miércoles, 28 de diciembre de 2016

2017, Centenario de Augusto Roa Bastos

PREPARATIVOS PARA CONMEMORAR EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE ROA BASTOS

Facetas de un autor fundamental*

Las actividades vinculadas con el escritor empezarán el 1° de enero en Asunción y se extenderán hasta el 31 de diciembre por todo Paraguay y varios países del mundo. Habrá congresos, muestras, se reeditarán sus libros y hasta se hará un ciclo de cine.

Por Silvina Friera
Roa Bastos, autor de Yo el Supremo y ganador del Premio Cervantes.
Roa Bastos, autor de Yo el Supremo
y ganador del Premio Cervantes.
"La literatura es capaz de ganar batallas contra la adversidad sin más armas que la letra y el espíritu, sin más poder que la imaginación y el lenguaje”, dijo Augusto Roa Bastos, en 1989, cuando recibió el Premio Cervantes. Los libros, el legado más preciado de un autor, combaten cuerpo a cuerpo contra la desmemoria y el olvido. El centenario del nacimiento del escritor paraguayo más internacional, autor de Yo el Supremo, considerada su obra maestra –novela que desde que se publicó en 1974 en Buenos Aires es leída y estudiada del derecho y del revés–, empezará el próximo 1° de enero de 2017 en Asunción y se extenderá hasta el 31 de diciembre por todo Paraguay y en varios países del mundo, especialmente donde tuvo una amplia actividad literaria, periodística y docente, como Argentina, Francia y España. 

Se desplegarán múltiples actividades en centros culturales y educativos, universidades, escuelas, ferias del libro y teatros, en los que se presentarán exposiciones, se harán conferencias y seminarios, se reeditarán sus libros, se publicarán materiales perdidos, se estrenarán obras de teatro y de óperas inspiradas en sus trabajos y se exhibirá un ciclo de cine con películas realizadas con guiones de Roa Bastos. “Queremos hacer que esta conmemoración sea popular, que la gente se adueñe de Roa Bastos, que lo recuerden y sepan quién fue”, anunció Mirta Roa, hija del escritor.

Roa destacó que las actividades pretenden abarcar todas las facetas de la obra de su padre, quien no solo escribió narrativa, sino que “también hizo teatro, argumentos para obras de ballet, periodismo o ensayo”. Las fechas más importantes de la agenda de celebraciones serán el 26 de abril de 2017, en la que se recordará su muerte en 2005, a los 87 años, y el 13 de junio, día en que nació el autor de las novelas Hijo de hombre (1960), Vigilia del almirante (1992) y de las colecciones de cuentos El sonámbulo (1976) y La tierra sin mal (1998), entre otros. “Todo el año vamos a tener representaciones teatrales, ópera, danza, música, poesía, narrativa, cuentos inéditos y publicaciones”, afirmó la hija del escritor y mencionó especialmente la preparación de un coloquio de literatura latinoamericana en Serbia, con la traducción al serbio de Yo el Supremo. 

Entre las actividades confirmadas se hará un congreso internacional sobre la obra de Roa Bastos y se podrá ver la puesta teatral del libro de cuentos El trueno entre las hojas (1953), bajo la dirección de José Luis Ardissone. En las obras narrativas de Roa Bastos, dedicadas al Paraguay, destacan temas como “la justicia social y el derecho de los más humildes, la valoración de la mujer y el cuidado del planeta”, explicó Mirta y aseguró que el centenario buscará además resaltar otras facetas menos conocidas de la personalidad de su padre, quien también fue un deportista dedicado al remo –gracias al cual ganó varios certámenes– y al ciclismo.

