty vy'a'ÿ,
ymaite rehegua posu'u,
ko Kambapu ogueru
tetia'e pyahu ha jeroky.

Che ahy'ópe ojera púrahéi
arema osysýiva ipype,
ipojáima voí kuarahyre
aipotágui sa'ÿ teete.

Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

Paraguaipe aju apyta,
pypuku añembohapo,
para mboypýri aguereko,
ypykuera Afrikape opyta.

Ko'ape aju añemoña,
ava morotï ha ava teete,
upégui osë che apé,
jeroviaha Paraguaiete.

Che ha'e Kambapu,
hasype asë sapy'a,
apo pya'e apu'ä,
péina che änga ipu.

* Francisco Gimenez-pe, karia'y ohehyi kuaáva ysapu änga sä, ohekyi haguere Kambapu tesarái ruguágui ha keraita poty apytégui. (Extraído del libro Paraguay negro, Paraguay indio, de Gilberto Ramírez Santacruz.)

viernes, 21 de diciembre de 2012

En Navidad y Año Nuevo: ¡El paraíso que te espera...!


El paraíso que te espera


  Cuando Dios echó a Adán y Eva del Paraíso por desobedecer a su mandamiento y ser débiles ante las tentaciones,  no habló nunca de que el Edén se había destruido para siempre sino que quedó prohibido para aquella pareja imprudente que fue desalojada por romper la alianza del hombre con el Creador.  

 

Pero al restablecerse la Nueva Alianza, con la venida del Mesías  que con su sacrificio selló la unión, cada hombre y cada mujer está rehabilitado para volver al Paraíso perdido que espera en algún lugar o tiempo, pero con la condición de que el camino que llevará de vuelta al Edén, necesariamente, deberá ser trazado por  cada uno, a su personal e irrepetible manera. 


                                               Gilberto Ramírez Santacruz

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Adiós a Chester Swann: Un día Celso Brizuela como Alonso Quijano...!


Adiós a Chester Swann:                                           

                                            Un día Celso Brizuela como Alonso Quijano

 

En un lugar leyendario de las tierras paraguayas

de cuyo nombre perdido de Luque recordaré

siempre,

vivía un valiente tallador y enderezador de entuertos

rodeado de gigantes malechores sin aspas,

de bufones y  pigmeos cortesanos de la adulonería,

que para emprender día a día su batallar Celso Brizuela,

como auténtico caballero de rey y de ley 

a los pyragués de la dictadura de Tembelo,

se rebautizó como el rockero Chester Swann

igual que Alonso Quijano que se hizo Quijote,

y montados ambos en sus corceles Rocinantes,

el manchego cabalgando en su esquelético potro,

el luqueño arrasando con su corcoveante moto Ninja

y  al hombro una de sus infaltables guitarras Fender

y ejecutando al mismo tiempo con armonía

la más sublime canción con su gualambau mby’a,

pero ya de regreso como héroe de un largo periplo

o como yendo glorioso y feliz a la aventura  final.

                                                                     
Gilberto Ramírez Santacruz                                                                                                          
Buenos Aires, 17 de diciembre de 2012.-
                   

martes, 14 de agosto de 2012

¡HOMENAJE A ELVIO ROMERO, EL POETA DE LOS INNOMBRABLES...!


                                    
                                                     LOS INNOMBRABLES
                                      
                                                                 I

Éramos ya los innombrables,
 los desechados de las glebas,
los que apenas tenían nombre,
lo de vivir en pobres tierras,
los de llevar señal amarga
de castigo por las ojeras,
los de plantar en suelo extraño,
los de vestir ropas ajenas,
los que estaban como de paso
medio sangrando entre las piedras,
los ignorados de la gente,
los del desprecio y las afrentas,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Éramos ya los innombrables,
los niños pobres y andrajosos
a quienes se llamaban con un silbido,
o con un gesto, o simplemente con la mitad del nombre;
los que podían vivir bajo las lluvias y los vientos
y las heladas, descalzos, y en las noches crueles de frío y desamparo,
y tener fiebres palúdicas
y envidiar a los bravos
y apedrear los faroles que penden de los tugurios,
o morir como mueren los ancianos
de efímera ilusión, soplados desde abajo.

Podíamos seguir las ferrovías
como si fueran el sendero a la medida
de nuestros anhelos
- brillantes u oscurecidos según la distancia y el tiempo -
orinar en las alcantarillas en los crepúsculos ardorosos
y tener gestos ásperos y altaneros.

Soñábamos con lagos inmensos
y con cabañas en medio de los montes profundos,
soñábamos con bandoleros que asediaban en tranqueras
y podían caer, cruzados de proyectiles, con el regocijo
sobre sus caballos jadeantes, raudos y enloquecidos!

                         II

Éramos ya los innombrables,
los pobres hombres de la tierra,
los de labios enrojecidos
por pedradas o por violencias,
los de rostro duro y reseco,
los atrevidos en las pendencias,
los que ostentaban sobre el pecho
girasoles y resistencias,
relampagueos en la frente,
sublevaciones en la lengua,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
y los senderos de las lluvias y los paisajes,
de los ventarrones que doblan en las siestas ardientes
el tallo fino de los mandiocales;
conocíamos el bochorno delirante del verano en los cocoteros,
los animales que lamían el bastón de los ciegos y
las serpientes y las flores silvestres.

Conocíamos los caminos
de los talleres y los campos,
de las misteriosas plantas a la orilla de los pantanos,
del sudor pegajoso de los trabajadores en el rumor del mediodía,
del pañuelo bordado por la mano anhelante de las muchachas vírgenes;
conocíamos las marcas forasteras de las barajas en los puertos,
el extraño mutismo de los hombres seguros y violentos.

Acaso descubríamos
cuanto yacía en el sobresalto de nuestros sueños,
el afán insumiso del acero escondido en la cintura
de los valerosos que morían cantando,
la música de los naranjales, el murmullo que suena lluvia adentro,
la cicatriz de los peones que tenían historias indescifrables
sobre la piel oscura a medianoche.

Aprendíamos cantos
de pendencia altanera;
tocábamos las guitarras cuyo secreto profundo era secreto
de los cautos y entristecidos,
aprendíamos las palabras que amedrentaban con su audacia y su furia
como la gloria de los himnos guerreros;
llevábamos el pecho desnudo de amarillo leopardo por los fondos calientes
de los bosques y los tembladerales.

Conocíamos las plantaciones
y los terrenos besados por las Siete Cabrillas,
los que guardaban para nosotros las cosechas más bárbaras,
los que dejaban sangre tibia en la esponja exprimida y oprimida
de nuestra piel morena;
conocíamos el brillo vengativo de los machetes que descansaban todavía
las rodillas que se partían de repente por los montes
húmedos y coléricos, gigantescos y lúgubres, y de virilidad decorosa,
y las comarcas lúbricas de torturado silencio
y el cinturón de fuego del verano.

                       III

Fuimos hechos de tierra roja
y de palabras callejeras,
de amasijos elementales
y de madera primigenias,
tempraneros encallecidos
de quemarse en las polvaredas,
de auparse en las intemperies,
de madrugar en las capueras,
nacidos ya, como quien dice,
en tiempo de mala cosecha,
sobre caminos quebrantados
por desventuras y querellas,
por gacho gesto ensombrecido,
por un destino de violencias.

Y éramos ya los innombrables,
los pobres hijos de la tierra.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
de haber escuchado el aliento expectante de los días interminables,
el llanto de las lluvias tristes sobre los llanos,
de haber probado el sorbo
amargo de la desgracia.

Y un día comprendimos
la dirección del viento, de esa musculatura
que se tuesta en la orilla brava de un sol naciente.