Roa Bastos, gran aficionado a la música, escribió letras para José Asunción Flores (1904-1972), considerado el creador del género musical guarania, que según el escritor paraguayo es “la expresión más pura del alma popular”. En el marco del centenario se lanzarán obras inéditas como cuentos, ensayos, poemas, artículos periodísticos y algunos de los guiones cinematográficos que escribió durante su exilio en Buenos Aires, como El trueno entre las hojas, Hijo de hombre, Shunko, Alias Gardelito, El señor presidente y Don Segundo Sombra, para directores como Lucas Demare, Armando Bo y Lautaro Murúa. “Roa fue una persona coherente con su vida y su pensamiento. A pesar de haber tenido ofertas de grandes puestos, nunca las aceptó, y se quedó como embajador de su país en todas partes a las que iba, sin necesidad de tener un cargo”, ponderó su hija y comentó que está en tratativas una nueva versión cinematográfica de La sangre y la semilla, guión de Roa Bastos sobre la novela Raíces de la aurora de Mario Halley Mora, ambientada en la Guerra de la Triple Alianza, película que se estrenó en noviembre de 1959, dirigida por Alberto Du Bois.

El escritor paraguayo llegó a Buenos Aires en 1947. Aquí escribió y publicó una parte importante de su obra, como El ruiseñor de la aurora y otros poemas (1952), El trueño entre las hojas (1953), Hijo de hombre (1960), los poemas de El naranjal ardiente (190), El baldío (1966) y Los pies sobre el agua, entre otros títulos. Después del golpe de marzo del 76, decidió continuar su exilio en Francia, donde vivió hasta mediados de la década del 90. “Realmente nunca me sentí exiliado en Argentina, país en que me habría gustado nacer si el Paraguay no hubiera existido –confesaba el escritor–. Y Buenos Aires siempre fue para mí y lo seguirá siendo hasta el fin de mis días la ciudad más hermosa del mundo, intemporal, cosmopolita y mágica. Un puro espejismo sobre el vértigo horizontal de la llanura pampeana. No comprenderé nunca por qué Borges se alejó de ella para morir.”

*CULTURA, Diario Página/12, Buenos Aires, Argentina, 28 de diciembre de 2016.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Las últimas navidades del Mariscal López

Las últimas navidades del Mariscal López*


¿Cómo fueron las dos últimas navidades que el mariscal Francisco Solano López pasó en el campo de batalla, antes de la batalla final en Cerro Corá? A 150 años de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), la historiadora Noelia Quintana Villasboa, autora del libro "Las Residentas", narra esos especiales momentos que vivió el conductor del ejército paraguayo.

Por Noelia Quintana Villasboa
El 25 de diciembre de 1868 sorprendió al Mariscal López en Itá Ybaté. Jamás se vio una Navidad más desoladora.
Después de la victoria paraguaya del día inicial de la batalla de las Lomas Valentinas, el enemigo quedó desconcertado.
Derrotado el comandante del ejército brasileño, el Duque de Caxias había perdido, según Rio Blanco, 5.805 hombres y 416 oficiales. La tercera parte de su ejército había sido aniquilada y tuvo que llamar a los argentinos para reforzarlo.
Había prescindido de sus aliados, seguro de alcanzar la victoria final y después de decirse invencible en arrogante proclama, presenció la derrota y fuga de sus soldados. Sangraba su amor propio. El mariscal del Imperio no podía explicarse aquel fracaso inesperado, necesitaba vengarse, necesitaba borrar aquel desastre con un ruidoso triunfo.
Pero Caxias ignoraba que había sido vencido por un ejército de fantasmas, por las sombras de un ejército desaparecido. No sabía que cuando sus tropas regresaban desbandadas, no le quedaba al mariscal López sino noventa hombres sanos.
Su fracaso tocaba los límites de lo inverosímil; su derrota, más que trágica, era vergonzosa. ¡Noventa hombres sanos! Solo noventa frente a todo el ejército de la Triple Alianza. Aquellos noventa hombres hacían un ruido infernal en Ytá Ybaté, para hacer creer al enemigo que aún les restaban fuerzas suficientes para volver a vencerlo.
Nuestros cañones no descansaban. Concentrados en la cresta de la colina, vomitaban sus andanadas de metralla sobre Cumbarity, nuestro cuartel general era como un volcán en erupción. Nuestra artillería parecía afirmar nuestro poderío y desafiaba al invasor, servida por nuestros noventa soldados victoriosos.
El viejo marqués se guardó bien de resistir en el ataque. La derrota lo hizo cauteloso, reorganizó sus tropas y con el concurso de los argentinos volvió a reunir dieciséis mil hombres de las tres armas.
El Mariscal López entre tanto recibió algunos refuerzos.
Durante tres días no dieron señales de vida los enemigos, solo cuando terminó el reajuste, el marqués de Caxias se sintió con fuerza para reiniciar la batalla, tan infelizmente comenzada. Pero antes intimó rendición al Mariscal en una nota insolente y descomedida.
La penúltima Navidad.
Era el 24 de diciembre de 1868. Solano López acababa de escribir su testamento, seguro de que llegaba su última hora en el altar de la Patria. Todo cuanto podía dar de sí lo había dado a su país y solo le faltaba ofrendar la vida.
Dibujo representando la muerte del Mcal. López.