Nosotros, los esclavos de siempre,
los hombres de mirada perdida como la curva de los ríos bajantes,
los de anchos pies descalzos como las hojas de los tabacales,
acaparados por los golpes, adosados a los muros,
chamuscados en la extensión espesa de los latifundios infernales,
los que hacían los hijos como escupiendo el aire,
los que llevaban sobre el pecho quemado
los sembradíos y los tatuajes,
comprendimos de pronto
la voluntad sin tregua de nuestras gargantas,
que no había milagro comparable al milagro de nuestras manos poderosas.

Todo cobró un color predominio,
de pasión puesta en pie, de incógnita aclarada,
de ríos madrugando en asunción de brillo saludable,
de camino abreviando el apremio empeñado de los pasos del hombre;
todo animado al soplo de una luz verdadera,
de leño consumido que recobra el desvelo de su fuego,
de una certeza muscular y brava.

Un día comprendimos
que la Revolución no es solamente una palabra
de juvenil violencia, sino el agua fluente para la sed constante de los hombres
que pudiera traer la dignidad, difícil y profunda,
y el apego a la vida
y el latido inocente del sagrado intercambio de la emoción entre los seres.

Que es como la fidelidad de dos manos enamoradas bajo la luna.
Que es como abrir una fuente en una tierra seca bajo la luna.
Que es como la leche tibia de un madre hermosa bajo la luna.
O el grito de una niña bajo la luna.

Y supimos que hay noches
que descansan la frente sobre el pecho del día,
y hombres fuertes, como los nuestros, que sostienen las húmedas mañanas,
y flores que desvarían
en la mano rosada de las jóvenes cándidas,
y empuje adormilado de quebrar cocoteros en la dormida vara de la brisa,
y hogueras que levantan su niebla azul en medio de las colinas,
de las estrellas que guían las fugitivas olas de las playas.

Que no habría senderos entrecruzados,
ni señales desatendidas de los extraviados,
ni desafíos oscuros;
que cumpliría el verano su jornada,
la semilla su parto de esplendor y de ahínco
y el viejo rey del cielo su camino.

Entonces comprendimos
que la vida tendría una extraña belleza
como un árbol preñado de pájaros y meses,
que podríamos levantar la cabeza y mirar el cielo
sin temor y sin vergüenza,
respirar a pulmón pleno las fortificantes frescuras
de las raíces maravillosas.

Que rebelándonos abriríamos
las compuertas cerradas, el telón de los anocheceres hoscos y dolorosos,
que podíamos realizar el amor,
la pura valentía,
el canto,
la sonrisa,
y la fecundación de las aguas!

¡Comprendimos nosotros! Nosotros, los innombrables.

                                                                           ELVIO ROMERO 












jueves, 9 de agosto de 2012

Robin Wood: ¡El increible autor de personajes tan reales...!

Las aventuras de Robin Wood, el padre de Nippur de Lagash


 ¡De Caazapá al mundo de los héroes del honor!


Nació en una colonia socialista en Paraguay. Vivió en un orfanato y fue obrero.
Aquí responde a los que lo acusaron de “reaccionario”.

Robin Wood existe.


La constatación fascina porque muchas veces se pensó que ese nombre era una etiqueta detrás de la cual se ocultaban numerosos guionistas. Es que con casi medio centenar de personajes nacidos de su pluma –algunos con casi 30 años de presencia continua en el mundo de la historieta – y una producción que llegó a alcanzar entre 15 y 20 guiones semanales, resulta difícil creer que un solo hombre sea capaz de semejante obra. Pero ese hombre existe. Y se llama Robin Wood de verdad. Curiosamente, su nombre real suena menos verosímil que los de Mateo Fussari, Robert O’Neill, Noel Mc Leod, Roberto Monti, Joe Trigger, Carlos Ruiz, Rubén Amézaga y Cristina Rudlinger, los seudónimos a los cuales tuvo que recurrir para no copar los índices de las revistas de Editorial Columba.