No pudiendo vencer, no le quedaba sino morir, fiel a su lema de soldado y a su solemne juramento. No podía imaginarse que aún le quedaba mucho que andar en el camino de la infame guerra aliada. No sabía cuán lejos aún estaba del Gólgota de Cerro Corá. Ignoraba que aquella prueba por la que pasaba no sería la más amarga ni la última que le reservaba su implacable destino.
La nota del enemigo fue leída por el mariscal en medio de la expectación de sus jefes y oficiales. La leyó en voz alta, para que todos se enteraran de sus términos. Un grito unánime de reprobación, un grito airado de protesta, fue el comentario colectivo de aquel documento cruel e insultante, en el que el vencido de ayer vengaba su humillación ofreciendo la vida a sus vencedores, al precio de la ignominia.
El Mariscal López se dispuso en el acto a contestarla, bajo un gigatesco árbol de yuasy'y dictó a su secretario, el comandante Palacios, la célebre nota que es como un testamento de gloria.
Aquella pieza histórica brotó desde lo más hondo de su corazón, con toda la energía de su alma indomable. Fue como la interpretación heroica del grito sublime que acababa de escuchar de sus compañeros de armas. En esa nota inmortal habla el Paraguay.
Dice así:
Cuartel General, 24 de diciembre de 1868, a las tres de la tarde.

"El Mariscal Presidente de la República del Paraguay debiera quizá dispensarse de dar una contestación escrita a SS. EE. los señores generales en jefe de los ejércitos aliados, en la lucha contra la nación que preside, por el tono y lenguaje inusitado e inconveniente al honor militar y a la magistratura suprema con que SS.EE. han creído llegada la oportunidad de hacer.

Intiman deponer las armas en el término de doce horas, para terminar así una lucha prolongada, amenazando echar sobre mi cabeza la sangre ya derramada y que aún tiene que derramarse si no me prestase a la deposición de las armas, responsabilizando mi persona ante mi patria, la naciones que VV. EE. representan y el mundo civilizado.
Empero quiero imponerme el deber de hacerlo, rindiendo así holocausto a esa misma sangre generosamente vertida por parte de los míos y de los que los combaten, así como el sentimiento de religión, de humanidad y civilización que VV. EE. invocan en su intimación. Estos mismos sentimientos son precisamente los que me han movido, a más de dos años, para sobreponerme a toda la descortesía oficial con que ha sido tratado el elegido de mi patria.
Buscaba en Yataity Corá, en una conferencia con el Excmo. Señor General en Jefe de los Ejércitos Aliados y Presidente de la República Argentina, Brigadier General don Bartolomé Mitre, la reconciliación de cuatro Estados soberanos de la América del Sur que ya habían principiado a destruirse de una manera notable.
Sin embargo, mi iniciativa, mi afanoso empeño, no encontró otra contestación que el desprecio y el silencio por parte de los gobiernos aliados. Desde entonces vi más claro, la tendencia de la guerra de los aliados contra la existencia de la República del Paraguay deplorando la sangre vertida en tantos años de lucha.
Así he puesto la suerte de mi patria y de sus generosos hijos en las manos del Dios de las naciones, combatiendo con la lealtad y conciencia con que lo he hecho y estoy todavía dispuesto a continuar, hasta que ese mismo Dios y nuestras armas decidan la suerte definitiva de la causa.VV.EE. tienen a bien noticiarme el conocimiento que tienen de los recursos que actualmente puedo disponer creyendo que yo también pueda tenerlo de la fuerza numérica del ejército aliado y de sus recursos cada día creciente. Yo no tengo ese conocimiento. Pero tengo la experiencia de más de cuatro años; la fuerza numérica y esos recursos nunca se han impuesto a la abnegación y bravura del soldado paraguayo que se bate con la resolución del ciudadano honrado y cristiano, que abre una ancha tumba en su patria antes que verla ni siquiera humillada.
VV.EE. han tenido a bien recordarme que la sangre derramada en Ytororó y Avay debiera determinarme a evitar aquella que fue derramada el 21 del corriente. Pero VV. EE. olvidan sin duda que esas mismas acciones pudieron de antemano demostrarles cuan cierto es todo lo que pondero en la abnegación de mis compatriotas y que cada gota de sangre que cae en la tierra es una nueva obligación para los que sobreviven. Y ante un ejemplo semejante, mi pobre cabeza, acaso pueda arredrarse de la amenaza tan poco caballeresca, permítaseme decirlo, que VV. EE. han creído de su deber notificarme,VV .EE. no tienen el derecho de acusarme ante la República del Paraguay, mi patria, porque la he defendido, la defiendo y la defenderé todavía.
Ella me impuso ese deber y yo me glorifico de cumplirlo hasta la última extremidad que, en lo demás, legando a la historia mis hechos, solo a Dios debo cuentas. Y si, sangre ha de correr todavía, ÉL tomará a aquel sobre quien haya pesado la responsabilidad .Yo por mi parte, estoy hasta ahora dispuesto a tratar de la terminación de la guerra sobre bases igualmente honorables para todos los beligerantes. Pero no estoy dispuesto a oír una intimación de deposición de armas.
Así, a mi vez, e invitando a VV. EE. a tratar de la paz, creo cumplir un deber imperioso con la religión y la civilización por una parte, y lo que debo al grito unísono que acabo de oír de mis generales, jefes, oficiales y tropa, a quienes he comunicado la intimación de VV. EE. a la par de mi propio honor y mi propio nombre.
Pido a VV. EE. disculpas de no citar la fecha y hora de la notificación, no habiéndolas traído y fue recibida en mis líneas a las siete y media de esta mañana."
Dios guarde a VV. EE. muchos años.
Firmado: FRANCISCO SOLANO LÓPEZ.