Robin Wood, el de carne y hueso, fue homenajeado el sábado por el ministerio de Cultura del Gobierno porteño en el Museo del Humor.

El ministro Hernán Lombardi, tras las palabras de rigor, le hizo entrega de un diploma y luego el actor Juan Acosta le hizo una entrevista pública. En realidad, Acosta –que había preparado prolijamente un cuestionario– no tuvo necesidad –ni oportunidad– de preguntar demasiado, porque Wood se despachó con una hora casi ininterrumpida de anécdotas, desgranadas con histrionismo.

La biografía de Robin Wood es digna de su oficio. Nació en Paraguay en 1944, en el seno de una colonia de inmigrantes irlandeses y escoceses que llegaron a Sudamérica desde Australia y fundaron una colonia “socialista” en medio de la selva. “El tipo que dirigía la expedición declaró dos leyes: nada de alcohol ni de relaciones con las nativas . Imagínense quinientos irlandeses en la tierra de la caña de azúcar… no se habían sacado los zapatos que ya estaban destilando. De ellos, además, trescientos cincuenta eran hombres… bueno, todo esto trajo algunos desajustes”, cuenta Wood y el público ríe a carcajadas.

De chico, nunca tuvo contacto con la historieta. “Dejé la escuela en quinto grado, viví en un orfanato y trabajé en un obraje despachando troncos por el río Paraná. Eso sí: a los ocho años ya devoraba la obra de Shakespeare, Simone de Beauvoir y Hemingway y antes de los 20, había ganado dos concursos literarios. Uno de ellos, un análisis sobre la cultura y el arte en Francia.” Robin Wood, el autodidacta, se define a sí mismo como “un lector enfermizo”.

Cuando llegó a Buenos Aires, fue obrero durante diez años, viviendo en condiciones poco menos que miserables. Su primer contacto con el mundo de las viñetas fue a través del gran dibujante Lucho Olivera, con quien compartía la fascinación por la historia de Sumeria y la antigua Mesopotamia. Wood quería dibujar, pero carecía de talento. Olivera, por su parte, se quejaba de la calidad de los guiones. Olivera le propuso entonces que escribiera y así fue como Wood, el dibujante frustrado, le hizo llegar tres propuestas. No se enteraría de su suerte hasta verlas publicadas.

“Ese mismo día me presenté en Columba. Había llegado tarde al trabajo, una fábrica en la zona de Martínez, y no me dejaron entrar, llovía… todo era deprimente, casi de película, y me fui a la editorial, que quedaba por Corrientes y Callao”. Entre su nombre inverosímil y su aspecto harapiento, Wood tuvo que dar muchas explicaciones, pero salió de allí con su primer cheque y un compromiso de trabajo. “Me pagaron los tres guiones y me prometieron comprar todo lo que les enviara”.

Desde entonces, Robin Wood, el prolífico, integra con Héctor Oesterheld y Ray Collins el podio de los guionistas de historieta argentinos. Junto a Olivera, fueron responsables de momento cumbres de la historieta nacional como Nippur de Lagash y Gilgamesh, el Inmortal .

Trabajó con otros grandes dibujantes, como Falugi, Pedrazzini y Mandrafina. “Los mejores”, según Wood, que agrega risueño: “mi relación con ellos no es de ‘amor-odio’ sino de ‘odio-odio’. Los personajes, una vez dibujados, casi nunca se parecen a como yo los había imaginado”.

En la década del ‘70, Wood muchas veces fue atacado por “reaccionario”, por escribir para una editorial católica como Columba. “Yo fui obrero y los que me atacaban nunca habían salido de la universidad. Mis personajes inspiran el sentido del honor y los sueños en los adolescentes”, dice ahora.

A los 68 años, Wood sigue trabajando a pleno, viajando por el mundo, escribiendo a mano y “de un tirón” sus guiones en cuadernos escolares para siete dibujantes distintos y anuncia la filmación de una película basada en Nippur, quizás su personaje más célebre.

Uno de sus editores, Diego Accorsi, acaba de poner en marcha un muy recomendable sitio web (www.robinwoodcomics.org), una ventana adecuada para acercarse a la obra de Robin Wood, el incansable.

Fuente: Clarín, 1º de agosto de 2012, por Néstor Rivas.











lunes, 18 de junio de 2012

¡Réquiem por Los sin tierra...!


historia de mi pueblo*

les contaré la historia de mi pueblo
una historia dolorosa y valiente
viene de lejos cargado de muertes
pero que siempre renace de nuevo

varios siglos indómito vivió
luego vinieron la espada y la cruz
le robaron todo dioses siembra y luz
pero lucharon como nadie luchó

sólo dejaron cenizas y dolor
lo que era mar de selvas y maizales
y entre los desiertos interminables
hasta hoy esperan su redención


les contaré la historia de mi pueblo
una historia dolorosa y valiente
viene de lejos cargado de muertes
pero que siempre renace de nuevo

de sus cadáveres nació mi patria
de su sangre vino la independencia
de su alma voló la dependencia
y de un sueño surgió el doctor francia

floreció la patria a los cuatro vientos
y de nuevo la sombra fatalmente
todo mi pueblo cayó heroicamente
y volvieron a su vida los tormentos

ya les conté la historia de mi pueblo
una historia dolorosa y valiente
viene de lejos cargado de muertes
pero siempre renace de nuevo

y en su historia está nuestro futuro
un futuro de lucha y esplendoroso
el pueblo tendrá su pan milagroso
y la libertad será su sol seguro

* Poema musicalizado por Ramón Riquelme Ríos.

queremos tierra en la tierra*

qué lejos estamos del sueño
hacer de la tierra el cielo
nosotros sólo pretendemos
la tierra que nos merecemos

muchos pueblos ya con su tierra
planean sembrarla de estrellas
nosotros aún aguardando
tener la parcela y luchando

queremos tierra en la tierra
y arar la vida de esperanza
cosechar el pan y la letra
y acabar con la triste errancia

qué lejos estamos del cielo
si aún no tenemos el suelo
será posible que la tierra
deje de ser del que la siembra

acaso la patria otro dueño tiene
y no del pueblo que la sostiene
queremos tierra en la tierra
para abonarla libertaria

queremos tierra en la tierra
para cultivar abundancia
para nacer los hijos nuestros
y empezar a soñar despiertos

*Una de las canciones que integran la Cantata de Los sin Tierra cuyos versos pertenecen al autor y la música en su mayoría al compositor Carlos Noguera.

la propiedad*

dijo el gobierno en su campaña
no quedará sin tierra un paraguayo
respeto a los derechos ciudadanos
y la democracia hará su hazaña

pero luego se explica el por qué no
los campesinos no tienen paciencia
el pueblo no tiene experiencia
no hay tierra sin título en mano

la propiedad es sagrada
ocuparla es violencia
y no tener es consecuencia
del pueblo que no trabaja

la propiedad es sagrada
decía el presidente
pero olvido a la gente
cristianos que están sin nada

se hizo el golpe para moralizar
y respetar los derechos humanos
sin torturadores ni torturados
y la consigna era movilizar

pero luego la verdad amarga
que la democracia no tiene urgencia
tiene sus leyes y no sólo conciencia
por eso tarda la reforma agraria

la propiedad es sagrada
del que alambra la tierra
pero no planta ni siega
la miseria es privada

la propiedad es sagrada
del que tiene muchas tierras
y no tener una mierda
es una cuestión privada

*Letra musicalizada por Carlos Noguera.