El enemigo imponía una rendición sin condiciones. Nuestra respuesta no admitía dudas. "El soldado paraguayo se abre una ancha tumba en su patria, antes que verla humillada". Y dispuestos estábamos a morir, antes que aceptar la imposición del invasor.
La tarde declinó, el sol se puso y cayeron las sombras de la noche.
El mariscal, solitario en su carpa de campaña, se abismó en sus meditaciones, su reloj de oro, sobre cuya tapa también se leía su lema de "Vencer o morir", iba marcando los segundos, que se despeñaban en las profundidades de su inmenso infortunio.
Cuentan que a medianoche apareció en la puerta de su tienda, era el único que velaba en aquella Navidad. Silencio de muerte sobre el campo en que apenas se adivinaba la silueta de sus pequeños soldados dormidos. La luz nocturna de la naturaleza contrastaba con la ira desatada de los hombres de la alianza. El sueño reparador de amigos y enemigos, mientras él apuraba el cáliz de todos sus dolores, la amargura de una impotencia desoladora.
Y desde lejos, desde las entrañas del tiempo, llegaban hasta él los alegres repiques de las campanas, la algarabía sonora de los bronces sagrados, anunciando el nacimiento del Redentor del Mundo, del que enseñó a amarnos los unos a los otros. Repiques de campanas que resonaban en su memoria y en su corazón.
Esa era su Navidad en el infortunio de la Patria. La patria era su madre, era su dolor y suya era su angustia en aquellas horas anunciadoras del alba que llegaba, del alba en que ya no sería el alegre repique de campanas sino el ronco bramar de los cañones.
Cuando vino el día, el mariscal, agobiado por la pesadumbre de aquella lúgubre Navidad, había recobrado su serenidad y calzaba otra vez el pesado coturno de la tragedia, en el teatro de la epopeya.
La última Navidad
Pero no era todavía la hora nona. Otra Navidad, más lúgubre le esperaba.
Un año después, el 25 de diciembre de 1869, acampaba en Sanga-hú , sobre el paso del Aguaray.
Cerro Corá ya no estaba lejos. Panadero y Chirigüelo eran los ásperos senderos próximos que habían de llevarlo a su destino final.
Se disponía una vez más a morir en los confines de su país, después de defender íntegramente el territorio nacional. Una naturaleza salvaje le rodeaba. El enemigo sabiendo claramente su posición le seguía a prudente distancia, sin atreverse a llegar a él. Casi solo, era un gigante a los ojos del invasor.
La lucha a esta altura ya era entre el Imperio y su persona, que era el Paraguay fundido en un solo hombre. Y allí, en Sanga-hú , en aquella negra hondonada, rodeado de bosques milenarios, pasó su postrera Navidad.
Como dijo un poeta: "Se sintió inmenso, porque se sintió la Patria"
Esa sí fue su última Navidad, de ahí partió resuelto al martirio, del Aguaray al Aquidabán. Y así llegó la lucha final, la intimación cruel del vencedor y la respuesta que sigue repercutiendo, que quedó en la memoria de todo un pueblo y que resuena en inmarcesible clamor en los campos de batalla: "¡Muero por mi Patria!".
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Fuentes:
-Documentos del Archivo del Ministerio de Defensa Nacional.
-Memorias de Juan Crisóstomo Centurión.
-Cartas de Francisco Solano López S.H. y C.R.B. A.N.A.
-Revistas de las FF.AA.
*Publicado por Diario ÚLTIMAHORA, 21 de diciembre de 2016, Asunción, Paraguay.

lunes, 19 de diciembre de 2016

El talento de José Martí

El talento*

El talento, es el deber de emplearlo en beneficio de los
desamparados. Por ahí se mide a los hombres.
Sólo se es dueño exclusivo de aquello que se crea.
El talento viene hecho, y trae consigo la obligación
de servir con él al mundo, y no a nosotros, que no nos lo dimos.
De modo que emplear en nuestro beneficio exclusivo lo que no es nuestro, es un robo. La cultura, por lo que el talento brilla, tampoco es nuestra por entero, ni podemos disponer de ella para nuestro bien, sino es principalmente de nuestra patria, que nos la dio, y de la humanidad, a quien heredamos. Es un ladrón el hombre egoísta. Es un ladrón el político interesado.” 
* Fragmentos de “La campaña electoral en los Estados Unidos”, de José Martí, diario La Nación, 
Buenos Aires, 11 de octubre de 1888.

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Qué cuántos años tengo?: ¡Tengo la edad que quiero y siento...!

¿Qué cuántos años tengo?
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¿Qué cuántos años tengo?
– ¡Qué importa eso !
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.


Hacer lo que deseo,
sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros “que estoy en el apogeo”.


Pero no es la edad que tengo,
ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente
y mi cerebro dicte.


Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.


Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!…
¡Estás muy viejo, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas
se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.


Resultado de imagen para caricaturas de jose saramagoTengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.


Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego
de una pasión deseada;

y otras… es un remanso de paz,
como el atardecer en la playa...

¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas...

 ¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta,
sesenta o más! Pues lo que importa:
¡es la edad que siento! Tengo los años
que necesito para vivir libre y sin miedos.
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JOSE SARAMAGO
(Poeta y escritor portugués, 1922 / 2010)