el ejemplo de rodolfo*

a rodoldo gonzález estudiante mártir de la libertad

no bastarán los verdugos de turno
para amordazar al tiempo que llega
ni alcanzarán los bastones que pegan
para mantener al régimen nocturno

no circularán más las amenazas
para resignar los maduros gritos
ni habrán calles que prohíban ministros
cuando la ciudad conmuevan las masas

el ejemplo de rodolfo
nos compromete a soñar
ver en su sangre retoñar
la lucha que va sin miedo

el ejemplo de rodolfo
nos compromete a luchar
para frenar a la brutal
represión contra el pueblo

seránn inútiles los gases y los perros
para detener la marcha popular
ni podrá el represor disimular
la impotencia armada contra el sueño

no impedirán los cercos policiales
que estudiantes obreros campesinos
puedan cristalizar sus objetivos
y llenen a la patria de ideales

el ejemplo de rodolfo
nos indica el camino
cumplir o no el destino
no tiene término medio

el ejemplo de rodolfo
nos pone ante el futuro
que guarda un triunfo seguro
para el pueblo... para el pueblo

*Canción con letra del autor y música de Carlos Noguera.

marcha por la tierra*

desfilan por las calles de la realidad
una muchedumbre de familias sin techo
indefensos hombres de quebrantados pechos
y un multitudinario sueño pidiendo paz

avanzan por la avenida de nuestro tiempo
un mar humano de estandartes y carteles
desafiante ante el poder y sus cuarteles
pasa con banderas y esperanzas al viento

marcha marcha por la tierra
el pueblo va en silencio
grita su paso sin miedo
la injusticia se amedrenta

marcha marcha por la tierra
el pueblo toma la ciudad
exigiendo pan libertad
y un lugar para la siembra

pisa la gente las veredas prohibidas
escriben los muros sus quejas no escuchadas
rompen las sagradas siestas privilegiadas
y el pueblo marcha hacia la tierra prometida

marcha marcha por la tierra
el pueblo va en silencio
grita su paso sin miedo
la injusticia se amedrenta

marcha marcha por la tierra
el pueblo toma la ciudad
exigiendo pan libertad
y un lugar para la siembra


*Canción principal de la Cantata de Los Sin Tierra, con letra del autor y música de Carlos Noguera.

herencia*

mi paraguay
una migaja de pan en la mesa
unas manos alevosas tendidas
con facones que reparten heridas
sacándote lo poco que te queda

mi paraguay
un manjar en la historia americana
que los morgan a los perros tiraron
pero gaspar y los lópez te dieron
dignidad y revolución temprana

mi paraguay
yo soy un hijo fiel que te ha dejado
porque soy de un pueblo de tus entrañas
perdido lejos entre las marañas
sueño verte cada día liberado

mi paraguay
herencia en sucesión del mariscal
los legionarios usurparon su honor
vendiendo como esclava a la nación
pero igual resurgirá la libertad

mi paraguay
es un gólgota de tantos inocentes
un perenne manantial de sudores
paraíso de los explotadores
donde sólo caben pobres y pudientes

mi paraguay
yo soy un hijo fiel que te ha dejado
porque soy de un pueblo de tus entrañas
perdido lejos entre las marañas
sueño verte cada día liberado

*Una de las letras de Gilberto Ramírez Santacruz musicalizada por Ramón Riquelme Ríos y grabada por su grupo Los Corales dentro de la “ Cantata de Los Sin tierra” .


Mba'epa la democracia

Aporandumítante che
mba'épa la democraci,a
ndoguerekovéima gracia
hy'ekue jere memete;
compadre he'imi cheve
che vyroha apensaro,
opataha acomodado
tortilla ojererente.

Chengo ha'e campesino,
anase guive aluchava,
jahecha noguähéi pe ára,
toñembyaty los vecinos;
upéichápa así unido,
yvymi ndorohypytýi,
aniti upéi roñemondyi
ouvove lo’ milico’.

En tiempo de dictadura
ha'umimi pe garrote,
ha ndaha'éi upévañonte
che reko oiposu'úva;
che retâgua oñanduva,
che avei agueroguata,
trabajo, pan ha libertad
rapykuéri che rykúva.

Oje'émi heta mba'e,
opataha la desgracia,
jarekóre democracia,
ja vy'a páta pya'e;
pero había sido ra'e,
ñe mongueleé reínte,
político ijapú voínte,
ndocumplírimante ha'e.

Upévare che ko'angâ,
ha'esemi lo preséntepe,
jahechaká ñande géntepe,
la democracia ventaja;
tepa péichante jahata,
ñande estilo tujaitepe,
lo poguasú guasukuénte,
oseguitante hyguatá.

Porque che ndaikuaavéima,
mávapepa aroviata,
entero oñembocorbata
ha upéi ropytareíma;
roiko rohodereíma,
rohóta a la izquierda,
roipotaningo la tierra,
los demás olalareíma.


Purahei kele'e

Purahei kele'e,
ahy'o tembiguai rendy ryjúi,
ahy'o jati'ipu syry veve,
ahy'o ambýu ndyvu ky'a.

Purahei kele'e,
purahei nesû mbarete poguýpe,
purahei jayvy pokarê rovái,
purahei tindy mondaha pyguýpe.

Purahei kele'e,
ahy'o oipychýva tendota ape,
ahy'o hendy syrýva kyhyjégui,
ahy'o oguerekóva huguai hakambykuápe.

Purahei kele'e,
purahei aña poky'a jepohýiha,
aña py'a vai purahei mongy'arâ,
aña pyrague purahei jevyhyirâ.

Purahei kele'e,
ahy'o ogueropurahéiva jeiko asy
ha omoporâva teko joavy,
mboriahu ha mba'asy ndohecháiva.

Purahei kele'e
ahy'o ogueropurahéiva hetâ apytimby,
ahy'o oguerokirirîva sa'ÿ hetâ potapy,
ahy'o kololo kyta'ímema opurahéiva.

Ipú ita (réquiem obrero)

Ipu ita, ita ipu
ho'a mokôi, teko jajái;
mboka soro, pire chalái
tuguy syry, tasê ayvu.

Ipu ita, ita ipu,
py'a hatâ, ou hikuái;
hayvi jykyi, ikâ ty'ai,
jasy humba, mano guasu.

Omanóje hermenegildo ha germán,
imba'apo kuéra ry'ai repy rapykuéri,
mba'apohára kera poty joramiségui,
mbarete jarýi hete kuera ojona.

Ipu ita, ita ipu,
karu agua, vy'a pojái;
puka rupi, teko joja,
oikó pochy, pochy guahu.

Ipu ita, ita ipu,
omýi germán, herme oho;
tetâ ângata, okyhyje'o,
sa'ÿ tee ombarakapu.

Omanóje hermenegildo ha germán,
ipyti'áre omboguapy mboriahu hasa,
hekove kuera oraha mboka jára aña,
oñohêvo huguy kuera marangatuita.

                                                                                                                                     (germán cardozo
ha hermenegildo benítez-pe,
mba`apohàra ojejukavaekue itaipúpe, 1989-pe)

*Todas las letras pertenecen a Gilberto Ramírez Santacruz y forman parte de la Cantata de los Sin Tierra, musicalizadas por Ramón Riquelme Ríos y Carlos Noguera, grabadas por el Grupo Los Corales y Juancito Báez, en homenaje a tantos luchadores campesinos que dieron y siguen dando su vida por un pedazo de tierra donde vivir, mientras los Yvymoñäi(Ogros de las tierras) siguen explotando por doquier las tierras malhabidas arrancadas a los verdaderos dueños que son los indígenas, campesinos y el pueblo paraguayo que entregó su sangre en la Guerra contra la Triple Alianza y del Chaco.